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Domingo 19 de Agosto del 2001

Equipo para el viaje
Pastor Tony Hancock

Introducción

El siglo pasado fue el siglo de la conquista. Se conquistó el Monte Everest. Se conquistó el Polo Norte. Se conquistó la luna. En cada uno de estos momentos de gran conquista, millones de personas se emocionaron, pues el hombre estaba demostrando su habilidad, dada por Dios, de subyugar la naturaleza.

Sin embargo, ninguno de estos grandes logros vino sin costo. El equipo que finalmente llegó a la cima del Monte Everest tuvo que llevar grandes cantidades de comida, ropa especial para el frío, guías que conocían el área, y tenían que estar en buena condición física para superar el cansancio. De igual manera, varias personas perecieron en su esfuerzo de llegar al Polo Norte por falta de preparación antes de que un equipo finalmente llegara. Y el primero hombre que caminó en la luna tuvo que entrenar por años, estudiar la aeronáutica, y llevar un equipo muy especial para quedar vivo en el ambiente frío y muerto del espacio sideral.

La vida cristiana, en un sentido muy básico y primordial, es un viaje. No es como la conquista del Monte Everest, un asalto al cielo, hecha por poder e ingenuidad humana. Es más bien un viaje en el cual Dios da el poder. Es él quien nos ha llamado a llegar - él nos extendió la invitación. Es él quien nos ha pagado el pasaje de ida. Es él quien nos cuida en el viaje.

Y sin embargo, para que nosotros podamos llegar bien, hay tres cosas que nos tienen que acompañar en este viaje. Vamos a llamarlos 3 piezas de nuestro equipo. Éstas son las tres cosas que nosotros como humanos necesitamos para completar bien ese viaje y llegar seguros. Vamos a verlos en nuestro pasaje.

Lectura 1 Pedro 1:3-9

1:3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,
1:5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
1:6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,
1:7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,
1:8 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;
1:9 obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

Los que somos creyentes formamos parte del pueblo escogido de Dios, que vive por ahora lejos de su patria. Veamos cómo es que podemos vivir en este mundo que no es nuestro hogar, viajando bien en nuestro trayecto hacia nuestro hogar celestial. La primera pieza de nuestro equipo, el primero requisito para el viaje, es éste:

I. El viaje requiere la esperanza (3-4)

Se ha dicho que cuando perdemos la esperanza empezamos a morir. Nosotros como creyentes tenemos una esperanza segura, y esta esperanza es nuestro ímpeto. Es lo que nos empuja hacia la meta. Es como la gasolina en el carro. Esta esperanza tiene una base:

A. La base de la esperanza es la resurrección de Cristo

Noten la importancia que tiene la resurrección de Cristo; mediante ella es que Dios nos ha dado la nueva vida que disfrutamos como creyentes. Ese momento en el que Cristo salió de la tumba fue el momento decisivo para nosotros. En otro lugar, Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales. (1 Corintios 15:17, 19)

La razón es que la resurrección de Cristo es la vindicación de él y de su obra. Al resucitar a Cristo, Dios comprobó que lo que él dijo e hizo fue verdad. En su resurrección, él triunfó sobre la muerte y el diablo que lo trataron de vencer. Si Cristo no hubiera vencido la muerte, nosotros no tendríamos ninguna garantía de poder hacerlo tampoco. Pero si estamos en Cristo, si formamos parte de su cuerpo por medio de la fe, entonces en él ya lo hemos vencido. Ya somos parte del lado ganador.

Hay muchas personas que tienen esperanzas sin base. Alguien compró recientemente un disfraz de Supermán. Al abrir el paquete, encontraron la siguiente nota: AVISO: el uso de esta capa no le dará el poder de volar. ¡Qué desilusión! ¡Cuántas personas habrán comprado el disfraz pensando que así podrían volar como Supermán!

