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Domingo 8 de Agosto del 2004

Una iglesia sin paredes II
Pastor Tony Hancock

Introducción

Un niño iba saliendo de la iglesia con sus padres cuando anunció: - Ya decidí lo que quiero hacer cuando sea grande.
- ¿Qué quieres hacer? -le preguntaron sus padres.
- Quiero ser pastor, -respondió el niño.
- ¡Qué interesante, hijo! - dijo la mamá. - Dime, hijo, ¿por qué quieres ser pastor?
Respondió el niño: - Bueno, lo he estado pensando, y sé que voy a tener que ir a la iglesia los domingos de todos modos. Creo que sería más divertido pararme y gritarle a la gente, en vez de sólo estar sentado, escuchando.

No sé si este niño estaba pensando muy bien acerca de lo que significa ser líder dentro de la iglesia, aunque estoy seguro de que, con el tiempo, llegó a ver las cosas de una manera diferente. Es bueno preguntarnos, sin embargo, ¿qué clase de líderes necesita la iglesia? ¿Cómo debe dirigirse en su crecimiento?

En otros mensajes, hemos hablado del papel del pastor en la vida de la iglesia. Hoy quiero que pensemos en algunos otros asuntos relacionados con el liderazgo de la iglesia.

Dentro de cada institución humana, Dios ha puesto líderes. En el hogar, los padres son líderes; y el padre es la cabeza del hogar. En el estado, Dios ha puesto al gobierno, y nos llama a respetarlo. Dentro de la iglesia, Dios también ha colocado líderes; pastores, ancianos, diáconos y otras clases de líderes.

Dios nunca quiso, sin embargo, que los líderes lo hicieran todo dentro de la iglesia. Dentro de una familia, es saludable que los niños también compartan los quehaceres del hogar. En el estado, todos deben de participar para crear una sociedad progresiva y estable.

Dentro de la iglesia, Dios ha dado a cada miembro un papel que debe de jugar. La Biblia nos llama miembros de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Díganme: ¿cuál cuerpo tiene miembros innecesarios? ¿Tenemos acaso un brazo extra colgando por ahí? ¿Tenemos dedos que no usamos?

¡Claro que no! Más bien, cada uno de nosotros tiene un don que debemos de poner al servicio de Dios dentro de su iglesia. Ésta es una de las claves del éxito para la iglesia.

I. Dios llama a la iglesia a crecer aprovechando los dones de cada miembro

Cada uno de nosotros ha recibido un don distinto. Como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 12:17: "Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato?".

Para que la iglesia crezca y llegue a ser todo lo que Dios desea para ella, tenemos que apreciar la diversidad de dones que Dios ha puesto dentro de la iglesia. No todos son llamados a enseñar. De hecho, el apóstol Santiago dice: "Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad." (Santiago 3:1).

Una iglesia llena de maestros sería una escuela, no una iglesia. La posición de maestro no es más importante que otras posiciones dentro de la iglesia. De hecho, nosotros no decidimos cuál don hemos de poseer; es obra del Espíritu Santo, quien distribuye los dones.

Leamos Romanos 12:6-8:

12:6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
12:7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
12:8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Por la gracia de Dios, hemos recibido dones diferentes; y debemos de usarlos al máximo, con gozo y alegría en el Señor. Una persona tendrá la habilidad de traer a muchas personas a los pies del Señor. Otra persona podrá ayudar a muchos con sus necesidades personales. Otra persona podrá dar consejos sabios. Otro podrá fomentar el desarrollo de los niños.

Todos estos ministerios son importantes. La iglesia que no tiene límites en su crecimiento es la iglesia que aprovecha al máximo los dones de todos sus miembros. La iglesia que se encuentra cohibida y limitada es la iglesia que pone a unos pocos a hacer el trabajo de todos, o que no considera las habilidades y los dones de los miembros antes de asignarles alguna labor.

Todos estamos familiarizados con los juegos de bloques de diferentes tamaños que usan los niños. La caja de bloques tiene aperturas por los cuales sólo cabe una de las formas, y los niños aprenden a meter el bloque por la apertura correspondiente.

Muchas veces, tratamos de meter a una persona por la apertura en la iglesia que no le corresponde. Insistimos en que sea maestro, cuando no tiene dones para enseñar. Lo encargamos de organizar actividades cuando es una persona desorganizada e impulsiva.

