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Domingo 18 de Noviembre del 2001

¿Quieres tener más gozo?
Pastor Tony Hancock

Introducción

Recientemente hice una búsqueda en el internet con la palabra "gozo" para encontrar todas las páginas que usan esa palabra en su descripción de sí mismas.

Los resultados de mi búsqueda de gozo fueron muy interesantes. El primer resultado prometía "lo más cercano al gozo en una botella". Era un suplemento mineral que prometía sensaciones de paz, de gozo, de bienestar para toda persona que lo tomara.

El segundo resultado era interesante también. Este sitio también prometía el gozo en una botella. Pero en vez de ser una botella de minerales en suspensión, era una botella de perfume. El nombre de este perfume: gozo.

Ahora me pregunto: ¿Será verdad que el gozo se puede conseguir de una botella? ¡Hay muchas personas que hacen el intento! Algunos usan una botella de hierbas o de minerales para tratar de hallar el gozo. Otros creen que el gozo se encuentra atrayendo a esa persona tan atractiva del sexo opuesto - usando, por supuesto, un perfume. Otros buscan el gozo al fondo de una botella de licor.

Los suplementos minerales, herbales, o de vitaminas pueden ser buenos. Y siempre es bueno oler bien. Pero ninguna de estas cosas nos puede traer verdadero gozo. El gozo que traen es superficial, es un efecto pasajero que nos deja con ganas de más, y nunca nos puede satisfacer en realidad.

Jesús vino para enseñarnos cómo tener gozo. En el pasaje que estudiaremos hoy, él nos dice: Les he dicho esto para que tengan mi alegría (o gozo) y así su alegría sea completa. El propósito de Jesús no fue traernos una vida de miseria, de preocupación, de aburrimiento. El vino para traernos vida real en todo su gozo.

Ahora me pregunto: ¿cuántos de nosotros realmente estamos viviendo en gozo? ¿Cuántos de nosotros estamos experimentando la plena alegría que Dios desea para nosotros? Si somos honestos, creo que pocos de nosotros lo experimentamos como quisiéramos.

¿Quieres vivir en gozo? Jesús nos dice cómo - y quizás no es de la manera que pensaríamos. Presta atención a lo que Dios dice en su Palabra en

Lectura: Juan 15:1-11

15:1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
15:3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
15:4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
15:6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
15:9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
15:10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
15:11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

¿Se fijaron en el versículo 11? Estás instrucciones de Jesús son para que tengamos gozo, para que tengamos alegría. El quiere compartir con nosotros su alegría.

Aquí vemos dos claves para el gozo. El gozo viene cuando llevamos fruto; el fruto de una vida que tiene sentido, una vida de amor, de transformación, una vida que tiene impacto sobre los demás y que tiene significado eterno. No tenemos que ser pastores o misioneros para llevar ese fruto; cualquier seguidor de Cristo lo puede hacer. Pero sólo lo podemos hacer siguiendo los pasos que Jesús nos trazó.

Sólo podemos llevar fruto si somos podados

Si hemos tenido un jardín, digamos un rosal o algún árbol de frutas, sabemos que la planta que no se poda crece desordenadamente, y no da mucho fruto. Disipa su energía en tener ramas muy largas, y se llena de hojas en vez de flores..

Cuando uno pasa por los campos de durazno, puede ver que todos los árboles están muy bien podados, a una altura nivelada, y todos iguales. ¿Por qué gastarán dinero los dueños de esos árboles en podarlos? ¿Será simplemente para que se vea bonito el huerto? ¡Claro que no! Creo que son demasiado prácticos para eso. Más bien, ellos saben que sus árboles darán una cosecha mucho más grande si son podados.

Ahora, cuando llegamos a nuestro pasaje, debemos tener en cuenta un juego de palabras que es difícil de traducir. En griego, la misma palabra significa tanto podar como limpiar. Jesús se aprovecha de esto en los versículos 2 y 3. Cuando dice que el Padre poda las ramas, también podríamos decir que las limpia; y cuando dice que ya estamos limpios, se podría decir que ya hemos sido podados.

Lo que esto nos hace ver es que hay dos aspectos de la poda en nuestras vidas. El primero tiene que ver con nuestra entrada a la vid. Podríamos decir que es el momento de nuestro injerto en la vid. Eso sucede cuando aceptamos la palabra de Cristo. Uds. ya están limpios por la palabra que les he comunicado, dice Jesús. Es decir, hemos sido limpiados del pecado y de la culpa al recibir por fe la Palabra del evangelio.

