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Domingo 23 de Mayo del 2004

Noe: Fe en lo imposible
Pastor Tony Hancock

La ciudad en la que nací y me crié está localizada en un desierto. De hecho, el desierto del Atacama es el desierto más seco del mundo, y Lima se encuentra en el extremo norte de este desierto. En el techado de muchas casas se utiliza un adobe plano. Si algún día llegase a llover con fuerza, muchos techos se desplomarían.

Buscar un paraguas en Lima es como buscar una gallina en una guarida de zorros. En alguna ocasión iba a hacer un viaje al interior del país, a la selva, y busqué un par de botas de caucho para llevar en mi viaje. Nunca los hallé. En Lima, no existe la necesidad de tal cosa.

¿Qué tal sería ver una persona transitando las calles de Lima en algún día soleado del verano con un impermeable, con botas de goma en los pies y un paraguas a la mano? Sería risible. Sería la burla de todos, pues tal preparación es completamente innecesaria. Esta persona estaría preparada para lo imposible.

Hubo un hombre en el Antiguo Testamento que hizo algo igual de ridículo. Se llamaba Noé. Dios le habló, y le dijo que iba a hacer algo imposible. A causa de la gran maldad de la humanidad, iba a destruir el mundo mediante un diluvio, y Noé debía construir un arca para poder sobrevivir la tormenta venidera.

Durante los cien años que duró Noé en construir el arca fue el blanco de incontables chistes. Oye, Noé, le decían, ¿dónde está el mar? ¿Dónde está la playa, para que tu barquito flote? Noé simplemente les respondía que debían de arrepentirse de sus pecados.

Y Noé siguió trabajando. Siguió construyendo el arca. Luego, empezaron a llegar los animales. Oye, Noé, decían los vecinos, ¿vas a abrir un zoológico? ¡Eso no está de acuerdo con las leyes zonales de nuestra municipalidad! ¡Vas a tener que conseguir un permiso!

Finalmente, empezó a llover. Noé y su familia se subieron al arca con todos los animales, y Dios cerró la puerta. Los vecinos ya no se estaban burlando. Noé, gritaban, todo lo que dijimos fue en broma. ¡Déjanos entrar! Te ayudamos a cuidar los animales.

Dios, sin embargo, había cerrado la puerta. Ya no había lugar para nadie, y sólo Noé y su familia sobrevivieron el gran diluvio. ¿Por qué tuvieron esta oportunidad? ¿Por qué fueron salvados cuando tantos perecieron? Leamos lo que comenta el autor de la carta a los Hebreos sobre Noé.

Lectura: Hebreos 11:7

11:7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

Noé confió en que Dios podría hacer lo imposible y recibió la recompensa de su fe. Por lo tanto, él nos sirve de ejemplo a nosotros también.

I. Debemos esperar que Dios haga lo imposible

Lo increíble del asunto en el caso de Noé es que nunca había llovido antes. La Biblia nos cuenta que un rocío subía del suelo y regaba la tierra. Algunos científicos cristianos creen que había una capa de vapor, similar a la capa de ozono, que protegía la tierra de los rayos solares. Se piensa incluso que aquí se puede encontrar la razón de las vidas tan largas de los hombres que vivieron antes del diluvio, pues esta capa los protegería de los efectos dañinos de los rayos solares.

En cualquier caso, Dios le dijo a Noé que iba a suceder algo que no había sucedido antes. ¿Cuál fue la respuesta de Noé? ¿Le pidió una pequeña tormenta como garantía, antes de empezar a construir el arca? ¿Le exigió al Señor siquiera una gotas de lluvia como anticipo?

De ninguna manera. Noé creyó que Dios haría lo que le había dicho. Lo creyó a tal grado que estuvo dispuesto a actuar en base a lo que Dios le había dicho. Hay, sin embargo, un detalle muy importante que tenemos que notar.

Noé creyó lo que Dios le había dicho. Noé no se inventó promesas divinas. Cuando digo que debemos esperar que Dios haga lo imposible, no me refiero a visualizar lo que nosotros deseamos, y con esa visualización pretender que Dios haga todo lo que deseamos.

Más bien, debemos de buscar las promesas que Dios nos da en su Palabra. Debemos de considerar lo que Dios nos ha dicho que quiere hacer. ¿Quiere Dios que esta iglesia crezca? ¿Quiere ayudarte a superar esa montaña en tu vida? ¿Quiere darte sabiduría, entendimiento y poder para servirle?

¡Él quiere hacer todas estas cosas! Pero me pregunto si realmente esperamos que él lo haga. Creo que cuando lleguemos al cielo habrá una bodega llena de todas las bendiciones que Dios quería darnos, pero jamás se nos ocurrió esperarlos o pedírselos.

