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Domingo 13 de Enero del 2002

Cómo enfrentar la tentación
Pastor Tony Hancock

Introducción

Según el dicho, hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos. Todos moriremos, y a todos el gobierno nos tratará de exigir algo para sostener su función. Cuando tratamos de vivir según las normas que Dios ha puesto para nuestras vidas, hay una tercera cosa que es inevitable. Es la tentación.

Diariamente, de momento en momento, Satanás pretende usar nuestra carne y nuestros deseos pecaminosos para que caigamos en pecado. El pecado siempre arruina la vida del que lo comete, y Satanás se goza cuando ve que los seres humanos se están destruyendo a sí mismos .

Nosotros, sin embargo, no siempre respondemos con la fuerza necesaria ante estos ataques. Creo que todos hemos tenido la experiencia de recibir llamadas telefónicas de algún vendedor que desea quitarnos el peso de tener tanto dinero, y pretende vendernos algo. ¡Estas personas pueden ser muy insistentes!

Muchas veces ellos se aprovechan de nuestra cortesía para tratar de vendernos cosas que realmente no deseamos. Hace algún tiempo leí un artículo escrito por la compañía telefónica. El escritor sugería que, en caso de recibir una llamada no solicitada, la mejor reacción era simplemente colgar el teléfono. Desde entonces, cuando recibo una de esas llamadas, digo cortésmente que no estoy interesado una vez a la persona, y si insiste, simplemente corto la llamada. De otra manera, pronto me quedaría sin dinero.

Cuando la tentación nos llama, sin embargo, ¿cómo respondemos? En vez de decir que no y colgar, nuestra reacción es más parecida a un No, pero cuéntame más. Sabemos que deberíamos de negarnos, pero de alguna manera no estamos dispuestos a decir un no definitivo.

¿Qué podemos hacer cuando la tentación nos enfrenta? ¿Cómo podemos resistirla? La Biblia nos da respuestas. La Biblia no niega la realidad de que seremos tentados; al contrario, hasta nuestro Señor Jesús fue tentado a abandonar su misión, o a tratar de realizarla de una manera más fácil, que no era el plan de su Padre.

Jesús tuvo éxito en resistir la tentación; y El quiere que nosotros tengamos ese éxito también. El no quiere que nos destruyamos en el pecado; quiere que vivamos en victoria. En esta vida, no llegaremos a la perfección; pero podemos vivir en triunfo sobre la tentación. Podemos enfrentar la tentación y decir que no, así como lo hizo Jesús.

Veamos tres cosas que debemos reconocer y recordar para tener victoria sobre la tentación. Encontramos las primeras dos en

Lectura: 1 Corintios 10:1-13

10:1 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;
10:2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,
10:3 y todos comieron el mismo alimento espiritual,
10:4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.
10:5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.
10:6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
10:7 Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.
10:8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.
10:9 Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
10:10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.
10:11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
10:12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.
10:13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

El apóstol Pablo aquí compara nuestra liberación del pecado por medio de Jesucristo con la liberación del pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto. Ellos cayeron en muchas tentaciones mientras andaban en el desierto, y Pablo nos explica que Dios quiso que lo tomáramos como ejemplo. El no quiere que caigamos en la misma trampa que los atrapó a ellos.

Para tener victoria sobre la tentación, debemos reconocer que la tentación es real

Lo dice el versículo 12. Si crees que estás firme, ¡cuidado! Puedes caer. La primera cosa que tenemos que hacer para tener victoria sobre la tentación es reconocer que es real.

Una de las mentiras favoritas de Satanás es la idea de que ya nos hemos escapado de la tentación. El nos quiere hacer creer que, por algún motivo, ya no seremos tentados como antes.

Quizás tenemos la idea de que, al venir regularmente a la iglesia, seremos librados de las tentaciones.  Muchas veces nos desilusionamos cuando nos damos cuenta de que todas las canciones, todas las oraciones, todos los sermones del mundo no nos han librado de la tentación. Aún seguimos siendo tentados a pecar.

O quizás hemos tenido victoria sobre algún pecado. Quizás, por la gracia de Dios, hemos dejado algún vicio, hemos abandonado alguna mala costumbre, o hemos empezado a hacer algo que sabíamos que era nuestro deber. En la euforia de esa victoria, podemos pensar que nunca más seremos tentados a cometer ese pecado. Días, semanas, o meses después, cuando la tentación se vuelve a presentar, nos toma completamente por sorpresa.

