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Domingo 5 de Octubre de 2014

La realidad de la resurrección
Pastor Tony Hancock

Un día, visitaba a una familia cuando la señora me comentó: "Me gustaría invitarle un pedazo de pastel, pero el que acabo de hacer no me salió bien. Se me olvidó echarle el azúcar." Un pastel sin azúcar no es muy sabroso. En realidad, sería más pan que pastel. El azúcar es un ingrediente esencial para cualquier artículo de repostería.

Hay ciertos ingredientes que forman parte esencial de un producto. Si falta el ingrediente esencial, el producto no puede ser el mismo. Hay un ingrediente esencial también para la fe cristiana que profesamos. Si esta verdad falta, entonces nuestra fe ya no es la misma. Sin embargo, muchos niegan su realidad.

No es un problema nuevo. Desde los principios de la Iglesia, algunas personas han querido escoger cuáles partes del evangelio creer, y cuáles desechar. Pero esto no funciona. Así como no podemos omitir las partes esenciales de un pastel sin cambiarlo por completo, no podemos quitar las partes de nuestra fe que no nos gustan sin destruir su esencia.

El ingrediente esencial al que me refiero es la realidad de la resurrección. Hay algunas personas hoy en día que niegan la resurrección, pero me parece que hay muchos más que simplemente lo ignoran. Si les preguntamos si creen en la resurrección, dirán que sí; pero en realidad, no les importa mucho. Hoy veremos por qué la realidad de la resurrección es tan importante para nuestra fe, y cómo podrá transformar nuestra vida, si la entendemos.

Abramos la Biblia en 1 Corintios 15, y leamos los versos 12 al 19:

15:12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
15:13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.
15:14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.
15:15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.
15:16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;
15:17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.
15:18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.
15:19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

Se habían presentado personas en la Iglesia de Corinto que enseñaban que no habrá ninguna resurrección del cuerpo. Estas personas se ajustaban a la cultura que los rodeaba, porque el concepto común en el mundo griego era que las personas simplemente existen como sombras después de morir. Negaban la realidad de una resurrección futura del cuerpo.

Pablo responde: Si esto es así, entonces Jesucristo tampoco resucitó. Porque si la resurrección no existe, es imposible que Jesús haya resucitado. Pero si Jesús no resucitó, entonces el evangelio que hemos creído es pura mentira. El evangelio declara que Jesús murió y resucitó por nuestros pecados. Si esto realmente no sucedió, entonces nuestros pecados no han sido perdonados. En otras palabras, la resurrección de Cristo es la fundación de nuestra fe.

Observa lo que dice Pablo en el verso 19: "Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales." En otras palabras, si ser cristiano sólo nos trajera beneficios en este mundo, mejor dejaríamos de ser cristianos; los sufrimientos son más grandes que los beneficios, en este mundo actual.

Esta verdad choca con lo que escuchamos en algunos lados. Algunos predican lo siguiente: "¡Ven a Cristo! ¡Te dará todo lo que quieres! ¡Tendrás dinero, salud, placer y fama!" Según su versión del evangelio, lo puedes tener todo ahora. El cristianismo es el secreto para tenerlo todo al instante.

En realidad, se parecen a los vendedores de algunos productos de adelgazamiento. "¡Baje veinte kilos sin esfuerzo!" - anuncian. Pero cuando uno lee las palabras en letra pequeña al pie del anuncio, dicen: "Este producto funciona en combinación con un plan de dieta y ejercicio." Bueno, si te pones a hacer dieta y ejercicio, bajarás de peso - ¡con o sin pastillas!

Los que te anuncian un cristianismo que te lo da todo ahora te están dando gato por liebre. Nuestra esperanza no es sólo para este mundo. Sí, la vida en Cristo te trae muchas bendiciones. Hay muchas cosas buenas que llegarán a tu vida si te entregas a Cristo. Pero también vendrán pruebas y luchas. Hay un precio que hay que pagar.

Si tú sólo sigues a Cristo porque crees que te va a traer dinero, salud y felicidad, es probable que pronto te desanimes. Nuestra fe no es sólo para este mundo. Dios nos promete que resucitaremos, y la garantía está en que Cristo resucitó. La resurrección de Cristo es la fundación de nuestra fe.

Sigamos leyendo más de esto en los versos 20 al 28:

15:20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
15:21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.
15:22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
15:23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.
15:24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
15:25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
15:26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.
15:27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.
15:28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

En el Antiguo Testamento se celebraba una fiesta llamada la fiesta de las primicias. Se hacía al principio de la cosecha. Cada familia traía de lo primero que se había cosechado, y en una celebración, se lo ofrecían al Señor. Así ellos reconocían que Dios era quien les daba la cosecha, y expresaban también su confianza de que les daría una cosecha buena.

Dios se está preparando para una gran cosecha - una cosecha de hombres y mujeres preparados para vivir con El para siempre. La primicia de esa cosecha es Cristo Jesús. El ya resucitó, con un cuerpo eterno y perfecto. Muchos lo vieron, y han dejado su testimonio en el Nuevo Testamento para que nosotros también lo creamos.

