El gobierno - ¿glorifica a Dios?
Pastor Tony Hancock
Es natural para nosotros desconfiar de la autoridad, suponer
que está chueca, y desobedecer. Desconfianza creada por
situaciones que vivimos.
Cuando yo era niño, a un conocido de nuestra familia les
sucedió algo insólito. Manejaba por la carretera cuando unos
policías le hicieron señales para que se orillaran. Cuando se
paró, uno de los policías le pidió que saliera del carro para
mostrarle algún problema con los faros del vehículo. Después
de hablar un rato, el policía le dijo que podía seguir
transitando, pero que compusiera el problema cuanto antes. Se
despidieron, y nuestro conocido se metió al carro - para
descubrir que había desaparecido el radio. Mientras él hablaba
con uno de los policías, el otro había estado ocupado
quitándole el radio.
Cuando oímos historias como ésta, la reacción natural es
despreciar la autoridad, obedecerla sólo cuando tiene poder
para demandar esa obediencia. Esto es lo natural - el
propósito de Dios en salvarnos es precisamente que dejemos de
vivir según nuestra naturaleza humana. Tenemos una fuerte razón
para cambiar nuestra actitud hacia los que tienen jurisdicción
sobre nosotros, pues:
Dios es glorificado cuando nos sometemos a la autoridad.
Lectura: 1 Pedro 2:13-20
2:13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya
sea al rey, como a superior,
2:14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo
de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.
2:15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien,
hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;
2:16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como
pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.
2:17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad
al rey.
2:18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos;
no solamente a los buenos y afables, sino también a los
difíciles de soportar.
2:19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la
conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo
injustamente.
2:20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo
soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo
soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.
Hoy vamos a considerar dos clases de obediencia, de sumisión,
que Dios pide de sus hijos.
I. Sumisión a la autoridad del gobierno
Tenemos buena razón para someternos a ella:
A. La autoridad es instituida por Dios
El versículo 13 dice: "por causa del Señor". La autoridad del
gobierno deriva de su establecimiento por Dios
Dice Romanos 13:1: "Todos deben someterse a las autoridades
públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así
que las que existen fueron establecidas por él".
¿Por qué estableció Dios la autoridad? Lo hizo para refrenar la
maldad y galardonar el bien, de acuerdo al versículo 14. Sin
gobierno, el pecado tiene rienda suelta para destruir la
sociedad. Aun en las sociedades más corruptas, el gobierno
sirve para castigar a los malhechores.
Sin autoridad, ninguna sociedad humana puede funcionar.
Imaginen: viviríamos en casas con seguridad increíble, pero
no habría luz ni agua ni alcantarillado público. Saldríamos
en carros blindados, pero no habría carreteras. Tendríamos
que llevar nuestros niños a la escuela, pero no habría
escuelas. El teléfono sería sólo una decoración sin lineas
públicamente controladas.
Así que, la autoridad es algo bueno. Es algo que nos
protege, nos permite ser productivos - es nuestro egoísmo y
pecado que nos hacen resistirla. El pecado es la rebelión,
es querer controlarlo todo sin que
nadie nos diga qué hacer. Esto resulta en rebelión contra la
autoridad. Dios nos llama a cambiar nuestra actitud contra la
autoridad.
En todas las instituciones de la vida humana, como la familia y
la Iglesia, Dios ha puesto autoridad, la cual merece nuestro
respeto.
Por esta razón, el creyente debe proteger su reputación. El
verso 15 nos da otra razón para ser sumisos a la autoridad.
Dios desea que nuestro ejemplo calle las acusaciones de los que
no conocen la verdad.
Aquí, la situación probable era que los cristianos eran
falsamente acusados por sus vecinos: quizás eran acusados de
subvertir autoridad del emperador, pues adoraban a Cristo.
Pedro dice: muéstrales con sus vidas que no es verdad, y que
respetan al emperador más que nadie. Podemos encontrarnos
en la misma situación - podrían decir,
los hispanos no respetan las leyes; hay que mostrarles que
los hispanos cristianos, por lo menos, no son así.
La conclusión es que:
B. La autoridad merece nuestra obediencia y respeto
Pero, ¿qué pasa cuando el gobierno no es bueno? ¿Qué pasa
cuando van a usar nuestros impuestos para fines malos?...
El emperador que reinaba cuando Pablo escribió estas palabras
fue nada menos que el famoso Nerón -el mismo que, según la
tradición, mató a Pablo y Pedro. Esto indica que nuestra
obediencia no se basa en la integridad -o en la falta de
integridad- del gobierno.