Nuestra esperanza, en cambio, tiene una base. Es la resurrección de Cristo. Y tendrá un glorioso resultado también:

B. El resultado de la esperanza es la herencia del creyente

Dios nos promete una herencia eterna. Esta herencia nunca se podrá destruir, nunca se volverá impura o inmunda, es para siempre. La idea de una herencia trae a nuestra mente la herencia de los israelitas en la tierra prometida. Cada familia tenía un pedazo de terreno que era su herencia. Sería suyo por siempre. Sin embargo, esta herencia se podía perder. Las familias se endeudaban y perdían su herencia. Finalmente, a raíz de la desobediencia del pueblo, fueron deportados y perdieron su herencia.

Nosotros estamos recibiendo una herencia mucho mejor que la de ellos. Para nosotros, habrá un lugar en el cielo, en la misma presencia de Dios. Nunca perderemos ese lugar. Nunca tendremos que poner pesticidas porque nuestro hogar celestial se llenó de cucarachas, ni sufriremos el robo, ni se destruirá nuestro hogar en fuego. Más bien, recibiremos un lugar eterno. Recibiremos también cuerpos nuevos, cuerpos que jamás se enfermarán, jamás caerán en pecado, jamás sentirán dolor. Ésta es nuestra herencia, lo que esperamos cuando Cristo regrese.

¿Cómo puede crecer nuestra esperanza? ¿Cómo podemos vivir de día en día en esta esperanza?

  1. Medita en lo que te espera. Lee Apocalipsis 21 y 22, y piensa en las glorias que te esperan.
  2. Relaciona el presente con el futuro. Cuando disfrutas de alguna bendición de Dios aquí en la tierra, piensa que el cielo será mucho más glorioso. Cuando sufres alguna pena, recuerda que en el cielo no habrá llanto. Así podrás viajar con esperanza al caminar por esta tierra.

Necesitamos una segunda pieza de equipo también.

II. El viaje requiere la fe (5-7)

Si vamos a caminar como creyentes hacia nuestra herencia futura, necesitamos fe en el presente. Esta fe tiene una función muy importante. Si la esperanza es la gasolina que nos impulsa a seguir adelante, la fe es la defensa que nos protege.

A. La función de la fe es la protección

La fe, según el v. 5, es el instrumento que Dios usa para protegernos. El diablo nos quiere conquistar. Él quiere usar nuestra debilidad humana para llevarnos para abajo. Dios, en su plan de salvarnos, a puesto a la fe como nuestra protección.

La fe, entonces, no es un evento momentáneo. No es algo que tuvimos. Es algo que tenemos. Tiene que ser nuestro diario caminar. Tiene que ser nuestro diario vivir, andar en fe y no por vista.

En América Latina, los ricos viven con muchas protecciones contra el hurto y los secuestros. Cada carro tiene alarma, y muchos están hechos a prueba de balas. Cada hogar tiene cercas, rejas, cierres especiales, perros feroces, y guardias para la protección de sus habitantes. Sin embargo, con tantos modos de protegerse, hay muchas personas secuestradas cada año.

Nuestra protección contra nuestro enemigo es muy simple - y es impermeable. Es la fe. La fe es, muy simplemente, nuestra confianza en que Dios hará lo que él ha prometido. Es nuestra seguridad de que Dios es bueno, que él nos ama, que nos ha perdonado por medio del sacrificio de Cristo, y que es nuestro Padre. Y esta fe tiene un resultado:

B. El resultado de la fe: la salvación

Ver el v. 9 - La salvación, aquí, es futura. La Biblia ve la salvación en 3 sentidos: pasado, presente, y futuro. Aquí está en vista el sentido futuro, cuando Cristo regresará, seremos transformados, y todos los enemigos de Dios serán destruidos.

Pero por lo pronto, como vemos en los vv. 6-7, nuestra fe se está probando. A través de las pruebas, se demuestra si nuestra fe de veras es fe. Es muy probable que los lectores originales de esta carta sufrieran persecución por su fe. Las personas les acusaban falsamente, y ya que su religión era ilegal, no tenían manera de defenderse. Puede ser que nosotros no suframos de esa manera, aunque muchos sí. Pero hay otras pruebas a nuestra fe. Está la prueba del materialismo. Nuestra cultura nos llama a creer que este mundo es todo lo que existe, que Dios es simplemente una idea bonita pero no existe en la realidad, y que lo mejor que podemos hacer con la vida es gozarla desenfrenadamente porque no hay ninguna otra realidad. Ésta es también una prueba a nuestra fe, y si nos mantenemos fieles a Dios, en el día final, seremos vindicados. Todos los que se reían de nosotros por ser cristianos, aleluyas, hermanos, se tendrán que callar en el día que Cristo regrese (v. 7).

