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Domingo 25 de Julio del 2004

Una iglesia sin paredes (I)
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Alguna vez has visto el estilo de cultivo ornamental que se llama bonsái? Esta forma de arte, creada por los japoneses y ahora popular a nivel mundial, consiste en la cuidadosa cultivación de árboles y arbustos en miniatura.

Usando métodos específicos para podar, y limitando la extensión de la raíz de la planta, se logra - con el tiempo - crear un pequeño árbol que se parece a un árbol grande en todo menos el tamaño.

El estilo de arte es bello, y nos permite apreciar en el interior de la casa algo que, bajo condiciones normales, sólo podríamos ver afuera. Si aplicamos el mismo concepto a la iglesia, sin embargo, encontramos algo que no es tan agradable.

¿Cuántas iglesias hay que parecen pequeños arbolitos bonsái, con todos los programas y todos los atributos de una iglesia, pero sin crecimiento? Estoy convencido de que Dios desea que su iglesia crezca. Lógicamente, no es el único deseo que Dios tiene para su iglesia; también quiere que la iglesia impacte al mundo, que sirva al necesitado, que haga discípulos, etc.

Sin embargo, cualquier organismo que no crece ni se reproduce, morirá. La iglesia no es ninguna excepción. Dios desea que la iglesia crezca, que haya más personas oyendo el evangelio y respondiendo a su invitación.

¿Cómo podemos lograr que la iglesia crezca? ¿Cómo podemos realizar el propósito de Dios en formar la iglesia? En estas próximas dos semanas es mi deseo que volvamos a la Biblia y consideremos esta cuestión a la luz de las Escrituras.

Hoy consideraremos dos puntos acerca de la realización del propósito divino para la iglesia. Para empezar,

I. Sólo podemos realizar el propósito divino si entendemos la naturaleza de la iglesia

Solemos tener conceptos de la iglesia que han venido de nuestros padres, de nuestra experiencia o de nuestras expectativas, sin preguntarnos cuál es la definición bíblica de la iglesia. Para uno, la iglesia será una familia; para otro, será el lugar donde adoramos a Dios; y para otro, será una fuerza para transformar el mundo.

Cada una de estas personas tiene razón, y a la vez, su perspectiva puede ser incompleta. Cuando consideramos la iglesia en la perspectiva bíblica, encontramos que Dios, como maestro tejedor, entreteje varios hilos conceptuales que encuentran su inicio en el Antiguo Testamento para presentarnos una tapicería completa y variada.

Uno de los conceptos, por ejemplo, es la del pueblo de Dios. El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento se identificaba visiblemente con la nación de Israel. Encontramos en la narración del Éxodo, según mis cálculos, por lo menos catorce veces en las que Dios se refiere a Israel como "mi pueblo". Es interesante que esto es aún antes de que él estableciera su pacto con ellos en el monte Sinaí.

Obviamente, entonces, la formación del pueblo es por acción de Dios. De igual manera, la formación del pueblo de Dios en la época neotestamentaria, el pueblo que conocemos como la iglesia, tiene su origen en la acción de Dios. Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, y nos ha rescatado del pecado mediante el sacrificio de Cristo en la cruz.

En el diagrama que vemos en seguida podemos notar otras comparaciones entre Israel como pueblo de Dios y la iglesia.

 

Israel

La iglesia

Formación

Redención de Egipto

Redención del pecado

Dirección

Ley externa

Espíritu Santo interno

Rey

Linaje de David

Mesías (linaje de David)

Sacerdocio

Linaje de Aarón

Jesús (linaje de Melquisedec)

Estilo evangelístico

Centrífugo

Centrípeto

En el monte Sinaí, Dios dio a su pueblo las tablas de Ley, empezando con los diez mandamientos, para dar dirección a la vida de su pueblo. Hoy, tenemos una ley interna, la presencia del Espíritu Santo, quien nos guía - aunque no aparte de la Biblia.

Nuestro rey ha tomado el lugar de los descendientes de David, siendo él uno de ellos, pero reinando eternamente. En lugar de tener una línea de sacerdotes que se reemplazaban unos a otros por la muerte, tenemos un sacerdote que reina eternamente.

Notemos en particular el último punto del diagrama. Bajo el Antiguo Pacto, la nación de Israel debía de ser ejemplar. Debía llamar la atención de las naciones, para que éstas vengan a ver cuál era la diferencia que se notaba en Israel.

Para ver un ejemplo, leamos Deuteronomio 4:6:

4:6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque ésta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta.

El propósito divino en dar al pueblo sus leyes y preceptos era para que, al obedecerlos, mostraran a todas las naciones la justicia de Dios. No encontramos en el Antiguo Testamento algo parecido a la Gran Comisión.

Dios no llamó a la nación de Israel a ir para predicar el mensaje, sino que más bien lo colocó en un lugar céntrico, por donde pasaba mucho comercio, y le ordenó vivir de tal forma que las naciones llegaran a ver la luz.

