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Domingo 20 de Enero del 2002

Cuando Dios no responde
Pastor Tony Hancock

Introducción

Se cuenta la historia de un hombre que se fue al cielo. Al llegar, se paseó por las calles de oro, vio el mar de cristal, y visitó el árbol de vida. Finalmente, se topó con un cuarto que tenía su nombre escrito sobre la puerta. Sorprendido, decidió averiguar qué había dentro. Al abrir la puerta, vio que el lugar estaba lleno de cosas que él había necesitado en la tierra. Estaban allí un nuevo trabajo, una educación para sus hijos, y muchas otras bendiciones que no había recibido durante su vida en la tierra.

Sorprendido, llamó a uno de los ángeles para que le explicara cuál era el significado de este tesoro. El ángel le respondió, Esas son las bendiciones que Dios quiso darte mientras estabas en la tierra, pero tú no se lo permitiste. Aquí se han quedado, guardados. Obviamente, esta historia es ficticia. Sin embargo, me parece que ilustra un punto muy importante. ¿Será verdad que Dios desea bendecirnos, pero muchas veces no permitimos que El nos bendiga? La Biblia nos indica que sí.

Podríamos mencionar varias razones por las que no recibimos las bendiciones que Dios desea darnos. Podría ser, por ejemplo, que simplemente no se las hemos pedido. En otros casos, lo que le hemos pedido a Dios no es conveniente para nosotros. Pero hoy vamos a enfocar pasaje que nos llama a examinar nuestras vidas en algunas áreas para ver si estamos estorbando el flujo de las bendiciones que Dios quiere mandar a nuestras vidas.

Vamos a empezar con un pasaje del Antiguo Testamento. En este pasaje, el profeta Isaías llama al pueblo de Israel a recapacitar. Tendremos que trabajar un poco para aplicar este pasaje a nuestra situación, pero veremos que vale la pena.

Lectura: Isaías 58:1-14

58:1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado.
58:2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
58:3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.
58:4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto.
58:5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?
58:6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
58:7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?
58:8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia.
58:9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad;
58:10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía.
58:11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
58:12 Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.
58:13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras,
58:14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.

Aquí el Señor llama a su pueblo, que se había vuelto cómodo en una religiosidad sin realidad. El les dice que hay una razón que ellos sufren privación. Han estado viviendo como si su compromiso con Dios sólo fuera cuestión de observar algunas costumbres religiosas y ya.

Pero Dios les llama a reconsiderar - y en esto vemos el primer paso a tomar cuando Dios no responde.

Revisa la realidad de tu pacto con Dios

Veamos algunas cualidades de este pueblo, para ver si los reconocemos en nosotros mismos también. Dice el texto que ellos se sentían muy cerca de Dios. Hasta llegan a reclamarle, ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?

Ellos tenían la idea de que están haciendo todo lo que Dios les podría exigir. Estaban perfectamente bien con El, y sin embargo, El no les había respondido como debía de haberlo hecho.

Se sentían, quizás, como se sentirán ahora los ex-empleados de Enron, la gran compañía de energía que acaba de quebrar. Muchos de ellos habían puesto todos sus ahorros en acciones de la compañía, y cuando quebró, se quedaron sin nada. No solamente se quedaron sin trabajo, se quedaron sin ahorros también.

Esta gente dice, ¡Dios! ¿Dónde estás? ¡Hemos hecho todo lo que quieres! Ayunamos, guardamos las fiestas, y ¿qué pasa? ¡No nos das nada!

Ahora me pregunto: ¿Alguna vez te has sentido así? Te preguntas por qué Dios no te bendice. Tú vienes a la iglesia; cumples con los requisitos de ser un cristiano, según los entiendes; lees tu Biblia, tratas de orar, y participas en todas las actividades de la iglesia - y sin embargo, Dios no te da lo que tú le pides.

¿Qué pasó? Bueno, en algunas ocasiones, lo que pasa es que lo que le pedimos a Dios no nos conviene. Es una posibilidad muy real. Pero aquí vemos otra posibilidad. Quizás sólo creemos que estamos cumpliendo la voluntad de Dios.

Vemos que este pueblo no lo estaba haciendo. Dios les responde en el versículo 5-6. El no sólo quiere que cumplamos con ciertos requisitos religiosos; El desea que toda nuestra vida refleja el amor. No podemos dividir la vida en dos secciones, lo religioso y lo demás, y pensar que así Dios nos va a bendecir. Así no es que funciona la cosa.

Si tú vienes a la iglesia, haces una ó dos cosas más que son religiosas, y piensas que con eso quedaste bien con Dios, estás equivocado. Si ves a una persona en necesidad y no te importa, si ves a un mundo muriendo sin conocer a Cristo y no te interesa, si se te ofrecen maneras de servir a Dios y no prestas la más mínima atención, entonces tu supuesta religión no vale de nada.

Y sin embargo, más adelante en el pasaje, vemos algo que parece estar en conflicto con esto. Se ve en el verso 13, donde vemos un énfasis en guardar el sábado.

Parece que Dios acaba de decir que a El le interesa más el amor hacia otras personas que las observancias religiosas. ¿Por qué, entonces, exige ahora a los israelitas que pongan más empeño en observar el sábado?

