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Domingo 23 de Diciembre del 2001

La Gloria del Hombre
Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Qué es un ser humano? ¿Cuál es su valor? Quizás nunca te has hecho esa pregunta. O quizás ha ocupado horas de tu atención - porque es una pregunta sumamente importante. Detrás de esa pregunta está otra mucho más persona: ¿Cuánto valgo? ¿Qué soy?

Hay diferentes respuestas que se dan a esta pregunta en el mundo actual. El científico dice que el hombre no es nada más que una colección de átomos, que surgió por accidente de alguna gran sopa primordial de elementos, que no tiene ningún destino más allá de volver a la tierra de la cual surgió.

¡Qué horrible es, sin embargo, vivir con tal idea! Significa que toda nuestra vida no tiene sentido. Y ha resultado en el gran crecimiento de la desesperación, la depresión, y el suicidio. Si el hombre no es nada más que una colección de átomos, nuestras acciones no tienen importancia, nuestros pensamientos no tienen valor, y nuestras emociones no tienen significado.

Hay, sin embargo, otra respuesta. Esta respuesta toma en cuenta la existencia de Dios, e insiste en que el verdadero significado del hombre sólo se encuentra cuando se relaciona con Dios. Si dejamos a Dios fuera de la ecuación, entonces todo se desequilibra. Tenemos que conocer la gloria de Dios para reconocer la gloria que es nuestra como seres humanos.

Lectura: Salmo 8

8:1 ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos;
8:2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
8:3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste,
8:4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
8:5 Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.
8:6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:
8:7 Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo,
8:8 Las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar.
8:9 ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Imaginemos a un grupo de astrónomos que quisieran explicar la luz de la luna. Cuidadosamente toman medidas de su luz, hacen observaciones de su magnitud, y la contemplan usando los telescopios más modernos.

Estos científicos, sin embargo, tienen un problema grave. Se rehúsan a creer en la existencia del sol. ¿Qué será de sus teorías acerca de la luz lunar, entonces? No servirán de nada - porque la luz de la luna es simplemente una reflexión de la luz del sol. Si no sabemos nada acerca del sol, será imposible entender la forma de iluminación que tiene la luna. Tendríamos que imaginar que ella es la fuente de su propia luz, cuando no es así.

De igual manera, no podemos entender de qué se trata nuestra existencia humana si negamos la existencia de Dios, o aun si no conocemos algo de su gloria y su grandeza. En el pasaje que hemos leído, veremos cómo la gloria y la grandeza de Dios se relacionan con la gloria del hombre. Este salmo se trata de

La grandeza de Dios y su elevación del hombre

El autor menciona dos maneras en que podemos ver la grandeza de Dios.

La grandeza de Dios se ve en la creación y en la continuidad de la raza humana

Podemos ver esto en los primeros dos versículos. El primero declara, ¡qué imponente es tu nombre en toda la tierra! En el uso bíblico, el nombre no es sólo la palabra que se usa para nombrar a alguien, sino que puede significar su fama, su gloria, su renombre, la evidencia de su grandeza.

Este es el sentido aquí. No nos está diciendo el salmista que vemos el nombre de Dios escrito en todos lados de una forma física, como el letrero HOLLYWOOD que adorna una colina en California. Más bien, significa que en todos lados vemos la evidencia de lo grande que es nuestro Dios.

En el sol, en las montañas, en el mar vemos el poder y la creatividad del Señor. Es más, Dios responde a sus enemigos de una manera poco usual. La alabanza que dan los niños es suficiente para callar a los que se rebelan contra Dios.

No importa cómo los hombres malvados traten de frustrar los planes de Dios, cuando oímos la risa de los niños, sabemos que Dios tiene un futuro para la raza humana. Es la garantía de que Dios está preparando una nueva tierra, que será poblada por la nueva humanidad, los que se han vuelto como niños para confiar en él.

Cuando tomamos en cuenta, entonces, la grandeza de lo que Dios ha hecho, y la imposibilidad de frustrar su designios, entonces vemos que

El interés de Dios en el hombre es increíble cuando vemos la majestad de su creación

Esto lo vemos en los versículos 3 y 4. Vemos el cielo - la luna, los planetas, las estrellas - y nos sentimos como polvo al ver su inmensidad. La mente humana no puede captar lo inmenso que es el universo. Somos como hormigas en una grieta en la acera de alguna gran ciudad.

Y sin embargo, esos sistemas solares, esas galaxias, este universo que para nosotros es tan grande, fueron formados por los dedos de Dios. Para él, en toda su magnitud, son algo que puede ser manejado fácilmente - como si todo el universo no fuera más que un juego de canicas.

Ante un Dios tan grande, ¿quiénes somos nosotros? ¿Por qué se interesaría Dios en nosotros? Obviamente no es porque le hacemos falta, o porque él necesita algo de nosotros. El es tan grande que no necesita nada de nadie.

Si en verdad somos algo, si en verdad nuestra vida humana tiene más valor que el espacio infinitésimamente pequeño que ocupamos en este universo, entonces tiene que ser porque Dios nos ha dado esa posición.

Y así es. Dios nos ha dado una posición sumamente alta.

La posición que Dios da al hombre supera a todo lo creado

Vemos en los versículos 5 al 8 que Dios ha puesto todo bajo el dominio del hombre. Hemos podido domar muchas especies de animales. Con los sistemas modernos de transporte hemos domado el aire, la tierra y el mar.

Vemos que nuestra gloria, nuestra importancia como miembros de la raza humana es muy grande, porque Dios nos ha dado autoridad. Aunque seamos insignificantes en el universo, nuestro valor grandemente supera nuestro tamaño.

