Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 12 de Diciembre del 2004

¿Qué dice María?
Pastor Tony Hancock

Introducción

Algunos años atrás, tuve la oportunidad de servir a la comunidad de un complejo de departamentos. Aconteció durante mi tiempo allí que se dio una "aparición" de la Virgen María en una de las paredes de los edificios.

Sucedió, en realidad, que una de las luces de seguridad tenía alguna imperfección o suciedad, y creaba una sombra que, con mucha imaginación, se parecía a la figura popular de María. De todos modos, el fervor mariano estremeció la comunidad.

Se construyó un altar con flores frente al lugar de la "aparición", llegaron los medios noticiosos, y alguien colocó en las entradas de los edificios un "mensaje" de la Virgen. El mensaje fue, en realidad, algo inofensivo; decía que debíamos amarnos y vivir en paz. Al parecer, los inquilinos de aquellos departamentos no tomaron muy a pecho este mensaje, pues poco después uno de ellos fue balaceado por otros.

Sin entrar en más detalle acerca de este suceso, me puse a pensar acerca de lo que nos diría, en realidad, la madre de Jesús si nos hablara hoy. Estoy convencido de que María tiene un mensaje muy importante para nosotros. Este mensaje lo encontramos en las páginas de la Biblia, donde se registran bajo inspiración del Espíritu Santo las palabras suyas.

Vamos a considerar tres de las declaraciones de María en el registro bíblico para ver qué mensaje tiene ella para nosotros. Empezamos con la ocasión en que el ángel apareció a María para decirle que ella iba a ser madre del Hijo de Dios.

Es interesante que el ángel, después de saludar a María, le tiene que decir que no tenga miedo. Este no era un ángel pequeño, gordito y con alas diáfanas, como los cupidos de la imaginación popular. Al contrario; en la mayoría de las instancias bíblicas de una aparición angelical, la respuesta humana es de temor.

Luego de que el ángel le explicó su misión, y le explicó también que su embarazo sería sobrenatural, resultado de la obra del Espíritu Santo, llegamos a la respuesta de María.

Lectura: Lucas 1:38

1:38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.

No debemos ignorar el gran ejemplo que María nos da en este pasaje.

I. María demuestra el servicio al Señor

María tendría que pagar un gran precio por su disposición de servir al Señor. Para empezar, su esposo no entendería la situación. Sería necesaria otra visita angelical para que él comprendiera la situación. A pesar de que José era un hombre justo, nos podemos imaginar el dolor de María al no ser comprendida por su futuro esposo.

Enfrentaba también los chismes de quienes la rodeaban. Seguramente muchas personas notarían que el lapso entre la boda de José y María y el nacimiento de Jesús era demasiado cortó, y empezarían a hablar de ella. Éste fue quizás uno de los peores sufrimientos de María, ya que se había guardado para su esposo, siendo pura y casta, y sin embargo enfrentaba el chisme y los susurros.

Enfrentaba además la pérdida de su Hijo, aunque ella misma no lo sabía en ese momento. Sin embargo, los padres que han perdido hijos me cuentan que su dolor es único. Aunque duele, todo hijo sabe que un día tendrá que enterrar a sus padres. Los padres jamás esperan estar presentes en la muerte de sus hijos.

María, entonces, demuestra una disponibilidad al Señor que haríamos bien en imitar. Somos demasiado prestos a buscar la bendición del Señor, y tardos para ofrecernos a El en servicio sacrificial.

Cada vez que te das cuenta de algo que Dios espera de ti - sea mediante tu lectura de la Palabra, mediante un sermón o mediante un devocionario: ¿cómo respondes? ¿Dices como María, Que El haga conmigo como me has dicho? María nos demuestra la actitud humilde de servicio al Señor.

Lectura: Lucas 1:46-55

1:46 Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;
1:47 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,
1:48 Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
1:49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.
1:50 Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.
1:51 Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.
1:52 Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.
1:53 A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.
1:54 Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia.
1:55 Como habló á nuestros padres, A Abraham y á su simiente para siempre.

Este pasaje es el canto de María, cuando visitó a Elisabet. Es notable que muchas de las frases que usa María dan eco a diferentes pasajes del Antiguo Testamento. Alguien ha contado doce alusiones bíblicas dentro de este breve pasaje. Esto indica que María había prestado atención en la sinagoga durante la lectura de la Escritura, y había permitido que ésta moldeara su forma de pensar.

Este canto exalta a Dios. La primera frase dice: Mi alma glorifica al Señor, y es precisamente lo que María hace. Ella no se engrandece a sí misma, sino al Señor. Las referencias a sí misma muestran la humildad, no el orgullo. En efecto,

II. María glorifica la misericordia de Dios

María misma desmiente el concepto erróneo de que ella fue concebida sin pecado, puesto que llama a Dios su Salvador. Sólo los pecadores tienen necesidad de un salvador, y María aquí indica que ella - al igual que nosotros - ha sido salvada por la misericordia de Dios.

El es el centro de atención en este canto. Es El quien ha hecho grandes cosas. El extiende su misericordia de generación en generación. El echa de sus tronos a los poderosos, y exalta a los humildes. El satisface la necesidad del hambriento, y despoja de sus bienes al rico. El cumple sus promesas a su pueblo.

