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Domingo 30 de Diciembre del 2001

La boda del gran rey
Pastor Tony Hancock

Introducción

El hijo de un sembrador decidió casarse. Su papá le dijo, "Juan, cuando te casas, se esfuma tu libertad". El hijo no lo creyó. Su padre le dijo, "Te lo voy a comprobar. Agarra una docena de gallinas, amárrales las patas y ponlas en el vagón. Engánchale dos caballos, y vete al pueblo. Detente en cada casa que veas, y cuando encuentres a un hombre que es el jefe de su hogar, dale un caballo. Cuando encuentres a una mujer que manda, dale un pollo. Verás que regalarás todos los pollos, y regresarás con los caballos".

El joven aceptó la propuesta y se fue al pueblo. Se detuvo en diez casas, y regaló diez gallinas. Finalmente llegó a una casa bonita, donde encontró a un anciano y su esposa en el jardín. Llamó a ellos y les preguntó, "¿Quién manda aquí?"

Respondió el hombre, "Yo mando". Preguntó entonces el joven a la mujer, "¿Es verdad? ¿Le manda su esposo?" "Sí", respondió la mujer. Entonces el joven les pidió que se acercaran a la calle, y les explicó su razón en preguntar.

Entonces invitó al anciano a que escogiera uno de los caballos. Le dijo que le traería el caballo más tarde. Los dos miraron con cuidado a los caballos, y finalmente dijo el hombre, "Creo que me quedo con el negro". Luego dijo la esposa, "A mí me parece mejor el bayo". El hombre miró con cuidado al caballo bayo, y dijo, "Mejor me quedo con el bayo, entonces". El joven sonrió y dijo, "No, Ud. se va a quedar con una gallina".

El matrimonio, y la cuestión de quién va a mandar, siempre ha sido una cuestión difícil en la vida. Muchas parejas se la pasan como carros en carrera, tratando de ver quién puede salir al frente.

Si Uds. saben algo acerca de la vida del Señor Jesús, saben que él nunca se casó. No tuvo hijos ni familia. Sin embargo, se podría decir que él vino al mundo para casarse. Ese fue su propósito en venir. Lo que celebramos en la Navidad es el nacimiento de un novio.

Dijo C. S. Lewis, "La Navidad es el nacimiento del Amante, el Novio, cuya belleza supera a la del hombre". Hoy meditaremos en la boda del gran Rey, la venida de Jesús como novio, lo que nos enseña acerca de nuestra relación con él, y acerca del matrimonio también.

Lectura: Hebreos 1:6-9

1:6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.
1:7 Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.
1:8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino.
1:9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Aquí se demuestra que Jesús es totalmente superior a los ángeles. Antes, como ahora, había una fascinación con los ángeles. Inclusive hay algunas sectas que enseñan, falsamente, que Jesús es - o era - un ángel. Vemos aquí, sin embargo, que lejos de ser uno de ellos, en su nacimiento, él fue adorado por los ángeles. Los ángeles son siervos, pero aquí, a él se le llama Dios.

En los versículo 8 y 9, se cita el Salmo 45. La Palabra de Dios es un tesoro lleno de joyas exquisitas, y hoy queremos tomar este Salmo y verlo a la luz del Espíritu Santo para ver su belleza y permitir que ilumine nuestras vidas. Leámoslo ahora.

Lectura: Salmo 45

45:1 Rebosa mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi canto; Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.
45:2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
45:3 Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, Con tu gloria y con tu majestad.
45:4 En tu gloria sé prosperado; Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia, Y tu diestra te enseñará cosas terribles.
45:5 Tus saetas agudas, Con que caerán pueblos debajo de ti, Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.
45:6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino.
45:7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
45:8 Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; Desde palacios de marfil te recrean.
45:9 Hijas de reyes están entre tus ilustres; Está la reina a tu diestra con oro de Ofir.
45:10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;
45:11 Y deseará el rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor.
45:12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; Implorarán tu favor los ricos del pueblo.
45:13 Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; De brocado de oro es su vestido.
45:14 Con vestidos bordados será llevada al rey; Vírgenes irán en pos de ella, Compañeras suyas serán traídas a ti.
45:15 Serán traídas con alegría y gozo; Entrarán en el palacio del rey.
45:16 En lugar de tus padres serán tus hijos, A quienes harás príncipes en toda la tierra.
45:17 Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

Cuando este salmo fue escrito, su referencia era a uno de los reyes israelitas. Como descendiente de David y rey instalado por Dios en Jerusalén, el rey de Israel en el Antiguo Testamento ocupaba un lugar muy especial.

