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Domingo 15 de Octubre del 2006

Una visita al cielo
Pastor Tony Hancock

Introducción

Poco tiempo atrás hizo titulares la primera turista femenina en ir al espacio. Anousheh Ansari fue la primera mujer en pagar por el privilegio de visitar la estación espacial internacional. Luego de pasar diez días en la nave especial, regresó exitosamente a tierra. Ella declaró que este viaje había sido el cumplimiento de un sueño de su niñez.

Supongo que todos soñamos con algún lugar que quisiéramos visitar. Para los que vivimos lejos de nuestra patria, el sueño podría ser regresar a nuestra tierra natal. Otros quizás quisieran conocer algún lugar destacado por su belleza natural o su historia. Muchos cristianos seguramente desean visitar la Tierra Santa, para caminar en los pasos del Señor Jesús y visitar los lugares que El conoció.

Hubo un hombre que visitó un lugar que ninguno de nosotros ha conocido. Fue un viaje espectacular, un viaje que muy pocos seres humanos han tomado. Es más, ¡el viaje no le costó nada! Fue completamente gratis.

El hombre al que me refiero es el apóstol Juan, y él hizo un viaje al cielo. Dios lo elevó hasta las regiones celestes para mostrarle ciertas cosas. Es más, lo envió de regreso a la tierra para contarnos acerca de su viaje. Su recuento no tiene como propósito solamente satisfacer nuestra curiosidad, sino inspirarnos, edificarnos y corregirnos.

En las próximas semanas estaremos recorriendo el libro que escribió Juan para contarnos de su viaje. Me refiero, por supuesto, al libro de Apocalipsis. Tiempo atrás estudiamos las cartas a las siete iglesias con las que empieza el libro. Partiremos del momento en que Juan deja atrás la tierra y sube al cielo.

Cualquier visión profética consiste en muchos símbolos e imágenes difíciles de comprender. Por este motivo, puede haber diferencias de interpretación acerca de algunos de los detalles. En el transcurso de esta serie de estudios, si alguno de ustedes llega a tener preguntas acerca de alguna interpretación, no duden en hablar conmigo. Más allá de esto, no nos perdamos en los detalles; esforcémonos más bien en comprender el mensaje que Dios tiene para nosotros.

Lectura: Apocalipsis 4:1-6a

4:1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.
4:2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.
4:3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
4:4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
4:5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
4:6a Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal;...

Una voz le habla a Juan. Es la voz de Jesús, pues la voz con sonido de trompeta se identifica en el capítulo 1, verso 13 como la del Hijo del Hombre: "y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro". Juan había oído muchas veces la voz de Jesús cuando anduvo con El como discípulo. De hecho, se identifica a sí mismo en su evangelio como el discípulo amado. Tenía una amistad estrecha con Jesús.

Sin embargo, nunca lo había oído hablar así. Ahora Jesús se revela en su majestad y poder celestial. Aquel que había nacido como bebé, que como hombre tuvo hambre, sed y sueño, que murió crucificado, ahora se revela en su gloria celestial. Su voz es imponente.

Llama a Juan a subir al cielo para recibir la perspectiva divina sobre el futuro. En el poder del Espíritu Santo Juan se encuentra frente al trono celestial. El ni siquiera trata de describir al personaje que ve sentado en el trono. Sólo dice que su apariencia era brillante como la de piedras preciosas. Un arco iris de gloria lo rodea.

Alrededor del trono hay veinticuatro personajes, vestidos de blanco y con coronas en la cabeza. Estos personajes representan a las veinticuatro órdenes de sacerdotes que había en el templo de Jerusalén. Sabemos que el templo cuyas instrucciones Dios le dio a Moisés refleja al templo celestial. Estas personas sirven a Dios constantemente.

El trono mismo es espeluznante. De él salen truenos y relámpagos, como los que habían salido de la presencia de Dios en el monte Sinaí. La presencia de Dios es terrible. Frente al trono, como en el templo, ardían siete antorchas de fuego, representando al Espíritu Santo.

El número siete representa la perfección. En el templo, las llamas salían de los siete brazos de una sola lámpara, representando la unidad del Espíritu en sus múltiples funciones. Zacarías 4:2-6 deja claro que las llamas representan al Espíritu Santo, el Espíritu de Dios:

Zacarías 4:2-6
4:2 Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él;
4:3 Y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda.
4:4 Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío?
4:5 Y el ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío.
4:6 Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Finalmente, vemos un mar de cristal. En el templo de Jerusalén había también un mar; una fuente donde se purificaban los sacerdotes. El mar de cristal representa la necesidad de la purificación para podernos acercar a Dios. Para poder llegar a la presencia de Dios es necesario atravesar el mar de la purificación.

¿Por qué había venido Juan a este lugar tan extraño y tan espectacular? Dios le quería enseñar algo. Aquí vemos que

I. La historia de la humanidad está bajo la autoridad de Dios

En los capítulos siguientes de Apocalipsis vemos descritos eventos misteriosos y horrendos. Para muchos, Apocalipsis es un libro aterrador. Sin embargo, si hemos llegado a conocer a Dios, no tiene que serlo. Veamos por qué.

Lectura: Apocalipsis 4:6b-11

4:6b... y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
4:7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.
4:8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.
4:9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
4:10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
4:11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

Hallamos a cuatro seres francamente extraños. Estos son seres angelicales que están ante la presencia de Dios para hacer su voluntad. La apariencia de cada ser representa su capacidad para cumplir la voluntad de Dios de cierta manera.

