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Domingo 28 de Octubre del 2001

Celebración de victoria
Pastor Tony Hancock

Introducción

El dulce sabor de la victoria es algo que todo ser humano desea experimentar. Hoy en día, parece que esa experiencia se vive muchas veces mediante las aficiones a los deportes. Cuando gana el partido favorecido de un pueblo o un grupo de personas, se vuelven locos en la celebración de victoria.

Unos amigos viven a un kilómetro de un estadio muy grande en Lima. Ellos han vivido la experiencia de las pandillas de aficionados que se pasean por los barrios cercanos al estadio, celebrando la victoria de su partido con gritos, bebidas, y vandalismo. Muchas de las asociaciones de vecinos han respondido levantando barreras a las entradas de sus barrios, pretendiendo evitar la entrada de las grandes masas de gente que frecuentan estos eventos.

Podríamos multiplicar las historias de eventos posteriores a las victorias en el campo del deporte. Aun en nuestra sociedad civilizada, se ve claramente la reacción humana a la victoria.

Dentro del registro bíblico, vemos el recuento de una victoria mucho más grande. Tiene lugar en la vida del patriarca Abraham, y se recuenta en el capítulo 14 del libro de Génesis. Vemos en esta historia la reacción del patriarca a la victoria militar que él ganó con un número asombrosamente pequeño de hombres. Su reacción es algo distinta a la de los aficionados al deporte, pero tiene mucho que enseñarnos.

Lectura: Génesis 14:1-24

14:1 Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim,
14:2 que éstos hicieron guerra contra Bera rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.
14:3 Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.
14:4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y en el decimotercero se rebelaron.
14:5 Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim,
14:6 y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.
14:7 Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar.
14:8 Y salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim;
14:9 esto es, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goim, Amrafel rey de Sinar, y Arioc rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.
14:10 Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.
14:11 Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.
14:12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.
14:13 Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.
14:14 Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.
14:15 Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco.
14:16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.
14:17 Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.
14:18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;
14:19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra;
14:20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.
14:21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes.
14:22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra,
14:23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram;
14:24 excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.

Este pasaje está lleno de misterio y fascinación. Empieza con una historia aburrida de conquista militar, tan común en el mundo del antiguo medio oriente; pero pronto se pone interesante, con la victoria tan extraordinaria de Abraham, y la aparición de esta figura misteriosa que se llama Melquisedec.

Para entender los eventos que llevan a los sucesos culminantes de este capítulo, tenemos que recordar algo de la situación política y nacional de aquellos días. Además de existir algunos imperios muy grandes, más notablemente en días de Abraham el imperio de Egipcia, había muchas ciudades que realmente eran como naciones independientes. Tenían su propio rey, y eran como países pequeñitos.

Cuando una ciudad conquistaba otra, muchas veces la ciudad conquistaba se convertía en lo que se llamaba vasallo del conquistador. Es decir, tenían que pagar tributo anualmente a los que les habían conquistado. Pero aun más que eso, estaba el botín - todo lo que se podían llevar en riquezas, animales, y esclavos de las naciones derrotadas.

Bueno, lo que pasó aquí es que el rey de Sodoma, el pueblo donde residía Lot el sobrino de Abraham, junto con otros cuatro reyes, habían sido vasallos de Quedorlaómer. Déjenme decirles algo. Si tienen la maña de ponerles nombres bíblicos a sus hijos, ahí tienen uno que les garantizo es único. Ponganles Quedorlaómer y lo recordarán toda la vida.

Bueno, este rey había conquistado a los otros, incluyendo al rey del pueblo de Lot, y después de doce años éstos decidieron librarse del yugo de servidumbre. Se rebelaron contra Quedorlaómer, y por un año vivieron libres de su yugo. Pero al año siguiente, él llegó con sus secuaces para reclamar. Llegaron como un viento recio y lo conquistaron todo, llevándose una gran cantidad de riquezas, alimentos, y personas que usarían como esclavos. Y entre ellos estaba Lot, el sobrino de Abraham.

Bueno, recordarán que Lot le había dado problemas antes a Abraham. La situación no ha cambiado. Ahora Abraham se encuentra con la obligación de ir a librar a su familiar, y se va con 318 de los hombres de su caravana. Persigue a los invasores hasta encontrarlos para darles batalla.

Ahora bien, no sabemos cuántos hombres iban con Quedorlaómer y sus partidarios, pero creo que tenían que ser muchos más que 318. Me imagino que eran varios miles, porque habían derrotado a 5 reyes y todos sus guerrilleros. Así que la victoria de Abraham es muy asombrosa. El logra rescatar a Lot, y habiendo derrotado a los reyes invasores, se lleva lo que ellos se habían ganado.

Podríamos pensar que la responsabilidad de Abraham sería entonces devolver lo que había ganado a sus dueños originales. Y efectivamente, eso es lo que él hace. Pero no lo devuelve todo - veremos en un momento qué es lo que hace con una parte. Pero debemos de saber que, bajo las costumbres de aquel día, lo que se ganaba en guerra pertenecía al ganador.

Es decir, todo lo que Abraham trajo de la guerra legalmente le pertenecía. Y aquí es que aparece uno de los personajes más misteriosos de la Biblia. Este hombre se llama Melquisedec. Aparece brevemente y luego desaparece, y sólo se vuelve a mencionar dos veces más en toda la Escritura.

No sabemos nada de sus padres. No sabemos nada de su vida. Pero sabemos algo muy importante - y eso es que Abraham le rindió culto a él. En los eventos que recuenta este pasaje vemos que

El ganador reconoce al que le dio la victoria.