Pero este salmo toma un significado mucho mayor ahora, porque sabemos que Jesús es el cumplimiento de la monarquía davídica.  En este momento, el rey davídico es él, y por lo tanto podemos aplicar este salmo a él. Los reyes como David y Salomón, con todo su poder y su gloria, no hacían más que señalar hacia un rey mucho mayor que venía, el gran Rey que es Jesús.

Este Salmo, entonces, encuentra un significado más profundo cuando lo vemos a la luz de la venida de Cristo. Las palabras que se habían dirigido a un rey mortal toman un significado más profundo en conexión con Jesús, y las palabras que referían a la novia también toman mayor significado al relacionarse con la novia de Cristo, la iglesia.

Hoy hablaremos de la gloria de Jesús como el novio, y la próxima semana veremos el tema de la preparación de la novia, basándonos en la segunda mitad del salmo.

La gloria del novio

En el lenguaje de este bello poema, vemos dos cosas recalcadas: el poder del Rey en batalla, y su gobierno justo sobre sus súbditos. Dice el verso 4, Con majestad, cabalga victorioso en nombre de la verdad, la humildad y la justicia; que tu diestra realice gloriosas hazañas.

Cualquier rey deberá ser fuerte para la batalla; si no, no podrá defender a su imperio de quienes lo quieran conquistar. De igual manera, si no sabe gobernar con equidad a los que están bajo su poder, entonces su reino llegará al caos.

Jesús reúne perfectamente las cualidades de un rey perfecto. Podemos tomar las palabras de este salmo sobre nuestros labios y usarlos para adorar a nuestro Rey. Él ha mostrado su poder, derrotando al peor enemigo de todos, la muerte. El destruyó el poder de su rival, Satanás, invadiendo el mundo para tomar para sí un reino de fieles. El regresará un día para tomar control total de todo lo que existe.

Es más, el gobierna con perfecta justicia. Los reyes de la tierra toman para sí mismos todo lo mejor. Ellos viven en lujo y riqueza, mientras que los pobres mueren de hambre en las calles. Pero con Jesús, no es así. El dijo que el que quiera ser grande entre sus seguidores tendría que ser el siervo de todos, y lo demostró siendo ejemplo. Tomó en sus manos una tina de agua, y lavó los pies de sus discípulos - trabajo que era de un esclavo.

Cuando nosotros le entregamos nuestra vida, podemos estar seguros de que él nunca nos defraudará. El no se quiere aprovechar de nosotros. El no nos tratará injustamente. Más bien, si le entregamos nuestra vida, podemos estar seguros de que él siempre hará lo que es mejor para nosotros. El está obrando en la vida de cada uno de sus seguidores, y lo hace para bien. Su victoria realmente es en nombre de la verdad, la humildad y la justicia.

Es muy interesante notar que, en esto, Jesús también cumple perfectamente el papel del esposo. Esto es algo que no resalta en el Salmo, y sin embargo, cuando estudiamos otros textos de la Biblia, vemos que esto es precisamente lo que Dios desea de los esposos.

Ahora, antes de que les digan a sus esposas esta tarde: el pastor dijo que yo tengo que ser el rey en esta casa, oigan bien lo que la Biblia nos está diciendo. Efesios 5:28 dice, Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo.

De igual manera, dice el 6:4: Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor. El liderazgo que da el padre en una familia siempre tiene que ser para el bien de su esposa y de sus hijos. Tiene que ser un liderazgo que crea un ambiente donde ellos pueden sentirse seguros, tranquilos, y pueden desarrollarse como personas.

El esposo que dice, Aquí yo mando, y se hace lo que yo quiero, no ha entendido nada acerca de lo que es el verdadero liderazgo. El verdadero liderazgo se trata más bien de proteger a la familia de malas influencias, de dar apoyo, de dirigir a la familia en adoración a Dios, y en dar un ejemplo de devoción, de amor, de dominio propio.

