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Domingo 9 de Diciembre del 2001

Enviado con un mensaje
Pastor Tony Hancock

Introducción

La carrera que se llama el maratón tiene un origen interesante. En su forma moderna, tiene su origen a fines del siglo XIX. Su nombre, sin embargo, surge de una leyenda griega. Aunque no es muy probable que la historia sea del todo confiable, es un cuento interesante.(1)

Según la leyenda, casi cinco siglos antes de la venida de Cristo, los guerreros del imperio pérsico habían avanzado en conquistas militares hasta perjudicar la libertad de la gran ciudad griega de Atenas. Los guerreros de dicha ciudad salieron para hacerles batalla en la llanura de Maratón, a unos 40 km de Atenas, pretendiendo defender a sus familias, sus bienes, y su propia libertad. Después de una gran batalla, con grandes pérdidas de vida en ambos lados, los griegos salieron victoriosos.

Se envió entonces un mensajero a la ciudad para llevar las buenas noticias de la victoria. El mensajero corrió gozoso con su gran mensaje, batiendo récord al llegar a Atenas con el informe de la liberación. Dio su mensaje con el último suspiro, muriendo a causa del gran esfuerzo de llegar.

La historia que hoy leeremos también se trata de un hombre que fue enviado con un gran mensaje - un mensaje aun mejor que la noticia que trajo aquel corredor griego. Este hombre también dio su vida en la misión de llevar su mensaje, y nos sirve de inspiración a nosotros. Leamos su historia.

Lectura: Lucas 1:8-17

1:8 Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,
1:9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.
1:10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.
1:11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.
1:12 Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.
1:13 Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.
1:14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;
1:15 porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.
1:16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.
1:17 E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

Aquí en el anuncio del nacimiento de Juan vemos que él sería enviado con un mensaje muy especial. Al igual que el corredor griego de Maratón, él murió por su mensaje. La Biblia nos cuenta que una mujer de influencia se sintió incómoda por el mensaje profético de Juan, e hizo intrigas para que él fuese muerto.

Juan fue enviado con su mensaje para preparar el camino para Jesús. El tuvo una misión única. Nadie más en la historia ha tenido tal honor. A la vez, nosotros también hemos sido enviados con la misma misión. Cuando Jesús nos mandó a ir a todo el mundo y predicar el evangelio, nos encomendó la misma misión que Juan había recibido. Al igual que él, hemos sido enviados para preparar el camino para Jesús.

Por esta razón, podemos aprender de su ejemplo. Podemos ver cómo es que debemos de ir con este mensaje que se nos ha encomendado. Vamos a verlo mirando dos aspectos de la vida de Juan: vamos a ver la manera en que él fue preparado para ir con el mensaje, y la manera en que él presentó el mensaje.

I. La preparación del mensajero

Empecemos viendo la preparación del mensajero, en Lucas 1:15. El texto nos dice que Juan jamás tomaría vino ni licor, sino que más bien sería lleno del Espíritu Santo. Lo que esto nos enseña acerca de la preparación del mensajero es que el mensajero se abstiene de otras influencias para ser controlado por el Espíritu Santo. El vino y el licor son substancias que controlan al ser humano. Cuando la persona se encuentra bajo su influencia, su personalidad cambia, y sus facultades se ven afectadas.  

Juan evitaría este control de su persona, para más bien ser controlado por el Espíritu Santo. Sólo así tendría el poder para desenvolver el papel tan importante que jugaría en el plan de Dios. Si él se distraía y se dejaba controlar por otras cosas, entonces sería imposible para él hacer lo que era necesario.

Si tú estuvieras a punto de entrar a la sala quirúrgica, y viendo a tu cirujano te dieras cuenta de que estaba ebrio, ¿sentirías mucha confianza en seguir con la operación? ¡Por supuesto que no! El hombre que es un gran quirurgo cuando se encuentra en su sano juicio tiene la habilidad de un gorila cuando está borracho.

La persona que Dios envía con un mensaje tiene que abstenerse de otras influencias y dejarse controlar por el Espíritu Santo si tendrá éxito en su misión. Y como ya hemos dicho, nosotros hemos sido enviados con un mensaje. Hemos sido mandados para presentar a Jesús al mundo. Pero si nosotros nos dejamos influenciar por otras cosas, entonces perderemos nuestra utilidad. No podremos llevar el mensaje con poder si nuestras vidas no están bajo el control del Espíritu Santo de Dios.

¿A qué clase de cosas me refiero? Un ejemplo obvio es el licor. Así como Juan se alejo de las bebidas embriagantes, es también muy recomendable para el creyente hacer lo mismo. ¿Cómo podremos dar un buen testimonio de nuestro Señor si no lo hacemos? Destruiremos nuestro testimonio.

Sin embargo, puede haber también otras cosas que dificultan la obra del Espíritu Santo a través de nosotros. Recuerdo conocer a una chica que dejó de ver telenovelas, porque se dio cuenta de que la estaban distrayendo, llenándole la cabeza con sueños e ilusiones que impedían que Dios obrara poderosamente en su vida. Sólo tú sabes cuál es esa cosa que estorba la obra de Dios a través de ti; y sólo tú puedes tomar la decisión de dejarla, para que el poder de Dios pueda fluir.

