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Domingo 11 de Febrero del 2007

Las siete copas
Pastor Tony Hancock

Introducción

Tenemos en nuestro idioma una expresión interesante. Cuando una persona ha tomado demasiado, decimos que está "en copas" o "en sus copas". Es interesante que utilizamos tales eufemismos para solapar una costumbre que es altamente riesgosa.

¿Sabía, por ejemplo, que el 40% de los peatones que mueren atropellados se encontraban "en sus copas" al momento del accidente? ¡En realidad se trata de unas copas algo peligrosas! Las copas nos quitan nuestra capacidad para razonar, nos estorban en la agilidad física y peligran nuestro sano juicio.

Es por este motivo que la Biblia habla también de las copas de la ira de Dios. De la misma manera en que las copas llenas de alcohol fácilmente destruyen el bienestar de quienes de ellas beben, así también la ira de Dios será altamente destructiva para quienes no estén preparados para enfrentarla.

La copa del juicio de Dios se usa en varias ocasiones dentro de las páginas de la Biblia para expresar los efectos del juicio de Dios. El cumplimiento de su juicio también se expresará en el derramamiento de siete copas de ira sobre esta tierra.

Lectura: Apocalipsis 16:1-9

16:1 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
16:2 Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.
16:3 El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.
16:4 El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
16:5 Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.
16:6 Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.
16:7 También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.
16:8 El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego.
16:9 Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.

Hemos leído acerca de las primeras cuatro copas. Dentro de unos momentos, leeremos acerca de los últimos tres. Sería fácil pasar todo el tiempo que tenemos disponible tratando de comprender los detalles de lo que va a suceder, pero creo que Dios se ha expresado de formas simbólicas y misteriosas para que nosotros nos enfoquemos más en el significado de lo que va a suceder y menos en los detalles.

Basta con decir, entonces, que aquí vemos en descripción lo que Dios va a hacer al final de la historia humana. Ahora su mano de juicio se detiene, esperando a que los pecadores se arrepientan de sus pecados. Vendrá el día, sin embargo, en que su paciencia llegará a su fin, y se manifestará el juicio que la desobediencia de la raza humana merece.

Las primeras cuatro copas describen juicios que vendrán sobre la tierra. En el principio, Dios creó la tierra - y la creó buena. ¿Recuerdan la historia de la creación en Génesis? Al observar el resultado de su creación, Dios vio lo que había hecho - y era bueno. Este mundo fue hecho bueno.

Dios entonces puso a un gobernador sobre su creación, un encargado. Este encargado era Adán, y en él, toda la raza humana queda hecha responsable por el bienestar de la creación. ¿Qué hizo el hombre? Desgraciadamente, no cuidó de su responsabilidad ni respetó al dueño de todo lo que estaba en su poder.

Más bien, se mostró rebelde. Y los resultados de esta rebeldía han sido de telenovela. Por la rebeldía del hombre, lo que Dios hizo bueno se ha contaminado y pervertido. La creación gime, nos dice Pablo, porque ha sido sujetada a vanidad. Esto ha venido como resultado del pecado humano.

Las primeras cuatro copas de juicio caen sobre la tierra en sus cuatro divisiones tradicionales: la tierra, el mar, el agua fresca y el aire. Oímos un eco también de las plagas sobre Egipto aquí.

El juicio de Dios, entonces, viene sobre su propia creación, porque la rebeldía de su encargado la arruinó. Es como el padre que le compra a su hijo un vehículo, para luego descubrir que el hijo está usando el carro para cometer delitos. El padre se ve sin más opción que quitarle el carro, y dejarlo estacionado. El tenía otros planes; pero la rebelión de su hijo le obliga a hacerlo.

Pero Dios no ha dejado a la humanidad sin posibilidades de redención. El padre que le quita el vehículo a su hijo podría ponerle condiciones para recuperarlo. Dios también nos ofrece la oportunidad de ser restaurados a una relación con El, de ser restaurados a cumplir nuestro propósito original.

El ha mandado mensajeros, uno tras otro, para llamarnos a regresar a El. Sus profetas han venido, exhortándonos a arrepentirnos de nuestro pecado y volver al Señor. Por fin, Dios mandó a su propio Hijo para llamarnos a El. ¿Qué hicimos con estos mensajeros de Dios?

Los matamos. Uno tras otro, dieron sus vidas por traer el mensaje de Dios. Por eso es muy apropiado que la segunda y la tercera copa representen la transformación en sangre de las aguas del mar y de los ríos. Cuando llegue ese día, la humanidad que derramó la sangre de los profetas de Dios tendrá que beber sangre.

Ahora nos confronta una decisión. Si nosotros no aceptamos el mensaje que Dios envió a sus mensajeros para traernos, nos volvemos cómplices de quienes los mataron. Si no nos unimos a ellos en seguir a Cristo, nos identificamos con quienes mataron a sus mensajeros.

Jesús dijo: "El que no está contra nosotros está con nosotros" (Lucas 9:50). También lo opuesto es verdad. El que no está con Cristo está contra El (Lucas 11:23). ¿Te das cuenta? ¡Tienes que escoger! Puedes ser de los que beben la sangre del juicio, o de los que lavan sus ropas en la sangre del Cordero.