Mediante este canto, María enfoca nuestra atención donde debe estar. La mayoría de las cámaras fotográficas tienen un lente por medio del cual el fotógrafo puede enfocar el sujeto o la escena que pretende retratar. Muchas veces, una pequeña cruz en el centro del campo de vista indica el centro de enfoque de la cámara.

En este retrato, esa cruz esta fija en Dios. María nos canta acerca de Dios, y de lo que El ha hecho. A veces me pregunto si nosotros adoramos a Dios de la misma forma, o si hemos movido un poco el centro de enfoque, con el resultado de dejar a Dios un tanto desenfocado en nuestra adoración y en nuestras vidas.

El movimiento moderno de alabanza y adoración, por ejemplo, tiene muchos aspectos positivos. Ha resultado en una resurgencia de entusiasmo e interés en la alabanza al Señor, sobre todo entre la juventud.

Me parece, sin embargo, que nuestra adoración a veces se desenfoca, y prestamos más atención a las emociones que Dios inspira en nosotros que al mismo Dios a quien adoramos. Incluso las canciones pueden llegarse a tratar más de nuestro gozo que del Señor que nos causa este gozo.

Llegamos entonces a ser como el amante que, en lugar de contemplar absorto el rostro de su amada, empieza a contemplar su propio corazón. Corre el riesgo de que su amada, disgustada, lo deje para que se suma en su propio narcisismo.

María nos da el ejemplo de glorificar la misericordia de Dios. Nosotros, al igual que María, no tenemos nada que le podamos ofrecer al Señor más que nuestra vida. ¿Glorificamos a Dios con nuestra adoración? ¿Se trata de El o de nosotros?

María nos da un tercer ejemplo. Lo encontramos en la ocasión del primer milagro de Jesús, cuando Juan graba las últimas palabras de María que se encuentran dentro del registro bíblico. Podríamos decir que éste es el mensaje de María por excelencia.

Lectura: Juan 2:1-5

2:1 Y al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
2:2 Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.
2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.
2:4 Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.
2:5 Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

Jesús y sus discípulos están en una boda. Jesús participó de los eventos diarios de la vida humana; no fue un ermitaño que se alejaba del compañerismo humano. Para entender el papel de su madre en este evento, tenemos que reconocer primeramente que, como dice el verso once, éste fue su primer milagro.

Cuando su madre le dice en el verso 3, entonces, que ya no hay vino, queda claro que ella no esperaba de Jesús ningún milagro. No tendría ninguna razón de esperarlo, pues jamás le había vista hacer un milagro. Más bien, ella seguramente pensaba que El quizás podría conseguir más vino en algún otro lado. Es posible que María haya sido una ayudante en la boda, y por esto tenía cierta responsabilidad.

Jesús responde de una forma que Juan resalta a través de su evangelio, de una manera que sus oyentes no entienden en ese momento. Jesús declara que aún no ha llegado la hora de su sufrimiento y exaltación.

Las palabras de María son muy instructivas. Ella no trata de convencer a su Hijo. Ella no razona con El. Simplemente instruye a los sirvientes que hagan lo que Jesús les ordene, y deja el asunto en sus poderosas manos. Vemos que

III. María dirige la atención hacia su Hijo

Lejos de ponerse a sí misma como intermediaria entre los siervos y Jesús, o entre el novio y Jesús, ella se retira del escenario con estas simples instrucciones: Hagan lo que él les ordene. A nosotros, María nos da las mismas instrucciones.

No puedo más que pensar que quienes pretenden hacer de María una mediadora lo hacen para esquivar la responsabilidad de hacer lo que Jesús ordena. Pensando que podrán encontrar más favor ante una figura materna y dulce, dejan a un lado al Hijo de Dios - el único mediador entre Dios y los hombres, según 1 Timoteo 2:5 - y buscan otra forma de lograr lo que desean.

Éste no es el modelo que María misma nos dejó. En lugar de animarnos a venir con ella para que ella convenciera a su Hijo, más bien nos instruye a seguir sus instrucciones al pie de la letra. María dirige la atención hacia su Hijo.

La única fe salvadora y verdadera es una fe que está centrada en Jesucristo. El es el único que ofreció su propia carne en sacrificio por nuestra vida. Es el único que sufrió nuestro castigo para que pudiéramos ser libres. Es el único que fue separado de su Padre para que pudiéramos ser reunidos con El.

Jesús es la única solución a nuestro problema humano. El mensaje de María para nosotros es éste: Hagan lo que él les ordene.

Conclusión

María nos demuestra con su ejemplo el servicio al Señor, glorifica la misericordia de Dios, y dirige la atención hacia su Hijo. Si nos hablara hoy, nos animaría a hacer lo mismo.

Durante esta temporada navideña, podemos aprender del ejemplo de nuestra hermana María, la madre de nuestro Señor Jesús. Ella desearía que siguiéramos su ejemplo de glorificar a su Hijo, haciendo lo que El nos ordene.

Puedes enviar tus comentarios a pastortony@iglesiatriunfante.com

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe