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Domingo 14 de Agosto del 2005

Triunfo en la guerra espiritual
Pastor Tony Hancock

Introducción

Durante la invasión de México por las fuerzas napoleónicas en 1862 tuvo lugar la famosa batalla de Puebla, conmemorada hasta el día de hoy por los mexicanos en su aniversario, el cinco de mayo. En esta batalla, el ejército mexicano contaba con solamente mil hombres preparados y quizás otros dos mil conscriptos, mientras que las fuerzas francesas consistían en unas seis mil tropas entrenadas.

A pesar de tal desigualdad, las tropas mexicanas derrotaron a los franceses - ¡en menos de un día! Los franceses perdieron casi quinientos hombres, mientras que las pérdidas mexicanas sólo llegaron a ochenta y seis. Aunque la pérdida de esta batalla no frenó el avance francés en México, se convirtió en un punto de orgullo para el pueblo mexicano.

¿Cuál fue el secreto del éxito mexicano frente a las tropas francesas más numerosas y mejor preparadas? Podemos identificar dos factores. En primer lugar, el General Lorencez, quien estuvo al mando de las tropas francesas, equivocadamente pensó que las tropas mexicanas huirían de la batalla. Para su sorpresa, los mexicanos resultaron ser muy audaces.

El segundo factor fue la preparación del general mexicano Zaragoza. Este había preparado el terreno para su ventaja, excavando trincheras que proveían una mejor defensa para las tropas mexicanas.

Cada creyente debe reconocer que estamos en una guerra espiritual. Cada día de nuestra vida, enfrentamos el ataque del enemigo. El fin de la guerra ya está determinado; con su muerte en la cruz, Cristo ha ganado decisivamente. Sin embargo, aún están en juego el destino de millones, y nuestra propia victoria sobre la maldad en nuestras vidas.

¿Cómo podemos salir vencedores? ¿Cómo podemos tener victoria en la guerra espiritual? La batalla de Puebla nos muestra que la victoria no siempre es para los más numerosos o más famosos, sino para los que se saben preparar y no retroceden.

En estas próximas semanas, consideraremos algunas claves para tener victoria en la guerra espiritual. He tomado algunas de las ideas de un libro de David Watson, aunque el desarrollo de los conceptos es mío.

Dios quiere darnos victoria en la guerra espiritual. Como mencionamos ya, Cristo ha ganado la victoria decisiva sobre el enemigo. Sin embargo, éste sigue activo en el mundo. ¿Cómo, entonces, podemos vivir en victoria sobre los ataques espirituales? En primer lugar,

I. Tenemos que reconocer que estamos en guerra

Esta realidad se revela en uno de los libros más antiguos del Antiguo Testamento, el libro de Job. Este libro cuenta la historia de un hombre justo, un hombre que agradaba a Dios, que sin embargo sufrió grandes calamidades.

En el prólogo a la historia, el autor inspirado nos revela lo que estaba sucediendo detrás del escenario. Job desconocía la fuente de tanta prueba, pero a nosotros se nos permite conocer lo que estaba sucediendo en los cielos. Veamos:

Lectura: Job 1:6-12

1:6 Y un día vinieron los hijos de Dios á presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán.
1:7 Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
1:8 Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?
1:9 Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: ¿Teme Job á Dios de balde?
1:10 ¿No le has tú cercado á él, y á su casa, y á todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra.
1:11 Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro.
1:12 Y dijo Jehová á Satán: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Y salióse Satán de delante de Jehová.

Job desconocía que sus sufrimientos eran parte de un encuentro cósmico. Todo tuvo lugar para probar la fe de este hombre. Dios nos muestra lo que estaba sucediendo en los niveles celestiales, en el ámbito espiritual. Los ángeles se presentaron ante El, y con ellos Satanás.

Si se imaginan a Satanás como un hombre malévolo vestido de rojo con cola de punta y dos cuernos, no lo van a reconocer si se les presenta en realidad. Para empezar, sabemos que Satanás es un ángel caído; él se disfraza como ángel de luz. Su nombre, Satanás, significa acusador.

En la situación de Job, es precisamente lo que él hace. Acusa a Job de no ser lo que parece. Insiste en que la fe de Job no es real, sino que se esfumará en la primera prueba. Dios le permite probarlo, para mostrar que Job sí era fiel.

Job desconocía la fuente de sus sufrimientos, pero nosotros tenemos la ventaja de entender el por qué. Dios nos ha revelado que estamos en una batalla espiritual, y tenemos que prepararnos para pelear.

¿Cuál será el fin de un soldado en la guerra que se olvida que está peleando? Ve las balas, oye las explosiones, y lo confunden. Dice: ¿por qué me están disparando? ¿Creen ustedes que dure mucho tiempo aquel soldado? ¡No lo creo!

De igual forma, si no nos damos cuenta de que estamos en una guerra espiritual, seremos presa fácil del enemigo. En el momento en que lleguen las pruebas, diremos: ¿Por qué me sucede esto? Cuando vengan las tentaciones, diremos: ¿Por qué estoy sintiendo esta tentación? ¡Si ya soy cristiano!