¿Cómo puede crecer nuestra fe?

  1. Medita en las realidades invisibles.
  2. Habla con Dios a menudo.
  3. Rechaza conscientemente las apariencias.

Hay una tercera pieza de equipo:

III. El viaje requiere el amor (8-9)

Si la esperanza es la gasolina que nos impulsa, y la fe es la defensa o protección, el amor es el volante que nos dirige. Es lo que nos apunta hacia el verdadero norte. Pero el amor es una idea tan aguada en nuestro día. El amor, para muchas personas, no es más que la lujuria. Para otros es un sentimiento bonito. El amor que aquí tenemos en vista es algo muy específico, con un objeto y un resultado.

A. El objeto del amor: el Cristo invisible

Aquí tenemos un problema: es tan difícil para nosotros amar a alguien que no hemos visto. Nos basamos tanto en las apariencias. Pero nuestro amor por Cristo tiene una razón muy especial: es el hecho de que él nos amó primero y se dio por nosotros en la cruz. Él mismo dijo, No hay amor más grande que éste, que un hombre dé la vida por sus amigos. Y es precisamente lo que él ha hecho, y es la razón que tenemos para amarle.

Nadie sabe cuál era la apariencia de Jesús. Ninguno de nosotros puede mostrar alguna foto de él. Cuando meditamos en lo que él ha hecho, cuando nos damos cuenta del gran sacrificio que hizo en nuestro lugar, cuando pensamos en la profundidad de nuestro pecado y la inmensidad de su sacrificio por nosotros, no hay otra respuesta más que amarle a él también.

Y sabiendo lo que él ha hecho, nosotros le amamos también - sin haberlo visto. Y el resultado de este amor:

B. El resultado del amor: el regocijo

¿Cómo es posible que nos regocijemos en medio de los sufrimientos? ¿Es éste alguna especie de amor masoquista, que se deleita en el sufrimiento? Claro que no. El gozo viene del futuro seguro. Es comparable a la emoción que sienten dos amantes que han sido separados por algún tiempo. Hay pena en la separación, pero al pensar en esa futura reunión hay un gozo indescriptible, pues el gozo de la presencia del otro eclipsa todo lo demás. Así también, nosotros sufrimos ahora en este mundo, que ha sido tan afectado por el pecado; pero nos gozamos al pensar en ese momento de reunión con nuestro Señor, el que nos ha amado más que cualquier otro, el que mostró su amor hasta el final. Un día nuestro Señor regresará por su novia, la iglesia - quienes somos nosotros, y es la esperanza gloriosa de esa reunión que da sentido a nuestra vida cristiana aquí y ahora.

¿Cómo puede crecer nuestro amor?

  1. Medita en lo que Cristo hizo por ti.
  2. Decide cómo vas a responder a ese amor, hoy, de una manera práctica. ¿Qué puedes hacer para Jesús para mostrarle tu amor?

Conclusión

Vamos viajando hacia un glorioso destino. Un día, yo iba manejando hacia la casa - cuando el motor empezó a perder fuerza. De momento se detuvo por completo el carro, y el acelerador no respondía. El indicador me decía que ya no había gasolina en el tanque, y me quedé al lado de la carretera. ¿Cómo vas tú en las 3 cosas que necesitas para tu viaje al cielo? ¿Te está impulsando la esperanza? ¿Te está protegiendo la fe? ¿Te está guiando el amor? Deja que el Señor te hable acerca del área de más necesidad en tu vida, y decide que vas a seguir los pasos.

Pero quizás nunca has empezado el viaje. Hoy lo puedes empezar.


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