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Domingo 11 de Noviembre del 2001

No desprecies la bendición
Pastor Tony Hancock

¿Qué será lo más difícil en la vida diaria del creyente? ¿Serán esos momentos de gran crisis, cuando hay una gran pérdida o alguna prueba grandísima? ¿Será la tentación inmensa de caer en algún pecado grave?

Creo que muchas veces éstas no son cosas más difíciles en la vida diaria del creyente. Me parece que lo que tropieza más frecuentemente al creyente no es la tentación grande, sino alguna serie de eventos pequeños que culminan en algo grande.

¿Alguna vez han visto a un gato atrapando a un pájaro? El gato no corre desmedidamente tras el pájaro, soltando tremendos gritos y haciendo todo lo posible por espantarlo. De esa manera, nunca lo llegaría a agarrar. Más bien, lentamente se va acercando, paso a paso, hasta que finalmente se lanza sobre el pobre pájaro que no se ha fijado en lo que sucede, y tiene así su almuerzo.

De igual manera, Satanás nos trata de atrapar con mucha astucia. La mayoría de nosotros estamos percatados de las cosas grandes que él puede hacer para hacernos caer. Pero....¿qué de esas cosas pequeñas? ¿Qué de las maneras pequeñas en que él nos trata de hacer caer?

Debemos de aprender cómo mantener una perspectiva que nos puede ayudar a superar todas las trabas que hallamos en el camino.

La manera de hacer esto es fijarnos en lo que Dios está haciendo, y valorar su plan. Quizás esto suena un poco extraño, pero veamos la historia de una persona que no lo hizo, y aprendamos de su ejemplo para no caer en el mismo error.

Lectura: Génesis 25:19-34

25:19 Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,
25:20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.
25:21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.
25:22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;
25:23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.
25:24 Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.
25:25 Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.
25:26 Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.
25:27 Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.
25:28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.
25:29 Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,
25:30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.
25:31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.
25:32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?
25:33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.
25:34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Hemos dejado atrás el patriarca Abraham, y vemos ahora como sigue la promesa. Así como lo había en la vida de Abraham, también hay una traba aquí: la esposa de Isaac - el hijo de Abraham - es estéril. ¿Cómo será posible que el plan de Dios se realice? ¿Cómo surgirá una gran nación de la descendencia de Abraham? ¿Cómo llegará la bendición a todas las naciones de la tierra?

Vemos que viene como

Respuesta a la oración

Cuando estudiamos la vida de los patriarcas Abraham, Isaac, y Jacob, vemos en tantos casos que ellos no eran hombres ejemplares. Más bien, ellos fallaron en muchas ocasiones. Veremos que Isaac también falla.

Pero aquí vemos una ocasión en la que él sí respondió bien - versículo 21. El rogó al Señor por su esposa, y Dios oyó su oración. Rebeca salió encinta; y no sólo se embarazó, sino que tuvo mellizos. Podemos ver aquí que la oración es muy poderosa.

Nosotros solemos descartar el poder de la oración. Quizás nos hemos fijado en que Dios no siempre contesta nuestras oraciones de la manera en que nosotros lo desearíamos, y que la respuesta no siempre es tan inmediata como lo podríamos desear. Esto no significa que nuestras oraciones no tienen resultado, o que no valga la pena orar.

Más bien, vemos aquí un fuerte ejemplo de una oración que fue muy poderosa. Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible. En aquellos días donde no había doctores y clínicas especializados en cuestiones del embarazo, Dios hizo lo que no se podía. Contestó la oración de Isaac.

Dios nos ha dado un tremendo privilegio en la oración. La próxima vez que te encuentres en una situación que no tiene solución fácil, dale a Dios la oportunidad de ayudarte. No esperes hasta el último momento para darle tu atención; búscale desde un principio - y verás que él te responde.

Vemos que Dios respondió a la oración de Isaac, y le concedió a él y a su esposa el don de ser padres. En Isaac tenemos un ejemplo de una persona que cooperó con el plan de Dios. El buscó en oración lo que Dios había prometido, y tuvo el gozo de recibirlo.

Hermanos, todos nosotros podemos tener el mismo gozo. Podemos tener el gozo de ver que nuestros amigos y parientes reciban al Señor - si empezamos a orar por ellos. Podemos tener el gozo de ver que nuestra iglesia avanza - si oramos por ella. Podemos tener el gozo de ver que nuestro pastor sirve con poder - si oramos por él. Podemos tener el gozo de ver que Dios interviene en nuestras vidas - si oramos y se lo pedimos.

¿Contesta Dios siempre nuestras oraciones como nosotros quisiéramos? Claro que no. Pero tantas veces no vemos la respuesta - no porque Dios no quiso obrar - sino porque nosotros no se lo pedimos.

Sigamos el ejemplo de Isaac, buscando la bendición de Dios a través de la oración. Pero no sigamos su mal ejemplo como padre. Desgraciadamente, vemos algo no tan ejemplar en la vida de Isaac - es un

Retrato de la familia

En el versículo 28, en dos breves frases, vemos resumido el problema que tienen tantas familias hasta el día de hoy - el problema del favoritismo. Vemos que Isaac prefería a Esaú, porque era cazador - y a Isaac le gustaba lo que Esaú traía del campo.

Jacob, en cambio, era más casero. Era un tipo serio que generalmente se quedaba en el campo y ayudaba a su mamá. Quizás, si lo hubiéramos conocido, lo pensaríamos algo mimado. Probablemente no era un tipo del todo agradable.