Mientras vivamos aquí en el mundo, tenemos que darnos cuenta de que la tentación será parte de nuestra vida. A veces somos tentados a cometer los mismos pecados. En otras ocasiones, las tentaciones cambian con la edad, la madurez, o nuestra situación en la vida.  En todo caso, tenemos que acostumbrarnos a la idea de que, mientras vivamos aquí en el mundo, viviremos con la tentación. Creer que vamos a escaparnos de la tentación es una peligrosa ilusión. Cuando las drogas como la mezcalina y otros alucinantes empezaron a usarse dentro de la cultura hippie de los años 60, se vieron casos muy tristes de muertes producidas por los efectos de estas substancias. Bajo la influencia de estas drogas, las personas creían tener poderes sobrenaturales. Se dieron casos, por ejemplo, de personas que se lanzaron de ventanas o techos muy altos, pensando que podrían volar.

Desgraciadamente, su optimismo no correspondía a la realidad, y varios murieron al tratar de realizar su sueño. En el mundo actual, no es posible volar sin algún tipo de ayuda - sea de un avión, una avioneta, un helicóptero, etc. Si tratamos de vivir sin tomar esto en cuenta, pronto vendremos a tierra - y los resultados no serán muy buenos.

De igual manera, si tratamos de vivir en este mundo actual, pensando que de alguna manera la tentación no será parte de nuestra vida, si no la queremos enfrentar, si nos engañamos con la idea de que algo nos protegerá de la tentación, entonces estamos viviendo una ilusión muy peligrosa. El primer paso hacia la victoria sobre la tentación es simplemente reconocer que es real, que la estaremos enfrentando, que no debe de tomarnos por sorpresa.

Pero si nos quedamos ahí, entonces podemos sentir un gran pesar. Pensaremos, ¿es eso todo lo que me espera? ¿Una vida de tentación, y eso es todo? La buena noticia es que el pasaje que estamos estudiando no termina ahí. Vemos que hay un segundo paso para tener victoria sobre la tentación.

Para tener victoria sobre la tentación, debemos recordar que la tentación es resistible

Esto lo vemos en el versículo 13 del pasaje. Esta realidad tiene dos partes. La primera es que las tentaciones que nosotros enfrentamos no son únicas. Muchas veces sentimos que nadie más entiende lo que estamos viviendo. Creemos que si Jesús se hubiera encontrado en la situación que estamos enfrentando, El también hubiera sido tentado a pecar.

La realidad es que Jesús ya enfrentó la vida humana, en todas sus complicaciones y con todos sus enredos. Y El sí se sintió tentado. Es más, los santos de Dios a través de los siglos se han sentido tentados en muchísimas maneras. Ser santo, vivir para Dios, no es cuestión de no ser tentado. Ya vimos que eso es imposible, mientras vivamos aquí en el mundo.

Más bien, vivir de una manera santa es cuestión de saber cómo enfrentar la tentación. Cada tentación que enfrentamos es una que millones de seres humanos han enfrentado, y están enfrentando. No estamos solos; nos acompañan muchos.

Con esto vemos que es mentira lo que Satanás tantas veces trata de decirnos, que nuestras circunstancias son únicas, que nadie más entiende lo que estamos pasando, que esta situación es diferente. Es una mentira. Cada tentación que enfrentamos es simplemente la sórdida repetición de algo que muchas personas ya han enfrentado.

Pero eso podría dejarnos condenados a pensar que la tentación es irresistible, si no fuera por otra realidad: Dios nos promete su ayuda. La Palabra de Dios aquí nos dice que no nos llegará ninguna tentación que seamos incapaces de aguantar.

En cada situación donde nos encontremos tentados a pecar, Dios siempre nos provee una salida. Siempre habrá una puerta para que podamos escapar de la situación, si la buscamos.

Una madre había llevado a su pequeña hija de compras. Iban por los pasillos del supermercado, uno por uno, hasta que repentinamente llegaron a uno de ellos al que la mamá ni siquiera le dejó entrar a su hija. Más bien, siguieron en frente. ¿Por qué? Pues era el pasillo donde se veían todos los dulces, y ella sabía que su hija sería incapaz de resistir la tentación.

