Firmes y Adelante

Enlaces El Sermón Dominical

Esta semana

Todos los Sermones

Contactar al autor

¡Suscríbete!

Domingo 15 de Agosto del 2004

Los locos jamás se unen
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un día, un hombre fue a visitar a un manicomio. Había más de cien reclusos peligrosos en esta institución, pero - para sorpresa de la visita - sólo tres guardias cuidaban a estos lunáticos. Le preguntó a su guía: ¿No teme Ud. que estas personas puedan tramar algún complot para dominar a los guardias y escaparse? No, fue la respuesta; Los locos nunca se unen.

Los locos nunca se unen. ¡Qué declaración más llena de significado! ¿Será que nosotros nos portamos a veces como estos locos? ¿Será que mostramos una falta de unidad que nos estorba?

Este no es el plan de Dios para su Iglesia. El quiere algo muy diferente. Dios nos llama a mostrar en su Iglesia la unidad que viene de El.

Lectura: Efesios 4:1-6

4:1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
4:2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
4:3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
4:4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;
4:5 un Señor, una fe, un bautismo,
4:6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

En el libro de Efesios, estos versos marcan un gran cambio de tema. En la primera sección del libro, Pablo explica la realidad de la Iglesia, de nuestra relación con Cristo, de lo que El ha hecho por nosotros. Es como si estuviéramos en el comienzo de una vereda en las montañas, y miráramos con telescopio todo el paisaje al rededor.

Ahora, vemos cómo vivir en vista de esta realidad. Ahora estamos empezando el viaje, estamos caminando sobre la vereda para hacer el viaje. De esto tratan los tres capítulos finales del libro.

En este pasaje, enfocamos - como ya mencionamos - la unidad. La idea de la unidad se basa en la Trinidad. Dios, siendo tres personas, es un Dios - y aunque nosotros le conocemos en estas tres personas, esta experiencia nos llama a ser uno con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Cada aspecto de nuestra experiencia con Dios - Dios el Espíritu Santo, Dios el Hijo, Dios el Padre - nos llama a poner al lado nuestras diferencias y unirnos a nuestros hermanos.

I. Dios nos llama a ser uno porque recibimos a un Espíritu (3-4)

Sepámoslo o no, nuestra experiencia con Dios empieza con el Espíritu - El se mueve en nuestro ser, nos llama al arrepentimiento, y nos da el deseo de acercarnos a Dios. Cuando tomamos la decisión de aceptar a Cristo, es porque el Espíritu nos ha estado convenciendo. El obra en nuestro corazón como consejero, como abogado, como guía. El nos da vida. Y cuando su obra lleva fruto en nosotros y aceptamos a Cristo, entonces:

Somos un cuerpo con un Espíritu (4a)

La Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, recibe su vida del Espíritu. En términos humanos, ¿qué sucede con un cuerpo que no tiene espíritu? ¡Está muerto! Y sin el Espíritu Santo obrando en nosotros individualmente como creyentes y en conjunto como la Iglesia, también estaríamos en muerte espiritual.

Pero, entonces, ¿cuántos Espíritus hay? ¡Obviamente sólo uno! Así que hemos recibido esta nueva vida junto con otros creyentes.

Y esto significa que nuestra vida espiritual se realiza en conjunto con ellos. ¿Qué pasa con un miembro del cuerpo que es separado de él? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si me cortara la mano? ¡Pronto muere! No necesariamente perdemos la salvación si no estamos en comunión con otros creyentes, aunque podría ser que nunca fuimos creyentes en realidad; pero sí es claro que no podemos experimentar la plenitud de la vida espiritual, la plenitud del Espíritu, si estamos aislados y no estamos unidos a otros creyentes en la Iglesia.

¡Somos un cuerpo con un Espíritu! Y tenemos que aprender a vivir esa unidad que Dios nos da.

Ese mismo Espíritu es también la garantía de nuestra única esperanza - Efesios 1:13-14:

1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

La presencia del Espíritu en nuestra vida es la garantía que Dios nos da ahora de que en el futuro estaremos con El, de que El es nuestro Dios, y que un día vendrá a recogernos. El Espíritu Santo es la garantía de todo lo que Dios nos promete para el futuro.

La situación se parece a la de una mujer que fue escogida para llevar un depósito de miles de dólares por parte de la escuela de su hija al banco. Al regresar, la señora preguntó: ¿cómo supieron Uds. que no me iba a fugar con el dinero? El director de la escuela le respondió: Es que nosotros tenemos a su hija.

De igual manera, nosotros tenemos al Espíritu de Dios - así sabemos que El vendrá por nosotros. No nos dejará abandonados en este mundo.

