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Domingo 25 de Enero del 2004

La construcción del hogar cristiano:
La estructura del hogar cristiano

Pastor Tony Hancock

En cierta ocasión, una niña pequeña se estaba portando mal. Finalmente, su mamá le dijo: "Hija, pórtate bien. Cada vez que me desobedeces, me haces salir una cana."

La niña miró a su mamá por un momento, y luego le dijo: "Entonces, ¿por qué es que mi abuelita tiene el pelo todo blanco?" Se ha dicho que lo que más miedo da de tener hijos es que pueden salir como nosotros.

En realidad, nuestra herencia genética tiene mucho que ver con nuestra apariencia e incluso nuestra personalidad. Sin embargo, la herencia no determina lo que somos. Nuestras propias decisiones juegan un papel crucial. Cuando se trata de nuestros hijos, la forma en que los educamos también es de suma importancia.

Hoy en día, la palabra disciplina no está muy de moda. Empezando en los años sesenta, la cultura popular empezó a creer que la libertad es lo más importante. Poniendo a un lado la Biblia y la sabiduría de siglos de vida humana, se empezó a enseñar que lo que cada niño necesita es libertad para seguir sus instintos naturales. Se comenzó a hablar de los supuestos peligros de "reprimir" a los niños.

La represión es una realidad. Podemos tratar a nuestros niños con una falta de respeto que hace que ellos mismos no se aprecien. Pero como siempre sucede, al rechazar una cosa mala, el mundo se ha ido al otro extremo, pareciéndose al péndulo de un reloj.

La Biblia nos presenta una perspectiva perfecta y balanceada, y nos enseña que la disciplina, correctamente aplicada, es esencial para el desarrollo del niño. De hecho, Dios nos da el ejemplo, disciplinando a sus hijos para desarrollar nuestro carácter.

No existe en este mundo el padre o la madre perfecta. Aun los mejores padres pueden tener hijos que se descarrían. Sin embargo, si seguimos las instrucciones que nos presenta la Biblia, podemos proveerles a nuestros hijos el ambiente que necesitan para desarrollar al máximo su potencial.

Para crear esta estructura, nos hace falta entender que

I. La disciplina es esencial para el desarrollo del carácter

Muchas personas tienen la idea de que el carácter de un niño es como una semilla, que crecerá sólo sin mucho esfuerzo de los padres. La verdad es que aun la semilla necesita cuidado para brotar y crecer.

Esta guitarra tiene un buen sonido, pero lo tiene porque todas las cuerdas están estiradas hasta el punto perfecto. Si dejamos que las cuerdas se aflojen – digamos, para que estén "cómodas" y no se "traumen" – el sonido será horrible.

De igual modo, sin disciplina, el niño escogerá el peor camino posible. Nos lo enseña Proverbios 22:15: "La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él."

Este verso nos enseña algo muy importante. Nos enseña que, a pesar de ser tan inocentes, los niños nacen propensos a seguir el camino más fácil, que invariablemente es el peor camino.

Se ha hecho una lista de las leyes de propiedad del párvulo. El niño de unos dos años de edad cree que las cosas funcionan de la siguiente forma: 1. Si me gusta, es mío. 2. Si lo tengo en la mano, es mío. 3. Si te lo puedo quitar, es mío. 4. Si lo tenía hace un rato, es mío. 5. Si es mío, jamás debe parecer ser tuyo. 6. Si estoy construyendo algo, todas las piezas son mías. 7. Si se parece al mío, es mío. 8. Si lo vi primero, es mío. 9. Si estás jugando con algo y lo dejas, automáticamente se vuelve mío. 10. Si está roto, es tuyo.

Cualquier persona que tiene experiencia con los niños sabe que ésta es su perspectiva. Tristemente, hay adultos que siguen pensando que así funcionan las cosas. Hace algunos años salió un libro que se titulaba algo así como "Todo lo que jamás necesitaba saber lo aprendí en el jardín de niños" – porque ahí es que los niños aprenden a compartir, a ser justos y a tomar en cuenta a los demás.

Si esta disciplina no tiene su lugar en la vida del niño, entonces será mucho más difícil que lo aprenda después. Debemos de quitarnos de la cabeza esa idea de que los niños son unos angelitos. Ningún niño es totalmente bueno ni totalmente malo; pero sin disciplina, la necedad que trae dentro se expresará en su vida.

Por esta razón, sin disciplina, el niño no alcanzará su potencial. Encontramos este principio en un pasaje que habla de la disciplina de Dios con sus hijos, pero también nos enseña acerca de la disciplina de los padres humanos.

Leamos Hebreos 12:7-11:

12:7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
12:8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
12:10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

En otro momento hemos hablado de este pasaje en el contexto de su mensaje al creyente como hijo de Dios, pero ahora enfoquemos lo que nos enseña acerca de la disciplina que debe dar a sus hijos. ¿Cuál es el propósito que tiene Dios en disciplinarnos? Su propósito tiene que ver con el desarrollo de nuestro carácter.

Según el verso 10, Dios nos disciplina para que participemos de su santidad. Si Dios no nos disciplinara, no llegaríamos a compartir esa santidad de carácter que Dios tiene. En otras palabras, no podríamos desarrollar al máximo nuestro potencial como creyentes para ser hijos de Dios que reflejan su carácter.

