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Domingo 7 de Enero del 2007

Bestias al servicio del dragón
Pastor Tony Hancock

Introducción

Leí recientemente la historia de un viajero que intentó sacar dinero de un cajero automático en un restaurante. Mientras se disponía a hacer los movimientos necesarios, una ancianita le pidió ayuda para leer un papel. Sin pensarlo, se ofreció a ayudarle - y de reojo vio la mano de otra persona que se extendía hacia la bandeja de donde se retira el dinero.

Esta historia tiene un final feliz; resulta que al viajero se le había olvidado su clave de acceso, y no había logrado hacer el retiro de dinero que se había propuesto. La mano del ladrón se quedó vacía. El viajero citó esta historia como ejemplo de la importancia de siempre estar al tanto de nuestro alrededor, y nunca sentirnos demasiado confiados.

Este es buen consejo para cualquier viajero, pero también lo es para el creyente. Tenemos que estar concientes de nuestra situación. Sin embargo, me temo que muchos creyentes ignoran la situación en la que nos encontramos. Viven cómodos y confiados, exponiéndose a gran peligro.

Hoy regresamos a nuestro estudio del libro de Apocalipsis, un libro que tiene el propósito preciso de librarnos de esta ceguera al mostrarnos la realidad del mundo en el que vivimos. Vez tras vez las Escrituras nos llaman a ser cautelosos, a comprender los tiempos, a evitar los enredos con el mundo.

En el capítulo que estudiamos hoy, Dios nos demuestra la realidad detrás de ciertas cosas que nosotros vemos a diario para que podamos prevenirnos, y no dejarnos llevar por la apariencia de las cosas.

Lectura: Apocalipsis 13:1-10

13:1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.
13:2 Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.
13:3 Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,
13:4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?
13:5 También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.
13:6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo.
13:7 Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.
13:8 Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.
13:9 Si alguno tiene oído, oiga.
13:10 Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.

En esta mañana vamos a hablar de dos bestias. Estos versos hablan de la primera; en un momento leeremos acerca de la segunda. Presten atención a lo que voy a decir en seguida, porque les ayudará a comprender el pasaje. Las dos bestias representan realidades espirituales que se expresan de formas visibles o palpables en este mundo, a veces por medio de personas y en otras por medio de instituciones, organizaciones o gobiernos.

La presencia de estas realidades culminará antes del regreso de Cristo en una expresión final de rebelión. Por este motivo, representan realidades tanto presentes como futuras. En un momento, hablaremos más a fondo de la identidad de estas bestias. Primero, sin embargo, notemos un detalle muy importante del verso 1: estas dos bestias están al servicio del enemigo.

Del capítulo 12 sabemos que el dragón es el mismo que la serpiente que tentó a Eva, es decir, Satanás. Cuando él se para a la orilla del mar, entonces, es para llamar a estas dos bestias a su servicio. La primera bestia sale del mar, y tiene una apariencia extraña.

En la mitología de muchas naciones antiguas existe un monstruo marino de muchas cabezas conocido por diferentes nombres, entre ellos, Leviatán. El Salmo 74:14 lo menciona: "Magullaste las cabezas del leviatán, Y lo diste por comida a los moradores del desierto". En la visión de Juan, esta imagen se usa para representar una realidad espiritual.

El dragón le da a esta bestia su poder y autoridad. La Biblia nos dice que Satanás es el dios de este mundo. Cuando surgen imperios o gobiernos que persiguen a los creyentes, son expresiones de esta bestia. Es por esto que dice que la bestia hace guerra contra los santos. Incluso los vence - no en el sentido de quitarles la salvación, sino en el sentido de quitarles la vida.

Una referencia fascinante es la del verso 3, que nos dice que una de las cabezas de la bestia parecía haber sufrido una herida mortal. Se han dado muchas interpretaciones a este detalle, pero el mejor principio para la interpretación bíblica es siempre interpretar la Biblia consigo misma.

Génesis 3:15 registra la maldición de Dios sobre la serpiente, y le dice que sufriría una herida mortal a la cabeza: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar". Esta profecía fue cumplida cuando Cristo murió. Sin embargo, aunque el enemigo ya sufrió una herida mortal, sigue vivo. La cabeza aparentemente sanada de la bestia representa la aparente victoria del enemigo, que aún después de la muerte y resurrección de Cristo sigue obrando en el mundo. Su victoria, sin embargo, es sólo aparente y temporal.

Esta bestia ha perseguido a los creyentes de muchas formas. La respuesta del creyente ante esta realidad se detalla en los versos 9 y 10. Aunque el mundo entero siga detrás de los sistemas anticristianos, nosotros debemos de perseverar y mantenernos fieles a nuestro Salvador.

Tenemos que pelear contra el enemigo, pero nuestras armas no son bombas o metralletas. Nuestras armas son espirituales. Si Dios nos permite ir hasta la muerte por causa del Señor, tenemos que estar dispuestos a hacerlo. Enfrentamos un enemigo feroz, pero como dijo nuestro Señor, no debemos de temer a los que sólo pueden matar el cuerpo. Temamos, más bien, al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno.

