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Domingo 27 de Enero del 2002

Cómo disfrutar de las riquezas
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un día un joven estaba declarándose a su novia mientras miraban un bello lago. Querida, le dijo, Quiero que sepas que yo te quiero más que cualquier otra cosa en el mundo. Quiero que te cases conmigo. No tengo dinero. No tengo un yate o un Rolls-Royce como Juanito Velázquez, pero te quiero con todo el corazón. La novia pensó un momento, y respondió: Yo también te quiero, pero....Oye, ¿cuándo me vas a presentar a Juanito Velázquez?

El dinero es una de las fuerzas más grandes. Se dice que el dinero hace girar al mundo. Como creyentes, sabemos que el dinero no puede traer la felicidad. Sabemos que la vida no consiste en la abundancia de nuestras posesiones. Sabemos que la muchacha de la historia será infeliz si se casa con Juanito Velázquez simplemente porque tiene muchas cosas.

Sin embargo, ¿será que es posible disfrutar de las cosas? ¿Será que Dios realmente desea que gocemos con las cosas materiales? ¡La Biblia dice que sí! Si creemos que para ser creyente es necesario renunciar todo placer y todo gozo aquí en el mundo, y vivir una existencia aburrida y llena de sinsabores, estamos equivocados. Veamos lo que Dios nos dice.

Lectura: 1 Timoteo 6:17-19

6:17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
6:18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos;
6:19 atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

Creo que muchas veces nosotros, como creyentes, tenemos una actitud ambigua hacia las posesiones. Por un lado, deseamos disfrutar de las cosas buenas de la vida. Queremos tener ropa decente, una casa cómoda, un carro, y todas las cosas que son parte de la vida normal en nuestra cultura.

Por el otro lado, sabemos que no debemos de amar estas cosas. Sabemos que Jesús dijo cosas muy negativas acerca de las posesiones, y de los ricos. Sabemos que las posesiones toman alas como el águila y se van. Sabemos que no son lo más importante en la vida.

¿Cómo podemos responder, entonces, a estas dos influencias que parecen estar en conflicto? Por un lado, queremos vivir cómodamente. Por el otro lado, podemos llegar a pensar que seguir a Jesús significa renunciar todas las riquezas, vender todo lo que tenemos, y vivir como mendigos. En la historia del cristianismo, ha habido quienes han tomado esta posición. Por ejemplo, la orden de los franciscanos que fue fundada por Francisco de Asís tenía como requisito un voto de pobreza. La regla franciscana incluye las siguientes palabras: "Los hermanos no poseerán ninguna cosa, ni casa, ni lugar, ni nada. Mas bien, como peregrinos y extranjeros en el mundo, sirviendo a Dios en pobreza y humildad, continuamente pedirán limosnas, y no se avergonzarán."

Años después de la muerte de Francisco, la organización creció y fue necesario que tuvieran propiedad. Por orden del Papa, se cambió la regla para que los monasterios pudieran ser dotados con propiedad.

Interesantemente, de esta práctica del voto de pobreza surgió la idea de que había dos niveles del cristianismo. Por un lado, los que habían sido llamados a consagrarse al Señor entraban en órdenes religiosas, renunciaban su propiedad, y se hacían mendigos. La gran mayoría de los cristianos, por el otro lado, vivía usando su propiedad como mejor le pareciera. Las enseñanzas de Jesús acerca del dinero, por lo general, eran aplicadas únicamente a los que habían entrado en una orden.

Pero la Biblia no apoya tal división. Más bien, las instrucciones de nuestro Señor son para todos. No existen dos clases de creyentes; existe sólo una clase, la cual deberá estar totalmente entregada a su Señor. En el pasaje que hemos leído, vemos cómo es que Dios quiere que usemos lo que El nos ha dado.

Debemos de notar que este pasaje está dirigido a los ricos. Quizás no te consideras rico, y crees que estas palabras no son para ti. Si te comparas con la gran mayoría de los que habitan este planeta, cambiarías de parecer. Por ejemplo, la mitad del mundo - 3 mil millones de personas - vive con menos de $2 al día. Si ganas más de $14 por semana, entonces eres rico a comparación con la otra mitad del mundo.

Estas palabras son para nosotros, entonces. Veamos tres cosas que Dios desea que hagamos con las bendiciones que El nos da.

Dios desea que disfrutemos de las bendiciones que El nos ha dado

Fíjense en la última frase del verso 17. Dice que Dios nos provee de todo en abundancia ¿para qué? ¡Para que lo disfrutemos! Muchas personas creen que Dios está en contra de la diversión, del placer, del disfrute de la vida.

Nada podría estar más lejos de la verdad. Más bien, es Dios quien ha creado el placer. Es Dios quien ha creado la belleza, la felicidad, el gozo. Lo que El desea es que disfrutemos de la vida dentro de los límites que El ha puesto. El sabe cómo mejor se vive la vida, porque El la ha hecho.

Dios quiere, entonces, que disfrutemos de la posesión de las cosas con contentamiento. En vez de vivir atormentados por deseos sin cumplimiento, codiciando las posesiones de otra persona, Dios quiere que disfrutemos de lo que El nos ha dado. Conforme trabajemos, El también nos seguirá bendiciendo con más.

Quizás algunas veces tenemos la idea de que no merecemos las bendiciones. Pensamos que nuestra posición o nuestro pasado nos hace indignos de tener gozo en la vida. Esta es una mentira - pero como tantas mentiras, tiene un poquito de verdad que la hace más peligrosa.

Por supuesto, nosotros no somos merecedores de nada. Todo lo tenemos como bendición de Dios. Aunque lo hayamos ganado con trabajo, El nos dio la vida y la salud para trabajar. Entonces en cierto sentido, es verdad que no merecemos nada. Pero si es así, entonces nadie más lo merece tampoco. En otras palabras, si Dios nos da la oportunidad de tener algo, debemos de recibirlo gozo y disfrutar de esa oportunidad.

