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Domingo 3 de Julio del 2005

Cuando Dios se esconde
Pastor Tony Hancock

Introducción

Hay ocasiones en la vida en que es fácil ver la presencia de Dios. Cuando nace un niño sano, el gozo de los padres refleja el gozo de Dios como Padre. Cuando un alma decide aceptar a Cristo como Salvador, se siente la presencia de Dios en ese lugar. Cuando una persona es milagrosamente sanada, Dios recibe la gloria - y con buena razón.

¿Qué pasa, sin embargo, cuando Dios se esconde? ¿Qué sucede en la vida del profesor de seminario cuya esposa da a luz un niño discapacitado, un niño que drenará recursos de la familia toda su vida? ¿Qué pasa con aquel misionero que fallece, su cuerpo estremecido por el dolor, mientras personas alrededor del mundo están seguros que Dios lo va a sanar? ¿Dónde está Dios en estas ocasiones?

Algunas personas creen que Dios nunca se esconde, que si solamente tenemos fe suficiente, El siempre obrará de acuerdo con nuestras peticiones. Estas personas suelen tener poco tiempo en el evangelio, o estar viviendo en un mundo de fantasía. Un leve recorrido de las páginas de la Biblia nos demuestra que la experiencia de los héroes bíblicos fue muy distinta.

Job, por ejemplo, sufrió grandes pérdidas económicas, familiares y de salud. Sus amigos trataron de convencerle que él tenía la culpa, que tenía que estar ocultando algún pecado para estar sufriendo de tal manera. Dios, sin embargo, tuvo otra estimación. Su Palabra nos dice que, en todo esto, Job no pecó.

Cuando los discípulos de Jesús vieron a un hombre ciego, se pusieron a discutir si era el hombre o sus padres que habían pecado para que naciera sin ver. No les cupo en el cerebro la posibilidad de que alguien pudiera sufrir sin haber hecho algo para merecerlo. Jesús corrigió su error.

El salmista David también experimentó la ausencia de Dios. Sabemos que él la experimentó en una ocasión por su pecado. Cuando pecó con Betsabé, se sintió muy lejos de Dios - y con buena razón. En otras ocasiones, sin embargo, él sintió que Dios estaba ausente - pero sabía que, como Job, él no había hecho nada para merecerlo.

Hoy me siento algo como David. No me explico lo que Dios está haciendo. Bien reza el dicho: El hombre propone, mas Dios dispone; sin embargo, ¿qué hacemos cuando hemos hecho planes, pensando que eran de Dios, y El no actúa de acuerdo con nuestras expectativas?

La reacción del rey David hace tres mil años ha sido grabada por inspiración del Espíritu Santo para que podamos aprender de ella, y saber cómo responder cuando Dios se esconde.

Lectura: Salmo 13

13:1 ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
13:2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, Con ansiedad en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?
13:3 Mira, óyeme, Jehová Dios mío: Alumbra mis ojos, porque no duerma en muerte;
13:4 Porque no diga mi enemigo, Vencílo: Mis enemigos se alegrarán, si yo resbalare.
13:5 Mas yo en tu misericordia he confiado: Alegraráse mi corazón en tu salud.
13:6 Cantaré á Jehová, Porque me ha hecho bien.

No conocemos las circunstancias que llevaron a David a escribir estas palabras. Hay varios momentos en su vida que podrían haber sido apropiados. En realidad, no es necesario que conozcamos los detalles, pues Dios nos ha dado estas palabras a nosotros para que podamos aplicarlas a nuestras propias vivencias.

En distintos momentos, como sucedió con David, podemos experimentar la aparente ausencia de Dios. Podemos preguntar: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguiré con este sufrimiento? ¿Hasta cuándo me faltará la paz?

Podemos sentir, como David, que Dios se ha olvidado de nosotros. Sabemos que Dios no se olvida, que Dios lo sabe todo; sin embargo, así nos sentimos a veces. Parecería que Dios ya no se acuerda de nosotros o de nuestra necesidad.

Alguien me contó una vez de su patrón que prometía mucho, pero daba poco. Cuando le pido algo, me dice que sí; pero luego no se ve nada -dijo esta persona. A veces nos sentimos así con Dios, aunque quizás no nos atreveríamos a decirlo. Sentimos que Dios no ha cumplido lo que nos prometió.

Podemos sentir que Dios está escondiendo el rostro, para no ver nuestra situación y tener que responder. De noche, nuestros pensamientos dan vuelta en nuestra cabeza como buitres revoloteando sobre un cadáver; de día, nuestro corazón siente sólo dolor y pesar.

Lo peor es que, en esta situación, los que se oponen aprovechan para burlarse de nosotros. ¿Dónde está su Dios? -dicen. ¿Por qué no responde a su necesidad? Nos duele que se burlen de nosotros, y nos duele que se burlen de nuestro Dios.