Hay varias cosas que tenemos que decir aquí, y todas son muy importantes, así que - presten atención. Para empezar, tenemos que entender la función del sábado dentro de la comunidad israelita. El sábado había sido establecido como la señal del pacto entre Dios e Israel. Ninguna de las comunidades que rodeaban al pueblo de Dios la observaban. Descansar en ese día era señal de que uno era parte del pueblo de Dios.

Bajo el Nuevo Pacto, el sábado ya no es ley para nosotros. Este sermón no se trata del sábado, así que no vamos a tratar de explicar su significado - aunque es un tema bello. Pero lo que tenemos que ver es que el sábado era la señal del compromiso del israelita individual con Dios - y no observar ese día era como repudiar el pacto.

Imaginemos a una pareja casada. La esposa se da cuenta de que su esposo se quita el anillo de bodas antes de irse a la oficina cada mañana, justo después de contratar a una bella secretaria. ¿Se enojará la esposa? Claro que sí - pero no es porque el anillo tiene algún valor en sí, sino más bien porque simboliza algo muy precioso - el compromiso que hizo con ella su esposo.

El significado de este pasaje para nosotros, entonces, es que tenemos que tomar muy en serio cualquier compromiso que hagamos con Dios. Es una cosa muy seria comprometernos con El, y luego renegar. Es algo muy serio tomar a la ligera el pacto al cual hemos entrado mediante nuestra fe en la sangre de Jesús.

A mí a veces me sorprende la ligereza con la cual se tratan las cosas de Dios. Hay quienes dicen que cumplirán alguna función dentro de la iglesia, pero cuando llega el momento de hacerlo han desaparecido. Otros se olvidan de que son miembros bautizados del cuerpo de Cristo, y se meten a lugares o estilos de vida que no son convenientes para un hijo de Dios.

Hace algún tiempo en nuestra iglesia empezamos a hablar de la tardanza, la impuntualidad, y su efecto dañino sobre la iglesia. Fue fascinante ver el resultado. Varias personas se sintieron ofendidas, aunque jamás mencionamos el nombre de nadie, ni hicimos alusiones directas o indirectas. Más bien, nos dirigimos a un problema que era común entre todos.

Ahora me pregunto: ¿cuántos llegan regularmente 15 ó 30 minutos tarde para el trabajo? Dudo que muchos. Pero la Iglesia es otra cosa. Dios, después de todo, no es tan importante como lo es el dinero. El debe de estar agradecido que tomamos aunque sea un poco de tiempo para estar con El.

Notarán que hablo con ironía. Ahora bien, no queremos volvernos legalistas tampoco. Es mucho mejor llegar tarde a la iglesia que no llegar, y a veces todos tenemos retrasos inevitables. Pero cito esto simplemente como un ejemplo de la falta de compromiso que tenemos con Dios.

¿Estamos realmente en un pacto con El o no? ¿Realmente nos hemos comprometido con El? ¿Realmente tomamos en serio las responsabilidades que son nuestras como creyentes? Examinémonos individualmente para ver. Y después de examinarnos, pasemos a lo siguiente. La vida cristiana no se trata de una constante sensación de culpa por nuestras fallas; esa culpa deberá llevarnos al arrepentimiento, para que podamos recibir el perdón por esas fallas y seguir adelante. Luego de revisar la realidad de tu pacto con Dios,

Responde en fe a la promesa de Dios

Si decidimos tomar en serio nuestra relación con Dios, miren las gloriosas promesas que Dios nos da. Podemos verlos en los versículos 8 y 9, el 11 y 12, y el 14.

Estas son promesas gloriosas - promesas de ayuda, de sostén, de gozo y de paz. No debemos de pensar que Dios nos promete todo lo que deseamos, o que nuestra vida siempre será fácil. Pero sí nos promete que veremos soluciones a problemas que nosotros creíamos imposibles de resolver. Veremos la restauración de cosas perdidas. Tendremos gozo y paz en nuestra salvación.

Jesús dijo algo muy similar en Mateo 6:33: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Allí El nos dice que lo que tenemos que hacer es preocuparnos más por el reino de Dios, y El se encargará de lo demás. En vez de afanarnos por las necesidades de la vida, en vez de vivir en preocupación y desilusión, ocupémonos en buscar las cosas de Dios - y veremos que empezarán a venir las bendiciones.

Podríamos imaginarnos a un estudiante con beca a la escuela. Todo lo que tiene que hacer es mantener sus notas en cierto nivel para tener todos sus gastos de estudio pagados. ¿Cómo sería si este estudiante empezara a preocuparse de cómo pagará sus estudios, a tal grado que no estudia, y pierde su beca? Pensaríamos que ese estudiante no tuvo mucha inteligencia, como para haberse ganado una beca.

Sin embargo, nosotros muchas veces cometemos el mismo error. Tantas veces nosotros nos afanamos por las cosas de este mundo, cuando realmente no es necesario. Dios nos promete - vez tras vez en su palabra - que si nos enfocamos en El, si cuidamos nuestra relación con El, entonces El se encargará de nosotros. El tiene buenas cosas para nosotros. El nos ama.

Conclusión

Me pregunto cuántas bendiciones tendrá Dios en el cielo esperándonos, bendiciones que El desea darnos - pero que somos incapaces de recibir.

Examina tu propia vida. ¿Cómo vas en tu relación con Cristo? ¿Lo estás tomando en serio? Si no, pide su ayuda para cambiar. El no quiere condenarte - quiere ayudarte a ser la persona que puedes ser. Quiere que confíes en El antes que nada.


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