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Domingo 9 de Agosto de 2015

El poder de la imitación
Pastor Tony Hancock

Durante muchos años, la ciudad de Monterey en California era un paraíso para los pelícanos. Al procesar el pescado, los pescadores les tiraban los desperdicios a los pelícanos. Las aves engordaron con tanta comida. Empezaron a volverse flojos, porque ya no les era necesario pescar su propio alimento.

Con el tiempo, sin embargo, la industria pesquera descubrió un uso para los desperdicios que antes habían alimentado a los pelícanos. En lugar de tirárselos a las aves, se procesaban para otros usos. Los pelícanos ya no tenían una fuente de comida fácil. ¡Ya no sabían pescar! Las pobres aves empezaron a enflaquecer, y algunas se murieron de hambre.

Este problema ecológico se resolvió de manera interesante. Las autoridades trajeron algunos pelícanos del sur del estado, que estaban acostumbrados a pescar su propio alimento. Los colocaron entre los pelícanos que se morían de hambre, y pronto comenzaron a pescar. Dentro de poco, los pelícanos nativos los imitaron. Pronto, todos los pelícanos estaban pescando, y la hambruna se acabó.

En este caso, la imitación fue literalmente la diferencia entre la vida y la muerte. Para el cristiano también, la imitación es algo muy poderoso. Sin embargo, vivimos en un mundo que desprecia la imitación. "Yo no imito a nadie", dice la gente. "Soy mi propia persona." Pero la imitación tiene un aspecto muy positivo. Si no queremos imitar los buenos ejemplos, estamos perdiendo una clave importante para nuestro crecimiento y desarrollo.

Volvamos a 1 Tesalonicenses 1:4-10 para ver más:

1:4 Hermanos amados de Dios, sabemos que él los ha escogido,
1:5 porque nuestro evangelio les llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien.
1:6 Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo.
1:7 De esta manera se constituyeron en ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
1:8 Partiendo de ustedes, el mensaje del Señor se ha proclamado no sólo en Macedonia y en Acaya sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado su fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada.
1:9 Ellos mismos cuentan de lo bien que ustedes nos recibieron, y de cómo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero,
1:10 y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero.

La semana pasada, vimos aquí la seguridad que podemos tener como creyentes en Jesucristo. Hoy vamos a ver cómo podemos crecer y desarrollarnos plenamente. Cuando aceptamos a Cristo, comenzamos una vida nueva. Nacemos de nuevo. Espiritualmente somos niños.

¿Te has dado cuenta cómo aprende un niño? Aprende por medio de la imitación. Cada niño quiere ser como su papá, por lo menos hasta que llegue a la adolescencia. Un niño fue a la peluquería con su papá y le dijo al peluquero que quería que le cortara el cabello como lo tenía su padre. Sin embargo, cuando el peluquero terminó de cortarle el pelo, el niño no estaba conforme. ¡No había quedado bien de arriba!

Por fin, el peluquero se dio cuenta de lo que había sucedido. El papá del niño tenía una calva. El niño quería tener una sección del cuero cabelludo sin pelo también. Nos reímos de la manera de pensar del niño, pero demuestra una gran sabiduría. En lugar de seguir su propio camino, él quería aprender del ejemplo de su padre.

Si tienes hijos pequeños, no menosprecies el deseo que tienen tus hijos de pasar tiempo contigo y copiarte. Es un deseo saludable. Más bien, mientras tengas la oportunidad, muéstrales un buen ejemplo de lo que es ser hombre. Ellos lo aprenderán viéndote trabajar, yendo a pescar o al partido, y en general, observando tu manera de comportarte.

Así como los niños aprenden de sus padres, todos tenemos la necesidad de aprender de buenos ejemplos. A los tesalonicenses que se habían convertido, el apóstol Pablo les dice: "Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor". ¿A quiénes imitaron? Al apóstol Pablo y sus compañeros, y por medio de ellos, al Señor Jesús.

Algunas personas dirían quizás: "No me imites a mí. Sólo imita a Jesús." Pero el apóstol Pablo no pensaba así. El reconocía que nos hace falta ver ejemplos vivos, personas con quienes nos podamos relacionar directamente y de quienes podamos aprender. Es muy cierto que debemos imitar a Jesús, pero muchas veces comprendemos mejor quién es Jesús cuando vemos que su luz brilla en la vida de otras personas.

Hay una luz que alumbra nuestro planeta. Es la luz del sol. Durante el día, el sol nos da bastante luz para ver con claridad. Sin embargo, de noche, su luz se esconde. Dios ha puesto en el cielo nocturno otra fuente de luz. ¿Cuál es? La luna, por supuesto. En una noche despejada, la luna llena puede alumbrar con mucha fuerza.

