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Domingo 5 de Febrero del 2006

¿A quiénes busca Dios?
Pastor Tony Hancock

Introducción

Es una escena que se repite cada día en mercados y supermercados alrededor del mundo. Puede ser que ustedes mismos la hayan visto. Me refiero al proceso de seleccionar frutas y verduras.

Hay personas que parecen exigir más de las frutas que compran que los entrenadores que seleccionan los equipos de fútbol. Para cada clase de fruta tienen algún truco especial. Me dicen, por ejemplo, que con las limas hay que buscar ejemplares con la piel lisa y con un buen peso.

Cualquier comprador quiere llegar a la casa con frutas y verduras que no sólo tienen una buena apariencia, sino también un buen sabor. Me pregunto: si nosotros estuviéramos colocados como frutas y verduras en el supermercado, ¿cómo nos seleccionaría Dios?

Quizás la idea sea un poco curiosa, pero considérenla conmigo: ¿a qué clases de personas buscaría Dios? ¿Estaría interesado en los más religiosos? ¿Buscaría sólo a los de mejor categoría? ¿Rechazaría a los que han sufrido algunos golpes en la vida?

En la lectura de hoy, veremos precisamente qué clase de personas está buscando Dios.

Lectura: Marcos 2:13-17

2:13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.
2:14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.
2:15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido.
2:16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?
2:17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

De la forma en que Marcos nos cuenta esta historia parece que todos los detalles nos están llevando a un punto culminante: la declaración tan asombrosa de Jesús. Yo no he venido a llamar a justos sino a pecadores. Aquí vemos la clase de personas que a Dios le interesan.

Empieza desde el principio de estos eventos, cuando Jesús llama a un pecador. Jesús se estaba quedando en Capernaúm, a orillas del lago de Galilea. Salió a caminar a la orilla del lago. Marcos no nos dice qué llevó a Jesús a caminar allí.

La vida de Jesús es una fascinante combinación de propósito y de vagar sin objetivo. Desde un principio, Jesús sabía que su vida iba hacia un destino, que era morir en la cruz. Otros sueñan con llegar a la cumbre del éxito en el deporte, en el negocio, en la farándula; Jesús vino para una cosa principal. En sus propias palabras, El vino para dar su vida en rescate por muchos.

Aparte de este claro propósito, sin embargo, vemos una curiosa falta de planeamiento en la vida de Jesús. Sale a caminar a la orilla del lago, cuando de repente llegan las multitudes y las empieza a enseñar. No fue un encuentro programado; la sed espiritual de las multitudes, o quizás su curiosidad, las llevó a buscar a Cristo; El aprovechó la oportunidad para enseñarles acerca del reino de Dios.

Muchas de nuestras mayores oportunidades para servir al Señor se presentarán de esta forma. Como el sacerdote y el levita en la historia del buen samaritano, podemos estar muy apurados - incluso en el servicio del Señor - y no darnos cuenta de las oportunidades que el Señor pone en nuestro camino.

Jesús ministró en el poder del Espíritu. Fue sensible a su dirección. Hermanos, vivamos de la misma forma. Seamos sensibles a las oportunidades que el Señor nos da, confiando en que El está con nosotros a cada momento y que nos guiará.

Caminando Jesús, sin dirección aparente pero bajo la dirección del Espíritu, se encuentra con Leví. Leví es otro nombre para Mateo, el autor del primer evangelio. Este hombre era cobrador de impuestos allí mismo en Capernaúm.

Ya que mucho comercio pasaba por esta ciudad, era natural tener un puesto para cobrar los impuestos gubernamentales allí. Los cobradores de impuestos eran mal vistos por la mayor parte de la población judía. Eran conocidos por ser deshonestos, y por aprovechar su posición para estafar a los ciudadanos.

En Roma se descubrió el monumento de un cobrador de impuestos llamado Sabino. Su epitafio dice así: Aquí descansa un publicano honesto. ¡Tan extraño era encontrar uno que lo honraron en su tumba! Quizás podríamos comparar la opinión judía de los publicanos con la actitud actual hacia los políticos. Seguramente han oído un chiste como éste: ¿Cómo se puede saber si un político está mintiendo? La respuesta: Cuando sus labios se mueven.

Como creyentes, sabemos que los políticos son siervos de Dios; muchos quizás sean corruptos, pero sirven una función importante. Como ellos, sin embargo, Leví no sería una persona bien vista por la mayor parte del pueblo, y sobre todo por los religiosos. Los fariseos, que formaban una de las sectas más estrictas del judaísmo, hallaban sus inicios en un movimiento de liberación judía.

Verían a cualquier colaborador con el imperio romano, como lo sería Leví, como traidor. Jesús, sin embargo, lo vio de una forma muy distinta. Jesús lo llamó a seguirlo. Con algunas simples palabras Marcos nos registra la reacción de Leví, pero deja a nuestra imaginación los pensamientos que habrán dado vuelta en la cabeza de éste.

