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Domingo 25 de Junio del 2006

Espere, por favor
Pastor Tony Hancock

Introducción

Doy gracias a Dios por la oportunidad que me dio de visitar nuevamente el país de México. Cada vez que visito aquel bello país crece el cariño que siento por esta nación y por su gente. Dios ha bendecido grandemente a México, y la prueba está en el crecimiento de sus iglesias.

Aunque fue muy placentero el viaje, en más de una ocasión tuve la oportunidad de reflexionar sobre las esperas. Cuando fui al banco para cambiar mis dólares por pesos mexicanos, tuve que esperar en una larga cola. Algunos de los hermanos que asistieron al entrenamiento en que apoyamos se encontraron varados en un bloqueo de la carretera, y uno de ellos se quedó varias horas - esperando.

Incluso en el viaje a casa tuve que esperar, gracias a una tormenta que detuvo las operaciones del aeropuerto por varias horas. Felizmente llegué a mi destino sano y salvo, aunque con algunas horas de retraso.

Parece ser que la espera es una parte ineludible de la vida moderna. Esperar, hacer cola, encontrarnos retrasados por algún evento inesperado - éstas son cosas de todos los días, y a ninguno de nosotros nos agradan mucho. Al contrario; en algunos países hay personas que se ganan la vida esperando, pues hacen los trámites de otras personas a cambio de un honorario.

No nos gusta esperar; y sin embargo, hay una clase de espera que es esencial para nuestra salud espiritual. Si no aprendemos a esperar de esta forma, no podremos tener éxito real en la vida. No podremos alcanzar el nivel de vida espiritual que Dios desea para nosotros.

Lectura: Isaías 40:27-31

40:27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?
40:28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
40:29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
40:30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
40:31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Hay un síndrome que observo en ocasión tras ocasión. Incluso, tristemente, lo veo a veces en mi propia vida. Me refiero a la pérdida de confianza en Dios. Es una cosa que sucede paulatinamente, en realidad. El enemigo nos roba nuestra confianza como un carterista nos quita la billetera. Sigilosamente, sin ruido ni movimiento, nos quita lo que nos pertenece - y ni siquiera nos damos cuenta cuando sucede.

Era una situación que vivió la nación de Israel. El profeta Isaías anunció de antemano lo que sucedería. Las cosas iban bien en su día; el rey Ezequías temía a Dios, y el pueblo prosperaba. Dios le había revelado a Isaías, sin embargo, que las cosas no siempre serían así. El pueblo se rebelaría contra su Señor, como tantas veces lo había hecho, y finalmente se le acabaría la paciencia.

Mandaría a un pueblo invasor, un pueblo poderoso y cruel, que llevaría al cautiverio al pueblo de Israel. Vivirían desterrados, vivirían como esclavos en tierra lejana, vivirían lejos de todas las bendiciones que Dios les había dado como su pueblo.

Dios sabía que, durante este tiempo, su pueblo empezaría a dudar de su presencia y de su cuidado. Por esto, le dio este mensaje por medio de Isaías. Era un aviso de antemano, pues el Dios que es Alfa y Omega conoce el principio y el fin de todas las cosas. Dios sabía que los israelitas, como nosotros hoy en día, verían su situación desde la perspectiva humana.

¿Qué dirían los israelitas? Dirían lo que nosotros a veces decimos, o al menos pensamos: Parece que Dios no sabe lo que me está pasando. Si lo supiera, no permitiría que viviera lo que estoy viviendo. Dios me está tratando injustamente.

Estas serían las quejas de los israelitas bajo el cautiverio babilónico. Dudarían de dos atributos cardenales de Dios: su omnisciencia y su justicia. Dirían que Dios no sabía lo que estaba pasando con ellos, o que El no se preocupaba por hacer justicia. ¿Cómo sería posible esto? Si alguna vez te sientes tentado a pensar de esta forma, puedes estar seguro de que es una mentira del enemigo.

Dios todo lo sabe. Nada está oculto de su vista, y eso incluye la vida tuya y la mía. Recuerda esta frase:

I. Dios conoce nuestros caminos

Observemos con cuidado el verso 28. El profeta inspirado nos llama a recordar algo que debemos de saber. Como los israelitas, muchas veces nuestro problema radica en olvidar lo que ya hemos aprendido acerca de Dios.

¿Qué es lo que debemos de saber? Es la realidad de que Dios, como Creador de todo cuanto existe, lo sabe todo acerca de nosotros. Su inteligencia es insondable. Nadie puede medir sus pensamientos. Nadie puede encontrar los límites de su conocimiento, pues ¡no existen!

Con cualquier persona humana, por más educación que tenga y más conocimiento que posea, llega el momento en que tiene que decir: No sé. No conozco la respuesta. Nuestro conocimiento está limitado por nuestra humanidad, por nuestra carne. Nuestro Dios, que es espíritu, no tiene ninguna limitación sobre su conocimiento.

Una antigua canción de los negros estadounidenses refleja esta realidad perfectamente. Su letra dice: Nadie conoce los problemas que he visto, nadie conoce mi angustia; nadie conoce los problemas que he visto, nadie los conoce excepto Cristo. Jesús mostró el conocimiento divino al leer los pensamientos de los corazones y predecir el futuro.

Dios conoce todo lo que tú has sufrido. El sabe perfectamente bien lo que te han hecho. El estuvo presente cuando te dijeron aquellas palabras tan hirientes que te dejaron destrozado el corazón. El estaba allí cuando te maltrataron. El lo vio cuando te trataron injustamente, cuando te negaron el derecho que te merecías. Nada le escapa la vista.

