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Domingo 29 de Abril de 2018

Realizar la visión
Pastor Tony Hancock

Quiero que te imagines, por un momento, a todos los animales que se tuvieron que subir al arca de Noé para ser salvos del diluvio. Por aquí vienen los dos búfalos, a todo galope. Por acá llegan corriendo los leones. Por este lado trotan las jirafas. Todos estos animales aprovechan su rapidez para llegar al arca.

Y ¿qué del pobre caracol? ¿Cómo habrá llegado este animal al arca a tiempo para refugiarse de las aguas? El gran predicador Carlos Spurgeon comentó una vez que el caracol llegó al arca porque tenía persistencia. Hay muchas cosas que se logran en la vida porque alguien simplemente se resiste a darse por vencido.

La semana pasada hablábamos acerca de vivir con visión. Encontramos en la vida de Nehemías algunas claves para encontrar una visión que vale la pena. Nuestra visión espiritual se aclara por medio de la oración. Cualquier visión tiene que basarse en las verdades de la Biblia. Esta visión nos lleva a grandes logros, si trabajamos en el poder de Dios.

Pero muchas veces es fácil captar una visión y entusiasmarnos por algo que se puede hacer, sin tener la persistencia para realizar esa visión. ¿Qué nos falta? Vamos a continuar con el ejemplo de Nehemías para encontrar algunas de las cosas que Dios usó en su vida para llevarlo hacia la realización de su visión.

Yo sé que Dios nos está dando visión para nuestras familias, para nuestras vidas individuales y para nuestra Iglesia. ¿Nos quedaremos a medio camino? ¿O seremos como el caracol que persistió hasta llegar al arca? Leamos Nehemías 2:11-20 para encontrar algunas de las claves para realizar la visión:

2:11 Tres días después de haber llegado a Jerusalén,
2:12 salí de noche acompañado de algunos hombres, pero a ninguno de ellos le conté lo que mi Dios me había motivado hacer por Jerusalén. La única bestia que llevábamos era la que yo montaba.
2:13 Esa noche salí por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y la puerta del Basurero. Inspeccioné las ruinas de la muralla de Jerusalén, y sus puertas consumidas por el fuego.
2:14 Después me dirigí hacia la puerta de la Fuente y el estanque del Rey, pero no hallé por dónde pasar con mi cabalgadura.
2:15 Así que, siendo aún de noche, subí por el arroyo mientras inspeccionaba la muralla. Finalmente regresé y entré por la puerta del Valle.
2:16 Los gobernadores no supieron a dónde fui ni qué hice, porque hasta entonces no había dicho nada a ningún judío: ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los gobernadores ni a los que estaban trabajando en la obra.
2:17 Por eso les dije: -Ustedes son testigos de nuestra desgracia. Jerusalén está en ruinas, y sus puertas han sido consumidas por el fuego. ¡Vamos, anímense! ¡Reconstruyamos la muralla de Jerusalén para que ya nadie se burle de nosotros!
2:18 Entonces les conté cómo la bondadosa mano de Dios había estado conmigo y les relaté lo que el rey me había dicho. Al oír esto, exclamaron: -¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra.
2:19 Cuando lo supieron, Sambalat el horonita, Tobías el oficial amonita y Guesén el árabe se burlaron de nosotros y nos preguntaron de manera despectiva: -Pero ¿qué están haciendo? ¿Acaso pretenden rebelarse contra el rey?
2:20 Yo les contesté: -El Dios del cielo nos concederá salir adelante. Nosotros, sus siervos, vamos a comenzar la reconstrucción. Ustedes no tienen arte ni parte en este asunto, ni raigambre en Jerusalén. (NVI)

Dios había llamado a Nehemías a organizar la obra de reconstruir el muro. Le había dado favor ante los ojos del rey, quien le brindó su apoyo en la reconstrucción. Después de mucha preparación y un largo viaje, Nehemías había llegado a Jerusalén para realizar la visión que traía en su corazón. ¿Qué hizo primero?