Los que vivimos en sociedades libres fácilmente podemos olvidar esta lección. Podemos empezar a sentirnos cómodos, pues hay poco sacrificio en seguir a Cristo. La realidad es que muchos de nuestros hermanos alrededor del mundo enfrentan mucha más persecución que nosotros. Es posible que algún día nosotros también la tengamos que enfrentar, y debemos de estar preparados.

Frente a la primera bestia, entonces, podemos decir lo siguiente: El sistema mundano se opone a los fieles, pero podemos vencer por medio de la perseverancia. Leamos ahora acerca de la segunda bestia.

Lectura: Apocalipsis 13:11-18

13:11 Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.
13:12 Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.
13:13 También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.
13:14 Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.
13:15 Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase.
13:16 Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente;
13:17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Esta bestia surge de la tierra, no del mar, y tiene una apariencia engañosa. Se parece a un cordero. ¿Quién es el Cordero de Dios? Es Jesucristo. Esta bestia, entonces, se parece a Cristo, pero no es El; su hablar lo delata. Esta disfrazada de cordero, pero realmente habla las palabras del dragón.

Esta bestia, entonces, representa la falsa religión, a los falsos profetas que incluso llevan el nombre de cristianos, pero no lo son en realidad. Aquí nos dice varias cosas sumamente importantes acerca de esta realidad espiritual, de este espíritu de engaño religioso.

Nos dice, primeramente, que la bestia es capaz de hacer milagros. Satanás es capaz de realizar señales milagrosas, y él comparte este poder con sus secuaces. No nos debe de sorprender, entonces, cuando vemos personas que realizan milagros. El simple hecho de hacer un milagro no significa que lo hagan con el poder de Dios.

Incluso nos dice que la bestia hace caer fuego del cielo. Esta es una referencia al día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo cayó como lenguas de fuego desde el cielo. El espíritu engañoso de la falsa religión es capaz de producir fenómenos que se parecen a los dones del Espíritu Santo. Se parecen, pero no lo son.

Los versos 14 y 15 implican que las dos bestias cooperan. Es decir, el poder político representado por la primera bestia y la falsa religión representada por la segunda bestia trabajan juntas para engañar a la gente y llevarla a la idolatría.

Recuerdo durante mi niñez visitar el Museo de la Inquisición en Lima. Allí se pueden apreciar representaciones de las torturas que los inquisidores utilizaban para tratar de obligar a sus víctimas a cambiar sus creencias. Trataban de obligarlos a regresar al sistema católico, con sus imágenes.

Ciertamente éste es un ejemplo de la horrenda colaboración entre las dos bestias. Es una colaboración que surge en diferentes partes, en diferentes eras - pero siempre resulta en el engaño y la perdición.

Esto lo vemos en la famosa marca de la bestia, mencionada en los últimos versos. A través de los siglos, se han dado muchas interpretaciones a estos versos. De hecho, parece que ha habido más interpretaciones que intérpretes. Cada generación ha identificado el número 666 con algún personaje de su historia.

Esta variedad en la interpretación nos debe de servir como aviso. Si se tratara de calcular la identidad de algún ser humano, no sería necesaria la sabiduría. La sabiduría es un atributo espiritual, mientras que cualquiera puede sumar los valores numéricos de un nombre.

Más bien, el cálculo consiste en el discernimiento espiritual. El número 666 representa la imperfección, pues el número 7 es el número de la perfección. Al hablar de calcular el número, entonces, se habla de reconocer que las enseñanzas de la bestia son falsas, dañinas, destructivas. Ya hemos dicho que la bestia - la falsa religión - se disfraza hasta de Cristo. El discernimiento es necesario para reconocer la falsedad y mantenerse fiel a la verdad, sobre todo cuando hay un costo económico a pagar.

Es muy posible que, en la gran tribulación que precederá el regreso de Cristo, se cumplan estos versos de una forma más literal. Sin embargo, podemos ver que se están cumpliendo ya, en diferentes partes del mundo. Hay sistemas políticos que restringen el progreso económico de quienes se identifican con Cristo, o que simplemente no siguen el camino religioso impuesto por la sociedad.

¿Qué se requiere de nosotros? Vemos que: Los falsos profetas engañan a muchos, pero podemos vencer por medio del discernimiento. Tenemos que desarrollar el discernimiento - conociendo la verdad - para poder discernir las mentiras cuando se nos presentan.

Conclusión

Muchas personas leen el libro de Apocalipsis, y sienten un gran temor. Nosotros no tenemos que reaccionar de esta manera. Más bien, debemos de entender que Dios nos está dando un aviso para que no seamos sorprendidos por la maldad.

Frente a las dos bestias espirituales que hacen uso de una y otra persona o institución en este mundo, y que se expresarán de una forma aún más completa antes del fin, perseveremos en la esperanza en Aquel que ya venció la muerte, y desarrollemos el discernimiento espiritual que necesitamos para triunfar hoy y siempre.


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