Para que cada miembro pueda aprender a usar su don, tenemos que dar permiso a las personas para fallar. Tenemos que estar dispuestos a que prueben diferentes ministerios para ver si tienen don en esa área, sin señalarlos si luego descubren que no tienen aquel don.

Además de esto, cada miembro tiene que tomar la responsabilidad de buscar su don, su lugar de servicio dentro de la iglesia. En oración, considerando nuestras habilidades, debemos de buscar ante el Señor la cosa que él tiene para nosotros.

Sólo podremos alcanzar al mundo si todos jalamos juntos. Esto nos lleva a la segunda clave que consideraremos hoy: para que el ministerio se multiplique,

II. Dios llama a la iglesia a crecer multiplicando líderes preparados

Cada líder sólo puede estar involucrado en las vidas de una cantidad limitada de personas. Si queremos que haya más ministerio, tiene que haber más líderes. Es difícil discipular eficazmente a más de ocho o diez personas.

Es por esto que el sistema celular se ha mostrado tan eficaz. En lugar de esperar que una persona - el pastor - se encargue de todos los miembros de la iglesia, se entrena a otros para que ministren.

Cuando Moisés guiaba a los israelitas por el desierto, recibió la visita de su suegro Jetro. Al ver cómo Moisés atendía todas las quejas y los casos del pueblo, Jetro le dijo (Exodo 18:17-18): "No está bien lo que estás haciendo, pues te cansas tú y se cansa la gente que te acompaña."

El consejo de Jetro fue que Moisés multiplicara líderes. Le recomendó un sistema graduado de líderes de grupos de diferentes tamaños. Sólo los casos más difíciles llegarían hasta Moisés.

El principio que Dios nos muestra en su Palabra es claro: para que el pueblo de Dios crezca y prospere, es necesario multiplicar líderes. Esto es lo que hizo nuestro Señor Jesús.

Leamos Lucas 6:12-16:

6:12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
6:13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles:
6:14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
6:15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote,
6:16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

Jesús escogió a estos doce hombres para estar con él y para prepararlos para continuar su obra. A pesar de que él enseñaba a grandes grupos de personas, su ministerio más duradero vino como resultado de la preparación de estos hombres, pues fueron ellos quienes dieron testimonio de su resurrección y predicaron su Palabra.

El conferencista John Maxwell cuenta de su primer pastorado, una iglesia que creció rápidamente bajo su liderazgo. Según cuenta él, sin embargo, su tiempo en esta iglesia fue un fracaso.

¿Por qué dijo esto? La razón es que, cuando él se fue a otra iglesia, la iglesia que dejó volvió a su tamaño original. El crecimiento no se mantuvo. La razón, dice él, es que no se enfocó en entrenar líderes. En lugar de preparar personas que pudieran tomar la batuta y seguir corriendo, se enfocó simplemente en que la iglesia creciera en tamaño.

Mediante el instituto que está a punto de iniciarse, y mediante mis relaciones personales, deseo preparar un pequeño grupo de líderes que pueda llevar a esta iglesia al crecimiento y a la madurez que Dios desea para nosotros.

Mediante los grupos celulares que esperamos iniciar en los próximos meses, queremos que cada miembro esté conectado con un líder que pueda apoyarlo en su crecimiento espiritual.

Conclusión

Una antigua iglesia tenía las siguientes palabras labradas en piedra encima de la entrada principal: El portal del cielo. Abajo, sobre una cartulina, aparecía este aviso: Favor de usar la otra entrada.

¿Cuántas personas habrá que están buscando el portal del cielo? ¡Nosotros hemos recibido las llaves del Reino! Espero que no estemos diciendo, con nuestras acciones o actitudes, Favor de usar la otra entrada.

Espero que nuestra iglesia pueda ser, en realidad, una iglesia sin paredes. Que sea una iglesia que da la bienvenida al buscador, una iglesia llena de miembros que sirven gozosamente, desarrollando sus dones, una iglesia que multiplica líderes para las obras de evangelismo y discipulado.

Yo sé que, con Dios, todo es posible. Es hora de crecer. Es hora de avanzar. Es hora de trabajar todos juntos para que podamos ser, en realidad, una iglesia sin paredes.

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