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Domingo 13 de Junio del 2004

Rasgos del triunfador: La perseverancia
Pastor Tony Hancock

Tomás Edison, inventor del foco y de muchos otros inventos que definen nuestra vida moderna, fue un hombre de gran inteligencia. De hecho, en cierta ocasión comentó que su cuerpo era simplemente un vehículo para el transporte de su cerebro. ¡Obviamente su inteligencia superaba su humildad!

Este hombre tan inteligente, sin embargo, no disfrutó del éxito con la frecuencia que podríamos pensar. Tuvo 10.000 - ¡diez mil! - esfuerzos fracasados antes de crear una batería para almacenar electricidad. Cuando alguien le preguntó si no se desanimaba por 10.000 intentos sin resultado, Edison respondió: ¿Sin resultado? Al contrario, ahora conozco 10.000 cosas que no funcionan.

Edison demuestra el valor de la perseverancia. El secreto de sus grandes inventos no fue su gran inteligencia, sino más bien la perseverancia que lo llevó a seguir esforzándose hasta lograr la meta.

Para triunfar en la vida, nos urge desarrollar los rasgos que definen a un triunfador. Estas son cualidades de carácter que, bajo la dirección y en el poder del Espíritu Santo, nos llevarán a ser verdaderos triunfadores.

Hoy nos enfocamos en la cualidad de la perseverancia. La perseverancia es algo que el mundo poco valora. La cultura actual, con su enfoque en la satisfacción inmediata, no da cabida a la perseverancia. El servicio de celular, por ejemplo, promociona su sistema de contenido digital con el lema: Consíguelo ahora.

La Biblia, sin embargo, nos enseña que la perseverancia es clave para triunfar. La persona que pronto se desilusiona o se desanima no llegará muy lejos. En cambio, con la perseverancia, todo es posible. Carlos Spurgeon observó que, mediante la perseverancia, hasta el caracol llegó al arca.

La perseverancia es clave tanto en nuestra vida secular como en la vida espiritual. Las normas divinas se aplican en todo ámbito. Examinemos una por una las razones por las que debemos de conseguir la perseverancia - ahora.

I. La perseverancia es clave para triunfar en la vida

Dios nos ha dejado dentro de la biblioteca de libros que llamamos la Biblia un libro que contiene pautas y normas para tener éxito. Se llama el libro de Proverbios. En este libro encontramos mucho acerca de la perseverancia.

Leamos Proverbios 10:4:
"La mano negligente empobrece; Mas la mano de los diligentes enriquece."

Este pasaje nos habla del valor del trabajo dedicado y hábil. La destreza sólo se halla mediante la práctica y la preparación. Hay que perseverar para conseguir la habilidad. La persona que se esmera en desarrollar al máximo las habilidades que Dios le ha dado encontrará la prosperidad.

Para llegar al máximo desarrollo de nuestras habilidades, nos hace falta perseverar. Muchas veces soñamos con alcanzar la riqueza rápidamente y sin esfuerzo, pensando que así seremos felices. Sin embargo, Dios nos muestra el peligro de pensar así en otro pasaje de Proverbios.

Leamos Proverbios 20:21:
"Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos."

En los días del Antiguo Testamento, la forma más fácil de enriquecerse repentinamente era mediante un legado. Quizás muchos jóvenes soñaban con la muerte de algún pariente rico, así como muchos hoy en día sueñan con ganarse la lotería.

Las riquezas fácilmente habidas, sin embargo, no llevan a la felicidad. En lugar de soñar con riquezas fáciles, deberíamos de esforzarnos en desarrollar al máximo, con paciencia y perseverancia, las habilidades que Dios nos ha dado.

Debemos de tomar como nuestro ejemplo la estampilla de correo. Es pequeña y sencilla, pero se queda pegada a una sola cosa hasta llegar a su destino. Así como ella, llegaremos al éxito si nos mantenemos enfocados en la meta.

De la misma forma en que la perseverancia es clave para triunfar en la vida,

II. La perseverancia es clave para triunfar espiritualmente

Leamos Hebreos 10:36-38:

10:36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
10:37 Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
10:38 Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma.

Los lectores de esta carta estaban en peligro de abandonar su fe en Cristo para regresar a su antigua religión. El autor les enseña que es necesario perseverar para recibir las bendiciones que Dios promete a los que creen en su Hijo.

Dentro del cristianismo se ha debatido por siglos la relación entre la responsabilidad humana y la soberanía divina. Más específicamente, se ha debatido si es posible perder la salvación o no. La idea de que la salvación no se pierde muchas veces se asocia con el teólogo Juan Calvino, mientras que la posibilidad de perder la salvación se asocia con Jacobo Arminio.

Es un debate interesante, pero aun más interesante es notar que aun el mismo Calvino predicaba la necesidad de perseverar. En otras palabras, la doctrina de la seguridad de la salvación no era, para él, pretexto para la pereza en la fe.

La Biblia habla en muchos pasajes de la importancia de perseverar. Por ejemplo, el apóstol Pablo dice en 1 Corintios 15:2: "Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano."