Quizás te sientes como los israelitas se sintieron. Cuando dice el verso "mi Dios ignora mi derecho", hace referencia a la idea de una persona cuyo caso está pendiente ante la corte, pero nunca se llama. Cada día llega a la corte, esperando que el secretario diga su nombre, esperando la oportunidad para exponer su caso, esperando su turno para recibir la justicia. Día tras día pasa, pero su caso nunca se llama. Por injusticia, por soborno o por negligencia, el juez nunca hace justicia.

Quizás así te sientes, pero puedes tener la seguridad de que ésta no es la realidad. Sucede, más bien, que el registro celestial no opera con el mismo horario que sigue nuestra agenda. Dios tiene propósitos que van mucho más allá de nuestra visión, y El lo está reuniendo todo en un plan grande y maravilloso.

El problema, en realidad, no está en la falta de conocimiento de Dios, como si tal cosa fuera posible; el problema está en nuestra falta de conocimiento. En relación al tiempo, nosotros somos como pasajeros de tren. Movemos hacia delante a una velocidad que nosotros no podemos controlar; no podemos ir más rápido, ni podemos volver hacia atrás.

Dios, en cambio, es como el piloto de un helicóptero que sobrevuela el tren; El ve simultáneamente el presente, el pasado y el porvenir. Ni tú ni yo sabemos lo que sucederá mañana, o durante la próxima hora, o durante el próximo minuto; Dios lo sabe perfectamente bien.

"Tal conocimiento", como dice el salmista, "es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender" (Salmo 139:6). Y sin embargo, si esto fuera todo, estaríamos más perdidos que una rata ciega en un laberinto. Si Dios simplemente lo conociera todo acerca de nosotros, pero no levantara ni un dedo para ayudarnos, nos quedaríamos sin esperanza.

La gran noticia que tenemos aquí es que no es así. Más bien,

II. Dios nos ofrece fortaleza sobrenatural creciente

Aun la fuerza más grande del hombre pronto se acaba. Aun los atletas de clase mundial se cansan. Hasta los que disfrutan del máximo vigor de la juventud se fatigan, tarde o temprano. La fuerza humana sólo nos lleva hasta cierto punto. Para llegar más allá, nos hace falta una fortaleza sobrenatural.

En los versos 30 y 31 descubrimos el secreto para recibir esta fuerza para vivir y triunfar. No está en ninguna fuente humana. No está en la buena alimentación, ni en la educación, ni en el entrenamiento físico, aunque todas estas cosas son buenas. Solamente se consigue de una fuente divina.

Es más, esta fortaleza sobrenatural se hace mayor con el transcurso del tiempo. La fuerza humana se acaba. Yo, por ejemplo, no puedo hacer ya algunas cosas que podía cuando era más joven. La fuerza divina, en cambio, es mayor cada día. No sólo volaremos como águilas, ni correremos sin fatigarnos; podremos caminar hasta el final y no cansarnos.

Puede ser muy fácil correr una corta distancia; las águilas se elevan casi sin esfuerzo. Caminar en victoria hasta el final, en cambio, caminar con Cristo hasta terminar la carrera, caminar y caminar y caminar - esto puede ser lo más difícil.

¿Cuál es el secreto? ¿Cómo podemos experimentar esta fuerza sobrenatural creciente, esta fuerza que sólo Dios da? El secreto es esperar. Ahora bien, esperar no es resignarse. No es quedarse quieto porque no hay nada más que se pueda hacer. Esperar en Dios es estar a la expectativa de lo que El hará. Es prepararnos lo más posible para lo que El hará en nosotros.

Esperar significa reconocer que Dios tiene un plan, que El conoce completamente nuestra situación, y que El obrará en el momento más adecuado, según su perfecta voluntad. Esperar significa someter nuestro conocimiento imperfecto y limitado a la sabiduría ilimitada y perfecta de Dios. Significa, en las palabras de Jesús, buscar primeramente el reino de Dios, y su justicia.

Comparemos la espera de un mendigo en la calle con la espera de un soldado bajo órdenes de su capitán. El mendigo espera que alguien, quizás, se compadezca de él. El soldado, en cambio, está a la alerta. Sabe que algo va a suceder, y sólo espera la orden de su superior.

De igual manera, Dios nos llama a esperar en El - y a cambio nos promete su poder, su fuerza, su fortaleza que nos lleva a la victoria. Sólo así podremos triunfar.

Conclusión

En una cultura que lo quiere todo rápido - comida rápida, transporte rápido, cursos rápidos - lo más difícil puede ser esperar. Lo dice la canción que a veces entonamos: Esperar en ti, difícil sé que es; mi mente dice no, no es posible (Jesús Adrián Romero).

Esperar, sin embargo, es la clave. ¿En cuáles áreas de tu vida te hace falta esperar en Dios? ¿Qué necesitas entregarle? Espera en El, pues El jamás nos defraudará. Puedes confiar en el Dios que todo lo sabe, y que da fuerzas al que espera en El.

Visita la página web del Pastor Tony Hancock y la Iglesia Bautista Nueva Esperanza: www.pastortony.net. La página se actualiza más de una vez por semana, por lo cual invitamos a todos a visitarla con frecuencia.

Puedes enviar al Pastor tus preguntas acerca de la Biblia, la Iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema, por email a pastortony@iglesiatriunfante.com, o por medio de la nueva sección Preguntas al Pastor en pastortony.net. Envía tus preguntas incluyendo tus iniciales y tu país de residencia, y serán respondidas en dicha página.

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