Seguramente convocó a toda la gente para compartirles su visión y ponerse a trabajar, ¿verdad? ¡No había tiempo que perder! No, eso no es lo que hizo Nehemías. Llegó a Jerusalén, se recuperó del viaje, y luego, sin decirle nada a nadie, salió para inspeccionar los muros caídos. La primera cosa que hizo fue investigar la situación.

Salió de noche con pocos hombres, para no llamar la atención. No llevaban muchos animales. El muro estaba tan destruido que ni siquiera era posible rodear toda la ciudad, pero Nehemías lo examinó lo suficiente como para saber cuál era su situación y qué es lo que se tenía que hacer.

Si queremos realizar una visión que Dios nos da, la primera cosa que tenemos que hacer es investigar la situación. No podemos simplemente lanzarnos a lo loco. Dios mismo, cuando envió a su Hijo para salvarnos, preparó el camino. Gálatas 4:4 dice: "Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo..." Dios vio la situación del mundo, y escogió el momento ideal para enviar a su Hijo Jesús.

No es una falta de fe tomar tiempo para investigar la situación antes de tomar acción. Por ejemplo, si tienes la visión de que tus hijos estudien, ponte a investigar lo que será necesario. ¿Cuánto costará? ¿Dónde pueden estudiar? ¿Cuáles son sus opciones? No te quedes con los brazos cruzados. Investiga la situación.

Como Iglesia, nos encontramos orando acerca de la construcción de un nuevo edificio. Tenemos que empezar con la oración, pero también debemos estar investigando. ¿Cuáles terrenos están disponibles? ¿Quiénes nos podrán ayudar con la construcción? ¿Cuánto nos puede costar? Para realizar la visión, tenemos que investigar la situación.

La segunda cosa que descubrimos en el ejemplo de Nehemías es que él reunió a sus colaboradores. Después de ver cómo estaban las cosas en el lugar, convocó a los gobernadores, los sacerdotes y los nobles para hablarles de lo que se tenía que hacer. Ya era hora de compartir la visión. Nehemías les mostró claramente qué es lo que estaba pasando, y qué se podía hacer al respecto.

Hay muy poco que podamos lograr en la vida por nuestra propia cuenta. Cuando nos unimos a otros para lograrlo, sin embargo, todo se vuelve posible. Por eso nos hace falta reunir a los colaboradores que nos ayudarán, el equipo que trabajará con nosotros.

Es interesante observar cómo animó Nehemías al grupo que había reunido. El les contó lo que Dios había hecho para que él pudiera regresar a la tierra y comenzar esta obra. En otras palabras, dio su testimonio de lo que Dios había hecho cuando él habló con el rey. Animó a la gente mostrándoles lo que Dios podía hacer.

Una realidad acerca de la visión es que la visión se fuga. Es como el agua en un balde con un pequeño agujero en el fondo. Si quieres que el balde se mantenga lleno, tienes que rellenarlo constantemente. De igual modo, si queremos mantener la visión, tenemos que animar a nuestros colaboradores con la visión de lo que Dios puede hacer.

Por ejemplo, si tú tienes una visión para el crecimiento espiritual de tus hijos, debes animarlos a confiar en lo que Dios puede hacer. Una de las mejores maneras de hacer esto es con tu propio testimonio de lo que Dios ha hecho en tu vida. También es bueno que escuchen los testimonios de misioneros y otros siervos del Señor.

Cuando tuvimos nuestra conferencia reciente de misiones, me dio gusto ver cuántos de ustedes trajeron a sus hijos para escuchar a los misioneros. Es importante para ellos, porque así se va creando en ellos la visión de lo que Dios puede hacer en sus vidas también.

