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Domingo 2 de Septiembre del 2001

Reconoce el Rescate
Pastor Tony Hancock

Introducción

Se cuenta la historia de un hombre que fue atrapado en su casa por una fuerte inundación. Se desbordó el río que corría cerca de su pueblo, y la policía estaba evacuando a todos los habitantes. No obstante, el hombre insistió en quedarse en su casa. -Dios me va a rescatar, -insistió. Las aguas turbadas del río seguían subiendo, alimentadas por torrenciales lluvias. Llegaron hasta el portal de la casa del hombre, y el único medio de transporte viable eran las lanchas que ahora navegaban las calles. En una de ellas un guardia civil se aproximó a la casa y grito al hombre por un altoparlante: -Estamos evacuando el área. Venga con nosotros a tierra seca.- -No, -respondió, -Dios me va a salvar.- Había otros en necesidad de rescate, y el guardia civil se retiró. Mientras tanto, las aguas seguían subiendo. Finalmente, el hombre se tuvo que refugiar en el techo de su casa. Las aguas estaban mojándole los zapatos cuando un helicóptero voló por encima de su cabeza. Era un helicóptero de la fuerza aérea, mandado para evacuar a los que quedaban en el área. Una soga bajó, y una voz gritó, -¡Agárrese de la soga!- El hombre se negó, insistiendo, -Dios me va a salvar.

Al fin, las aguas subieron a tal punto que el hombre se ahogó. Era creyente, y se fue al cielo. Cuando llegó a la presencia de Dios, le preguntó, -Yo confié en ti, pero no me rescataste. ¿Qué pasó? Dios le respondió, -Te mandé un policía en un carro, un guardia civil en una lancha, y un piloto de la fuerza aérea en un helicóptero. ¿Qué más querías?

Esta historia chistosa y, por supuesto, ficticia ilustra un punto muy grave. Este hombre murió porque no supo reconocer el rescate que Dios le ofreció. Dios ha puesto la salvación al alcance de todos nosotros. El mensaje que él tiene para nosotros en esta mañana es éste: No desprecies la salvación que Dios te ofrece. No menosprecies su oferta de salvación. Veamos si hay razones para decir esto.

Lectura: 1 Pedro 1:10-12

1:10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,
1:11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.
1:12 A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.

La salvación es una cosa tan grandiosa e increíble que existe un gran peligro de que nosotros la despreciemos. El autor de la carta a los Hebreos dice: ¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? (Heb. 2:3) Existe un gran peligro en despreciar la oferta de rescate que Dios nos ha hecho. Y éste es un peligro no solamente para la persona que tambalea entre sí y no; es un peligro para quienes pensamos haber recibido esta salvación, pero no le damos la importancia en nuestras vidas que debería tener. Más adelante vamos a hablar en términos más específicos de cómo esto puede suceder.

Primero, sin embargo, Dios nos quiere convencer que esta salvación realmente vale la pena. Él nos muestra que esta salvación es digna de nuestra atención completa dándonos dos fuertes razones para valorarla.

I. No desprecies la salvación, pues los profetas anhelaban conocer lo que tú conoces (v. 10-12a)

Por más de mil años antes de la venida de Cristo, Dios estaba anunciando la venida del Mesías al mundo por medio de sus profetas. Éstos recibieron revelaciones de diferentes aspectos de la obra del Mesías que venía, pero no recibieron una revelación completa - y desearon ver la perspectiva completa.

El deseo de los profetas por entender lo que ellos mismos profetizaban se ilustra perfectamente en la vida de Juan el Bautista. Miremos por un rato en Lucas 7 para ver esto.

7:18 Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,
7:19 y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?
7:20 Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?
7:21 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.
7:22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;
7:23 y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

Juan el Bautista no está seguro si Jesús es el esperado; está viendo los sucesos, pero tiene dudas. Otros profetas: señalaban hacia alguien que venía desde lejos. Juan: señaló a Jesús en su misma presencia (bautismo), y sin embargo todavía tiene dudas si él es el Mesías. Claramente: los profetas tenían sólo una idea nebulosa de lo que anunciaban

7:24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ta¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
7:25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.
7:26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
7:27 Este es de quien está escrito:
He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante de ti.