Creo que muchos de nosotros estamos muy conscientes de esa limpieza original. En el momento en que aceptamos a Cristo, sentimos que la carga del pecado se nos quitó. Supimos en ese momento que habíamos sido limpiados. Esta es la primera limpieza.

Pero hay algo más que quizás olvidamos: la limpieza permanece mediante la corrección diaria. Lo vemos en el verso 2: toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Hay un proceso diario de limpieza, de poda que el Padre está haciendo en tu vida.

Si tú eres creyente, entonces, el Padre está obrando en tu vida para que lleves más fruto. El está tratando de podarte para que tu vida sea más fructífera. Por un lado, ese proceso de poda tiene lugar en las pruebas, en los sufrimientos, en los momentos duros de la vida. Quizás tú miras tu vida, y te comparas con algún no creyente, y dices: ¿por qué tengo tantos sufrimientos, y esa persona que ni conoce a Dios vive muy tranquilamente?

La respuesta es que Dios te está podando. Cuando tú confrontas una situación difícil buscando la ayuda de Cristo, buscando su fuerza para responder como cristiano, Dios te está podando. Cuando confrontas un pérdida, y recuerdas lo que realmente importa en la vida, Dios te está podando.

El Padre también nos poda cuando nos muestra pecados en nuestras vidas. Llegan momentos en que nos damos cuenta de algún error. Quizás oímos un sermón, o en nuestra lectura de la Biblia nos topamos con algo, o alguien nos menciona alguna cosa, y nos damos cuenta de que hay alguna área de nuestra vida que deberá cambiar.

Tenemos entonces que decidir: ¿cómo vamos a responder? Una de las maneras más comunes es señalando el mismo error en otras personas. Lo hacemos muchas veces sin fijarnos. Es como cuando el cuervo le dijo a la corneja, "Retírate, negra".

Por eso, cuando nos encontramos criticando a otra persona, debemos quitar la vista de ellos - Dios se encargará de sus problemas - y examinarnos. Es muy probable que encontraremos el mismo error en nuestra vida. Cuando señalamos con el dedo a otra persona, hay cuatro dedos que nos señalan a nosotros.

Si quieres llevar fruto, tienes que dejarte podar. Tienes que dejar que el Padre haga su obra en ti, quitándote lo que te estorbará.

Sólo podemos llevar fruto si estamos ligados a la vid

Sabemos que una rama o cualquier otra parte de una planta que se corta de la raíz tarde o temprano morirá, a menos que crezca otra raíz. Descubrí esto cuando estaba en la secundaria. Iba a salir con una muchacha a una cena, y decidí llevarle un ramillete de flores para su vestido.

Siendo, sin embargo, un poco tacaño, en vez de comprar unas flores del florero, preparados especialmente para durar, simplemente corté unas violetas de una maceta en la casa, los envolví en papel aluminio, y le entregué su ramillete a mi pobre acompañante. Bueno, se imaginarán que después de una ó dos horas las flores ya no tenían su belleza original. Al contrario, estaban marchitas. La muchacha me pidió permiso para quitárselas y tirarlas a la basura - y en realidad, ya sólo servían para eso.

Jesús nos invita a examinarnos para ver que no tengamos el mismo destino que esas flores. Es que la rama que no lleva fruto es destruida por inútil. En un huerto, las ramas que se caen del tronco se secan, y son quemadas. Lo mismo nos sucederá, si no mantenemos nuestra conexión con Jesús.

Debemos de tomar esta advertencia en serio. Podemos vivir aparentemente "en Cristo", siendo parte de la iglesia, habiendo sido bautizados, pero sin ninguna conexión real con él. Quizás han visto que pase una tormenta y rompa alguna rama de un árbol, pero la rama se queda sostenida por las otras ramas y no se cae al suelo. Por un tiempo, no se nota la diferencia, pero poco a poco se seca. ¿Qué hará un jardinero con esa rama? La quitará y la quemará.

Tú puedes estar aquí en esta mañana, y puede ser que todos creen que estás bien, que eres un cristiano fiel y verdadero, pero en tu corazón has perdido tu conexión con Cristo. No estás llevando fruto para él. No te engañes; más bien, sé ferviente y regresa a tu primer amor. Despreocúpate por las apariencias, y entrégate nuevamente al Señor.