El hombre que es un rey de su hogar, al estilo de Jesús, es un hombre que dirige a su familia en leer la Palabra, en orar, en obedecer a Dios. Es un hombre que lleva a sus hijos a la iglesia, en vez de enviarlos. Es un hombre que da un ejemplo de integridad, de honestidad, de paciencia. ¿Sabes cuál es el obstáculo más grande a que eso suceda? No es la desobediencia de tus hijos. No es tu esposa. Es tu propio egoísmo. Tomamos el liderazgo que Dios nos ha dado como hombres y lo volvemos algo que nos conviene, algo machista y egocéntrico - algo totalmente en contra del plan de Dios.

Dios quiere que sigamos el ejemplo que nos dio su Hijo de cómo ser un líder que se sacrifica en vez de aprovecharse. Si eres hombre, toma tu inspiración de Jesús y comprométete en ser un líder cuyo liderazgo es para el bien de la familia.

Pero hay un aspecto del reinado de Jesús que no podemos imitar. Esto lo vemos en los versos 6 y 7, los mismos versículos que fueron citados en el pasaje de Hebreos que leímos anteriormente.

Aquí se presenta un gran misterio. El lenguaje del salmo revienta tratando de comprender una realidad que nuestro idioma humano no es capaz de contener. Fíjense en esto: Hay dos figuras aquí que son llamadas "Dios". En primer lugar, esta el Rey. Se le dice, Tu trono, oh Dios, permanece para siempre. Se le está llamando Dios.

¿En qué sentido fue el rey humano, a quien originalmente se dirigieron estas palabras, Dios? Obviamente no lo era. Es aquí que podemos ver que este salmo siempre señalaba más allá de su situación original, hacia uno que sería Rey y Dios.

Pero luego, hay otro que también es llamado "Dios". Dice el 7, Tu amas la justicia y odias la maldad; por eso Dios te escogió a ti y no a tus compañeros, ¡tu Dios te ungió con perfume de alegría!

Ahora, hay otro que es llamado Dios; es el que escogió al rey que anteriormente había sido llamado Dios también. Espero que no se hayan confundido, porque es sumamente importante entender esto. Tenemos que entender esto para saber bien quién es Jesús.

En primer lugar, vemos que Jesús, nuestro Rey, es también Dios. Se le llama Dios, no sólo aquí, sino varias veces en la Biblia. De muchas otras maneras, se indica que él es Dios. El no es simplemente un ángel que fue promovido, o un hombre muy especial; es Dios en su naturaleza. Con esto podemos ver el error de quienes enseñan algo distinto - que Jesús es un ser inferior en su esencia al Padre, un ser que no tiene todas las cualidades de Dios, un ser que no merece ser adorado. ¡Qué error más grande es robar al Hijo la gloria que es suya! Es Jesús de quien se dice, como Dios, que tiene un trono eterno. Todos tenemos que adorarlo.

Por el otro lado, sin embargo, queda excluido el error de decir que Dios es Jesús. Algunos dicen que Jesús es todo lo que hay de Dios. La Biblia, sin embargo, testifica que hay tres personas que forman la unidad de Dios - el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Aquí hay alguien de quien se dice, "Dios te escogió a ti". Ese alguien, la segunda persona que también es llamada Dios, es el Padre. El envió a su Hijo, la segunda persona de la Trinidad, para que se hiciera hombre.

Con estos dos versículos podemos ver que hay un misterio. No podemos entender cómo es posible que haya un Dios que existe en tres personas, pero la esencia de Dios es un misterio para nuestras mentes humanas. Lo que vemos claramente es que no podemos negar esta realidad sin dudar de la Biblia, o tergiversarla.

Conclusión

Pero, en fin, ¿Qué importa? Importa muchísimo. Porque significa que nos podemos relacionar con cada persona de Dios, y que ellos también se relacionan entre sí. Jesús, el Hijo, es nuestro Rey, nuestro Salvador, y nuestro Señor. El Padre llega a ser nuestro Padre también, y desea que le dirijamos nuestras oraciones. El Espíritu Santo mora en nosotros.

En esta Navidad, preparémonos para recibir a nuestro Rey, el Rey perfecto que es también Dios.


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