Podemos debatir la situación de los que parecen tener fe y luego se alejan para nunca volver. Algunos dirán que perdieron su fe. Yo en lo personal estoy convencido de que nunca fueron salvos. Lo innegable es que la perseverancia es esencial para el triunfo espiritual, sin importar si te identificas con Calvino o con Arminio.

En 1987, el entonces campeón mundial de la carrera de 1.500 metros se estaba calificando para otra carrera. A mitad de camino se tropezó, pero se levantó y siguió corriendo. Con sólo 20 metros más de carrera, se encontraba en tercer lugar - con eso bastaba para calificar para la final.

Miró hacia atrás, y no vio a nadie; dejó de esforzarse, y otro corredor, que venía por su lado ciego, se le adelantó y lo eliminó. Su gran esfuerzo se volvió inútil porque quitó la mirada de la meta.

Es muy tentador en la vida cristiana, después de haber vivido por algunos meses o algunos años como creyentes, quitar la mirada de nuestra meta, el Señor Jesús. Podemos pensar que ya hemos corrido muy duro, y es hora de descansar un rato.

La perseverancia es clave para triunfar espiritualmente. Si no seguimos corriendo, no triunfaremos en la carrera. Si dejamos de mirar a Cristo, el autor y consumador de nuestra fe, es posible que no ganemos la carrera.

La perseverancia es una parte integral de nuestra fe. Si te has empezado a desanimar, si has dejado de correr la carrera, todavía hay tiempo. Ponte las zapatillas y sigue corriendo. Tenemos que perseverar en la fe para recibir lo que Dios nos ha prometido. Y además,

III. La perseverancia es clave pare triunfar en el servicio al Señor

Creo que todos conocemos la parábola del sembrador. En esta parábola, la semilla cae sobre cuatro terrenos distintos. Los cuatro suelos representan las cuatro formas de responder al mensaje de Dios. En el primero, junto al camino, el suelo duro no acepta la semilla, y los pájaros se la comen. Esta es la persona que rechaza el mensaje.

En el segundo terreno, la semilla cae sobre tierra pedregosa. Brota pronto, pero se marchita por no tener profundidad de raíz. Esta es la persona que recibe el mensaje rápidamente, pero luego se aleja.

En el tercer terreno, los espinos crecen y ahogan la pequeña planta que brota de la semilla. Esta persona permite que las preocupaciones del mundo ahoguen la fe que ha nacido en su corazón.

Busquemos ahora Lucas 8:15 para leer acerca de la cuarta clase de terreno: "Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia."

Esta semilla brota y da buen fruto - la cosecha es abundante. Ésta es la persona que recibe el mensaje de buen corazón. Cree de todo corazón, y se entrega de lleno al Señor. Esta persona produce una buena cosecha.

Hay una frase que sólo Lucas, de los tres sinópticos, incluye; es la frase "y como perseveran". Para que la cosecha sea abundante, tenemos que perseverar. Si somos como el suelo segundo o el tercero, no habrá cosecha.

Todos nosotros, si somos creyentes, hemos sido llamados a servir al Señor. El servicio al Señor no es sólo para los pastores o los misioneros. Es para todos. Quizás Dios te ha llamado a servir evangelizando a tus amigos, enseñando a los niños, dirigiendo la música, organizando actividades o de alguna otra forma.

Sólo darás fruto en ese servicio al Señor si aprendes a perseverar en el servicio. Hay muchas personas muy dotadas, con grandes habilidades y buena personalidad, que no hacen ningún impacto para el Reino del Señor.

Su problema es la falta de perseverancia. Empiezan un proyecto, pero antes de terminarlo otro les llama la atención, y se dedican más bien a ése. Brincan de ministerio en ministerio, sin dedicarse a una o dos cosas en las que podrían realmente hacer impacto.

O quizás su problema no es la falta de concentración, sino el desanimo. Empiezan a servir, pero alguien los critica, o quizás los resultados no se ven de inmediato, y fácilmente se desaniman en su servicio al Señor. No hay perseverancia, y no hay fruto.

Si quieres triunfar en el servicio al Señor, tienes que perseverar. Decide cuál será tu ministerio, o cuáles serán tus ministerios; y enfócate en hacerlos con toda tu fuerza, con la ayuda de Dios, durante el tiempo que sea necesario.

En días de los vaqueros del antiguo oeste, se solía en ocasiones aparejar un pequeño burrito con un semental indomable. Se soltaba a la pareja dispareja, para verlos desaparecer por el horizonte como dos marineros borrachos, el semental llevando al burrito y tirándolo como si fuera un costal de papas.

Pasados algunos días, sin embargo, regresarían - de una forma muy distinta. Llegaría el burrito con el semental sumiso caminando tranquilo a su lado. De alguna forma, el semental se cansaba de tratar de deshacerse del burro, y en ese momento el burro se convertía en líder.

Así es en el Reino de Dios. La carrera la ganan los resueltos, no los alocados. Triunfan los comprometidos, no los meramente dramáticos. Si quieres triunfar, no dejes de perseverar. Es la clave para el triunfo en la vida, en lo espiritual y en el servicio a Dios.

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