Lo seguro es que era un tipo muy listo - mucho más listo que su hermano. Vemos luego en su vida que él se acostumbró a conseguir las cosas por medio de las artimañas y los trucos. ¿Dónde empezó este patrón de vida? Empezó en su familia, donde él y su madre estaban unidos en contra de su hermano y su padre.

Podemos ver dos cosas aquí. El primero es que el plan de Dios se realiza, a pesar de la necedad de Isaac y Rebeca como padres. Ellos no supieron como criar bien a sus hijos, y sin embargo la línea de la promesa no pasó de su familia.

Dios siempre está en control. A pesar de nuestra debilidad, él hará lo que él quiere. No podemos resistirlo; sólo podemos decidir si colaboraremos o no.

Pero el otro lado es la tristeza que surgió del estilo de vida que tuvo la familia de Isaac y Rebeca. Ellos enseñaron a sus hijos cómo vivir en enemistad, cómo ser rivales en vez de amigos, cómo desconfiar el uno del otro. Este fue un patrón que siguió a través de su vida.

Hermanos y amigos, podemos tener la seguridad de que nuestros hijos no harán más que seguir nuestro ejemplo. Si nosotros tenemos favoritismos entre ellos, si los usamos como instrumentos para tratar de controlar a nuestro esposo o nuestra esposa, estamos sembrando semillas que crecerán y darán una cosecha de dolor y desgracia.

En muchas ocasiones, vemos en nuestros hijos cualidades que no nos gustan - egoísmo, pleitos, o frustración, y no nos damos cuenta de que nosotros somos la fuente de esas emociones. Por nuestra manera injusta de tratarlos, por nuestra falta de darles la atención y el amor que se merecen, inclusive por nuestra falta de aplicar la disciplina en sus vidas, nosotros somos la causa de esas reacciones en ellos.

Jacob y Esaú vivieron toda su vida en pleitos. ¿Por qué? Porque lo habían aprendido de sus padres. No condenemos a nuestros hijos al mismo sufrimiento. Veamos la importancia de ser justos en nuestro trato con ellos.

Bueno, vemos que en esto Isaac no nos da un buen ejemplo, pero no pierde la bendición de Dios. Su primer hijo, sin embargo, sí la pierde. Veamos

El rechazo de Esaú

Leamos otra vez, en los versículos 29-34, lo que sucedió con Esaú. Para entender lo que pasa aquí, debemos de saber lo que es la primogenitura. En el mundo cultural de esos días, el primer hijo de la familia recibía ciertas ventajas simplemente en virtud de ser el primero en nacer. Por un lado, había ventajas económicas. A él se le daba una porción más grande de la herencia que dejaba su padre.

Por el otro lado, había ventajas espirituales. El primer hijo recibía bendición espiritual de su padre, y además la promesa a Abraham pasaría al primogénito.

Sin embargo, vemos que Esaú no valoró estos privilegios. Llegando un día del campo, encontró a su hermano cocinando. Lo que hacía parecía rico, y Esaú tenía mucha hambre. Le pidió a su hermano un plato de comida, y Jacob, muy astuto, se aprovechó de la oportunidad para exigirle a su hermano el derecho de la primogenitura.

De ninguna manera podemos recomendar lo que hizo Jacob. El se aprovechó de su hermano en un momento de debilidad. Es interesante que más adelante, Jacob sufre de lo mismo. Su tío también se aprovecha de él. Así que, no crean que Jacob se salió completamente con la suya.

Sin embargo, aquí queremos enfocar la mala decisión de Esaú. Esaú prefirió satisfacer un deseo físico en ese mismo momento, y lo deseó más de lo que valoraba la bendición de la primogenitura.

Decidió hacer un trato muy inconveniente para él - sacrificar sus derechos por una satisfacción momentánea.

Y me pregunto: ¿cuántas veces podremos hacer nosotros lo mismo que Esaú? En vez de apreciar las bendiciones que Dios nos ofrece, en vez de valorar la familia, la iglesia, el perdón, y tantas otras bendiciones que Dios libremente nos da, lo cambiamos todo por alguna cosita que el mundo pone ante nosotros.

Olemos el olor, y decimos, Voy a morir si no tengo eso. Pero ¿sabes qué? ¡No es cierto! Esaú no se hubiera muerto si Jacob le hubiera negado el guiso, y nosotros no nos moriremos si le decimos que no a esa cosa.

¿A qué tipo de cosa me refiero? Hay tantos ejemplos que se podrían dar. Quizás preferimos esa rica sensación de guardar rencor, y entonces nos alejamos de algún hermano - y quizás de la iglesia - porque preferimos el resentimiento al perdón.

O quizás tenemos amigos o actividades que nos alejan de la iglesia - y poco a poco dejamos de asistir, nos vamos olvidando de Dios, y cambiamos una vida de devoción a Dios por algunas actividades de diversión.

Quizás nos llama la atención el dinero, y decidimos que tenemos que trabajar en vez de buscar las cosas de Dios, en vez de pasar tiempo con nuestra familia, en vez de ayudar a otros. Cambiamos la bendición de Dios por algo que no vale la pena.

De muchas maneras, verás que Satanás intenta distraerte, invitándote a cambiar la bendición de conocer a Dios por un plato de sopa. No creas esas mentiras. No te dejes llevar por el olor. No desprecies la bendición; valora lo que Dios te ha dado.


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