Tenemos que entender que las batallas muchas veces se vuelven más fuertes cuando nos acercamos más a Dios. El nuevo creyente con frecuencia experimenta gran oposición. Igualmente, la persona que empieza a servir a Dios con nuevas fuerzas a menudo se encuentra con grandes retos.

Hermanos, estamos en una guerra. Es una guerra espiritual. No la ganaremos con armas humanas, sino con armas espirituales. Si entendemos que estamos en guerra, entonces

II. Tenemos que mantenernos en el amor de Dios

Durante las guerras humanas, los gobiernos saben que podrán ganar si crean una distracción en la nación de sus adversarios; si pueden crear conflicto entre los líderes opositores o descontento entre la población, la voluntad del enemigo se quebrantará.

El enemigo se ha valido de esta estrategia desde las primeras décadas de la vida de la Iglesia. Ha tratado de atacar su unidad. El sabe que, si puede ocupar a la Iglesia con conflictos internos, detendrá su avance.

Es una estrategia que le ha servido bien. Viéndolo en sus días, el apóstol Judas, hermano de nuestro Señor Jesús, escribió a los creyentes de su día dándoles la clave para la victoria.

Lectura: Judas 1:17-21

1:17 Mas vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;
1:18 Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus malvados deseos.
1:19 Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu.
1:20 Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando por el Espíritu Santo.
1:21 Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, para vida eterna.

Si estamos viviendo en una zona de guerra, no nos debe de sorprender que el enemigo tenga sus agentes infiltrados dentro de la Iglesia. Algunos de ellos son falsos maestros que pretenden confundirnos, enseñando doctrinas falsas para crear confusión y división.

Otros son personas que aparentan ser cristianas y servir al Señor, pero que causan divisiones. El verso 19 es muy instructivo - nos muestra que la fuente de la división y la falta de avance de la Iglesia está en los instintos naturales del hombre.

Cuando las personas empiezan a pensar según la carne, cuando sus razonamientos y sus motivaciones son humanas, se introducen divisiones en la Iglesia. Cuando sustituimos la mente de Cristo por nuestra mentalidad humana, entonces nacen la división y la duda.

¿Cómo podemos evitar que el enemigo nos derrote? ¿Cómo podemos mantener la paz y la unión de la Iglesia, para que haya avance? La respuesta está en el verso 21: manteniéndonos en el amor de Dios. El amor de Dios nos protege de las artimañas del enemigo.

¿Cómo nos mantenemos en el amor de Dios? Lo hacemos manteniendo nuestra unión con Cristo. Mediante la oración, mediante la meditación sobre su Palabra, vamos conociendo mejor a Cristo y conociendo mejor el amor que El tiene hacia nosotros. Expresando este amor a otros, el círculo se completa.

Podemos tener triunfo en la guerra espiritual si nos mantenemos en el amor de Dios. Finalmente,

III. Tenemos que fortalecernos en Cristo

Cuando Cristo anduvo en la tierra, mostró su autoridad sobre las fuerzas del mal. En su día, había muchos exorcistas. Ellos usaban estrategias raras y extrañas para tratar de echar fuera los demonios de sus víctimas, y de ninguna manera tenían siempre éxito.

Una de las cosas que hacían, por ejemplo, era poner algún objeto apestoso en la nariz de la persona endemoniada. La idea era que el mal olor ahuyentaría al espíritu maligno. No creo que haya sido muy eficaz este tratamiento, aunque seguramente creaba alguna clase de reacción en la persona que lo sufría.

Lo notable de Jesús es que El no tuvo que recurrir a ninguno de estos métodos raros. Con la simple palabra, echaba fuera a los demonios. Como Hijo de Dios, tiene autoridad completa sobre los espíritus malos.

Cuando El se entregó a la muerte, ganó la batalla decisiva contra Satanás y sus secuaces. Veamos:

Lectura: Colosenses 2:15

2:15 Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo.

El poder que tiene el enemigo sobre la raza humana es el poder del pecado y de la muerte. Recibió este poder cuando Adán y Eva lo obedecieron, desobedeciendo a Dios. Cristo vino para quebrantar este poder, pagando en su cuerpo inocente nuestra culpabilidad.

Podemos darle entrada al enemigo y su poder mediante nuestra desobediencia, mediante nuestros deseos carnales y nuestro interés en el poder oculto; o podemos ser libres - si nos mantenemos unidos a Cristo.

Cristo es nuestra fortaleza en la guerra espiritual. Si estamos en El, los ataques del enemigo no nos podrán tocar. Si nos alejemos de El, en cambio, quedamos expuestos a las flechas satánicas. Separados de Cristo, estamos desprotegidos - y somos presa fácil para el enemigo.

Conclusión

Podemos disfrutar de la victoria en la guerra espiritual. Podemos vivir en victoria - victoria sobre el pecado, victoria sobre los designios del enemigo. Recordemos que estamos en una guerra. Recordemos que el amor de Dios es la clave para la victoria. Recordemos que Cristo es nuestra defensa - y Dios nos dará la victoria.

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