7:28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.

Juan el Bautista fue el más grande de los profetas; mostró todas las cualidades de un profeta con excelencia; sin embargo, su posición en la historia de la redención lo pone a una gran desventaja a comparación con nosotros, pues no llegó a ver la terminación de la obra redentora de Cristo.

Esta experiencia de los profetas que anunciaron la venida de Cristo es como la experiencia que todos hemos tenido de darle una ojeada a algo y querer ver más. Quizás vemos la cara de alguna mujer en una multitud, y quisiéramos hablar con ella - pero desaparece en el gentío. Quizás vemos un carro clásico o deportivo que quisiéramos examinar detenidamente, pero el tráfico no nos permite - y lo perdemos. Quizás vemos algún artículo en la tienda que nos llama la atención, y cuando regresamos con dinero para comprarlo ya no está. Así los profetas veían la venida de Cristo, como algo elusivo y distante - y deseaban verlo en su totalidad.

Pero, ¿qué es lo que veían? ¿Cuál es la salvación anunciada por ellos, que no debemos de despreciar?

Consiste en 2 cosas: los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían después (v. 11). Quizás la profecía más clara acerca de esto se encuentra en Isaías 53. Esta profecía, hecha más o menos 700 años antes de la venida de Cristo, señala claramente lo que él venía a hacer. (Leer verso 1-12).

Esto es el corazón de la vida cristiana: sufrimiento y gloria. Cristo sufrió para pagar la paga de nuestros pecados, y luego resucitó en gloria y ascendió al cielo para reinar. Por fe en Cristo, nosotros disfrutamos de los beneficios de su sacrificio - perdón, reconciliación con Dios, seguridad para el futuro - aunque también tengamos que sufrir aquí en esta tierra por nuestra fe, sabemos que habrá gloria después.

Si nos imaginamos a toda la historia humana como una gran multitud de gente, viviendo sus vidas desde horizonte a horizonte; naciones que toman poder y luego caen; grandes autores, políticos, y artistas que son olvidados después de su muerte; sobre todo este cambio y estas vicisitudes se eleva la cruz de Cristo. Éste es el evento central en la historia humana, pues sin este evento la posibilidad de una relación entre Dios y los hombres no existiría. Ya que Cristo ha muerto y resucitado, está abierto el camino a Dios. Sólo tenemos que tomarlo, aceptándole por fe.

Como dijo él, si un grano de trigo no cae al suelo y muere, no puede rendir fruto. Pero cuando muere, produce grande cosecha. Así también, Cristo ha muerto para rendir una gran cosecha de almas salvadas por fe en él. Y así como su muerte y resurrección forman el evento más significativo de la historia humana, también nuestra aceptación de sus beneficios forma el evento más significativo en nuestras vidas.

Por esto, es tan importante no despreciar esta salvación. Nosotros sabemos lo que los profetas sólo se podían imaginar. Sabemos cómo vino Cristo, cómo vivió, qué enseñó, cómo murió, y cómo resucitó para ascender y reinar en lo alto. Ya que sabemos estas cosas, no las ignoremos. Démosle a Cristo la importancia que él se merece. Gocemos del perdón de Dios, acercándonos a él diariamente. Confiemos en él para todo, y esforcémonos en hacer su voluntad. ¡No desprecies esta salvación, acerca de la cual sabes tanto más que los profetas!

Hay una segunda razón:

II. No desprecies la salvación, pues los ángeles anhelan conocer lo que tú conoces

Aun los ángeles desean indagar en lo que nosotros hemos oído en la predicación del evangelio. Esta es la salvación que nos ha sido revelada en la predicación del evangelio.