A través de Jesucristo se cumple el plan que Dios empezó a realizar desde aquel momento en el jardín del Edén, cuando la muerte entró al mundo. Nuestro antepasado Adán pecó, y por medio de él, la muerte llegó. Ya que todos descendemos de él, todos también morimos. Cada persona que desciende de Adán - que somos todos - comparte su destino de morir.

Pero Cristo vino para traer vida. Cada persona que está en Cristo - que se ha entregado a El y lo ha reconocido como Señor y Salvador, por fe - compartirá su destino de vivir. ¡Gloria a Dios! Todo sucederá en orden. Ya resucitó Cristo, como primicias de la resurrección. Luego, cuando El regrese por segunda vez, todos los que le pertenecen resucitarán también.

Entonces El reinará sobre la tierra, hasta someter a todos sus enemigos. La Biblia nos dice que los que somos de Cristo reinaremos con El. Al final, cuando toda rebelión se haya derrotado, entonces entraremos a la eternidad. Jesucristo le entregará el reino a su Padre, y así Dios - Padre, Hijo y Espíritu Santo - recibirá toda la gloria en toda su creación.

Nos trae tanta alegría saber que tenemos esta esperanza, pero ¿cómo sabemos que es segura? ¿Qué garantía tenemos? La garantía que tenemos es la resurrección de Cristo. Su resurrección es la demostración que nos ha dado Dios de que todo su plan se realizará.

Me hace recordar la historia de la señora que contestó el timbre para encontrar en la puerta de su casa a un vendedor de aspiradoras. Sin que ella le dijera nada, el vendedor se metió a su casa y, sin pedir permiso, tiró sobre su alfombra un popurrí de arena, polvo, piedras pequeñas y basura. Confiadamente declaró: "Si mi aspiradora no recoge todo eso, ¡me lo comeré yo mismo!"

La señora le contestó: "Déjeme traerle una cuchara. Estamos sin luz." Ese hombre quería darle una demostración convincente, pero ¡no pudo! Pero Dios no es así. El tiene todo el poder. Y lo ha demostrado resucitando a Cristo de entre los muertos. Sus discípulos lo vieron en varias ocasiones, y se quedaron tan convencidos de que era cierto que estuvieron dispuestos a morir antes de negar que había sucedido.

La resurrección de Cristo es la garantía de que tú y yo, si le pertenecemos a El, tenemos un futuro seguro en el plan de Dios. Tenemos una vida eterna. Pero la resurrección de Cristo no es una realidad sólo para el futuro. La resurrección de Cristo es también la inspiración para nuestra vida presente. Leamos los versos 29 al 34 para ver más acerca de esto:

15:29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?
15:30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?
15:31 Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero.
15:32 Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos.
15:33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
15:34 Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.

Parece ser que la frase "comamos y bebamos, que mañana moriremos", describe la vida en el mundo actual. Cuando no existe ninguna seguridad para el futuro, la tentación de entregarse a las pasiones desenfrenadas es muy grande. Pero si entendemos que Dios resucitará nuestros cuerpos, entonces comprendemos que lo que hacemos con ellos es importante.

En la Iglesia de Corinto, parece ser que algunas personas tenían la costumbre de bautizarse en el lugar de creyentes que se habían muerto antes de poderse bautizar. Pablo dice: ¿Qué caso tiene hacer esto, si ellos ya no tienen futuro? ¿Qué caso tiene sufrir a causa del evangelio, si no tenemos futuro?

Pero sabemos que tenemos futuro. Cristo regresará, e iremos a vivir con El para siempre. Nuestro cuerpo resucitará, para no volver a morir jamás. Esto nos motiva a vivir para Cristo hoy. Nos motiva a dar la espalda a las tentaciones de este mundo y poner la mirada en nuestro Señor y su Reino.

Juan Paton fue misionero en las islas del Pacífico durante el siglo XIX, cuando algunos de los habitantes de estas islas aún practicaban el canibalismo. Un miembro de su Iglesia le dijo, antes de que saliera al campo misionero: "¡Los caníbales! ¡Los caníbales! ¡Le comerán los caníbales!" A lo que Paton respondió: "Le confieso que, si puedo vivir sirviendo a mi Señor Jesucristo, no me importa si me comen los caníbales o los gusanos; en el gran día de la resurrección, ¡mi cuerpo resucitará tan bello como el suyo en la semejanza de nuestro Redentor resucitado!"

Un día, los gusanos nos comerán a todos. Pero si estamos en Cristo, sabemos que resucitaremos. Esa seguridad nos da la fuerza para vivir hoy para nuestro Redentor. Nos da la seguridad que necesitamos para enfrentar las pruebas, los sufrimientos y las tentaciones con esperanza y seguridad. En lugar de entregarnos a una vida de desenfreno porque no tenemos esperanza, entreguémonos a Cristo y vivamos para su reino.

¿Sabes que vas a resucitar? ¿Vives con la esperanza de la resurrección? Si tú no tienes esa esperanza, la puedes tener. Entrégale hoy tu vida a Cristo. El resucitó, y El te ofrece la vida eterna.


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