No creas que puedes llevar fruto por tu propio esfuerzo. Quizás si te estás dando cuenta de que falta fruto en tu vida, la tentación es de esforzarte por hacer más cosas para tratar de agradar a Dios. Eso es como la gente que pone flores artificiales en su jardín; mirándolo desde lejos parece que está lleno de vida, pero es pura apariencia.

Más bien, la rama que lleva fruto mantiene su conexión vital con la vid. La única manera de realmente llevar fruto en tu vida cristiana es al mantener tu unión con Cristo. No hay otra manera. Esta es la razón que hay tanta frustración y falsa religión en nuestras iglesias. En vez de llevar fruto en base a una relación íntima con Cristo, las personas están tratando de llevar fruto por su propia cuenta.

Esto sólo lleva a la frustración. Cuando nosotros tratamos de ser cristianos en nuestra propia fuerza siempre es una desilusión. Por un lado, podemos tratar de ayudar a la gente, y nos desilusionamos porque no nos agradecen la ayuda que les brindamos. Por ejemplo, vamos a recoger a alguien para ir a la iglesia, y si no están, decimos: ¡Qué desagradecidos! y jamás volvemos a buscarlos.

O tratamos de hacer un cambio en nuestra vida familiar - tratando a nuestros hijos con más cariño, disciplinándolos más regularmente, o teniendo una hora devocional familiar - y no da el resultado que queríamos. Quizás las cosas se ponen difíciles.

Con esa actitud mostramos que estamos sirviendo para vernos bien, y no estamos sirviendo en realidad al Señor. Si estuviéramos sirviendo en base a nuestra relación con Cristo, entonces estaríamos sirviendo como él sirvió. Cuando Jesús vino a tocar a la puerta de tu corazón, dudo que se la hayas abierto la primera vez. Sin embargo, él tuvo paciencia. Si estamos sirviéndole a él, serviremos como él sirvió.

O quizás estamos haciendo lo que Dios desea, y la gente nos malentiende y lo mal interpreta. Si estamos sirviendo para que la gente nos vea bien, entonces por supuesto que nos sentiremos desanimados y enojados. Pero si estamos sirviéndole a Dios, entonces lo haremos a pesar de lo que la gente dice o piensa de nosotros.

La clave para llevar fruto es mantener nuestra conexión con la vid. Por un lado, eso significa prestar atención a las enseñanzas de Cristo. Dice el versículo 7: Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.

Eso no significa solamente leer la Biblia, aunque no podemos hacerlo sin leerla. Significa meditar sobre lo que Jesús nos enseña, darnos cuenta de que sus enseñanzas son para nosotros, meditar sobre ellas, aplicarlas a nuestra vida. Significa comernos las palabras del Señor y digerirlas, en vez de saborearlas un rato y luego escupirlas.

Hablamos mucho de hacer eso, pero pocas veces lo hacemos en realidad. Tenemos que memorizar, meditar, considerar lo que Cristo ha dicho. Si no hacemos eso, sus palabras no pueden morar en nosotros.

Significa también hablar con él en oración. Cuando dejamos que nuestro corazón sea transformado por meditar sobre su Palabra, entonces nuestras oraciones se conformarán a la voluntad de Dios - y empezaremos a ver respuestas a nuestras oraciones. De estas dos maneras empieza a fluir la vida de Cristo a través de nosotros. Cuando estamos íntimamente ligados a él, cuando nuestra mente se empieza a transformar y ser como el suyo, cuando nuestro corazón se acerca más y más a él, entonces el fruto nace en nuestra vida como un resultado natural.

Conclusión

Observa tu vida honestamente en este día. ¿Estás llevando fruto? ¿Qué clase de rama eres? La única manera de ser una rama fructífera, de vivir en el gozo de dar fruto y compartir la vida de Cristo, es al mantener tu conexión viva con él, la vid.

En el mundo actual, la ciencia ha inventado diferentes maneras de crear fruto. Una de estas maneras es la hidropónica. Esto envuelve sembrar plantas en agua, sin uso de tierra. Con la mezcla correcta de nutrientes, no es necesario tener suelo - y las plantas crecen muy rápido.

Pero en el ámbito espiritual, no hay ningún substituto por la vid verdadera. No podemos ser injertados en otro lugar para tener vidas de fruto verdadero. No podemos dar fruto por nuestros propios esfuerzos. Sólo podemos dar fruto en comunión constante con Cristo.

Si quieres tener ese gozo verdadero de una vida fructífera, reconéctate con él. Deja que sus palabras y su verdad te llenen, como rica savia, y brotará el fruto que deseas.


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