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Domingo 1 de Febrero del 2004

La construcción del hogar cristiano:
La seguridad del hogar cristiano

Pastor Tony Hancock

En mi ciudad natal, como probablemente en la de algunos de ustedes, la seguridad era un tema de suma importancia. En los comerciales aparecían con frecuencia los sistemas de seguridad. Había un comercial que salía a menudo. En él, una señora iba saliendo de la puerta de su casa en su automóvil lujoso cuando unos individuos en un auto viejo le pusieron un cuatro. Mientras la señora miraba alarmada a los asaltantes que se acercaban a su vehículo, la voz del locutor decía: No permita que esto le suceda. Instale hoy mismo alarmas de la compañía...

Es triste que el mundo actual nos obligue a tomar tales medidas de seguridad para proteger a nuestras familias y nuestros hogares. Lo más triste, sin embargo, es que muchos padres de familia ignoran la existencia de un asaltante mucho más astuto y mucho más peligroso que cualquier ser humano.

Hay uno que merodea incansablemente los hogares, buscando la entrada desprotegida por la cual meterse y robar el tesoro más precioso que encuentra - la salud y la misma vida espirituales de los integrantes de la familia.

Me refiero, por supuesto, al enemigo de nuestras almas. Él constantemente busca atacar los hogares cristianos, pues quiere evitar que la fe se comunique de una generación a la otra. ¿Sabían ustedes que la mayoría de las personas que aceptan al Señor Jesús como Salvador lo hacen antes de cumplir los dieciocho años? Si el enemigo puede crear problemas en el hogar, o simplemente distraer a los padres para que no comuniquen a sus hijos la verdad del evangelio, logrará detener el crecimiento de la iglesia.

¿Cómo podemos mantener la seguridad de nuestro hogar? ¿Qué sistemas podemos instalar para que esto no nos suceda? No basta con colgar cuadros de la Última Cena o tener una Biblia grande en la sala. La respuesta se encuentra en una palabra muy bíblica pero poco usual: la santidad. La santidad es el sistema de seguridad que nos mantiene acercados a Dios, y que nos protege de los ataques de Satanás.

La santidad, la pureza, la integridad - éstas son diferentes formas de describir la misma realidad, que es nuestra separación del mundo y nuestra dedicación a Dios. Si nosotros queremos armar ese sistema de seguridad firme contra el enemigo,

I. Tenemos que entender que la santidad familiar nos conviene

Dios ha enfatizado la santidad familiar desde que empezó a formar un pueblo para sí mismo. Veamos lo que nos dice

Lectura: Deuteronomio 7:1-6

7:1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú,
7:2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.
7:3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.
7:4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.
7:5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.
7:6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

El libro de Deuteronomio es uno de los libros favoritos de nuestro Señor Jesús, si nos dejamos guiar por el número de veces que lo citó cuando estaba en la tierra. Este libro registra las palabras finales de Moisés al pueblo de Israel antes de su muerte. Son las instrucciones importantes que él quería dejar con el pueblo.

Los israelitas iban rumbo a la tierra prometida, y pronto entrarían en ella bajo la dirección de Josué. Había pueblos que ya vivían en la tierra, pero eran pueblos que se habían entregado al desenfreno y la inmoralidad a tal grado que Dios quería extirparlos.

Es muy interesante notar lo que Dios les dice en los versos 3 y 4. Prohíbe a su pueblo casarse con los miembros de estas naciones. Esto no era por racismo; era, más bien, porque Dios sabía que de la cuna del hogar contaminado nacería la rebelión que destruiría a su pueblo.

Para protegerlos, Dios les ordenó que mantuvieran la pureza del hogar. Es la expresión dentro de la familia del mandato encontrado en Levítico 19:2 y repetido en 1 Pedro 1:16: Sean santos, porque yo soy santo.

Desgraciadamente, el pueblo no prestó atención a esta orden. Al entrar a la tierra prometida, leemos que fueron fieles al Señor durante la vida de Josué; pero al morir él, según leemos en Jueces 3:5-6, los israelitas se casaron con mujeres de estas naciones y adoraron a sus dioses: "5 Así los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 6 Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses".

Esto llevó a un periodo de sufrimiento y estancamiento que duró casi cuatrocientos años. Al no guardar la santidad del hogar, en este caso mediante los matrimonios mixtos, el pueblo sufrió graves consecuencias.

El Nuevo Testamento repite la prohibición específica de los matrimonios mixtos cuando Pablo nos dice que no nos unamos en yugo desigual. Los matrimonios entre creyente y no-creyente generalmente tienen el mismo resultado que en aquellos días: el creyente se aleja paulatinamente de su fe.

Sin embargo, el matrimonio mixto no es el único modo en que el hogar se puede contaminar. De muchas formas podemos dejarle una puerta sin seguro al enemigo, para que entre y hurte. Hablaremos de algunas de estas formas más específicamente luego.

La santidad familiar, entonces, nos conviene. Podemos evitar muchísimos problemas si nos esforzamos en mantener la pureza de nuestra familia, protegiéndola de las influencias mundanas y procurando mantener un ambiente que glorifica a Dios.