Dios nos diseño para que fuéramos la cima de la creación. El nos hizo para reinar sobre el mundo que él hizo. Dijo a Adán y Eva, Llenen la tierra y sométanla (Génesis 1:28). Dios quiso que la humanidad viviera en un mundo que había sido sometida a su dominio. Dios se imaginó un mundo lleno de gozo, donde el hombre viviría en armonía con su ambiente, porque regiría sobre él.

Pero hay un problema. Y este problema lo vemos en un pasaje en el Nuevo Testamento que cita estos mismos versículos que hemos leído. Está en

Hebreos 2:6-8

2:6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?
2:7 Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos;
2:8 Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

Aquí está el problema. Dios ha puesto todo bajo la soberanía del hombre - pero no vemos que todo nos quede sujeto. El pecado ha destruido nuestra soberanía sobre el mundo. La muerte nos tiene dominados. La enfermedad nos estorba. Hasta los mismos animales nos atacan.

¿Dónde estará la solución? Sigamos leyendo.

Hebreos 2:9-11

2:9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
2:10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
2:11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

Hacía falta un hombre que pudiera restaurar lo que se había perdido por el pecado. Y ese hombre es la garantía que nosotros también podemos ser restaurados.

Este pasaje detalla

La grandeza de Cristo y su restauración del hombre

Cristo Jesús es el que fue enviado por el Padre para restaurar lo que la raza humana había perdido en su desobediencia.

La grandeza de Cristo se ve en su encarnación, y en la redención de la raza humana

Lo podemos ver en el versículo 10. Para que Cristo fuera el Salvador perfecto de la humanidad, convenía que él se hiciera uno de nosotros, llegara a ser hombre, y así por medio del sufrimiento nos llevara a la salvación.

La grandeza creativa de Dios se ve en el hecho de que la raza humana continúa, en los niños que nacen diariamente. La grandeza redentora de Dios, expresada en la persona de Cristo, se ve en el hecho de que el también ha hecho nacer, mediante su muerte redentora en la cruz, a muchos hijos espirituales de Dios.

En otras palabras, mediante su obra, la raza humana continúa con esperanza para sobrevivir el juicio de Dios. Realmente es un Dios muy grande el que no sólo pudo hacer un mundo como el que habitamos y poner en él a la raza humana, sino que también pudo rescatar a esa humanidad cuando se había destruido en pecado. Por supuesto, no todos desean ser rescatados; pero Dios ha puesto el rescate al alcance de todos.

Es más,

El interés de Cristo en el hombre es increíble cuando vemos la majestad de su santidad

Esto se destaca en el versículo 11. A pesar de que Cristo es santo, es perfecto, y como tal su sacrificio es suficiente para santificar a todo el que se une a él, sin embargo él se hizo uno de nosotros.

Creo que no nos imaginamos lo que Cristo era en el cielo, antes de llegar a ser hombre. El vivía en la gloria que era suya como Dios mismo. Si viéramos esa gloria siquiera por un momento, moriríamos. No lo podríamos soportar. Y sin embargo, Cristo dejó esa gloria para venir a este mundo.

Decir "tienen un mismo origen" se refiere al hecho de que Cristo tomó la naturaleza humana, y comparte entonces el origen que tenemos todos - nuestra descendencia de Adán.

Esto es lo que celebramos ahora - el hecho de que Cristo, el Hijo de Dios, el que siempre ha existido en plena comunión con el Padre, y que compartía su gloria en el cielo, se hizo uno de nosotros. Vino a compartir nuestra carne, naciendo en un establo en Belén.

Pero ahí no se acaba.

La posición que Cristo da al hombre supera a toda cosa creada

Que Jesús nos llamara "hermanos" indica hasta donde él nos levanta. La Biblia nunca dice que a los ángeles se les llame hermanos de Jesús; pero a los hombres sí. Jesús no se hizo un ángel; él no se ofreció para salvar a los ángeles caídos.

Pero sí se ofreció por nosotros. Sí nos llama para que seamos hijos de Dios, adoptados para ser parte de su familia. Y con eso, otorga a los que lo aceptan una gloria que supera a cualquier otra cosa creada.

La Biblia testifica que "a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios" (Juan 1:12). Es un inmenso privilegio el que tenemos por medio de Cristo, el privilegio de ser hijos de Dios.

Ya no somos simplemente parte de su creación, si hemos creído en Cristo. Dios nos ha adoptado como sus propios hijos.

Por eso, entonces, la única esperanza que tenemos de ser personas totalmente realizadas es llegar a ser más y más como Cristo. Tenemos que abandonar la idea de que podemos ser amos de nuestro propio destino, y tomarle a él como ejemplo supremo. Ser como Cristo es la omega de nuestra existencia

Conclusión

Aquí está la respuesta: aquí está el verdadero valor del hombre. Nuestro valor se encuentra en el hecho de que Dios nos ha creado, y Cristo nos ha redimido. Si tú te preguntas si tu vida significa algo, puedes hallar ese significado en la Navidad - la realidad de que el Hijo de Dios compartió tu humanidad, para que tú pudieras ser un hijo de Dios.

Puedes saber que vales algo. Puedes saber que tu futuro será glorioso. Pero sólo podrás encontrar esa seguridad si te enfocas en Cristo. Llegar a ser más como él es el significado de la vida. Llegar a conocerlo mejor es la razón que fuiste creado. Reconoce tu verdadero valor. Encuéntralo en Jesús.


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