Pero la luna no produce su propia luz. Más bien, refleja la luz del sol. En la noche, cuando no podemos ver el sol, la luna nos refleja su luz. Del mismo modo, cuando no podemos ver a Jesús, nos hace falta que otras personas nos reflejen su luz. Como la luna, nuestros ejemplos no producen su propia luz. Simplemente reflejan a nuestras vidas la luz de Cristo.

Pablo nos demuestra cómo funciona esto cuando dice, en 1 Corintios 11:1: "Imítenme a mí, como yo imito a Cristo." La luz de Jesucristo brillaba a través de Pablo - no perfectamente, por supuesto, pero con suficiente luz que él podía llamar a otros a imitar su ejemplo.

En particular, el apóstol llamó a las personas a seguir su ejemplo de santidad, de amor y de sacrificio. Nosotros hacemos bien en buscar ejemplos a nuestro alrededor que podamos seguir, sobre todo en estos aspectos. ¿A quién conoces que muestra una dedicación especial al Señor, separándose de lo mundano? Sigue su ejemplo.

¿A quién conoces que muestra el amor de Dios a los demás? Sigue su ejemplo. ¿A quién conoces que se ha sacrificado por su fe? Sigue su ejemplo. Pero creo que a veces, sin pensarlo, buscamos pretextos para no seguir los buenos ejemplos. Puedo imaginarme a alguno de los tesalonicenses decir: "Pero Pablo, ¡tú eres un apóstol! ¡Has visto a Jesucristo! ¿Cómo quieres que te imitemos?"

Todos hemos recibido al mismo Espíritu Santo, y tenemos la misma capacidad de aprender y crecer. En lugar de pensar: "¡Yo nunca podría ser así!", debemos más bien pedir la ayuda del Señor y buscar la manera de imitar a la persona que vemos. Si vemos la luz de Cristo en la vida de otra persona, tomemos la decisión de imitarla.

Cuando imitamos los buenos ejemplos que Dios nos ha dado, algo maravilloso sucede. ¡La luz de Cristo empieza a brillar a través de nosotros para alcanzar a otros también! Volviendo a 1 Tesalonicenses 1, leamos de esto en los versos 7 a la primera parte del 9.

Los tesalonicenses imitaron a Pablo, y por medio de él, a Jesucristo. Al imitarlo, ellos mismos se convirtieron en ejemplo para los creyentes de las regiones vecinas. Muchas personas transitaban por la ciudad donde ellos vivían, la ciudad de Tesalónica. Esa gente se llevaba el reporte de lo que veían en los tesalonicenses. ¿Qué reporte se llevará la gente que pasa por aquí? ¿Qué dirán de nosotros los que se van a otros lugares?

Cuando nosotros imitamos los buenos ejemplos que el Señor nos pone, nos convertimos también en ejemplos para otros. De este modo, la luz de Cristo brilla con más fuerza en la oscuridad de este mundo. El impacto de un buen ejemplo repercute de lugar a lugar, y de generación a generación.

Hace muchos años, el gobierno comunista de China contrató a un autor para escribir una biografía del misionero Hudson Taylor. Su propósito era distorsionar los hechos y hacer quedar mal a Taylor, y al cristianismo que representaba. Con el fin de escribir su biografía, el autor comenzó a investigar la vida de Taylor.

Conforme avanzaba en sus investigaciones, sin embargo, algo extraño sucedió. El autor comunista se quedó más y más impresionado por la vida de santidad y de fe que veía en Taylor. Cada vez se le hacía más difícil escribir una biografía negativa. Con el tiempo tomó una decisión que puso en riesgo su bienestar personal. Renunció al ateísmo y reconoció a Jesucristo como Señor y Salvador personal.

Aun después de morir, el ejemplo de Taylor siguió tocando vidas. Cuando tú decides seguir el buen ejemplo de otros creyentes, te conviertes también en ejemplo para otros. Sólo Dios sabe cuántas vidas podrán ser transformadas como resultado.

¿Cuáles son tus ejemplos? ¿A quiénes imitas? La imitación es clave para el crecimiento. Si quieres ser un ejemplo para otros, tienes que buscar buenos ejemplos a quienes también sigues. Pídele al Señor que te ayude a encontrar esos buenos ejemplos, y esfuérzate por seguirlos. Al hacerlo, estarás siguiendo a Cristo, porque es su luz que brilla a través de sus seguidores.


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