El león representa el poder real de Dios; el toro, su fuerza; el hombre, su espiritualidad; y el águila, su superioridad y rapidez. Los ojos que los cubren representan el conocimiento de Dios, y sus alas la movilidad ilimitada para cumplir los mandatos de Dios. Sin levantarse de su trono, Dios puede mandar a cualquiera de estos seres para hacer su voluntad.

Cada uno de estos seres le rinde adoración al Señor. En la segunda parte del verso 8 leemos el primer himno que cantan. Este himno enfoca la naturaleza santa de Dios. Su santidad es la cualidad que nosotros sus criaturas experimentamos como imponencia, que nos causa temor. Cuando Dios se reveló a Moisés, se identificó como el YO SOY. De igual manera, aquí lo adoran como el que era, es y ha de venir. Dios es el único ser que simplemente existe. Cada otro ser recibe de El su existencia, pero Dios ES. Díganlo conmigo: Dios ES.

En el segundo himno, los veinticuatro ancianos enfocan la obra creadora de Dios. Por medio de su acción, todo lo que hay tiene su existencia. Sin El, no habría nada. Dios lo hizo todo por su poder. Este mundo no es un accidente o una casualidad. Fue creado por Dios. Su futuro también está en sus manos. Esto lo vemos en los siguientes versos.

Lectura: Apocalipsis 5:1-5

5:1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
5:2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?
5:3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.
5:4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
5:5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

En manos de Dios el Padre, el que está sentado en el trono, hay un rollo. En el mundo antiguo, era la costumbre sellar los testamentos con siete sellos. Esto garantizaba que nade los había cambiado. Los siete sellos, entonces, identifican a este rollo como un testamento. Es la herencia, el Reino, que recibiría el Rey, y con El, todos sus súbditos.

Sin embargo, no se hallaba a nadie digno de abrir el rollo. Ninguna persona es digna de recibir la herencia destinada por el Padre desde antes de la creación del mundo. Si nadie abre el rollo, la historia humana seguirá directamente al desastre total. No habrá ningún cambio. ¡Con razón llora Juan!

Pero ¡sí hay uno que lo puede abrir! Es el León de Judá, la Raíz de David. Esta expresión significa que es el renuevo del linaje real de David, el broto que sale después de que parecía que el linaje se había cortado. Veamos más de su obra.

Lectura: Apocalipsis 5:6-14

5:6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
5:7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
5:8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;
5:9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
5:10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
5:11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,
5:12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
5:13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
5:14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Fíjense cómo vence el León de Judá. Lo hace como Cordero sacrificado. Es por esto que tiene cuernos, que representan su poder para gobernar. Actualmente obra por medio de los siete ojos, la presencia del Espíritu Santo en la tierra. El está en el cielo, pero su obra continúa por medio del Espíritu.

Al haber sido sacrificado, El recibió el poder y la autoridad. Tiene el derecho de tomar el rollo, y ahora El recibe la adoración de los seres celestes. Su adoración testifica de la deidad del Cordero. Esta visión nos revela algo del misterio de la Trinidad, pues vemos que el que está sentado sobre el trono es distinto al Cordero, y sin embargo comparten la adoración y el trono. En esta escena vemos que

II. La historia de la humanidad encuentra su culminación en Cristo

Cristo es el único digno de tomar el rollo. Es el único que pudo rescatar para sí un pueblo. La muerte de Cristo, su sacrificio a nuestro favor, está al centro del plan divino. Es sólo en El que la vida tiene sentido. Es sólo en El que la humanidad tiene un futuro. Es sólo en El que podemos cumplir el propósito para el cual Dios nos creó.

Con su sacrificio Cristo nos rescató; nos llamó a pertenecer a su Reino, sin importar de qué nación seamos; y reinaremos con El sobre la tierra, durante el Milenio. Por esto, El es digno de toda honra. Los millares de ángeles que se unen a la canción enfatizan esto.

Al final, toda criatura se une al canto. ¿Cómo puede ser esto? Sabemos que muchos no reconocen el señorío de Cristo. Sin embargo, todos están bajo su autoridad; la Biblia dice que, un día, toda rodilla se doblará ante El. Juan recibe un anticipo de esto en esta visión.

Mientras tanto, sin embargo, no vemos que se establezca su Reino aún. Vivimos en medio de un mundo de desobediencia y rebelión. ¿Cuál debe de ser nuestra reacción? La vemos en el verso 8. Nuestra reacción es la oración. ¿Se dan cuenta de lo preciosas que son nuestras oraciones a Dios? ¡Se presentan ante El en copas de oro!

Por esto no debemos de cansarnos de orar para que venga el Reino de Dios. No debemos de cansarnos de orar para que se haga su voluntad, para que su mensaje avance, para que muchos lo lleguen a conocer.

Conclusión

El Cordero ahora tiene en sus manos el rollo, y en semanas futuras veremos lo que sucede cuando El lo abre. Yo te pregunto: ¿está tu vida en sus manos? ¿Eres parte de aquel pueblo que El ha redimido de toda nación?

Puedes ingresar por fe a esta familia. Entregándote a Cristo y comprometiéndote con El, puedes recibir el perdón que El murió para comprarte y compartir el futuro con El. Para quien está unido a Cristo Jesús, el futuro no tiene ninguna amenaza. En El tenemos la seguridad que El nos compró con su sacrificio.


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