La cosa es que compartimos esta esperanza con todos los demás creyentes. Ahora bien, si no te puedes llevar con ellos ahora, ¿por qué piensas que te va a gustar estar en el cielo? Lo que vivimos en la Iglesia es la preparación para el cielo, y si no te gusta, debes de examinar el estado de tu corazón.

¿Cómo, entonces, podemos mostrar nuestra unidad en el Espíritu? Veamos el verso 2: Pablo aquí menciona dos frutos del Espíritu - la humildad y la amabilidad. Sólo podemos vivir en unión y armonía si somos humildes y amables. La actitud de orgullo, de buscar atención, de exigir el trato que creemos merecernos, de ofenderse fácilmente, muestra que no hemos aprendido a someternos al Espíritu en nuestras vidas - y los locos nunca se unen.

Hay momentos cuando otro miembro de la congregación nos frustra. Podemos sentirnos menospreciados o ignorados. Quizás decimos: Pues, si ella no ve a hablar, ¡a ver si yo le hablo a ella! Pero Dios nos llama a ser humildes - en vez de insistir en que nos traten como nos merecemos, debemos de esforazarnos más en tratar a los demás de una manera amable. Esto sucede cuando conocemos el amor de Dios, cuando sabemos que tenemos valor para El, cuando dejamos que su Espíritu sane nuestras heridas emocionales - entonces podemos ser humildes, y no tenemos necesidad de insistir en nuestros derechos.

El Espíritu nos hace uno.

II. Dios nos llama a ser uno porque seguimos a un Señor (5)

¿Cuántos salvadores hay? La Biblia nos dice que sólo hay un nombre bajo el cielo, dado a los hombres, por el cual podamos ser salvos. Ese nombre es el nombre de Jesús.

Y por eso, hay una sola fe. Si hemos recibido la salvación, es porque hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús. ¡Sólo El nos puede salvar! Compartimos esta fe con toda otra persona salvada.

Hay un corito que cantamos - ¿lo recuerdan? - Dice: Solamente en Cristo, solamente en El, la salvación se encuentra en El; no hay otro nombre dado a los hombres. Solamente en Cristo, solamente en El. Es por esto que hay sólo una fe.

Y entonces, hay un sólo bautismo - porque el bautismo es la señal exterior de la realidad interior que es la fe. Ahora bien, hay diferentes maneras de bautizar. En el Perú, empezamos bautizando en el Río Rimac. Luego, se construyó un bautisterio para la iglesia. Nosotros creemos que la manera bíblica es por inmersión en agua, mientras que algunas otras tradiciones bautizan de otras maneras. ¡Algunas personas incluso arguyen que es necesario que es necesario bautizarse en agua corriente! La validez del bautismo no depende de la manera, porque el bautismo no salva - es la fe que salva.

Pero no es a la manera de bautizarse a la que se refiere Pablo, sino el hecho del bautismo como iniciación en la comunidad cristiana - y es algo que todos, si somos creyentes obedientes al Señor Jesús, hemos experimentado. El bautismo simboliza nuestra unión con Cristo, y nuestro compromiso de seguirle. No es un acto individual; es algo que nos une.

Todos seguimos a un Señor, y por el hemos recibido la salvación en fe; y hemos dado testimonio de esto en el mismo bautismo. En el Perú, era obligatorio votar, pero para que la persona no votara dos veces, se le sellaba la mano con una estampa oficial que no se podría quitar por varios días. De esta forma, era obvio que habían votado, y no se les multaba por no votar, ni podían votar de nuevo.

De igual manera, el bautismo es una marca sobre ti. Es como si el agua del bautismo fuera pintura en vez de agua, y cuando salimos, es obvio que todos pertenecemos juntos. Imaginen que fuera naranja, y que desde entonces todos fuéramos color naranja. No es que perdemos nuestra personalidad, pero tenemos una nueva identidad - y está en Cristo.

Si compartimos una fe en un Señor, simbolizado por un bautismo, sigue lógicamente que tenemos que ser uno también. Y lo hacemos siguiendo el ejemplo de nuestro Señor - el ejemplo de paciencia (2b).

¿Qué persona es más paciente que nuestro Señor? El quizás no fue tan paciente con los hipócritas, con los fariseos, pero fue muy paciente con sus seguidores. Después de que Pedro, en el momento en que Jesús más lo necesitaba, lo negó tres veces, Jesús le dio la oportunidad de declarar su amor por El tres veces (Juan 21) - y le hizo líder entre los apóstoles. Y con Tomás, el que no creería a menos que viera, Jesús le mostró sus heridas. ¡Qué paciencia! Estamos hablando de la paciencia con los tontos, los renuentes, los impetuosos - es el ejemplo para nosotros.