De igual modo, cuando un padre disciplina a su hijo, lo hace con el propósito de que ese niño aprenda a usar al máximo sus habilidades y talentos, para poder desarrollar todo el potencial que tiene.

Tomemos un ejemplo concreto. ¿Cuántos niños hay que hacen la tarea escolar de puro gusto? Son muy pocos. Al contrario; los padres tienen que ponerles límites, diciéndoles, por ejemplo, que no pueden salir a jugar o ver televisión hasta que terminen la tarea. Ésta es una forma de disciplina, y puede resultar difícil – por lo menos al principio.

Pero pensemos en el resultado. Si el padre no obliga a su hijo a hacer la tarea, ¿qué pasará? No sacará buenas calificaciones, no aprenderá lo que podría, y luego se encontrará limitado en la opción de carreras que tiene. La falta de disciplina tiene el resultado de limitar al niño y hacer que no se desarrolle al máximo.

Bueno, si la disciplina es esencial para la formación del carácter, ¿cómo se debe disciplinar? Aquí está la clave:

II. La disciplina se hace con amor

Del mismo pasaje que consideramos, Hebreos 12:7-11, podemos sacar esta conclusión sumamente importante. ¿Cuál es la diferencia entre la disciplina de Dios a sus hijos y su castigo de los malhechores? La disciplina y el castigo son diferentes, y la diferencia está en lo siguiente: la disciplina nace del amor, mientras que el castigo nace de la justicia.

Debemos aclarar que Dios también ama al malhechor; sin embargo, al no responder a ese amor, el pecador deja a Dios sin otra opción más que darle el merecido de sus pecados. Esto no nace, entonces, del amor, sino de la justicia de Dios.

De igual modo, la diferencia entre la disciplina y el abuso muchas veces se encuentra en esto: que la disciplina nace del amor que siente el padre hacia su hijo, y su deseo de que ese hijo madure; mientras que el abuso nace del enojo del padre causado por la acción del niño, y su deseo es la venganza.

Esto es tan importante que hay que repetirlo: si tú castigas a tu hijo porque estás enojado con él, porque se te sube la rabia y ya no soportas que se porte mal, ten mucho cuidado. Es muy probable que estés castigando y no disciplinando a tu hijo.

Cuando consideramos los casos que han llevado al deseo actual de evitar la disciplina, vemos que muchas veces son casos abusivos que nacen de la venganza en vez del amor. La Biblia nos enseña que la disciplina con amor sana y no hiere. En Proverbios 13:24 encontramos este principio: "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige."

El verso es muy claro; no corregir al hijo es no quererlo. Si permitimos que nuestros niños hagan lo que mejor les parezca porque queremos darles "libertad", estamos perjudicando su bienestar. Si los amamos, debemos disciplinarlos.

Pero note que el verso no dice: Amarlo es castigarlo. No dice, Amarlo es verter sobre el niño toda la rabia que traemos por dentro. No; dice, Amarlo es disciplinarlo. La disciplina no se enfoca en la tranquilidad del padre; la disciplina no tiene el fin de que los niños se callen para que uno pueda descansar. Tampoco se enfoca en las apariencias; no se trata de tener hijos bien portados para que los vecinos no hablen mal de nuestra familia.

No; la disciplina se enfoca en el desarrollo de cualidades de carácter. Se enfoca en crear hijos que se pueden disciplinar a sí mismos, que han aprendido a respetar a los demás y que valoran sus propias habilidades.

¿Cómo se puede lograr esto? Déjame dar algunas sugerencias prácticas. En primer lugar, considera lo que tu hijo necesita aprender para desarrollar un buen carácter, y enfócate en desarrollar estas virtudes mediante la disciplina. La disciplina no es sólo fajar a los niños; es aconsejar, animar, ser parte de sus vidas, mostrarles que son importantes.

En segundo lugar, asegúrate de que tus hijos sepan que los amas. La disciplina sin amor realmente no es disciplina, y hiere en lugar de sanar. Pregúntate si pasas tiempo con sus hijos, simplemente para estar con ellos y hablar de sus cosas. ¿Les muestras que te gusta estar con ellos? Si no lo haces, es muy posible que se porten mal simplemente para que les prestes atención.

En tercer lugar, haz una lista de reglamentos para el hogar, juntamente con castigos por la desobediencia. Si tus hijos tienen suficiente edad, invítales a ser parte de este proceso. Siéntense como familia y hagan una lista de lo que se tiene que hacer y no hacer en la casa para que todo vaya bien, junto con una lista de consecuencias. Luego, da vigor a esta lista. De este modo, los niños saben lo que se espera de ellos, y si desobedecen, será claro que es por rebelión y no por ignorancia.

Así como Dios disciplina a sus hijos para perfeccionarlos, el padre sabio también disciplina a sus hijos para el bien de ellos. Esto no garantiza la familia perfecta, pero da al niño las herramientas que necesita para construir una vida buena y productiva, bajo las normas de Dios.

¿Estás disciplinando a tus hijos, con verdadera disciplina? Escoge un paso que puedes tomar en esta semana para mejorar tu hogar en esta área, y pide la bendición de Dios sobre tus esfuerzos. El se complace cuando sus hijos lo imitan, y una forma de imitar a Dios es en su forma de ser padre. Empiézalo en esta semana.

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