De igual manera, si hay alguna tentación irresistible en esta vida, podemos estar seguros de que Dios no permitirá que lleguemos a esa situación. Toda tentación que enfrentaremos será resistible.

En algunas situaciones, la mejor manera de resistir la tentación es huir. Cuando José fue acosado por la esposa de su amo, él salió corriendo de la casa. Sabía que era mejor huir a seguir en la presencia de la tentación. Tenemos esa seguridad de que siempre habrá una salida. Pero hay algo más.

Para tener victoria sobre la tentación, debemos recibir el apoyo de Jesucristo

Esta idea la vemos más claramente en otro pasaje. Vayamos a Hebreos 4:15-16. Aquí se nos habla de nuestro sumo sacerdote, Cristo Jesús.

4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Ahora, fácilmente podríamos pensar que Jesús, siendo perfecto, es incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. Podríamos creer que El puede bien juzgarnos, pero no podría entender la profundidad del dolor, de la desilusión, de los deseos que nos llevan al borde del pecado.

Pero estaríamos en un grave error. Cristo, al haber sido tentado en cada respecto como nosotros, conoce lo que es vivir como un ser humano. El sabe lo que es enfrentar la desilusión de ser traicionado por un amigo cercano, y sin embargo, nunca se vengó. El sabe lo que es la tentación sexual, y sin embargo, nunca cayó. El sabe lo que es la angustia de ver que otros se enriquecen mientras uno se queda estancado en la pobreza, y sin embargo, nunca cedió a la amargura.

Podríamos pensar que la perfección de Jesús, su impecabilidad, hace que El no pueda entender nuestra necesidad. Pero lo opuesto es la realidad. Debido a que El ha experimentado la tentación totalmente, pero nunca se rindió ante ella, El puede enseñarnos a nosotros también como tener esa misma victoria.

Piénselo un momento. Imagine a una persona que desea bajar de peso. Decide ir a un grupo de apoyo, y cuando llega, se da cuenta de que el líder es una persona con un problema de sobrepeso aun peor que el suyo. ¿Tendrá mucha confianza en el nuevo líder? ¡Claro que no!

Ahora bien, si queremos aprender a tener victoria sobre la tentación, ¿nos va a enseñar otro ser humano que no sabe cómo resistirla? ¡Claro que no! Sólo puedo ayudarnos una persona que ha tenido victoria sobre la tentación.

Por ello, entonces, cuando nos sentimos tentados por cualquier razón, podemos venir a Cristo en oración y tener la seguridad de que El entiende completamente lo que estamos viviendo. Podemos saber que El no se sorprende por lo que estamos viviendo. Después de todo, la tentación no es pecado. Es la respuesta a la tentación que define si caemos en pecado o no.

Cuando te sientes tentado por cualquier cosa - porque alguien te trató mal, porque ves una oportunidad de enriquecerte ilícitamente, porque no quieres hacer lo que sabes que debes - recuerda que tienes a un coach que te quiere ayudar a la victoria. El ya vivió lo que tú estás viviendo.

Conclusión

Al fondo del mar, la presión es increíble. La fuerza de las toneladas de agua puede destruir aun el acero más fuerte. Los submarinos, aunque se hayan fabricado con los mejores metales, sólo pueden descender a ciertas profundidades. Si se pasan del límite, se exponen a la implosión. Hace algunas años, el submarino atómico Thresher cometió ese error. Los rescatadores sólo encontraron algunos pedazos pequeños de esa gran nave. Y sin embargo, hay peces que viven a tales profundidades. ¿Cómo es posible?

La respuesta es que tienen una presión interior que es igual a la presión exterior del agua. Y de igual manera, si nosotros tratamos de navegar las aguas de este mundo por nuestra propia fuerza, la tentación será irresistible. Cuando estamos llenos de Cristo, en cambio - cuando hemos aprendido a depender de El, cuando buscamos su auxilio en la prueba, cuando nos preparamos para enfrentar la tentación - entonces podremos resistir la presión. Tendremos adentro una fuerza aun mayor a la potencia de la tentación - la fuerza de Cristo, el Vencedor.


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