Lo mismo se aplica a cualquier posición de liderazgo en la Iglesia o en cualquier otra organización. Es necesario reunir a tus colaboradores, compartir la visión y estarles animando a confiar en Dios. De otro modo, lo que comienza con mucho entusiasmo pronto se quedará en veremos.

Hay una cosa más que hizo Nehemías. Enfrentó la oposición. A los vecinos de los judíos no les agradó la idea de que se reconstruyeran los muros de Jerusalén. Ellos estaban contentos con la situación actual. Dominaban el comercio en aquella zona, y les convenía que Jerusalén se quedara en ruinas.

Imagina si tuvieras una tiendita en tu barrio, con otra tiendita a dos cuadras. Una noche, por casualidad, se quema la otra tiendita. ¡Ahora todos tienen que comprarte a ti! No hay opción. Pero de repente, empieza a correr el rumor por la vecindad de que se va a reconstruir esa tienda. ¿Cómo reaccionas?

Si eres una persona de buen corazón, te da gusto saber que tus vecinos se van a recuperar de su pérdida, aunque a ti te cueste un poco. Pero si piensas egoístamente, harás todo lo posible para evitar que se reconstruya esa tienda. No querrás perder a tus clientes.

Los vecinos de Nehemías respondieron de la segunda forma. No querían perder su posición, así que comenzaron a oponerse a la obra de reconstrucción. ¿Cómo respondió Nehemías? ¿Se sorprendió? ¿Se desanimó? Más bien, expresó su confianza en Dios y continuó con el trabajo de reconstrucción.

A veces pensamos que, si estamos haciendo la voluntad de Dios, no debemos enfrentar oposición. Todo nos debe ir bien. Dios nos abrirá camino, y cualquier obstáculo se caerá frente a nosotros. Cuando enfrentamos problemas y obstáculos, nos desanimamos y pensamos que algo está mal.

Pero si consideramos la vida de nuestro Señor Jesús, descubrimos que las cosas no funcionan así. El vivió haciendo exactamente lo que su Padre le había mandado, pero aun así enfrentó muchas clases diferentes de oposición. Las personas malinterpretaron sus intenciones, hablaron mal de El y lo buscaron sólo por conveniencia personal.

Por su perseverancia, Jesús logró la salvación de millones de personas y recibió el nombre que está por encima de todo nombre. Si nosotros queremos realizar la visión que Dios tiene para nosotros, también tenemos que estar dispuestos a enfrentar la oposición. No nos debe sorprender ni asustar.

Lo bueno es que podemos confiar en Dios cuando enfrentamos la oposición. Dios no nos librará de toda prueba o de toda oposición, pero nos sostendrá y nos defenderá en medio de la prueba. El es nuestro protector. Cuando la gente quiere desanimarnos, El será nuestro refugio. Cuando la situación nos quiere tumbar, El será nuestro brazo fuerte.

En la historia de Nehemías vemos lo que Dios puede hacer con un hombre dispuesto a realizar una visión. Quizás tú dirás: No soy ningún Nehemías. No tengo sus ventajas. Pero si tú puedes persistir, como el caracol que llegó al arca de Noé, Dios puede usarte. Se logra mucho más por la persistencia que por la astucia.

Un joven hablaba con una creyente anciana. Le decía que ya quería tirar la toalla, porque parecía que nada le salía bien. La anciana le sonrió, y luego le comentó: "¿Te has dado cuenta de algo? Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que volvieran a tirar sus redes al mar, fue en el lugar preciso en que habían estado pescando toda la noche sin resultados." ¡Entonces se dio la pesca milagrosa!

¡No te rindas! No te desanimes en la obra que Dios te encomienda. Si Dios te ha dado alguna visión para lograr, investiga la realidad. Investiga la situación. Reúne a tus colaboradores, y comparte con ellos la visión. No te sorprenda cuando enfrentes la oposición; confía en Dios para seguir adelante y superarla. Entonces podrás glorificar a Dios cuando veas que la visión se convierte en realidad.


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