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Domingo 17 de Febrero del 2002

Una Fe Sorprendente
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Qué cosa crees que le sorprendió a Jesús, cuando andaba en la tierra? Después de todo, El había participado en la creación de todo lo que vio. Ninguna realidad del mundo natural le pudo sorprender. Aun si se hubiera topado con cosas que nos sorprenden a nosotros, como el nacer de una semilla, la teoría de la relatividad o el principio de Heisenberg, no se habría sorprendido.

Podríamos creer que Jesús se sorprendió de la maldad del corazón humano. Después de todo, El fue perfecto, entonces al ver el pecado que infectaba a cada uno de sus seguidores, quizás se sorprendió. Pero no fue así, pues se nos dice que El no se confiaba de la gente, porque conocía el corazón humano.

¿Qué cosa, entonces, podía sorprender a Jesús? Es algo que nosotros no esperaríamos - pero la Biblia nos dice que Jesús se sorprendía por la fe. Cuando El veía a personas que realmente mostraban una fe profunda, El se maravillaba.

Me pregunto: ¿estaremos sorprendiendo a Jesús? Hoy veremos el ejemplo de alguien que sorprendió a Jesús con su fe, y veremos también algunas cosas que nos pueden robar la fe para que seamos menos que sorprendentes.

Lectura: Mateo 8:5-13

8:5 Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
8:6 y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
8:7 Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8:8 Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.
8:9 Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
8:10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
8:11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
8:12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
8:13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

El centurión que se acerco a Jesús tuvo una fe sorprendente. Esta fe fue sorprendente por varias razones, algunas de las cuales mencionaremos luego. Pero el ser sorprendente no es algo deseable en sí. Las estrellas del rock pueden ser sorprendentes, pero no siempre es algo deseable.

Lo que vemos aquí es que esta fe sorprendente fue productiva. En otras palabras, esta fe tuvo resultados. Veamos

Los logros de la fe

Jesús dijo a sus discípulos que la fe de un granito de mostaza podía mover montañas. Aquí vemos un ejemplo de esa fe.

La Biblia está llena de ironías. Esta es una de ellas. El centurión era un oficial militar romano. Tenía a su cargo un grupo de sesenta a ochenta soldados (a pesar de su nombre), y estaba encargado de mantener el poder romano, dentro de los pueblos conquistados - como Palestina. Imagínate por un momento que Jesús y sus seguidores fueran mexicanos viviendo en los Estados Unidos, y el centurión fuera un agente del Servicio de Inmigración, y tendrás una idea de la relación que podría existir entre ellos.

Lo que esperaríamos, entonces, es una confrontación entre Jesús y estre representante de los invasores de su pueblo. Pero más bien, vemos un ejemplo de lo que Jesús más buscaba - y lo que no llegaba a encontrar en sus propios compatriotas. Jesús llega a decir, "Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe".

Podemos ver en esto que el poder de Dios está al alcance de cualquier persona. Si un hombre como el centurión romano pudo ver un milagro tan grande por parte de Jesús, no existe persona en la tierra que no pueda tener la misma experiencia. Tu nivel de educación, tu raza, tu pasado, o cualquier otro aspecto de tu persona no tienen nada que ver con el poder que Jesús tiene para obrar en tu vida.

Pero, ¿qué fue lo que le sorprendió a Jesús en la fe de este centurión? Analicemos un poco más. En primer lugar, el centurión entendió el poder y la autoridad de Cristo. El creyó que Jesús podía hacer lo que le hacía falta.

La verdad es que el lugar donde muchos de nosotros nos caemos es en este punto tan simple. Realmente no creemos que Dios puede obrar poderosamente en nuestras vidas. No estamos convencidos de que El tiene poder para transformarnos. No hemos dejado de creer que Dios existe, no hemos dejado de apoyar las doctrinas básicas de nuestra fe, pero de alguna manera, hemos dejado de creer que Dios quiere obrar, aquí y ahora, en nuestra vida.

El centurión no tenía años de estudio teológico. El no había tenido la ventaja de ir a la escuela dominical toda su vida. El probablemente no podía recitar muchos versículos de la Biblia, o definir la doctrina de la Trinidad. Pero estaba seguro de una cosa - sabía que Jesús tenía poder para obrar en su vida.

¿Quieres ver grandes cosas en tu vida? ¿Quieres que Dios obre en la vida de tu hijo, de tu hermano, de tu iglesia? ¿Quieres superar algún defecto? ¿Tienes una visión de lo que Dios quiere que hagas? Dios tiene poder para obrar maravillosamente en tu vida - pero sólo si tienes fe.

Había otra cosa sorprendente en el centurión. El se humilló ante la autoridad de Cristo. Le dijo, "Señor, no merezco que entres bajo mi techo". Cuando hablamos de la fe, es sumamente importante entender que la fe bíblica y la humildad van tomados de la mano.

Hoy en día, hay muchos que ignoran o esconden la importancia de la humildad. Sólo se tiene que prender la televisión para oír que Dios quiere darte un carro nuevo, una casa más grande, y más dinero si solamente lo declaras con fe.

Suena muy atractivo. ¿A quién no le gustaría tener estas cosas? Pero el problema es que esa clase de supuesta fe carece de humildad. La presunción de decirle a Dios lo que El va a hacer es increíble. Pensar que vamos a entrar despreocupados a la presencia del Rey del universo y dictarle las condiciones de nuestra relación es una idea ridícula.