¿Esperas que Dios haga lo imposible? ¿Vives con la expectativa de que Dios obre en ti, en tu vida, en tu familia, en tu iglesia? Si has perdido esa expectativa, recuerda que Dios una vez abrió el cielo y derramo lluvia donde nunca había llovido. Él lo puede volver a hacer.

Si vives con esa expectativa, estarás preparado para el siguiente paso:

II. Debemos procurar hacer lo imposible para Dios

¿Cuál fue la respuesta de Noé al anuncio de que Dios haría lo imposible? ¿Se sentó a esperar, a ver si se volvía realidad? ¡No! Noé se puso a trabajar. Frente a las burlas de sus amigos, frente a la dificultad de conseguir todo lo que hacía falta, frente a todo, Noé trabajó.

Alguien dijo una vez que Noé nos enseña que debemos de mantenernos siempre en forma, porque uno nunca sabe cuándo, a la edad de 500 años, se nos va a pedir que hagamos algo realmente grande.

¡No esperes hasta cumplir 500 años para intentar grandes cosas para Dios! La vida de Noé se puede resumir con esta frase conocida: Espera grandes cosas del Señor. Intenta grandes cosas para el Señor. Él esperaba algo muy grande del Señor, y se puso a hacer cosas grandes para el Señor.

No digas que no sabes cómo hacerlo. Dios le dio a Noé las instrucciones para construir el arca. Fue necesario, pues él no vino de una familia de marineros. Dios le dijo exactamente qué hacer; hasta le dijo qué clase de madera usar para el arca, y le cuáles debían de ser sus dimensiones.

A propósito de esto, las dimensiones del arca fueron perfectamente diseñadas para la estabilidad. Muchos barcos modernos tienen las mismas proporciones, aunque pueden ser más grandes, porque se ha encontrado que un barco con estas proporciones es muy estable.

Dios le dijo a Noé exactamente qué hacer, y sus instrucciones fueron perfectas. Dios también nos da instrucciones a nosotros. Muchas veces, sin embargo, no nos llegan de la forma en que le llegaron a Noé. A veces, tenemos una impresión fuerte que viene del Espíritu Santo.

En muchas ocasiones, sin embargo, el curso que debemos de seguir queda claro en las páginas de la Biblia. ¿Cómo debe de crecer una iglesia, por ejemplo? Bueno, existen muchas teorías exóticas. Recuerdo a una señora que conocí en alguna ocasión que me dijo que lo necesario para el crecimiento de la iglesia era sonar el shofar - una trompeta judía hecha del cuerno de un carnero - cada domingo en la entrada del edificio.

Es una idea interesante, pero la Biblia nos habla de otras cosas. La Biblia habla de oración, de testimonio, de predicación, de servicio. Si hacemos estas cosas, Dios dará el crecimiento. ¿Por qué se nos hace tan difícil simplemente hacer estas cosas? ¿Por qué buscamos algo más, algo extraordinario?

Muchas veces, creemos que no ha funcionado. Sin embargo, alguien dijo una vez del cristianismo: El cristianismo no ha sido probado y hallado defectuoso; fue hallado difícil y no probado. Muchas veces, simplemente no queremos hacer las cosas que Dios nos dice que hagamos.

¿Quieres que tus hijos crezcan en el temor del Señor? Ora por ellos, disciplínalos, y enséñales el camino del Señor. ¿Deseas la salvación de tu familia? Ora por ellos y compárteles el evangelio. No te canses de hacerlo.

Noé trabajó por 100 años en la construcción del arca. A nosotros muchas veces nos hace falta esa calidad de perseverancia. Tenemos que aprender a perseverar en la oración, en el testimonio, en la labor que hacemos para el Señor.

Si confiamos en que Dios hará lo imposible, procuraremos también hacer lo imposible para él.

Un día, George Muller - el famoso líder cristiano de antaño - empezó a orar por cinco de sus amigos. Después de varios meses, uno de ellos llegó a conocer al Señor. Diez años después, dos más se convirtieron. Veinticinco años después, el cuarto hombre se salvó.

Muller perseveró en la oración hasta su muerte por el quinto amigo. Durante 52 años nunca dejó de esperar que aceptaría a Cristo. Su fe fue recompensada, pues poco después del funeral de Muller el último de los cinco fue salvo.

Las respuestas divinas no siempre son instantáneas. Podemos esperar mucho tiempo para que Dios obre. Sin embargo, si nos basamos en la esperanza de que Dios hará lo imposible, y procuramos hacer lo imposible para él, veremos cosas grandes.

¿Qué esperas tú de Dios? ¿Qué estás haciendo para él? Considera el ejemplo de Noé, y tómalo como tu inspiración.

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