La única excepción es cuando el gobierno nos manda directamente
a hacer algo que es pecado. Entonces, con Pedro y Juan,
diremos: "¡Es necesario obedecer a Dios antes que a los
hombres!" (Hechos 5:29)
Pero bajo circunstancias normales, nuestras lealtades a
Dios y al gobierno no están en conflicto. No podemos
desobedecer porque es inconveniente, no nos gusta, nos parece
injusto, etc., ni porque los oficiales sean corruptos, o ya
tengan suficiente dinero.
Miremos, entonces, el resumen. De acuerdo a los versos 16 y 17
somos libres en Cristo, y, como esclavos de Dios, podemos dar a
todos el respeto que se merecen. Sólo Dios merece temor; el
gobierno merece respeto, nuestros hermanos en Cristo merecen
nuestro amor.
No despreciemos ni ignoremos la bendición que Dios nos da
en forma de la autoridad, ya que no es una maldición sino una
bendición. Tomemos en serio el deber que tenemos de respetar
a las autoridades que Dios ha puesto en su lugar.
II. Sumisión a la autoridad en el trabajo
En contexto original, los criados eran la mayoría de los
trabajadores - recibían pago por sus servicios; aunque
legalmente eran propiedad de sus amos, podemos
aplicar estas palabras a la relación actual entre los
empleadores y sus empleados.
Vemos que
A. Dios aprueba el respeto a los jefes (v. 18)
¡El quiere que los respetemos, aunque ellos no nos respeten!
Muchas veces, nuestros jefes no nos valoran como personas,
como lo deberían de hacer; nos critican o se burlan. Cuando
no dejamos que estas cosas nos molesten, mostramos que
estamos seguros en Cristo. No es la debilidad de no decir
nada por miedo, o por no querer perder el trabajo, sino la
fuerza de poder controlar nuestros deseos de venganza.
Tenemos el ejemplo de Cristo que, cuando fue insultado e
injuriado, no respondió con amenazas, como bien pudo haber
hecho.
Recuerdo que renuncié a mi primer trabajo porque no me gustaba
cómo me hablaba el gerente. Me sentí bien, pero, ¿qué me
motivó? Razones egoístas y mi propia inseguridad.
¿Existen razones para dejar un trabajo? Por supuesto, pero hay
que estar seguros de que no sea por inseguridad, y hay que
hacerlo bien.
¡El también quiere que los respetemos, aunque suframos
haciendo el bien!
De acuerdo a los versos 19 y 20, si sufrimos como holgazanes,
rateros, mentirosos, ¿qué hay de bueno en eso? Pero, cuando
soportamos la injusticia porque estamos conscientes de la
presencia de Dios, es algo digno de encomio
¿Qué significa estar conscientes de la presencia de Dios?
Saber que él ve la situación, que él también conoce la
injusticia, y que él recibe la gloria cuando soportamos el
mal por causa suya.
¿Hay situaciones en las cuales debemos de reportar el
abuso, dejar algún trabajo, etc.? Claro que sí - pero en
muchos casos, en vez de vengarnos, podemos glorificar a Dios
siendo ejemplos del perdón y la paciencia.
En muchas situaciones nuestro enfoque es egoísta: pensamos en
qué es más práctico para mí, qué me conviene, qué me va a dar
más satisfacción.
Aquí, sin embargo, el enfoque está en Dios. La cuestión no
es lo que me conviene, sino lo que va a dar más gloria a Dios,
cómo puedo ser ejemplo para los demás, cuál es la manera en
que Cristo actuaría en mi situación.
En efecto, entonces,
B. Nuestros jefes merecen nuestra obediencia y respeto
Esto a veces es difícil. La barrera siempre es nuestro orgullo
- no nos gusta que otra persona nos diga qué hacer. Sin
embargo, tenemos que recordar que Dios ha puesto en lugar la
autoridad. El trabajo no es una maldición, es una bendición; y
para que sea más productiva, la dirección es necesaria.
Para resumirlo todo, el verso 17 nos dice: den a todos el
respeto debido. Tú nunca sabes quién te estará observando.
Cuando otros ven tu paciencia, respeto, y sumisión, aunque
tú no lo veas, estás dando gloria a Dios.
Cuando nos encontramos en situaciones en las que nos es
difícil obedecer, tenemos la oportunidad de glorificar a Dios
negando nuestros deseos, haciendo morir nuestro viejo yo, y
mirando más allá de nosotros mismos.
Piensa en alguna situación en la que te es difícil someterte
a la autoridad. ¿Cómo podrías cambiar tu actitud? ¿Qué
podrías hacer de una manera diferente? Propóntelo esta
semana.
Puedes enviar tus comentarios a pastortony@iglesiatriunfante.com