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Domingo 30 de Noviembre del 2003

Cuida la salud de tu corazón
Pastor Tony Hancock

Parece que cada semana sale una nueva recomendación para proteger la salud de nuestro corazón. Desde hace tiempo, por supuesto, se ha recomendado una dieta baja en grasa y un régimen diario de ejercicio cardiovascular. También se recomienda una revisión del nivel del colesterol y los triglicéridos.

A la vez, parecen salir a cada rato nuevas recomendaciones acerca de las comidas buenas para el corazón. Por muchos años, todos pensábamos que la margarina era mucho mejor que la mantequilla, pero ahora se nos dice que realmente son casi iguales de dañinos. Recientemente se ha visto que el jugo de manzana podría bajar el nivel de colesterol sanguíneo.

A fin de cuentas, uno a veces no sabe qué comer. De todos modos, seguimos escuchando las noticias de salud, porque nos parece recomendable cuidar la salud del corazón. Después de todo, si el corazón deja de latir, no importan qué tan sano estén las otras partes de nuestro cuerpo; ya no hay vida.

La Biblia también nos instruye a cuidar la salud de nuestro corazón, aunque no se refiere precisamente al órgano que reside en el pecho y bombea la sangre. Así como nos esmeramos en cuidar la salud de nuestro corazón físico, también nos conviene cuidar el estado de nuestro corazón en el sentido bíblico.

Veamos lo que nos dice Jesucristo acerca del tema.

Lectura: Lucas 6:43-45

6:43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
6:44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Jesús acaba de decirnos en los versículos anteriores que no nos enfoquemos tanto en las faltas de otras personas, sino que más bien nos ocupemos de nuestro propio crecimiento. Oyendo esto, sin embargo, podríamos cometer el error de pensar que lo que tenemos que cambiar son nuestras acciones.

Podríamos creer que lo que hace falta es un gran esfuerzo por cambiar nuestra forma de hablar o de actuar. Pero esto sería un error. Sería como tratar de amarrar manzanas a las ramas de un pino, o pegarle uvas a un encino. No se logra ningún cambio verdadero.

Lo que tenemos que entender si queremos realmente tener éxito en la vida, es que

I. El corazón determina la calidad de la vida

En nuestros días, éste es un concepto ignorado. Las filosofías modernas han fracturado al hombre y lo han convertido en un conjunto de sensaciones, o en el títere de sus hormonas, o en el producto predeterminado de sus genes y/o su ambiente.

Todas estas cosas nos afectan y tienen que ver con nuestra vida, pero es un error reducir la totalidad de nuestra vida a una de estas cosas. La salud espiritual no se encuentra en una pastilla o en algún tratamiento genético. La salud espiritual es cuestión del corazón.

Muchas veces las personas que tienen algún trasfondo religioso o espiritual cometen el error de creer que la clave está en la obediencia. La obediencia es sumamente importante; pero al ignorar cómo podemos llegar a ser obedientes, caemos en muchos errores.

Jesús nos enseña aquí que la calidad de nuestro corazón determina nuestros hechos. Si tu corazón es malo, cualquier esfuerzo que hagas por ser bueno sólo resultará en hipocresía o frustración. Si alguien tira un barril de productos químicos al pozo que surte una ciudad, ¿cuál reacción tiene más sentido: tratar de purificar toda el agua, o sacar el barril?

Lógicamente, hay que ir a la fuente. De igual modo, si nuestras vidas se van a acercar a la norma que Dios desea, el corazón tiene que cambiar. La ley que Dios nos da en su Palabra nos sirve para radiografiar el verdadero estado de nuestro corazón.

¿Cómo puede ser transformado nuestro corazón, si no está en buenas condiciones? La Biblia nos da la respuesta. Dios le dice a su pueblo en Ezequiel 36:26: Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.

En este pasaje vemos la relación entre el corazón y la obediencia, pues Dios declara que es sólo como resultado de la transformación de su corazón que los hombres podrán obedecer sus leyes. Pero nos dice algo más: nos dice que él es quien transforma el corazón. No podemos transformar nuestro propio corazón.

Si tú estás tratando de vivir la vida cristiana y agradar a Dios con el mismo corazón que tenías cuando naciste, te vas a frustrar. No lo podrás hacer. ¡Necesitas un transplante de corazón! Te hace falta que Dios te cambie el corazón por uno nuevo.

¿Cómo sucede esto? ¿Cómo puedes recibir ese nuevo corazón que sólo Dios puede darte? Pablo nos dice en Romanos 10:8-10: Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.