Podemos evitar que nuestros hijos se pierdan en vidas inútiles y sin sentido. Podemos evitar que nuestro matrimonio se disuelva en amargura y desilusión. Podemos evitar que nuestro hogar se convierta en otra víctima de las artimañas del enemigo. Pero para hacerlo,

II. Tenemos que entender que la santidad familiar nos costará

Es necesario entender que el camino fácil, el camino de seguir la corriente de la sociedad, es el camino que nos llevará al fracaso. La Biblia nos enseña que el mundo entero está bajo el poder del maligno, y si permitimos que el mundo determine lo que sucede en nuestro hogar, le daremos puerta abierta al diablo.

Si queremos mantener la santidad, tenemos que entender que será costosa. Encontramos este principio en Hebreos 12:4: "Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado". El contexto nos da a entender que los lectores de esta carta no se habían esforzado lo suficiente en mantener la pureza. Es decir, a pesar de que sus circunstancias no los habían obligado a sufrir daño físico por la pureza, ya se estaban desanimando.

Si nosotros queremos mantener la pureza y la santidad de nuestro hogar, también nos costará. Quizás no sufriremos un castigo físico, pero nos costará otras cosas. Nos costará esfuerzo. Es mucho más fácil simplemente dejar que el mundo determine lo que entra en nuestra casa, en vez de mantener las puertas cerradas y filtrar con cuidado lo que permitimos que entre.

Puede ser que tengamos que pagar el precio del desprecio. Cuando nuestros amigos nos preguntan qué tal nos pareció aquella película que acaba de salir, es difícil decirles que no la hemos visto porque no nos parece sana. Cuando nuestros niños tienen que decirles a sus amigos escolares que no les permitimos ver ciertos programas que están de moda, tendrán que enfrentarse a las burlas.

Cuando pagamos este precio, tenemos que recordar que vale la pena. En la ventana de una tienda de ropa usada se vio el anuncio: Levemente sucio; grandemente descontado. De igual modo, si permitimos que el mundo ensucie, aunque levemente, a nuestra familia, será grandemente descontado el uso que podremos serle al Señor.

Hablemos de unas formas específicas en que podemos ponerle candado a las puertas de nuestro hogar, y mantener su pureza y su santidad. En primer lugar, como padres, debemos de informarnos acerca de lo que nuestros hijos ven y oyen.

Cuando se trata de hijos adolescentes, es difícil tomar este paso. En esta etapa de la vida, ellos están tratando de formar su propia identidad. Cualquier control de los padres puede no ser bienvenido. Con los adolescentes, quizás no sea conveniente prohibirles por completo que escuchen música secular. Más bien, podemos tratar de escuchar con ellos algo de la música que les gusta, y hablarles de su mensaje. Ayúdales a analizarlo, y si hay alguna música que realmente se nociva, entonces sí se la puede prohibir.

Con los hijos menores, en bueno ejercer un grado mucho mayor de control. Simplemente porque todos los niños en la escuela están viendo u oyendo algo no significa que sea bueno. Como padres, tenemos que aprender a analizar lo que nuestros hijos ven y buscar su mensaje. El simple hecho de no ser violento o pornográfico no significa que su mensaje sea positivo. Mire lo que sus hijos ven. Analícelo. Hábleles de lo bueno y lo malo.

También es importante considerar el uso que hacemos de las tecnologías disponibles. Muchos de ustedes saben que no tengo televisión en la casa. No les diré que ningún cristiano puede tener televisión, pero sí creo conveniente que manejemos con cuidado el uso de esta tecnología. En muchas partes, los niños ven 3 ó 4 horas diarias de televisión. Considere: ¿qué le está enseñando ese aparato a sus hijos? ¿Realmente es un buen uso de su tiempo? ¿Será bueno ponerles límites, y ocuparlos en otras actividades?

Asimismo, la Internet es una tecnología con muchas posibilidades, pero que se tiene que usar con mucho cuidado. En lugar de adoptar la tecnología simplemente porque está de moda, debemos de ver sus lados negativos y usarla con cuidado. Para algunas familias, será buena opción simplemente no tener acceso a la Internet en la casa.

Si eliges tenerlo, es recomendable que la computadora esté en un lugar público de la casa. Esto ayuda a evitar que algún miembro de la familia visite sitios no recomendables, pues los demás lo verán. También hay programas que bloquean los sitios perjudiciales; ninguno funciona perfectamente, pero dan cierto nivel de control.

Sabes, los ladrones generalmente no se meten a las casas dinamitando las paredes, o haciendo túneles para meterse por el piso. Simplemente buscan la ventana abierta o la puerta sin llave.

El enemigo también está buscando la forma de entrar en tu hogar y destruirlo. No se lo permitas. Busca la ayuda de Dios para mantener la santidad de tu casa, dedicándosela al Señor. Protege a tus hijos y a tu matrimonio. Considera en esta semana cómo mejorar la seguridad de tu hogar.

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