Si tú sientes un deseo de superarte, de obtener un mejor trabajo, una mejor educación, una nueva oportunidad - ese deseo no es malo. Si Dios te lo da, debes de disfrutarlo.

Piensa en las cosas que Dios te ha dado. Piensa en tu hogar, en tus diversiones, en tus amistades. Dios no te ha dado esas cosas en error. El te las ha dado para que las disfrutes. Todas las bendiciones que El te da son para tu bien, para que te regocijes en la vida que El te ha dado. Y entonces,

Dios desea que seamos agradecidos por las bendiciones que El nos ha dado

La clave es que reconozcamos de dónde es que vienen las bendiciones. Si reconocemos a Dios como el dador de todo lo que tenemos, entonces tenemos que entender también que es en El que tenemos que confiar. No tiene caso poner nuestra confianza en lo que tenemos, porque esas cosas no son el final. Detrás de todo está Dios.

Por eso dice el versículo 17 que no pongamos nuestra esperanza en las riquezas. Las riquezas son efímeras. Se desvanecen como la neblina bajo el sol. Dios nunca cambia; es la única roca en un mundo líquido.

Quizás pensamos que nosotros no estamos en peligro de poner nuestra confianza en las riquezas. ¿Cómo es que pasa eso? Llegamos a un lugar nuevo, y empezamos a trabajar duro. No tenemos opción más que confiar en Dios, porque no hay nadie más en quien confiar.

Nos esforzamos, nos controlamos en los gastos, y empezamos a ahorrar un poco de dinero. Ahora tenemos algo en el banco, quizás tenemos una póliza de seguro de salud, y cuando llegan las preocupaciones por el futuro, ahora decimos: Ah, pero tengo ese dinero en el banco. Tengo esa póliza de seguro.

¿Qué pasó? ¿Cometimos un pecado al ahorrar el dinero o comprar el seguro? Claro que no. Pero sí cometimos un error muy grande - el error de confiar en esas cosas en vez de en Dios. Ese es el camino a la miseria, a la inseguridad, a la preocupación.

Las riquezas nunca pueden traernos verdadera seguridad. Es bueno ahorrar. Es bueno prepararnos para el futuro. Dios nos llama a hacerlo. Pero mientras lo hacemos, debemos de tener mucho cuidado - cuidarnos de que estemos confiando en esas cosas en vez de en Dios.

¿Cómo podemos protegernos? La mejor protección es la gratitud. Si recordamos quién nos ha dado las cosas, si le damos gracias, si los disfrutamos como un regalo, entonces será mucho más fácil confiar en Dios para el futuro. El quiere que recordemos quién es la fuente de todo lo que hemos recibido. Y más allá de eso,

Dios desea que compartamos las bendiciones que El nos ha dado

Los versículos 18 y 19 incluyen estas instrucciones. Es un dato interesante que los que más tienen, más quieren. Esto se refleja en las cifras de los donativos a la caridad. El porcentaje de sus ingresos que contribuye la clase pobre de los EE.UU. es mucho mayor al porcentaje que contribuye la clase alta. En otras palabras, los pobres dan más de lo que ganan que los ricos.

¿Por qué será así? El dinero fácilmente se vuelve una adicción. Es como cualquier otra droga - el adicto nunca puede tener suficiente. Me gusta repetir lo que dijo, según se cuenta, John Rockefeller - en su día uno de los hombres más ricos del mundo - cuando se le preguntó cuánto dinero necesitaba un hombre para ser feliz. Su respuesta - Sólo un poco más.

Esa es la tristeza de los que buscan la riqueza - nunca pueden estar satisfechos. Por eso, cuando Dios nos bendice, tenemos que ser generosos con lo que recibimos. Juan Wesley lo resumió bien: "Gana todo lo que puedas. Ahorra todo lo que puedas. Da todo lo que puedas".

La generosidad - el ayudar a otros, ofrendar a la Iglesia, y dar de otras maneras - es la única manera de evitar la trampa de la avaricia. Es más, Dios nos bendice para que seamos una bendición a otros. Si no compartimos, es muy posible que deje de bendecirnos.

¿Qué es lo que pasa cuando se estanca el agua en un tubo? El agua corre para otro lado. De igual manera, si nosotros tratamos de guardar todas las bendiciones que Dios nos da en vez de compartirlas, entonces El podrá bien mandar sus bendiciones para otro lado.

Y vemos algo más que es interesante: la generosidad es la clave para tener la vida verdadera. Lo dice el verso 19. Si vivimos en avaricia, entonces nuestra vida se encoge. Se vuelve menos vida. La generosidad, en cambio, nos expande la vida.

Ahora, déjame preguntarte honestamente: ¿Cuántas bendiciones materiales te ha dado Dios? ¿Qué tienes que El no te ha dado? Ahora, ¿Cuánto estás dando a otros? ¿Cuánto contribuyes para la obra de Dios? Si no eres generoso, si no estás dispuesto a compartir, entonces te estás destruyendo la vida a ti mismo.

Conclusión

Alguna vez alguien hizo la pregunta: ¿Tú tienes posesiones, o tus posesiones te tienen a ti? Dios no desea que seamos esclavos de las posesiones, viviendo en avaricia.

Tampoco quiere que perdamos la bendición de disfrutar de lo que El ricamente nos ha dado. Más bien, El quiere que disfrutemos de lo que tenemos, que seamos agradecidos, y que compartamos con los necesitados. Sólo así podremos tener vida verdadera, vida abundante, una vida de satisfacción y de gozo.


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