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Domingo 2 de Noviembre del 2003

¿Camping o autocaravana?
Pastor Tony Hancock

La actividad del camping siempre ha tenido sus atractivos. ¿De qué otra manera podemos sentir la naturaleza, con todo su poder y su belleza? ¿De qué otro modo podemos despertar al canto de las aves, bañarnos en un fresco riachuelo y cocinar sobre una fogata al aire libre?

Por supuesto, el camping también tiene sus desventajas. Esas aves con sus bellos cantos suelen empezar a las 5:00 de la mañana; el fresco riachuelo puede tener una temperatura de 5˚; y la fogata al aire libre nos puede llenar la cara de humo y demorar media hora en hacer el café. Y ¡todo eso sin mencionar a los zancudos!

En reacción a los problemas del camping ha surgido la autocaravana. Con una de estas máquinas, no hay que dejar atrás las comodidades del hogar para conocer el país. Dentro de la autocaravana, uno está como en su propia casa. La cocina tiene horno y microondas; las camas son cómodas, si bien algo pequeñas; y en la sala, está la televisión completa con satélite.

Estacionando la autocaravana en uno de los parques creados para tal propósito, no hay que ir al río para sacar agua; simplemente se conecta una manguera y listo. La luz eléctrica ya está provista, y los deshechos tienen su lugar. Todo fácil y rápido, al estilo moderno.

No pretendo favorecer al camping o la autocaravana; cada uno tiene sus ventajas. Sin embargo, es muy claro que la autocaravana no ofrece la misma experiencia que ofrece el camping. Con la autocaravana, realmente no hay que dejar nada atrás. Uno se puede llevar casi la casa entera consigo.

Ahora me pregunto: ¿cómo es la vida cristiana? ¿Se compara más con el camping o con la autocaravana? Conozco a muchas personas que pretenden vivir para Cristo como si viajaran por la senda angosta en autocaravana, llevando consigo todo lo que puedan y deteniéndose sólo en los lugares aprobados por la asociación automovilística.

Cuando examinamos la enseñanza de Jesús, sin embargo, encontramos otro patrón - uno que se parece mucho más al camping. Veamos lo que dice nuestro Señor.

Lectura: Lucas 5:33-39

5:33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?
5:34 El les dijo: ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
5:35 Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.
5:36 Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo.
5:37 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán.
5:38 Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan.
5:39 Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Detrás de una crítica ordinaria de sus discípulos - el hecho de que ellos no seguían el régimen de ayunas que seguían los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos - Jesús discierne una pregunta mucho más profunda. Éste es el tema que ocupa nuestra atención en esta mañana - la transformación radical que hace la llegada de Jesús a nuestros patrones de religión.

La primera cosa que tenemos que entender es que

I. La presencia de Cristo trae transformación a nuestras costumbres

Los discípulos de Jesús habían dejado atrás sus vidas cotidianas, sus trabajos y sus familias para caminar con él. Ellos habían entrado a una vida totalmente distinta. Aunque nosotros quizás no seamos llamados a dejar nuestro trabajo o nuestra familia, Jesús nos invita a experimentar una transformación igualmente radical.

Conforme andaban con Jesús, ellos seguían el ejemplo suyo - hasta donde entendían. Dentro de la ley que Dios había dado al pueblo judío, era requisito ayunar sólo una vez al año. Jesús seguramente observó esta regla, pero de ningún modo se dejó llevar por el legalismo de los fariseos, que insistían en ayunar dos veces por semana.

Los discípulos de Jesús, igualmente, siguieron su ejemplo al no observar estos ayunos. La crítica que se levanta, entonces, se dirige de una manera indirecta a Jesús. En otras palabras, se le critica por no enseñar mejor a sus discípulos.

La respuesta de Jesús indica que él entendía muy bien lo que estaba pasando, y él hace una declaración asombrosa acerca de sí mismo. Podemos ver su declaración en los versos 34-35.

Esta declaración revela, por un lado, que Jesús estaba conciente de que su misión terminaría en la muerte. Él sabía que iba a dar su vida en sacrificio por muchos, como lo declara en otro lugar.

Por el otro lado, indica que Jesús reconocía su propia posición, aunque no hacia alarde de su grandeza. La idea del novio como esposo del pueblo se aplicaba en el Antiguo Testamento a Jehová. Jesús hace una declaración implícita de su divinidad.

A la vez, declara que su presencia pone fin a muchas cosas. En otras palabras, él es una figura que trae transformación. Cuando él llega, las cosas no pueden seguir como antes. Cuando él llega, ya no caben las prácticas religiosas anteriores.