Esta salvación que se hizo real hace 2000 años en la persona de Cristo ahora nos confronta en la predicación del evangelio. El Espíritu Santo es la persona que da poder y autoridad a la proclamación de este mensaje. La predicación del evangelio es más que un mensaje humano; es la proclamación divina. Dios mismo nos habla a través de la predicación de la Palabra. Es por esto que Pablo puede decir, en 2 Cor 5:20, Somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.

Cualquier predicador, por más aburrido que sea, que predica la Palabra del evangelio en el poder del Espíritu, es un mensajero de Dios. Y por esto, es algo muy serio despreciar la salvación que ellos anuncian.

Es como la persona que ignora las cartas de la financiera, pidiendo pagos de algún préstamo. Ellos dicen, Que ellos mismos me vengan a hablar; yo no respondo sino a la persona encargada. ¡Cuando llega esa persona va a ser para llevarse lo financiado! Hay que prestar atención a los mensajes que recibimos - y ¡cuánto más cuando son mensajes departe de Dios!

Y vemos la importancia de este mensaje divino en el deseo de los ángeles. Los mismos ángeles quisieran saber lo que nosotros sabemos acerca de la salvación. Esto no significa que ellos no conocen los hechos, que no vieron cuando Cristo murió, o que no los entienden. Más bien, indica que ellos no pueden participar en la salvación. Aparentemente, por razones que sólo él sabe, Dios no ha ofrecido la salvación a los ángeles. Los que se rebelaron con Satanás fueron condenados sin posibilidad de arrepentimiento, y los que están con Dios todavía son los que mantuvieron fieles a él a través de todo.

Esto significa que los ángeles del cielo, seres poderosos y sublimes, quisieran experimentar lo que nosotros podemos vivir - el perdón de Dios a través de Cristo. Ningún ángel del cielo sabe lo que es ser perdonado. ¡Tú puedes vivir algo que les es negado a los ángeles!

¿Cómo, entonces, despreciar o descuidar esta oferta de salvación que Dios te hace? ¿Cómo podemos hacer excusas para no recibirla? ¿Cómo podemos esperar para recibirla cuando no sabemos si llegará el mañana? Cristo tiene suficiente poder como para salvarte ahora y guardarte después, no importa lo que sucede en tu vida. No desprecies esta oportunidad de recibir lo que ni siquiera los ángeles pueden conocer.

Conclusión

Tienes la oportunidad de conocer lo que Isaías, Miqueas, y Juan el Bautista sólo podían soñar. Tienes la oportunidad de experimentar lo que los ángeles quisieran vivir. Creyente, no desprecies la salvación que has recibido. ¿Piensas que para alcanzar la felicidad necesitas un vestuario nuevo, un físico más atractivo, un trabajo más fácil? Lo que realmente necesitas es más de Cristo. ¿Piensas que puedes vivir como te dé la gana, sin amar a otros, sin compartir el evangelio, sin servir a Dios? No desprecies la salvación, y lo que le costó a Dios dártela. Quizás la salvación ya no te emociona ni te motiva como antes. No desprecies a tu Señor.

Y tú que todavía no has aceptado la salvación: Dios te invita hoy. Él está dispuesto a recibirte con sólo una condición: que te arrepientas de tus pecados y pongas tu confianza en Cristo. Él murió por ti. Él ahora reina sobre el universo, y un día regresará para establecer su reino visiblemente aquí en la tierra. Él te invita hoy a ser parte de ese reino. No desprecies la salvación que Dios te ofrece. Acéptala hoy.

Cuando vemos a alguna estrella del deporte usar una marca de zapatillas, queremos usar la misma marca. Cuando vemos que alguna estrella de cine usa equis marca de pasta dental, corremos a la tienda para comprarla. Pero podemos tener algo que los ángeles sólo sueñan con tener - la gran alegría del perdón de Dios.

Si no lo has recibido, acéptalo hoy. Te hablo a ti que sientes el impulso del ES en tu corazón. Deseas la salvación. Cristo te espera con brazos abiertos; no lo rechaces más. Acepta hoy esta salvación tan gloriosa.


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