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Domingo 24 de Agosto del 2003

Triunfo sobre las circunstancias
Pastor Tony Hancock

Según los que estudian tales cosas, una neblina del tamaño de siete cuadras o manzanas, de una profundidad de treinta metros, consiste en solamente una taza de agua. Esta pequeña cantidad de agua está dividida en aproximadamente sesenta mil millones (60.000.000.000) de gotas microscópicas. A pesar de tratarse de una cantidad tan pequeña de agua, el efecto de la neblina puede ser devastador. Puede causar accidentes de tránsito, puede cerrar aeropuertos, y puede solapar la delincuencia.

Muchos creyentes viven sus vidas dentro de una neblina - una neblina de preocupación, de inseguridad y de confusión. Así como la luz del sol puede quemar la neblina y desvanecerla, sin embargo, la luz de la verdad puede hacer desaparecer la neblina que ciega nuestra vista y nuestra mente.

Hoy veremos el ejemplo de un hombre que experimentó el triunfo en medio de las circunstancias más adversas. Su triunfo, sin embargo, quizás no tomó la forma que muchos de nosotros pensaríamos.

Lectura: Filipenses 1:12-18

1:12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio,
1:13 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.
1:14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.
1:15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad.
1:16 Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones;
1:17 pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio.
1:18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

El apóstol Pablo se encontraba encarcelado en el momento en que escribió esta carta. Tenemos que reconstruir las circunstancias de la carta con información incompleta, pero al parecer, la situación de Pablo iba de mal en peor, pues en vez de solamente estar detenido en su casa, como lo había estado, ahora había sido encarcelado bajo guardia las veinticuatro horas.

Imaginen, por un momento, que les llegaran las noticias de que algún líder muy respetado - quizás algún evangelista o pastor de renombre - había sido encarcelado. Sería natural pensar que le había sucedido una tragedia, pues ya no podría desenvolver el ministerio al cual Dios le había llamado.

Podríamos pensar inclusive que es algún castigo de Dios, o que quizás Dios esté probando la fe de tal persona. Quizás recordaríamos la situación de Pedro, a quien un ángel soltó de la cárcel, y preguntarnos por qué no hacía algo similar ahora Dios. Pablo, sin embargo, no lo vio de esta manera. Él nos demuestra que

I. Las circunstancias adversas cobran significado si estamos entregados a Cristo

Pablo encontró en su situación, que parecía ser tan adversa, evidencias del obrar de Dios. Él se dio cuenta de que Dios estaba obrando en medio de su situación. Efectivamente, aunque él estaba encarcelado, el progreso del evangelio seguía sin impedimento.

En lugar de estorbar el avance de las Buenas Nuevas, lo que le había sucedido había servido para su beneficio, pues al ver el encarcelamiento de Pablo, muchos hermanos tomaron la batuta y siguieron corriendo la carrera de anunciar el evangelio.

Pablo estaba totalmente entregado al dominio de Cristo sobre su vida. Esto le permitió ver que los planes de Dios eran imposibles de frustrar. Inténtelo como pudiera el enemigo, no podría detener la victoria del mensaje.

Pero Pablo sólo pudo tener esta victoria porque su vida estaba totalmente entregada a Cristo. Notamos que todos pudieron ver que él estaba encadenado por la causa de Cristo. Él estaba en la cárcel por ser seguidor de Jesús.

Si nosotros vivimos solamente para nosotros mismos, nuestros problemas carecen de significado. Son simplemente baches en el camino de la vida. En cambio, cuando pertenecemos a Cristo, cada cosa que nos sucede tiene un propósito en el plan de Dios. Ese propósito muchas veces es difícil de distinguir en el momento, pero podemos tener la seguridad de que existe.

Hace años, el joven Guillermo Borden, heredero de la fortuna de las vaquerías Borden, se entregó al llamado de las misiones. Donó una gran suma de dinero a la causa misionera, y se fue de misionero a Egipto. Después de apenas un mes, contrajo una enfermedad mortal, y falleció. ¿Por qué permitiría Dios que una vida tan prometedora fuera cortada en el vigor de la juventud? Sucedió que, al llegar las noticias a su país, decenas de jóvenes respondieron al llamado misionero para tomar el lugar de Guillermo Borden.

Tú no tienes que ser pastor o misionero para que Dios obre a través de tu vida, pero sí tienes que estar entregado a los propósitos de Dios. Si buscas servir a Cristo con cada aspecto de tu vida - en tu trabajo, en tu familia, en tus finanzas - puedes saber que él usará aun las desgracias de tu vida y las convertirá en victoria.