¿Qué hacemos cuando alguien falla? ¿Le damos otra oportunidad? ¿O decimos: No, éste ya falló, ya no más? La unión se establece con la paciencia - Dios es muy paciente con nosotros, y El insiste en que nosotros seamos también pacientes con los demás.

III. Dios nos llama a ser uno porque tenemos un Padre (6)

Ya sabemos que al aceptar a Cristo, Dios llega a ser nuestro Padre. Esto significa que tenemos sólo un Padre.

Nos dice la Escritura que El está sobre, por medio de, y en todos. Este conjunto de preposiciones nos dice algo muy importante acerca de Dios.

El está sobre todos. Es decir, El está como Padre sobre todos los miembros de la familia. Es cierto que Dios reina sobre todo el mundo, pero sólo los creyentes reconocemos su reinado. Ahora, si El en verdad está sobre nosotros, es imposible que estemos divididos - porque El desea nuestra unión. Si un batallón de veras sigue a su capitán, es imposible que halla algunos soldados descansando por aquí, otros peleándose entre sí por allí, y otros vagando solitos por allá. Dios está sobre todos nosotros.

El está también por medio de todos. La idea es que El está obrando a través de todos nosotros. Todo lo que logramos en servicio a El es resultado de su obra en nosotros. Nadie realmente puede decir, Yo he logrado tales cosas para Dios; es Dios quien las ha logrado por medio de nosotros. ¿Qué razón tenemos, entonces, de envanecernos y vivir sin armonía? Si es Dios quien obra por medio de todos, debemos de estar obrando juntos.

El está en todos. Esto significa que, juntos, formamos su templo. Ahora, ¿a quién le gustaría vivir en una casa donde los cuartos no eran contiguos? Es decir, para llegar de la cocina al comedor, había que ir afuera, caminar por una cuadra con los platos calientes, y allí está el comedor - porque la cocina y el comedor ya no se hablan. ¡Qué tontería! Y sin embargo, semejantes tonterías se ven en las iglesias. ¿Cómo podemos ser un templo digno de la habitación de Dios si no vivimos en armonía?

Para alcanzar esto, tenemos que vivir en el amor que Dios, nuestro Padre, nos ha mostrado (2c). Para algunos, es difícil amar - porque no han recibido mucho amor en sus vidas. En la Iglesia, estamos aprendiendo a amar y recibir amor. Esto significa tener buenos deseos para la otra persona, y estar dispuestos a sacrificar por su bienestar.

Amar no es decir, te voy a ayudar porque quizás algún día me podrás ayudar. Eso es interés. Amar tampoco es besarte la cara y chismear detrás de tu espalda. Amar tampoco es ayudarte para sentirme mejor. El verdadero amor se ilustra con los padres que estaban con su bebé con cólico a las 4:00 a.m. El papá había perdido toda paciencia, pero la mamá recogió al bebé y dijo, Pobrecito, ojalá que sintieras mejor. Eso es amor - no pensar en nuestra propia incomodidad, sino en la necesidad del otro.

Dios no nos está llamando a mostrar algo que El no está dispuesto a hacer. El nos dio el ejemplo supremo del amor, y nos sigue amando diariamente de una manera increíble. Si hemos recibido ese amor, tenemos también que mostrarlo a otros.

Conclusión

Toda nuestra experiencia con Dios nos llama a estar unidos a otros creyentes. Alguien a comparado a la Iglesia con el arca de Noé. Es alborotoso, mal oloroso, y nuestros vecinos nos parecen muy extraños; pero es mucho mejor estar adentro que afuera.

El deseo del corazón de Dios es que estemos unidos. Para que esto suceda, todos tendremos que esforzarnos. ¿Qué cambios son necesarios en tu vida? Quizás eres muy orgulloso; quizás no eres muy paciente; quizás eres muy egocéntrico. Dios nos llama a vivir juntos en amor, en unidad, y tenemos que estar dispuestos a sacrificar para que esto suceda.

Puedes enviar tus comentarios a pastortony@iglesiatriunfante.com

Ver todos los mensajes publicados


¡Suscríbete a la lista Sermones y recibe todos los Domingos estos sermones en tu casilla de correo! Clickea AQUI para llenar el formulario de suscripción.


El Sermón Dominical

Foros Ekklesia Viva - www.foroekklesia.com
Portal Iglesia Triunfante - www.iglesiatriunfante.com
¡Ayúdanos a dar a conocer esta web! | Declaración de Fe