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Domingo 18 de Febrero del 2007

El amor es una decisión
Pastor Tony Hancock

Una joven le escribió la siguiente nota a un muchacho. Escúchenla con cuidado.

    Querido Jaime,
    No hay palabras que puedan expresar la gran tristeza que he sentido desde cancelar nuestra boda. Por favor, dime que me aceptarás de nuevo. Nadie podría tomar tu lugar en mi corazón. Por favor, perdóname. Te amo, te amo, ¡te amo!
    Tuya siempre,
    María
    P.D. Felicitaciones por haberte ganado la lotería.

Vaya declaración de amor, ¿verdad? La posdata delata que las declaraciones tan efusivas del amor de la muchacha no son del todo sinceras. Si el novio tiene alguna medida de sensatez, pensará dos veces antes de aceptar la propuesta de su ex novia.

Sabemos que esta carta no expresa el verdadero amor, pero ¿qué diríamos si alguien nos preguntara, Qué es el amor? Quizá se nos haría más difícil llegar a una conclusión. El amor ha sido el tema de un sinnúmero de canciones, de poemas y de novelas, pero saber lo que es, en realidad, nos puede resultar algo difícil.

Existe sólo uno que ha podido amar perfectamente. No se trata de algún galán de telenovela o Don Juan, sino del Creador del universo. Para comprender lo que es el amor, vamos a considerar la forma en que Dios ha amado a su pueblo. Empecemos desde el principio.

Lectura: Deuteronomio 7:7-8

7:7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;
7:8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.

Dios eligió al pueblo de Israel para ser su pueblo, empezando con la promesa que le hizo a Abraham de que sería padre de una gran nación. Ahora el pueblo está a punto de entrar a la tierra prometida, y Moisés les hace recordar la base de su relación con Dios.

Dios no eligió al pueblo de Israel porque fuera el pueblo más numeroso de la tierra, o porque fuera el más avanzado tecnológicamente, porque tuviera la cultura más avanzada o por algún otro motivo humanamente explicable. Dios escogió a este pueblo para ser su canal de bendición para todo el mundo porque así fue su voluntad.

El verso 8 nos da la base de la relación de amor que Dios estableció con su pueblo. No es una palabra muy romántica, en realidad. Dios basó su relación con su pueblo en un juramento. Dios hizo ciertas promesas a Abraham, a Isaac y a Jacob, y ésta era la base de su relación con el pueblo de Israel.

Comparemos esto con el concepto moderno del amor. Te amo porque me atraes, porque me ayudas, porque me apoyas. ¿Se dan cuenta del egocentrismo de ese supuesto amor? Te amo por lo que me puedes dar. Pero tal "amor" es, a fin de cuentas, muy frágil.

Con buena razón observó Pascal: "Si un hombre ama a una mujer por su belleza, ¿la ama en verdad? No, porque la viruela, que destruye su belleza sin matarla, hace cesar su amor. Y si alguien me ama por mi juicio o por mi memoria, ¿de veras me ama? No, porque puedo perder estas cualidades sin dejar de ser".

El amor de Dios es, en verdad, una decisión. ¿Cómo respondió el pueblo de Israel a este compromiso? En ratos bien, pero la mayor parte del tiempo, mal. Constantemente se olvidaba de Dios y empezaba a adorar a los dioses falsos de las naciones que los rodeaban. Dios a esto lo llama adulterio y prostitución.

Lectura: Oseas 1:1-3

1:1 Palabra de Jehová que vino a Oseas hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel.
1:2 El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová.
1:3 Fue, pues, y tomó a Gomer hija de Diblaim, la cual concibió y le dio a luz un hijo.

Hemos brincado algunos seiscientos años de historia del pueblo de Israel, y ahora encontramos al pueblo dividido en dos reinos. Para llamar la atención de su pueblo hacia la verdad, Dios levanta un profeta que vivirá en carne propia lo que Dios mismo estaba viviendo en su relación con el pueblo.

Vez tras vez en la Biblia, la relación que Dios tiene con su pueblo se compara con la relación entre un marido y su mujer. Ahora Oseas viviría lo que Dios había experimentado en su relación con Israel: traición, abandono, infidelidad. Al unirse a una mujer infiel, Oseas sabría lo que Dios había experimentado, y llamaría al pueblo a regresar a su Señor.

Aun frente al rechazo y el abandono de su pueblo, Dios no deja de amarlo y de buscar su restauración. Aun sabiendo que su mujer era infiel, aun sospechando que algunos de sus hijos no eran suyos en realidad, Oseas fue llamado a ser fiel a su esposa, Gómer.

Nos parece extraño que alguien pudiera amar de esta forma, y humanamente hablando, es sumamente extraño. El amor humano difícilmente comprende tal grado de perdón, de fidelidad, de sacrificio. Pero no estamos hablando del amor humano; hablamos, más bien, del amor divino.

Dios por fin tuvo que castigar a su pueblo por su infidelidad. Pocos siglos después de la profecía de Oseas, Dios llevó a su pueblo al exilio. Podríamos pensar que Dios había decidido divorciar a su pueblo, que esto representaba el final de esta relación que había durado ya más de mil años.

