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Domingo 10 de Marzo del 2002

Obreros para la cosecha
Pastor Tony Hancock

Introducción

En las últimas semanas una compañía ha dominado las noticias financieras: Enron. La caída de esta empresa ha causado grandes olas de reacción, sobre todo en los Estados Unidos. La historia de Enron es el cuento de la Nueva Economía que se aleja de la producción y se enfoca en la mercadotecnia y la negociación.

Pero la saga Enron es también la historia, según se alega, de un gran fraude. De acuerdo con las acusaciones que han sido hechas, esta compañía escondía grandes deudas de los dueños de sus acciones, pareciendo así tener recursos mucho más grandes de los que había en realidad. Peor aun, se sugiere que algunos de los directores conocían el riesgo. Mientras animaban a sus trabajadores a invertir sus ahorros en acciones de la compañía, ellos mismos vendían sus propias acciones a precios muy inflados, transfiriendo millones y millones de dólares a otros fondos. Cuando cayó precipitadamente el precio de las acciones de Enron, ellos siguieron siendo multimillonarios - mientras que muchos de sus trabajadores se encontraron sin trabajo y con ahorros que ya no tenían valor alguno.

En los días de Jesús, la enronitis ya existía. Pero en vez de arriesgar simplemente los ahorros de algunas personas, la perfidia de los líderes exponía sus mismas vidas a la pérdida eterna.

Leamos acerca de la reacción de Jesús ante esta realidad.

Lectura: Mateo 9:35-10:10

9:35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
9:36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.
9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
10:2 Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
10:3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
10:4 Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
10:5 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis,
10:6 sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
10:9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;
10:10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.

Jesús se dio cuenta de que los líderes religiosos de su día no estaban realizando el trabajo tan importante que Dios les había encomendado. El vio el estado de peligro en el cual se encontraba el pueblo - y en vez de canjear sus acciones en el mundo, él se lanzó a una misión audaz de restauración.

Lo que faltaba en el día de Jesús no eran edificios. Había un espléndido templo en Jerusalén, apenas terminado. No hacía falta más dinero, o más tecnología. Había una falta mucho más básica. Era una falta de líderes.

Si nos ponemos a ver la situación actual, podremos ver que hay mucha similaridad entre el día de Jesús y el día de hoy. Esta historia, aunque recuenta un evento único, aún nos habla.

Empecemos viendo

La compasión de Jesús ante la falta de liderazgo

Durante la mayor parte de su ministerio, Jesús fue un ministro itinerante. El iba de un lugar a otro, predicando las buenas nuevas del reino y haciendo milagros para comprobar su autoridad.

Este pasaje reporta el resultado de las observaciones de Jesús en sus diferentes giras evangelísticas. Él vio de primera mano el estado del pueblo.

Años atrás estaban muy de moda los libros que analizaban algún país o cultura. El escándalo de estos libros era que sus autores muchas veces habían pasado poco tiempo en el país que pretendían describir. Después de una visita de dos semanas, por ejemplo, se atrevían a escribir un libro titulado algo así como México a Fondo. ¡Imposible llegar al fondo en dos semanas!

Jesús no cometió este error. El estaba con la gente, entre ellos, y se dio cuenta de que estaban perplejos. No sabían qué hacer, porque no estaban recibiendo dirección clara de sus líderes. Los líderes estaban cómodos en Jerusalén, el centro de poder, y no sabían cuáles eran los problemas que agobiaban al pueblo.

Jesús, al ver esto, sintió gran compasión. No debemos pasar por alto esta reacción. Al mirar la desorientación del pueblo, su inseguridad, sus errores, Jesús no condenó. El no dijo, Bueno, qué se merecen si no buscan de Dios. El no pensó, Qué bueno que yo, por lo menos, tengo un futuro asegurado. No, él se conmovió. Sintió dentro de sí el dolor, la angustia, la confusión de su pueblo - y decidió que la situación no podía seguir así.

Ahora me pregunto si la situación actual será tan diferente. Cuando miramos a los que nos rodean con los ojos de Jesús, ¿qué vemos? ¿Vemos un mundo lleno de personas con propósito, con dirección, con seguridad acerca del futuro? ¿Vemos un pueblo que sabe bien de qué se trata la vida?

Creo que no. La desilusión, la inseguridad, y el error son ubicuos. Hay grandes cantidades de personas que están siguiendo a líderes falsos, a ideas erróneas, a tradiciones y pensamientos que traen confusión en vez de luz.

¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Sentiremos la compasión de Jesús por los que conocen la verdad de Dios? ¿O nos quedaremos cómodos en nuestros asientos, seguros de que nosotros estamos bien, y sin interés en los demás?

John Maxwell resalta la diferencia entre un termómetro y un termostato. El primer aparato registra las condiciones. Muestra muy bien lo que está pasando - pero no hace nada para cambiar la situación.

El termostato, en cambio, no se conforma con lo que registra - lo compara con una norma, y si no se conforma con esa norma, entonces trabaja para cambiarlo.

Podemos ver el mundo que nos rodea, y registrar cómo están las cosas. Qué triste, decimos. Qué pena que eso esté sucediendo. O podemos ser termostatos - agentes del cambio, líderes que el mundo tanto necesita.

Es para esto que Jesús respondió con

La comisión de Jesús para el cargo del liderazgo

Jesús tomó la temperatura del pueblo que le rodeaba, y se dio cuenta de que ellos necesitarían todo un conjunto nuevo de líderes. Los líderes judíos no estaban haciendo el trabajo que Dios les había encomendado.

El vio que andaban "como ovejas sin pastor". Similar situación había visto el profeta Jeremías cuando dijo, Los pastores se han vuelto necios, no buscan al Señor; por eso no han prosperado, y su rebaño anda disperso. (Jeremías 10:21)

Muy sencillamente, Jesús vio que los líderes no estaban haciendo su trabajo, y decidió reemplazarles. Éste es el significado de los doce discípulos que fueron enviados. Fueron doce porque representan a las doce tribus de Israel. Ellos serían el principio de un nuevo liderazgo dentro de un nuevo pueblo de Dios.

En este principio, el evangelio aún se ofrecía solamente a los judíos. Tenía que ofrecerse primero a ellos, ya que eran el pueblo de Dios. Posteriormente, Jesús envió a sus discípulos a todo el mundo, pues la nación de Israel no se prestó a oír su mensaje.

Jesús los envió con autoridad. Esa autoridad es suya. En otra ocasión él dijo, Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Estos hombres fueron porque Jesús los envió con su propia autoridad.

Comparemos a estos nuevos líderes con los anteriores. Ellos debían de salir a buscar a los perdidos, en vez de esperar que los perdidos vinieran a buscarlos. Ellos debían de llevar la liberación, no someter a los que recibieran su mensaje a un largo conjunto de reglas.

El propósito de todo esto fue extender el alcance el poder de Jesús para que muchos más pudieran experimentar la liberación que él trae. Jesús nos ha enviado a nosotros con la misma misión.

Este mundo aún se muere por falta de líderes. Bajo la autoridad de Cristo, nosotros también hemos sido llamados a extender el alcance del poder de Jesús para que la gente que nos rodea experimente su poder liberador - liberándolos del pecado, de la ansiedad, de la desilusión.

Jesús busca una generación de líderes que dirán, Sí. Yo quiero ser agente del cambio aquí en este lugar, aquí en mi mundo. Cristo busca a personas dispuestas a hacer los sacrificios necesarios para que otros puedan escapar de la oscuridad y vivir en la luz de la verdad.

Pero quizás tú dirás: Yo no soy líder. No soy pastor. No soy misionero. Dios no me ha llamado para ser líder. Este mensaje tiene que ser para otra persona.

La realidad es que todos hemos sido llamados a ser líderes, de alguna manera u otra. Los esposos han sido llamados a ser líderes en su hogar. Las esposas han sido llamadas para ser líderes de sus hijos. Quizás tú eres líder para un amigo que te respeta. Quizás eres líder en el trabajo, en la iglesia, en algún grupo social.

¡El mundo se muere por falta de líderes! Y si bien Jesús escogió a los discípulos para que fueran líderes de su pueblo, a nosotros también nos ha escogido para que seamos líderes.

Cada uno de nosotros tiene una posición diferente. Cada situación es distinta. Pero dondequiera que Dios te ha llamado a servir, cualquiera que sea la posición de liderazgo que él te ha encomendado, no te alejes de él.

No dejes que el temor te estorbe al realizar la tarea de liderazgo que Dios te ha dado. No dejes que la pereza te robe la oportunidad de ser parte de la misión redentora de Cristo en este mundo perdido. No dejes que Satanás te quite el gozo de ser un líder en tu vida, en tu hogar, en tu iglesia.

El mundo se muere por falta de líderes. ¿Serás parte del problema o parte de la solución?


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