No existe una tercera opción. Si no caminas con Cristo, te pones en su contra. Dios será justo en castigar a un mundo que ha despreciado sus llamados al arrepentimiento. ¿Seguirás viviendo como parte de este mundo, haciendo lo que mejor te parece? ¿O te unirás al pueblo de Dios, dándole la espalda al pecado y siguiendo a Cristo?

La humanidad que sufre el castigo demuestra una actitud muy común, y muy destructiva. ¿Se dieron cuenta de lo que decían? Aunque el castigo de Dios viene justificadamente sobre su pecado, no se arrepienten; más bien, maldicen a Dios. Tienen el corazón tan duro, que no se dan cuenta de que Dios quiere que se arrepientan y sean salvos.

Y te pregunto: ¿has endurecido tu corazón también? ¿Has preferido criticar a Dios y quejarte por tus problemas, pensando que Dios te debe una vida sin problemas?

Lectura: Apocalipsis 16:10-21

16:10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas,
16:11 y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.
16:12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente.
16:13 Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas;
16:14 pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
16:15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.
16:16 Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
16:17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.
16:18 Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.
16:19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.
16:20 Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.
16:21 Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.

Las últimas tres copas describen el ocaso del sistema diabólico que se enseñorea en este mundo. Si las primeras cuatro copas caen sobre la tierra, las últimas tres caen sobre la humanidad en su rebelión contra Dios.

Cuando leemos que la quinta copa cae sobre el trono de la bestia, comprendemos que todos los beneficios que aparentemente habrá logrado el sistema político anticristiano de los últimos tiempos se vendrán para abajo. Ahora mismo, la humanidad trata de construir una sociedad utópica sin Dios.

Algún día, parecerá por un instante que se habrá logrado. Quizás por medio de la tecnología, del control de la fertilidad liberando a la humanidad para entregarse a los placeres sexuales sin aparentes consecuencias, de la ciencia aplicada parecerá que el cielo ha llegado a la tierra.

Pero no durará. Dios derramará su ira sobre el mundo, y el reino del mundo quedará sumido en tinieblas. Vendrá, en otras palabras, un caos total. Entonces el mundo se preparará para el conflicto final. Tras el caos vendrá la guerra, una guerra diabólicamente impulsada.

Es por esto que Cristo nos llama a estar alerta. El no nos está dando un aviso vacío. Seguramente recordarán la historia de aquel niño pastor de ovejas, que por aburrimiento se puso a gritar ¡Lobo! y así divertirse cuando venía corriendo la gente del pueblo.

Tuvo un problema. Cuando de verdad llegó el lobo, nadie le creía. Tengan la seguridad de que Cristo no está gritando ¡Lobo! Es necesario, en realidad, que nos preparemos. Tenemos que estar alerta. Es tan esencial como lo es quedarse despierto cuando uno está manejando.

Había un tiempo en el que varias veces al año hacía viajes de quince a dieciséis horas en carro. Me tomaba cantidades de café, ponía la radio a todo volumen y hasta abría las ventanas al frío - todo para no quedarme dormido. Sólo un momento de sueño podría resultar en un desastre terrible.

Es aun más importante que nos mantengamos alerta frente al regreso de Cristo, porque el diablo nos quiere engañar. Hebreos 3:13 nos dice: "Anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado". ¿Se dan cuenta de lo que nos está diciendo el Espíritu Santo aquí?

¡El pecado es engañoso! El pecado sutilmente nos trata de alejar de Dios, engañándonos para que pensemos que lo malo es bueno. Tenemos que estar alerta. Tenemos que estar alimentándonos constantemente de la Palabra de Dios, atentos a las formas en que el pecado se trata de infiltrar en nuestra vida.

Dicen los árabes que es importante amarrar con cuidado a los camellos por la noche, porque si no se amarran, pronto meterán la nariz a nuestra carpa. Una vez que la nariz esté dentro de la carpa, pronto lo estará el resto del camello también.

El pecado es como un camello. Empieza pequeño, empieza como algo justificable. Pronto nos ponemos a razonar acerca del por qué nuestra situación es distinta a la de los demás; el camello mete la nariz a la carpa. Dentro de poco ya nos hemos alejado de Dios y de su Iglesia; el camello ya está completamente dentro de la carpa.

Hermanos y amigos, no ignoremos el aviso de nuestro Salvador. El nos llama a estar atentos, a estar en alerta para que el pecado no nos agarre por sorpresa. De esto depende nuestro bienestar eterno. No permitamos que nada nos aleje de la salvación que está en Cristo Jesús.

Conclusión

Siete copas - copas de ira que serán derramadas sobre la tierra. ¿Beberás tú de ellas? ¿O beberás de otra copa - la copa del nuevo pacto que Cristo estableció con su sangre? Cuando Cristo instituyó la cena del Señor, declaró que la copa representaba su sangre, derramada por nuestros pecados.

Cuando por fe nos comprometemos con El, bebemos de esa copa. Si lo haces, puedes estar seguro, aun en aquel día cuando cae la oscuridad sobre toda la humanidad, cuando las bases se desmoronan, cuando llegan los juicios más severos.

Ven a Cristo hoy. Reconócelo como tu Señor y tu Salvador. Arrepiéntete de tus pecados para que estés preparado en aquel día cuando hasta las montañas desaparecerán. Abrele tu corazón a Cristo y comprométete con El. Así beberás de la copa que El te ofrece, la copa de salvación, y no la copa de su juicio.


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