Los judíos habían desarrollado todo un sistema para tratar de agradar a Dios, añadiendo cosas extras a la ley que él dio. Jesús nos da a entender que él no se conforma con buscar cabida dentro de algún sistema humanamente creado; él viene para transformar y no para adaptarse.

Esto significa que nosotros debemos de examinar muy cuidadosamente nuestras costumbres religiosas para ver si concuerdan con la novedad de vida que Jesús nos llama a tener. Puede ser que tengamos prácticas que tienen su trasfondo en nuestra tradición o en alguna religión humana, que no concuerdan con la realidad de Cristo en nuestro corazón.

En otras palabras, podemos estar haciendo el viaje de la fe en autocaravana, buscando llevarnos todo lo anterior en vez de despojarnos de todo lo que no glorifica a Dios. A la vez que dejamos atrás las costumbres viejas, surgen nuevas prácticas con nuevas razones. Esto lo vemos en su declaración de que llegaría el día en que sus discípulos ayunarían.

Ya no sería un ayuno para ganarse el favor de Dios, sino un ayuno buscando su poder para seguir con la misión de Cristo. Por ejemplo, notamos que la selección de Pablo y Bernabé como misioneros tuvo lugar mientras ayunaban (Hechos 13:2).

Lo que esto nos enseña es que debemos de preguntarnos el por qué de todas las actividades "religiosas" o espirituales que realizamos. Si venimos a la iglesia, ¿es porque tenemos esa costumbre, o porque nos queremos ganar puntos con Dios? ¿O es porque realmente queremos adorarle y conocer más de él?

Si leemos la Biblia, ¿es para conocer más de él, o para cumplir con un deber? Si oramos, ¿es para tener comunión con Dios, o para lograr lo que queremos? Jesús nos llama a dejar atrás las viejas motivaciones y las viejas costumbres para caminar con un nuevo pensar.

Pero hay una realidad que tenemos que confrontar:

II. La transformación que Cristo trae va en contra de nuestros deseos naturales

Las parábolas de Jesús muchas veces contienen sorpresas. Aquí la sorpresa está en la comparación que hace Jesús entre el vino nuevo y el vino añejo. El punto de la comparación es claro: así como no se puede poner vino nuevo en odres viejos, pues en el proceso de fermentación reventará los odres, tampoco cabe la nueva enseñanza de Jesús dentro de los viejos sistemas del judaísmo.

Ahora, tenemos que aclarar un punto clave. Jesús no estaba diciendo que su enseñanza no cabía dentro de la revelación del Antiguo Testamento. Acerca de esa revelación él dijo que no había venido para derogar sino para cumplir. No era, entonces, la revelación que Dios había dado a los judíos la que era incompatible con el mensaje de Jesús; era la religión humana que ellos habían creado en torno a esa revelación.

Jesús dice que su mensaje no cabe dentro de esos sistemas humanos. Pero aquí viene la sorpresa: Jesús dice que la persona que ha probado el vino añejo desprecia el vino nuevo, pues piensa que el añejo es mejor. Hubiéramos pensado que, en una parábola acerca de su mensaje, Jesús destacaría su superioridad; pero no es así. Más bien, él dice que la gente prefiere lo antiguo a lo nuevo.

Esta es una realidad básica de la naturaleza humana. Por lo general, no nos gusta el cambio. Como dice el dicho, más vale malo por conocido que bueno por conocer. Preferimos lo conocido a lo desconocido.

Cuando se trata de Jesús, preferimos mil veces quedarnos con las interpretaciones cómodas de la religión popular en lugar de investigar lo que él realmente dijo. Preferimos una religión cómoda a una relación con él, pues podemos controlar la religión pero no podemos controlar la relación.

Es sumamente importante entender que no podemos combinar las dos cosas. No podemos disfrutar de una relación con Jesús, y a la vez quedarnos dentro de una religión muerta. No digo que no debamos de tener tradiciones en la iglesia, o que debamos de abandonar nuestra iglesia si tiene tradiciones; lo que digo es que no debemos de refugiarnos en la tradición, sino que tenemos que buscar la verdad bíblica acerca de lo que Cristo realmente dijo y lo que realmente quiere para nuestras vidas.

Tu vida espiritual: ¿es una excursión en autocaravana o una aventura de camping? ¿Has dejado atrás las tradiciones y costumbres que pueden estorbarte, o pretendes llevártelo todo?

Examina tu vida para ver cuáles costumbres pueden contarse entre los odres viejos que tienes que desechar para aceptar el vino nuevo de la presencia de Jesucristo en tu vida. No es lo natural, pero es necesario para poder vivir en el gozo que Jesús desea para sus seguidores.

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