Muchas veces no queremos dejar estas cosas, porque estamos demasiado enfocados en lo que creemos que son nuestros derechos. No queremos humillarnos ante nadie. Sin embargo, el mensajero se humilla para glorificar al Señor. Esto lo vemos en el ministerio de Juan, cuando él se rehusó a tomar la gloria que era de Jesús. Leamos Lucas 3:16.

3:16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Juan declaró claramente que Jesús era mucho más importante que él. Fue humilde al declarar su propia inferioridad a Jesús. Nosotros tenemos que seguir su ejemplo. No podemos permitir que nuestro orgullo se entrometa cuando queremos compartir a Jesús.

¿Cuántas veces sabemos que Dios quiere que compartamos el evangelio con alguien, pero dejamos que el qué dirán, el afán de quedar bien, el temor a vernos mal nos detengan? En vez de sentirnos orgullosos del Señor que nos ha enviado con su mensaje, pensamos en nosotros mismos. De esta manera, nos hacemos más importantes que el que nos ha enviado.

Si queremos servir a Dios como sus mensajeros, no podemos dejar que le vergüenza nos detenga. Más bien, tenemos que estar completamente enfocados en el mensaje que se nos ha encomendado. Hablemos, entonces de

II. La presentación del mensaje

El profeta Malaquías había anunciado la venida de Juan el Bautista. Podemos verlo en Malaquías 4:5-6. Comparando este pasaje con Lucas 1:16-17, podemos ver que Juan cumplió esta profecía al venir con el espíritu y el poder de Elías.

4:5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
4:6 El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

La profecía menciona la venida del Día del Señor. Esta es la base del mensaje de Juan el Bautista. El vino para anunciar la llegada del Día del Señor. Si no entendemos esto, entonces no podremos entender su misión. ¿Cuál es el Día del Señor? Este día es el día de juicio de Dios, el día en que él derrota a sus enemigos y establece su reinado sobre la tierra. Juan vino para anunciar este día.

Dirás, entonces, ¿qué pasó? ¡El mundo no se acabó con la venida de Jesús! Es una buena observación. Es sumamente importante entender que el día del Señor no es simplemente un evento, sino que más bien se cumple de una manera progresiva. Para decirlo de otra manera, la venida de Jesús es un día del Señor, cuando él empezó a vencer a sus enemigos derrotándolos en la cruz, y el día del Señor culminará en su segunda venida, cuando él terminará de establecer su reino.

Juan vino, entonces, para anunciar el Día del Señor y exhortar al pueblo a prepararse para él. El se encontraba en la situación de un meteorólogo que sabe que las condiciones están perfectas para que surja una gran tormenta, un tornado o un huracán. ¿Qué hará? Si no dice nada, muchas personas podrán perder la vida. La mejor decisión que puede tomar es advertirles a todos que se preparen - que guarden agua y comida, que encuentren un lugar seguro, y se preparen para la tormenta.

De igual modo, Juan no sabía todos los detalles de cómo sería el día del Señor. El no se podría haber imaginado que 2000 años después, no se habría terminado de consumar. Pero sabía que ese día se aproximaba, y que era esencial que todos se prepararan.

Nosotros tampoco sabemos cuándo regresará Jesús por segunda vez. Tenemos diferentes ideas acerca de los eventos que llevarán a su segunda venida. Pero sabemos con seguridad que llegará un día en que él volverá a juzgar a vivos y muertos, y que a todos nos urge prepararnos para aquel día. Nunca lo podemos olvidar.

En vista de la llegada del Día del Señor, entonces, Juan anuncia la llegada del juicio y la urgencia del arrepentimiento. La única manera de prepararnos para ese día es con arrepentimiento y confianza en Jesús. Si no hemos reconocido nuestros pecados, si no hemos llegado a reconocer nuestra necesidad de un Salvador, poniendo nuestra confianza en él, entonces no estamos listos. Y tampoco lo están los que nos rodean.

Llegará el día del Señor, y Dios juzgará el mundo, pero él ahora ofrece la oportunidad a cualquiera de escaparse de ese juicio, de recibir su perdón, de escaparse del fuego del juicio - cualquiera que reconoce su pecado, se arrepiente de él, y acepta el sacrificio de Jesús. Ese es el mensaje con el cual hemos sido enviados. Dios juzgará a todo ser humano, pero ofrece también a todos la oportunidad de ser salvos.

Conclusión

Quizás no te habías dado cuenta de que tú, como creyente, has sido enviado con un mensaje. Quizás no habías reconocido que la información que tú tienes es supremamente importante - es un asunto de vida o muerte. O quizás no te has preparado para llevar el mensaje.

Así como lo fue Juan el Bautista, tú también has sido llamado a ir con ese mensaje. No dejes que nada te distraiga ni te estorbe. Corre de tal manera que podrás dar tu mensaje a esa persona que tanto lo necesita.


Notas
(1) http://www.hickoksports.com/history/marathon.shtml


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