El puesto de cobrador de impuestos, aunque no bien visto por el público que los pagaba, no era tan fácil de conseguir. Se consideraba el camino seguro a un enriquecimiento veloz. No conocemos lo que Leví tuvo que hacer para conseguir este puesto. Quizás una mordida, quizás con palanca - de cualquier forma, si él dejaba este puesto, no sería tan fácil hallar otro.

Los pescadores que también siguieron a Jesús podrían regresar a su trabajo, y varios lo hicieron después de su crucifixión. Para Leví, el costo era más alto. Era dejar una vida de dinero fácil. Sin embargo, no lo pensó dos veces. Se levantó, dejó atrás su puesto, y siguió a Jesús.

¿Por qué lo hizo? ¿Qué vio en Jesús? Quizás Leví se dio cuenta de que aquel dinero que él había buscado por medio de su puesto como publicano no le estaba trayendo la satisfacción que él buscaba. Quizás se había cansado de tratar de llenar el vacío en su corazón con las posesiones.

Vio en Jesús una aceptación y una promesa que nada ni nadie más le había ofrecido. Con tal de encontrar la vida que Jesús le alcanzaba estaba dispuesto a dejarlo todo atrás. Tan emocionado estuvo, de hecho, que invitó a varios de sus amigos a una fiesta con Jesús.

Marcos rápidamente deja atrás la escena a la orilla del mar y nos lleva a la lujosa casa de Leví, donde sus amistades - una colección de personas con más dinero que virtud - comían y conversaban con Jesús. Hay en la descripción de este evento algo interesante.

Jesús estaba en la casa de Leví. Sin embargo, Marcos presenta la escena como si Jesús fuera el anfitrión de la fiesta. Dice que muchos recaudadores de impuestos y pecadores - es decir, personas que no seguían las leyes rígidas de los fariseos - se sentaron con El y sus discípulos.

¿Por qué lo presenta Marcos así? Quiere llamar a nuestra memoria las profecías de la futura cena de bodas del Cordero, la fiesta matrimonial de Jesús y su Iglesia. El pueblo judío ya tenía la expectación, basada en el Antiguo Testamento, de que el Mesías inauguraría su reino con una gran cena.

No debemos de pensar que ésta era la cena mesiánica. Era, más bien, una anticipación de esa cena - con invitados muy sorpresivos. De hecho, los fariseos no lo podían creer. ¿Qué clase de maestro religioso, que clase de rabí, sería éste - que comía con pecadores?

Para ellos, cualquier rabí serio se alejaría de la compañía de tales personas para mantener su pureza personal. Los fariseos seguían aquel conocido refrán: No te juntes con la chusma. Para ellos, la mala compañía de Jesús servía como muestra contundente de su falta de seriedad y falta de valor como maestro.

Jesús aprovechó la oportunidad para enseñarnos una valiosa lección. El tenía muy buenas razones para comer con tales personas. Fue precisamente para buscarlos que El había venido.

Cuando nosotros vamos al hospital, no nos sorprendemos al encontrar en la sala de espera personas enfermas. No nos parece raro que haya personas con fracturas, fiebres, tos y otros malestares en aquel lugar. ¡Precisamente para eso existe! Si estuvieran bien, no tendrían necesidad de llegar al hospital.

Jesús es el doctor por excelencia del alma. El sólo puede curar, sin embargo, a los que se dan cuenta de que están enfermos. Los orgullosos fariseos, tan seguros en su propia justicia, nunca se acercarían a Jesús para recibir su salvación. ¡No creían necesitarla! De hecho, cuando uno de ellos buscó a Jesús, lo tuvo que hacer de noche - para que nadie lo viera.

A la persona enferma, la persona que necesita de su compasión, de su amor, de su perdón, Jesús da una calurosa bienvenida. Es precisamente a esta clase de persona que Jesús vino a buscar.

Ahora bien, esto significa que la Iglesia será un lugar donde se curan a los enfermos espirituales. No debe de sorprendernos que haya aquí personas con diferentes fallas, diferentes necesidades y diferentes debilidades. Al contrario; estamos aquí para crecer juntos y para caminar juntos en la gracia de nuestro Señor.

Si tú has venido aquí en esta mañana y estás necesitado de Dios, Jesucristo quiere ofrecerte su perdón. Quiere compartir contigo ese mismo compañerismo que tuvo con los publicanos y pecadores en la casa de Leví.

El no vino a buscar a los perfectos. Sería como buscar palmeras en el Polo Norte. El vino a buscar a los pecadores, a ofrecerles una vida distinta, una vida de perdón, de gracia, de verdad.

Ven a El. No dejes que la pena te aleje de El. Si eres pecador, Cristo vino por ti. Reconcíliate con El hoy.

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