Los israelitas le habían dado razones más que suficientes a Dios para rechazarlos por siempre. Sus aventuras con los ídolos se habían alargado. Dios, sin embargo, no rechazó a su pueblo.

Lectura: Jeremías 31:3-6

31:3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
31:4 Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.
31:5 Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas.
31:6 Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios.

Aún después de todo lo sucedido, Dios era capaz de ver en Israel aquella doncella virgen con la que se había enamorado. Con todo lo que le había hecho, Dios todavía amaba a su pueblo y deseaba darle lo mejor. Aunque fuera necesario disciplinar a su pueblo, Dios deseaba también restaurarla.

El amor de Dios es un amor restaurador porque se basa en una decisión. Cuando el amor se basa en cualquier otra cosa, se acaba cuando llegan los tiempos malos. Cuando se basa en los sentimientos o en la atracción, está fundado en la arena. Cuando llegan las pruebas, se acabará.

El amor de Dios se basa en su decisión de comprometerse con un pueblo. Cuando su pueblo pasa por malos ratos, su amor no se acaba. Aún cuando introduce el nuevo pacto, no abandona a su pueblo.

Lectura: Romanos 11:28-29

11:28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.
11:29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Ahora, por un tiempo, la nación de Israel ha sido puesta a un lado en el propósito de Dios. Dios ya no está obrando directamente a través del pueblo de Israel para llamar a las naciones a conocer y obedecerle, sino que ha formado a la Iglesia de todas las naciones del mundo y nos ha encomendado el mensaje de salvación para toda criatura.

Sin embargo, no se ha olvidado de Israel, ni ha rechazado a su pueblo de forma permanente. Un día, Dios restaurará a Israel. Un día, la nación de Israel volverá a tener una parte central en el plan de Dios. ¿Por qué? Porque el amor de Dios es una decisión. Cuando Dios decidió comprometerse con Abraham, hizo con él un pacto. Ese pacto se basa en la naturaleza de Dios, y El nunca lo olvidará.

A pesar de todas las fallas de Israel a través de los siglos, no ha dejado de ser el pueblo de Dios. El amor de Dios es persistente. Hay para nosotros una gran palabra de esperanza en esa realidad. Porque el amor de Dios para nosotros también es persistente.

El amor de Dios para nosotros se basa solamente en la realidad de que El ha decidido amarnos en Cristo Jesús. Juan 3:16 dice así: "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna".

Si estamos unidos por fe en un compromiso con Cristo Jesús, estamos en el amor de Dios. Dios nos ha llamado a ser parte de su novia, la esposa de Cristo, la Iglesia. ¡Dios es el esposo más fiel de todos! Podemos descansar en el amor fiel de Dios.

Ahora bien, si Dios nos ha llamado a ser parte de su pueblo, es porque quiere que nosotros aprendamos a amar como El ama. Si esto va a suceder, tenemos que basar nuestro amor también en un compromiso. Es por esto que el pecado sexual es tan grave ante los ojos de Dios. El diseñó nuestra sexualidad como un reflejo de su relación con nosotros, una relación que se basa en el compromiso.

Cuando tratamos de usar la sexualidad para nuestra propia satisfacción fuera de una relación matrimonial comprometida, destruimos la posibilidad de experimentar en relación el amor verdadero que Dios desea que conozcamos.

Pablo aclara esto en 1 Corintios 6:15-20:

6:15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.
6:16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
6:17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
6:18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Nos dice que ningún otro pecado es como la inmoralidad sexual. La inmoralidad sexual deshonra y destruye esa posibilidad de disfrutar de la relación comprometida que Dios nos creó para tener.

Cuando una pareja se une físicamente antes de o fuera del matrimonio, no se puede llamar "amor" lo que tiene. Estamos totalmente equivocados cuando decimos que dos personas no casadas están "haciendo el amor", porque el amor es la última cosa que están haciendo. Es un simulacro solamente.

La Biblia declara que el amor es paciente. Muchachas, si un hombre les dice: Te amo, y quiero que me demuestres que me amas también - ¡ya saben a lo que me refiero! - no lo crean. ¡Es una mentira! Si de veras te ama, será paciente y esperará hasta que estén casados.

La Biblia declara que el amor no busca lo suyo. La lujuria humana, en cambio, siempre está buscando lo suyo. Siempre está buscando su propia satisfacción y su propia felicidad. El amor verdadero se basa en una decisión - un compromiso de ser fiel, de buscar el bienestar del otro y de superar los problemas que se pudieran presentar.

Jóvenes y solteros, comprométanse con Dios en esperar a aquella persona con quien se unirán para toda la vida. No se den ligeramente a cualquier pretendiente, buscando una satisfacción momentánea; guárdense en pureza para poderse entregar a su pareja en el día de su boda.

Pero, ¿qué diremos a los que han fallado? ¿No existe ninguna esperanza? Claro que sí existe. Ya hemos dicho que nuestro Dios es un Dios restaurador. Si han fallado al verdadero amor, arrepiéntanse. Confiésenle su pecado a Dios, y empiecen a caminar en fidelidad y en amor. El amor verdadero es una decisión.

Dios te invita a conocer su amor fiel, amor basado en un compromiso, y a aprender a mostrar ese verdadero amor también.


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