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Domingo 14 de Junio de 2015

Llegar al final
Pastor Tony Hancock

Un alpinista y su guía se encontraron trepando una montaña en los Alpes suizos. Debido al peligro, los vientos y la nieve, subían la montaña gateando. Fue una subida lenta y dificultosa, pero por fin llegaron a la cima. Lleno de emoción, el alpinista se puso de pie para ver el paisaje. De repente, una gran ráfaga de viento llegó y casi se lo llevó.

Su guía lo agarró de los brazos y le dijo: "¡De rodillas, señor! Aquí usted sólo está seguro de rodillas." En medio de una situación peligrosa, donde podría caerse y hasta perder la vida, la única posición segura era de rodillas. Nosotros también vivimos en un mundo peligroso. En medio de la inseguridad, la tentación y los problemas de este mundo, sólo hay una posición segura - de rodillas.

Pero ¿de qué sirve la oración? ¿Cómo debemos orar? ¿De veras nos escucha Dios? Durante las próximas semanas estaremos considerando el tema de la oración. Para muchos de nosotros, la oración se parece a comer verduras. Es una de esas cosas que sabemos que debemos hacer, pero no lo hacemos tanto como deberíamos.

Dejemos de pensar en la oración como algo que debemos hacer, pero no hacemos, y veamos lo esencial que es para poder terminar bien la carrera de la vida. Perseverar en oración es esencial para poder llegar al final. Jesús nos contó una historia que nos hace ver cómo funciona la oración en la vida del creyente.

Es la historia de una viuda que fue víctima de una injusticia. Ella necesitaba que las autoridades la defendieran, pero el juez que administraba los asuntos legales de su pueblo era un corrupto que sólo respondía al soborno. La pobre viuda no tenía dinero para sobornar al juez, así que su caso se veía muy difícil.

Ella decidió ir todos los días para verlo y pedirle que le hiciera justicia. Día tras día iba al despacho del juez y le presentaba su caso. Por fin, el juez le dio la justicia que ella deseaba. No se la dio porque le tenía temor a Dios, o porque haya tenido un cambio de corazón; simplemente decidió que no quería enfrentar el fastidio constante de la mujer que le insistía.

Este es el punto principal de la historia. Si ese juez le hizo justicia a la mujer que tanto lo necesitaba, aunque no tenía buen corazón ni le temía a Dios, ¿será que Dios no le hará justicia a su pueblo? ¿Se volverá sordo Dios al clamor en oración de quienes lo temen? ¡Al contrario! Si por la insistencia un juez malo y corrupto puede hacer justicia, ¡cuánto más el Juez justo de toda la creación lo hará!

Leamos esta historia en Lucas 18:1-8:

18:1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
18:2 diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.
18:3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
18:4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,
18:5 sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
18:6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.
18:7 ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
18:8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Algunas personas, cuando escuchan esta historia, piensan que su enseñanza es que debemos molestarle a Dios en oración hasta que El nos dé lo que queramos. Si le pedimos vez tras vez, piensa esta gente, Dios por fin nos dará lo que le estamos pidiendo.

Pero pensar así es malinterpretar lo que Jesús nos enseña. Dios no es injusto. No tenemos que molestarle para que nos dé lo que necesitamos. Más bien, podemos confiar en que El hará lo que es justo para nosotros. No es que tengamos que convencer a Dios o fastidiarlo. En lo que tenemos que imitar a esta viuda es en perseverar en la oración, en no dejar de orar nunca.

En otras palabras, Dios no es como aquel juez, pero nosotros debemos ser como aquella viuda. No tenemos que convencerle a Dios de que nos dé lo que necesitamos, pero sí tenemos que aprender a perseverar en medio de las pruebas y los problemas de este mundo con oración. Ser firmes en oración es la única manera de terminar bien la carrera.

Dios no ignora el clamor de su pueblo. El escuchó a los israelitas cuando clamaron por su dura esclavitud en Egipto. Cuando Dios le habló a Moisés, le dijo así: "Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios." (Exodo 3:9) Dios no es sordo a las oraciones que le elevamos, ni es ciego a nuestros sufrimientos.

Pero Dios también tiene su tiempo. Los israelitas sufrieron como esclavos durante muchos años, hasta que llegó el momento perfecto para que Moisés los llevara a la libertad. ¿Por qué esperó Dios tanto tiempo? ¿Qué razones tuvo? Su Palabra no nos lo dice. Sólo nos dice que El escuchó el clamor de su pueblo, y respondió. Con brazo fuerte, los libró de su esclavitud.

Como seguidores de Cristo, habrá momentos en los que nos toca sufrir a causa de nuestra fidelidad a Cristo. Por vivir una vida honrada y decente en medio de un mundo corrupto, nos criticarán y se burlarán a veces de nosotros. Algunos quizás se aprovechen de nosotros.