Déjenme explicar. La clave está en la última mitad del versículo 20: Entonces Abram le dio el diezmo de todo. El diezmo tiene sus orígenes en los impuestos que se pagaban al gobierno. En estos días, era muy común que el rey exigiera un 10% de los ingresos de cada ciudadano como su impuesto. Pagar el diezmo era una manera de reconocer la soberanía del rey. Por el otro lado, el que rehusaba pagar su diezmo estaba rehusando reconocer la autoridad del rey sobre su persona.

Cuando Abraham le entregó el diezmo, es decir el 10% de lo que había capturado de Quedorlaómer, él estaba declarando su sujeción a otra persona. Él estaba reconociendo, mediante su pago de este tributo, que había otro que era su rey.

Y ese rey fue representado por Melquisedec. Ese rey es el Dios altísimo. Y era Dios quien le había dado la victoria sobre sus enemigos. No era ninguna casualidad que Abraham había podido derrotar a Quedorlaómer con 318 hombres. No fue el resultado de una estrategia militar sobresaliente, o de armas superiores, o de alguna otra cosa natural. Fue resultado de la acción de Dios.

El diezmo llegó a ser parte del sistema legal de Israel cientos de años más tarde. Nunca perdió su significado, aunque quizás llegó a ser más una observancia legal que un reconocimiento de la soberanía de Dios. En el Nuevo Testamento, el diezmo deja de recibir énfasis como un requisito legal para el creyente y se pone más énfasis en la ofrenda voluntaria, la expresión gozosa del creyente agradecido a su Dios.

Pero la razón es la misma. Así como Dios le había dado la victoria a Abraham, así también él nos la ha dado a nosotros. Mediante Cristo Jesús, por fe en su nombre, como seguidores suyos, nosotros también tenemos victoria.

Tenemos victoria sobre las circunstancias de la vida. Esto no significa que no pasaremos por problemas. Al contrario, quizás tendremos más problemas a corto plazo. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores en Cristo Jesús. El siempre nos muestra la salida. El siempre está obrando en nuestras vidas para nuestro bien.

Tenemos también victoria sobre el mundo. El mundo trata de destruir nuestra personalidad, nuestra independencia, nuestro gozo. En Cristo, nosotros tenemos victoria sobre todo eso.

Y tenemos victoria sobre la muerte. La muerte, el mayor enemigo de la raza humana, ha sido conquistada por Cristo. El la derrotó cuando salió de la tumba; y su resurrección es la garantía de que nosotros, los que tenemos fe en él, también experimentaremos la misma victoria.

¿Cómo es que reconocemos la soberanía de Dios, y le agradecemos la victoria que él nos ha dado? Es de la misma manera; regresándole a él una porción de lo que él nos ha dado. Como hemos dicho, el diezmo como regla fue parte del sistema del Antiguo Testamento. Pero aún nos sirve de norma.

El énfasis ahora está en el gozo y la gratitud del creyente. No debemos de dar porque nos sentimos obligados, sino porque sentimos gozo en hacerlo, en reconocer quién nos ha dado la victoria. Sin embargo, si no tenemos ningún deseo de dar, y si no podemos dar por lo menos el 10%, entonces debemos de examinar nuestro corazón.

La manera en que nosotros, como Abraham, reconocemos quién nos ha dado la victoria, es rindiéndole honra a través de lo que le damos. Esto incluye nuestras ofrendas a la iglesia, nuestro uso del tiempo, nuestro esfuerzo en servirle. Cuando sacrificamos por asistir a alguna reunión, o por llevar el mensaje a otra persona, o cuando nos sacrificamos para dar más a la obra de Dios, estamos mostrando nuestro reconocimiento y nuestro honor al que nos ha dado la victoria.

Hemos hablado de la victoria de Abraham, y la manera en que él le dio la gloria a Dios. No hemos tocado el tema de Melquisedec, un tema fascinante. Con la ayuda de Dios, investigaremos más a fondo esta persona la próxima semana.

Conclusión

Ahora déjame preguntarte a ti: ¿qué tributo estás pagando al Rey que te ha dado la victoria? ¿En qué maneras le estás regresando algo de lo que te ha dado?

Voy a pedirte que pienses en dos áreas de tu vida. El primero es tu uso del tiempo. Dios te ha dado todo el tiempo que tú tienes. Es más, él ha dado significado a ese tiempo. Mientras el mundo que te rodea corre desenfrenadamente de un entretenimiento a otro, Dios ha dado a tu vida sentido, porque sabes que estás viviendo esa vida en su presencia, para él, y yendo hacia un fin bueno.

Ahora: ¿Cómo puedes regresarle un tributo de tu tiempo? ¿Qué puedes hacer en esta semana para darle a Dios más de tu tiempo? Quizás debas dedicar más tiempo a la lectura de su Palabra y la oración. Quizás debas reunirte con otros creyentes, o ir a hablar con algún conocido del Señor.

Deja que Dios te hable en este momento acerca del tributo que él desea de ti.

En segundo lugar, piensa en tu uso del dinero. Todo lo que tienes es de Dios. El simplemente lo ha entregado a tu cargo. Si Dios te ha bendecido, si tú ves en tu vida paz, gozo, esperanza, y bendición, entonces ¿qué sacrificio podrías hacer para poder dar más a su obra? ¿Cómo podrías rendirle más tributo? Quizás podrías gastar menos en ropa nueva. Quizás podrías el aparato viejo que ya tienes en vez de comprar uno nuevo. Hay muchas opciones. La cuestión es ésta: ¿Cómo puedes expresarle tu gratitud a Dios?

Hay muchas maneras de celebrar la victoria. El cristiano ya la tiene en Cristo. Ahora: ¿Cómo la vamos a celebrar?


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