La fe verdadera es sumisa. Si queremos ver logros con nuestra fe, tenemos que someternos a la autoridad de Cristo. Esto es lo que Satanás quiere que olvidemos. El quiere que esperemos de Dios cosas que Dios no va a hacer; porque luego, cuando El no las hace, entonces nos sentimos desilusionados - y dejamos de confiar en Dios.

La verdad es que Dios quiere hacer grandes cosas en nosotros, por nosotros, y a través de nosotros - pero tenemos que estar dispuestos a dejarle hacer lo que El quiere hacer, en vez de pensar que podemos dictarle las condiciones del trato.

El centurión tuvo esa clase de fe - y él vio grandes logros como resultado. ¿Qué quieres que Dios haga en tu vida? Quizás te gustaría vencer algún pecado o debilidad que tienes. ¿Realmente crees que Dios te puede librar de ese defecto? ¿Realmente crees que El te puede transformar? Si no lo crees, no verás la victoria.

Hay varias cosas que nos quieren robar la fe. Pasemos a otra historia para ver cuáles son, y cómo resistir a

Los ladrones de la fe

Lectura: Mateo 8:18-22

8:18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.
8:19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
8:20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
8:21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
8:22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

Aquí en estos dos encuentros que Jesús tuvo, vemos a dos personas que son candidatos para tener fe y ver obrar el poder de Dios, pero dejan que algo les robe la fe.

El primero es víctima de la seducción de lo sensible. Este hombre se ofreció a seguir a Jesús, pero el Señor sabía lo que realmente estaba en su corazón. El sabía que cuando se presentara la primera privación, este hombre lo dejaría como una rata abandonando a un barco que se hunde.

No debemos de creer que con esta declaración Jesús estaba diciendo que El era mendigo. Por supuesto, Jesús no tenía grandes riquezas. Pero el punto aquí es que cualquier persona que quería seguir a Jesús mientras El andaba en la tierra tendría que soportar cierta incomodidad, pues Jesús era un predicador itinerante, y no estaba cómodamente radicado en un lugar.

Este hombre no había considerado el precio a pagar por el privilegio de tener fe. Jesús sabía que su fe se hundiría al naufragar con las rocas de la incomodidad.

La seducción de lo sensible también nos puede robar la fe a nosotros. Por ejemplo, cuando nos rendimos a la avaricia, cuando dejamos que el deseo de tener más cosas materiales se apodere de nuestro corazón, la fe se va por la ventana.

El pájaro que se llama el cuclillo tiene la costumbre de poner sus huevos en los nidos de otros pájaros. Cuando nacen los huevos, los pequeños cuclillos suelen ser más grandes que los otros pajaritos. Los padres de éstos dan más comida al cuclillo, y muchas veces se mueren de hambre los otros pajaritos.

Cuando dejamos que las cosas ocupen un hogar central en nuestro corazón, la fe se muere de hambre. Tenemos que botar del nido esos deseos de tener siempre más y esos celos por las bendiciones que Dios le ha dado a otro, porque si no, terminarán matando nuestra fe.

El segundo ladrón de la fe son los problemas con las personas. El segundo hombre fue invitado personalmente a seguir a Jesús, pero dio más importancia a otra relación en su vida. Quiso asistir al funeral de su padre.

Jesús entonces le respondió que los que están muertos espiritualmente pueden enterrar a sus propios muertos. Nos parece dura la respuesta de Jesús, pero el punto queda claro: ninguna relación en nuestra vida puede tomar el lugar de nuestra relación con El.

Recuerdo a una chica que conocía en la secundaria. Se llamaba Daniela. Ella era muy fiel a las reuniones de la iglesia, estudiaba la Biblia, y me animó a escuchar música cristiana. En realidad fue por causa de ella que dejé de escuchar tanta música del mundo y empecé a escuchar más música cristiana.

Llegó un momento, sin embargo, en que Daniela dejó de presentarse a las reuniones. Al principio no se sabía por qué. Finalmente alguien me dio la razón: Daniela tenía un novio que no iba a la iglesia. Ella se había apartado del Señor por otra persona.

Aún me da tristeza cuando pienso en lo que ella desperdició por un incrédulo. No sé si estará casado con él, o cuál será su situación ahora. Dudo que esté feliz. Cuando dejamos la fe en Cristo por alguna otra persona, siempre creemos que esa persona nos va a traer felicidad - pero no resulta así. Tarde o temprano hay un desengaño.

Podemos también caer en los problemas con las personas cuando dejamos que el resentimiento y la amargura hacia otros creyentes nos alejen de Cristo. Dejamos que el enemigo siembra semillas de rencor en nuestro corazón, y nos alejamos de la iglesia porque no nos llevamos bien. Hemos dejado que esa relación sea más importante para nosotros que nuestra relación con Cristo.

Conclusión

Empezamos este mensaje hablando de lo que le sorprendió a Cristo. Cuando El vio la fe sorpresiva del centurión, hizo obras que sorprendieron también. Sanó a ese siervo.

Desgraciadamente, Cristo dijo que muchos de los que se creían hijos del reino serían rechazados por su falta de fe, mientras muchos de afuera se unían al reino. Serían víctimas de los ladrones de la fe.

Dios quiere hacer cosas sorpresivas en tu vida. El quiere hacer cosas sorpresivas en tu familia. El quiere hacer cosas sorpresivas en esta iglesia. El quiere sorprendennos con su poder. Lo que exige es que tengamos fe en su Hijo. Si tú confías de corazón en Cristo, si no dejas que los ladrones te roben la fe, podrás ver cosas muy grandes.

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