¿Cómo podemos mantenernos fieles a Cristo en medio de todo esto? ¿Cómo podemos evitar la tentación de regresar al mundo, o de enfriarnos? La oración es la única manera de encontrar fuerzas para seguir caminando con el Señor. Y sabemos que nuestra oración no es en vano, porque Dios nos escucha, y El responderá.

Creo que una de las estrategias más sutiles del enemigo es simplemente lograr que no oremos. El poder para vivir en victoria, el poder para recibir la vindicación y para superar los ataques del enemigo está en la oración. La oración es nuestra conexión directa con Dios. Es como el cable que enchufa algún aparato eléctrico a la toma de corriente.

Si desenchufamos el aparato, ya no tendrá poder para funcionar bien. Si nosotros nos desconectamos de Dios, no tendremos la fuerza que necesitamos para vencer al enemigo. Por esto, él siempre nos dice: "Después puedes orar. A fin de cuentas, ¿qué logras con orar? Estás muy cansado. Mejor ora mañana."

El nos trata de desanimar para que no oremos, porque él sabe que la oración es la clave para llegar al final y terminar bien. El nos trata de convencer de que, cuando oramos, no estamos logrando nada. Pero la verdad es que, si no oramos, no lograremos nada de importancia. Podemos estar muy ocupados, pero si estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para orar, toda nuestra ocupación es inútil.

Esta semana me encontré en una reunión de planificación. Muchas veces, lastimosamente, cuando nos reunimos a planear diferentes eventos, empezamos con una corta oración de rutina y luego hacemos los planes de acuerdo a nuestros propios pensamientos. Esta vez, sin embargo, decidimos separar un tiempo algo extenso para orar.

Mientras estábamos orando, varios nos sentimos guiados a orar para que tuviéramos unión en el Espíritu. Después de orar, comenzamos a planear. Fue maravilloso ver cómo Dios respondió a esa oración. En varias ocasiones, alguna persona u otra hacía alguna sugerencia, y otro decía: "¡Lo mismo estaba pensando yo!" Ese tiempo de oración nos preparó para ser guiados por el Espíritu, en lugar de simplemente seguir nuestras propias opiniones e ideas.

¿Nos escucha Dios cuando oramos? ¿Perdemos el tiempo cuando estamos orando? ¡Claro que no! Dejemos de escuchar la voz del diablo, entonces, que nos trata de convencer de que la oración es una inútil pérdida de tiempo. Aprendamos a perseverar en la oración.

Después de contar la historia de la viuda y el juez injusto, Jesús nos hace una pregunta tajante: "Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?" (v. 8). Antes de que Jesús regrese, habrá días de prueba. Pasaremos momentos difíciles, aun más de lo que estamos viviendo ahora.

La Biblia nos habla de un tiempo de gran tribulación que vendrá sobre la tierra justo antes del regreso de Jesucristo. Los estudiosos de la Biblia debaten si la Iglesia estará presente durante este tiempo de tribulación. Algunos creen que el rapto sucederá antes de la tribulación, y que la Iglesia será llevada a la presencia de Jesucristo durante estos años de gran sufrimiento sobre la tierra.

Otros creen que la Iglesia estará presente sobre la tierra, aunque será protegida por Dios como lo fue el pueblo de Israel en Egipto durante el tiempo de las plagas. Lo que podemos decir sin lugar a duda es que nuestros hermanos en otras partes del tiempo están sufriendo persecución y tribulación. Es muy posible que, en el futuro, nos toque a nosotros sufrir también.

Si no nos hemos acostumbrado a perseverar en oración, será muy fácil desanimarnos y caer cuando ese día llegue. La persecución, las pruebas, los problemas - pronto nos alejarán de nuestro Señor. Pero si hemos desarrollado la costumbre de orar, podremos llegar hasta el fin.

En las próximas semanas, estaremos hablando acerca de cómo orar. Hoy quiero animarte a que tomes la decisión de enfrentar cada prueba, cada problema con oración. No te preocupes tanto acerca de cómo hacerlo; sólo hazlo.

Se cuenta la historia de un grupo de hombres que empezaron a conversar acerca de la postura correcta para orar. Uno de ellos insistía en que la única manera correcta de orar es con la cabeza inclinada en respeto a Dios. Otro alegaba que había que levantar los ojos hacia el cielo, donde está nuestro Padre celestial. Otro decía que lo más importante era doblar las manos, en señal de reverencia y sumisión.

Por fin, uno que escuchaba sus palabras les dio la siguiente opinión. "La mejor oración que he hecho en mi vida la hice colgado boca abajo. Fue cuando me caí de un poste de luz, y me encontré colgado de un pie a varios metros de altura. ¡Esa fue la oración más sincera que he hecho en toda mi vida!"

No te preocupes tanto por cómo orar. Simplemente comienza a hacerlo. Como dice el corito, orando sin cesar venceremos. Con la costumbre de orar podemos llegar al final.


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