Pero hay algo más que tenemos que entender:

II. Las circunstancias adversas revelan el corazón de los demás

Cuando nos encontramos en situaciones difíciles podemos tener la seguridad de que Dios está obrando y que él está en control, pero podemos también tener la seguridad de que no todos los que nos rodean nos darán su apoyo.

Vemos en la situación de Pablo que había una reacción variada a su encarcelamiento. Algunos consideraron que la situación era oportuna para que ellos trataran de reemplazar a Pablo, haciéndose famosos como predicadores o apóstoles en su ausencia.

Otros, sin embargo, empezaron a predicar para continuar con la obra que Pablo había tenido que abandonar. Quisieron echarle el hombro, como se dice, para que la obra no se quedara atrás. Estas personas no estaban interesadas en la gloria personal, sino más bien compartieron el afán de Pablo por ver que el evangelio fuese predicado a toda persona.

Así como le sucedió a Pablo, nosotros también podremos encontrar una reacción variada cuando nos encontramos en dificultades. Reza el refrán: En el peligro, se conoce al amigo; y cuando enfrentamos la adversidad, sale a la luz la realidad de la amistad.

En cualquier situación, sin embargo, podemos estar seguros de que hay un amigo que jamás nos abandonará. Dice Proverbios 18:24: "Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano". El ejemplo supremo de ese amigo fiel es nuestro Señor Jesús, quien declaró: "Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos".

No nos debe de sorprender la variedad de respuestas que recibimos. No nos debe de sorprender la traición en las circunstancias duras; tanto el Señor Jesús como el apóstol Pablo la experimentaron.

Más bien, cuando las circunstancias adversas revelan el corazón de los demás, podemos recordar las instrucciones del Señor: "Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen" (Mateo 5:44).

Podemos recordar, además, que tenemos un amigo que jamás nos dejará. Él mismo dijo: "Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20).

De esta manera,

III. Las circunstancias adversas pueden ser ocasión de gozo

Pablo veía la mano de Dios en sus circunstancias, sabía que él jamás lo abandonaría, y veía que el evangelio progresaba sin detenerse; por eso, podía alegrarse en sus sufrimientos. "Se predica a Cristo; por eso me alegro", dice el verso 18.

En nuestras vidas, podemos experimentar el mismo gozo si tenemos una perspectiva que trasciende nuestra propia comodidad y los sinsabores del momento. Si somos parte del plan de Dios, de su propósito redentor, tenemos la seguridad de que él está en control de nuestras circunstancias.

No siempre es fácil. A veces las circunstancias no admiten de una explicación sencilla. Recuerdo el caso de unos amigos. Su hija mayor fue librada milagrosamente de la explosión de un calentador de agua. El aparato explotó en la noche, y ella se fue corriendo espantada al cuarto de su mamá. Cuando ellas regresaron, había un inmenso bloque de concreto en la almohada de la niña. ¿Cómo se salvo? Estoy convencido de que un ángel estuvo presente para protegerla.

Sin embargo, algunos años después, el día en que ella cumplió diecisiete años, el ángel no actuó de la misma manera. Mientras ella se bajaba del autobús frente a su casa, un joven rebasó el autobús en su carro deportivo y la atropelló. Ella murió al instante. Su madre estuvo desolada. A pesar de ser creyente, le pareció difícil ver la mano de Dios en tal situación. Nos preguntamos: ¿por qué obró Dios en la primera situación, y no la segunda? ¿Dónde estaba él cuando aquel joven tomó descuidadamente la vida de esa niña?

Las respuestas no son fáciles ni sencillas, pero se empezaron a ver en el entierro de la niña. Varias personas fueron tocadas en aquel día. Quizás no sabremos todas las respuestas hasta llegar al cielo. Sé que fue muy duro para sus padres enfrentar la realidad de que habían perdido a su hija. El ser creyente no nos protege del dolor.

Más bien, nos da la seguridad de que, detrás del velo de tinieblas, hay una luz que un día brillará con toda intensidad sobre nosotros, y nos permitirá ver el otro lado del tejido que Dios con tanto cuidado está creando de nuestras vidas.

Sabiendo que Dios está en control, que está obrando, y que al fin, con él, nada se pierde, podemos tener gozo en cualquier situación.

¿Te encuentras en este momento perdido en una neblina? ¿No alcanzas a ver el propósito de Dios en las circunstancias que te rodean? Puedes tener la seguridad de que nada de lo que haces por el Señor es en vano. Puedes saber que él está obrando en tu vida, y que su obra será victoriosa.

Si tú estás entregado a los propósitos de Cristo para tu vida, puedes estar seguro de tener la victoria en cualquier circunstancia. Asegúrate, sin embargo, de estar buscando la victoria que Dios desea, y no la que tú quieres. De este modo, las circunstancias adversas cobrarán significado y serán ocasión de gozo para ti.


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