El enemigo de nuestras almas, y los enemigos humanos que se oponen a Dios y a su voluntad, siempre buscan oportunidades para criticar y para burlarse. El hombre justo enfrentará las burlas y las críticas de los que no conocen a su Dios.

Jesús lo sufrió cuando fue crucificado. Durante la farsa que fue su juicio, los soldados le decían sarcásticamente: "Salve, rey de los judíos. " Cuando fue crucificado, los que pasaban le decían: "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz! "

También se burlaban de El los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley, los ancianos e incluso uno de los bandidos que fueron crucificados con El. Los que deberían de haberle defendido - sus discípulos - se escondieron avergonzados.

¿Has sentido la ausencia de Dios? ¿Te has preguntado dónde está en medio de tus problemas? Si no lo has sentido, es muy probable que llegará un día en el que te preguntarás: ¿Hasta cuándo? Veamos ahora cómo responde el salmo a esta pregunta.

El escritor inspirado clama a Dios. Aquí está la clave para enfrentar estas situaciones. Son pruebas de nuestra fe, y es en estos momentos que se verá dónde está puesta nuestra fe, en realidad. ¿Dónde buscaremos nuestra ayuda?

En otro salmo, leemos: "A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?" (Salmo 121:1). En Palestina, los altares de los dioses paganos se hacían sobre las colinas y en los lugares altos. La frase “lugares altos” se convirtió en sinónimo de los altares paganos por esta razón.

El creyente levantaba sus ojos a los montes y veía los altares de los dioses paganos, pero sabía que su ayuda no venía de ellos. Eran ídolos, figuras creadas que no tienen poder para salvar. Nuestra ayuda viene del Señor, Creador del cielo y de la tierra.

Cuando sentimos que Dios está ausente, mostramos la calidad de nuestra fe. Si al primer instante que El no responde como nosotros quisiéramos, empezamos a buscar otras soluciones que a El no le agradan, se ve que nuestra fe no es firme.

El patriarca Abraham cayó en esta trampa. Dios le prometió que él y su esposa Sara tendrían un hijo, el heredero de la promesa. Sin embargo, cuando pasaron los años y Abraham vio que ambos eran muy viejos, decidió tener un hijo con la criada de su esposa.

Dios le dijo que la promesa había sido para él y su esposa, y que se cumpliría. Dios hace las cosas en el momento que El elige, no según nuestra agenda. La promesa de Dios no había fallado, aunque tardaba en cumplirse.

De igual manera, cuando Dios parece estar muy alejado de nuestro sufrimiento, podemos saber que El está probando nuestra fe, dándonos la oportunidad de mostrar que confiamos en El. Como el salmista, clamemos a El en esos momentos. No busquemos en otras partes. Otros confían en su fuerza o en su inteligencia, pero nosotros hemos de confiar en el Señor.

Cuando lo hacemos, podemos experimentar la paz y la confianza que nacen de la fe en el Señor. El creyente retiene su confianza en Dios. Cuando las cosas no marchan de acuerdo a nuestro plan, podemos experimentar la paz de Dios a pesar de las circunstancias.

Dice la Palabra: "No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús." (Filipenses 4:6-7)

Cuando podemos decir, con David, Pero yo confío en tu gran amor, entonces también nuestro corazón se regocijará en la salvación del Señor. La salvación en este verso no se refiere solamente a nuestra salvación del pecado, a nuestro perdón. Tiene un sentido más amplio.

Se refiere a la liberación que Dios trae en todos los aspectos de nuestra vida. Dios desea, no solamente salvarnos del pecado y del infierno, sino también obrar en nuestro diario vivir. Cuando enfrentamos circunstancias difíciles, podemos saber que Dios quiere y puede ayudarnos a superarlas.

Cuando Dios obra en nuestras vidas, no se nos olvide, como el salmista, expresarle nuestra gratitud. Canto salmos al Señor, dice. Cuando la nación de Israel cruzó el Mar Rojo en su éxodo de Egipto, Moisés cantó un salmo de gratitud al Señor. Su reacción a esta gran muestra del poder de Dios fue entonarle un cántico de alabanza, mostrando su gratitud y reconociendo que había sido el Señor quien lo libró. Nosotros también podemos expresarle a Dios nuestra gratitud - aun antes de ver su respuesta.

Sabemos que Dios va a responder, así que podemos expresarle nuestra gratitud antes de tiempo. Podemos alabarle anticipadamente, sabiendo que la respuesta llegará.

Conclusión

Cuando Dios se esconde, El nos está invitando a seguir confiando en El. Está llamándonos a ponernos a trabajar, a seguir caminando, seguros de que El no tardará en respondernos.

Como David, como Job, como nuestro Señor Jesús, afirmemos nuestra confianza en el Señor y sigamos adelante, sabiendo que el enemigo será callado y que nuestra victoria es segura en Cristo Jesús.

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