Desgraciadamente, en pocas ocasiones dio resultado. Por lo general, la nación de Israel no mostró la gloria de Dios a las naciones. Podemos pensar en algunas pocas excepciones, como por ejemplo Naamán o Nabucodonosor; por lo general, sin embargo, Israel no cumplió está función.

Dios, entonces, adoptó una nueva estrategia con la iglesia. En lugar de llamarnos simplemente a vivir de una forma ejemplar - aunque lógicamente deberíamos de hacerlo también - nos mandó a llevar el mensaje a todo el mundo. Cristo nos dio su Gran Comisión en Mateo 28:19-20 para que fuéramos:

28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

¿A qué va todo esto? Simplemente a la realidad de que, muchas veces, vivimos como si estuviéramos aún bajo el sistema del Antiguo Testamento. Espiritualmente, somos como quienes andan por las calles de alguna gran ciudad moderna montados en un burro. ¡Tenemos que ponernos al día!

Cierta iglesia grande de una ciudad no muy lejana colocó sobre su edificio un inmenso faro de luz, visible por varios kilómetros, con la intención de llamar la atención de la comunidad. No se ha sabido que llegue ningún visitante por haber visto el faro, pero varios de los vecinos se han quejado porque la luz tan fuerte no les permite dormir.

Dios no nos ha llamado simplemente a construir bellos edificios, crear múltiples programas, y luego esperar que la gente venga. De hecho, las iglesias no tuvieron edificios hasta el Siglo II. Por los primeros cien años de su existencia, la iglesia no prescindió de edificios para crecer.

¿Quiero decir que la iglesia no debe tener edificio? No, de ninguna forma. Es necesario, sin embargo, entender que el edificio es simplemente un accesorio, un instrumento que se usa para ministrar. El edificio nunca debe de identificarse con la iglesia en la mente del creyente. No debemos decir, el domingo en la mañana, voy a la iglesia; ¡somos la iglesia!

La iglesia realiza su propósito divino cuando va, cuando lleva el mensaje, cuando alcanza a otros. La naturaleza de la iglesia es de una comunidad que constantemente se extiende en su esfuerzo de alcanzar a más personas. Cuando olvidamos esto, la iglesia comienza a perecer.

Sólo podemos, entonces, realizar el propósito divino si entendemos la naturaleza de la iglesia. Por esto,

II. Sólo podemos realizar el propósito divino si extendemos el alcance de la iglesia

¿Cómo podemos hacer esto? Hay muchas cosas que se podrían mencionar, pero quiero que enfoquemos solamente una en esta mañana, una cosa que ha sido ignorada por mucho tiempo en muchos lugares.

Empecemos con Hechos 12, el recuento de la ocasión en que Pedro fue librado milagrosamente de la cárcel. No nos vamos a enfocar en la forma en que él salió, sino lo que hizo después de ser librado. Leamos el verso 12:

12:12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.

¿Qué hizo Pedro? Se dirigió a la casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Vayamos ahora a Hechos 16:40:

16:40 Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.

Nuevamente tenemos un apóstol, en este caso Pablo, saliendo de la cárcel; y nuevamente, se dirige a una casa, la de Lidia. Notemos también lo que dice Pablo en su despedida de los ancianos de Éfeso, en Hechos 20:20:

20:20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,

Pablo no solamente había predicado en público, sino también en las casas. Podemos también notar que hay varios versos que se refieren a iglesias que se reúnen en casas, como Romanos 16:5, 1 Corintios 16:19 y Colosenses 4:15:

"Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo." (Romanos 16:5)

"Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor." (1 Corintios 16:19)

"Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa." (Colosenses 4:15)

¿Qué conclusión sacamos? Nos damos cuenta de que el ministerio de la iglesia se extiende y satura la comunidad cuando se realiza, no solamente dentro de algún edificio público, sino también en las casas. Tenemos que dejar atrás el concepto de que las actividades de la iglesia se tienen que hacer en un edificio dedicado a ese propósito, y reconocer que nosotros somos el templo de Dios. Donde estén dos o tres reunidos en su nombre, allí está él.

El concepto de las células, que se extiende mucho hoy en día, no es un concepto novedoso. Al contrario, vemos que tiene su inicio en la iglesia primitiva. De hecho, podemos encontrar un énfasis en las reuniones caseras en la mayoría de los grandes avivamientos que se han realizado a través de la historia de la iglesia.

Tendremos más que decir sobre esto en el futuro, pero quedemos con el concepto de una iglesia que alcanza mucho más allá de un edificio físico, que impacta su comunidad, que realmente se puede llamar una iglesia sin paredes.

Conclusión

¿Queremos lograr el propósito de Dios para la iglesia? ¿Queremos ver una iglesia que crece, que impacta su comunidad, que realmente sirve como sal y luz? La sal no se queda en el salero; se esparce sobre la comida. La luz no se esconde; más bien, brilla en todo lugar.

De igual forma, el llamado de Dios para nosotros es que seamos una iglesia sin paredes, una iglesia que alcanza a todos, en el lugar donde estén, utilizando nuestros hogares como puntos de alcance.

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