Aquí está la respuesta. Si crees en Cristo de corazón, y reconoces verbalmente y públicamente su señorío, Dios te cambiará el corazón. Y es más: si no experimentas esta transformación, no has recibido la salvación. La verdad es que la calidad de nuestro corazón determina nuestro destino.

Si llegamos al día del juicio sin haber sido transformados, se verá la evidencia en nuestra vida. Se notará por nuestros hechos que nuestro corazón sigue igual. Con ese corazón no podremos entrar al cielo. Con ese corazón viejo no podemos estar en comunión con Dios.

Si quieres que tu vida sea transformada, si quieres vivir en comunión con Dios y tener la seguridad de que irás a estar con él cuando mueras, tu única opción es poner tu fe completamente en Cristo y pedirle que te dé un nuevo corazón. Él lo hará; no lo dudes. Pero si insistes en tratar de cambiar tu vida solo, sólo te frustrarás.

¿Has recibido ese nuevo corazón? ¿Has invitado a Cristo a entrar en tu corazón y cambiarlo, dándote la presencia de su Espíritu para guiarte y transformarte? Si no lo has hecho, no dilates más. Toma esa decisión en esta mañana.

Pero, ¿qué de los que hemos recibido ese nuevo corazón? ¿Ahí se acaba el asunto? ¿Ya no hay más que hacer? La Biblia también nos dice que

II. El corazón necesita protección para mantener la calidad de la vida

Podemos ver esto en el pasaje que estudiamos. Jesús dice: El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien. El corazón es como una bodega o caja fuerte donde guardamos todo lo que más nos importa. Lo que atesoras en tu corazón determina su calidad.

Lo que valoras, lo que meditas, lo que ocupa tu atención y recibe tu afecto es lo que atesoras en el corazón. Si atesoras el dinero, pasarás tiempo pensando en tus cuentas bancarias, planeando formas de juntar más, considerando nuevas inversiones. Si atesoras la sensualidad, tu corazón estará lleno de pensamientos lujuriosos y tu mente de chistes groseros e imágenes pornográficas.

Lo que atesores en tu corazón determina su calidad. Si has recibido ese corazón nuevo, tienes que cuidarlo. Tienes que llenarlo de cosas buenas, de pensamientos sanos, de sueños que glorifican a Dios.

Un niño se acercó a su maestra con lágrimas en los ojos. Maestra, le dijo, arruiné esta hoja. Esta manchada y ensuciada. ¿Qué haré con ella? La maestra le dio otro limpio y le dijo: ahora, hazlo mejor.

Nos acercamos a Dios con el corazón manchado con el pecado y le decimos, ¿qué haré con ella? Dios nos da un corazón nuevo y nos dice, Ahora hazlo mejor. Si quieres usar bien ese corazón nuevo que Dios te ha dado, tienes que escoger bien lo que vas a atesorar.

Lo que perjudica tu corazón es la falta de protección. Salomón lo dijo en Proverbios 4:23: Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. El corazón precisa de cuidado para no extraviarse, para no distraerse, para no volver a los viejos caminos.

Esto significa que hay cosas que no debemos de mirar. Significa que hay conversaciones que no debemos de tener. Significa que hay amigos con quienes no debemos de pasar mucho tiempo, porque su presencia le hace mal al corazón.

Salomón mismo no siguió su propio consejo. Permitió que sus setecientas esposas y trescientas concubinas le alejaran el corazón de las cosas de Dios, y murió un hombre triste y desilusionado. No permitas que esto te suceda. Cuida tu corazón. Protege ese corazón nuevo que has recibido de Dios.

Cuando enterraron al gran misionero David Livingstone, lo llevaron a su nativa Inglaterra. Sin embargo, su corazón fue enterrado en su África querida. Al pie de un gran árbol en un pequeño pueblo africano, los indígenas cavaron un hoyo y colocaron allí el corazón del misionero a quien amaban y respetaban, y que había dado su vida en servicio al Señor y a ellos.

Si tu corazón fuera enterrado en el lugar que tú más amaste en esta vida, ¿dónde estaría? ¿Se encontraría en tu cartera o tu billetera? ¿Estaría en algún espacio en la oficina? ¿Dónde está tu corazón? Cuídalo.

Y si tú nunca has recibido a Cristo como tu Señor y Salvador, dándole la oportunidad de transformar tu corazón, quiero invitarte a tomar esa decisión en esta mañana.

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