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Domingo 12 de Octubre de 2014

¿Cómo puede ser?
Pastor Tony Hancock

Una mujer y su esposo estaban de vacaciones cuando tuvieron que ir de emergencia al dentista. Al entrar al consultorio, la mujer le dijo al dentista: "Me urge sacar una muela. Tengo mucha prisa. No se preocupe con la anestesia, sólo quítela de una vez". El dentista se quedó impresionado. "Es usted una mujer muy valiente. ¿Cuál es la muela que hay que sacar?"

La mujer le dijo a su esposo: "Abre la boca y enséñasela, querido". ¡Pobre hombre! Pienso que, si me encontrara en su lugar, preguntaría: "¿Cómo puede ser? ¡Tomaré mis propias decisiones acerca de la anestesia, gracias!" Es muy fácil tomar decisiones acerca de la salud de otra persona, pero cuando se trata de nuestro propio cuerpo, es diferente.

La semana pasada hablamos acerca de la esperanza que todos tenemos en Cristo, la esperanza de la resurrección. Es una esperanza garantizada por su resurrección de entre los muertos. Pero alguien podría hacer la misma pregunta que hizo este hombre: "¿Cómo puede ser?" Una cosa es hablar de la resurrección de los muertos en un sentido general, pero otra cosa es comprender que este cuerpo - mi cuerpo - será resucitado. Cuando se trata de uno mismo, quiere tener más información.

Es por esto que Dios nos da ciertas comparaciones para que podamos entender un poco más cómo puede ser. Si comprendemos estas cosas, nuestra fe en la resurrección será fortalecida, y encontraremos inspiración para seguir firmes en la vida con Cristo. Abramos la Biblia en 1 Corintios 15, y leamos los versos 35 al 49:

15:35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
15:36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.
15:37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano;
15:38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.
15:39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves.
15:40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.
15:41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.
15:42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.
15:43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.
15:44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.
15:45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.
15:46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.
15:47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.
15:48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.
15:49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Para que entendamos cómo puede ser que estos cuerpos se convertirán en cuerpos resucitados y eternos, Dios nos da dos ejemplos. El primer ejemplo es el de la semilla. Cuando sembramos una semilla - de tomate, de calabaza o de cualquier otra planta - la semilla es totalmente diferente en apariencia de la planta que luego nace.

La semilla no es simplemente una versión en miniatura de la planta, que luego se hace más grande. Si la examinamos con una lupa, no se parece en nada a la planta que nacerá. Sin embargo, Dios - en su gran sabiduría y creatividad - ha puesto dentro de esa semilla la capacidad de producir una planta totalmente diferente. Dentro del código del ADN está toda la información necesaria para producir la planta que brotará de esa semilla.

Algún día, al menos que Cristo regrese primero, nuestros cuerpos también quedarán sembrados en la tierra. Pero el mismo Dios que es capaz de sacar de una semilla un "cuerpo" - una planta - que es distinta, pero que nace de la misma semilla, también sacará de la semilla de nuestro cuerpo algo nuevo y diferente, pero que brota del mismo cuerpo.

Algunas personas se preguntan exactamente cuál será el punto de contacto entre los cuerpos que tenemos ahora y nuestros cuerpos resucitados. ¿Tendrán las mismas moléculas? ¿Qué pasa con las personas que se pierden en el mar, o cuyos cuerpos son incinerados? ¿Podrán ellos resucitar?

Los maestros judíos de tiempos del Nuevo Testamento debatieron este punto. Al fin, sacaron la conclusión de que había un huesito en la nuca que era indestructible, y que de este huesito Dios volvería a formar el cuerpo resucitado. Pero la Biblia no entra en esta clase de especulación, porque Dios no necesita ningún huesito para resucitar nuestros cuerpos.

En realidad, la ciencia nos ayuda a entender este punto. Solemos pensar que nuestro cuerpo es uno solo, pero en realidad, nuestro cuerpo cambia constantemente a lo largo de nuestra vida. Constantemente se mueren las células de nuestro cuerpo, y son reemplazadas por células nuevas.

El Dr. Jonás Frisen, biólogo en la ciudad de Estocolmo, ha calculado que las células de nuestro cuerpo tienen una edad promedio de siete a diez años. ¡Qué bueno! ¿No te sientes más joven con saber que tu cuerpo sólo tiene entre siete y diez años? Hay algunas células que no se reemplazan, y otras que se reemplazan mucho más rápidamente.

Lo que significa es esto: a Dios no le hace falta tener las mismas células de tu cuerpo para resucitarte. Nuestras células están cambiando constantemente, pero seguimos siendo las mismas personas. Del mismo modo, Dios puede usar materias totalmente nuevas, pero darnos cuerpos que representan una continuación diferente y mejorada de estos cuerpos que ahora tenemos. ¡Cuán grande es nuestro Dios!

El segundo ejemplo que El nos da es el ejemplo de los cuerpos de diferentes tipos que existen en la creación. Hay diferentes clases de cuerpos dentro de la creación - aves, animales y peces. Tienen diferentes clases de carnes, pero Dios los forma de los mismos materiales. Del mismo modo, existen diferentes clases de cuerpos celestiales - el sol, la luna, las estrellas, los planetas. Brillan de formas diferentes, pero Dios los ha formado usando los mismos materiales comunes del universo.

Si Dios es capaz de hacer esto, entonces El también puede formarnos cuerpos gloriosos, cuerpos que nunca se enferman ni envejecen. Nuestro Dios creativo puede tomar las mismas materias de esta creación, o materias nuevas que El creará, para darnos cuerpos con otras cualidades.

Pero quizás nos preguntemos: ¿cuál es el modelo para nuestros cuerpos nuevos? ¿Cómo serán? Quizás alguien se imagine un cuerpo fantasmal, medio transparente, no muy real. Pero Dios ya nos ha mostrado cómo será el cuerpo que tendremos después de resucitar. El modelo para nuestro cuerpo resucitado es el cuerpo resucitado de Cristo.

El cuerpo natural que tenemos sigue el modelo de Adán. Cada persona natural nace con un cuerpo heredado de nuestros primeros antepasados. Todos levamos esa imagen. Pero el verso 49 nos dice que, después de resucitar, llevaremos la imagen de Cristo. Nos pareceremos a El.

¿Qué sabemos del cuerpo de Cristo? Sabemos que era un cuerpo reconocible. María Magdalena, sus discípulos y sus hermanos lo reconocieron cuando se les apareció. No era un cuerpo irreconocible. A veces las personas me preguntan: ¿Nos reconoceremos unos a otros cuando hayamos resucitado? Aquí está la respuesta. Si los que conocieron a Jesús lo pudieron reconocer después de su resurrección, también nosotros nos reconoceremos unos a otros cuando hayamos resucitado.

También sabemos que era un cuerpo físico. Por ejemplo, El comió con sus discípulos. Le invitó a Tomás a que lo tocara. El cuerpo resucitado es un cuerpo tocable. No es una aparición fantasmal, una proyección o un holograma. Es algo real. A la vez, es un cuerpo con capacidades extraordinarias. Leemos que Jesús se apareció a sus discípulos cuando se encontraban a puertas cerradas. El espacio ya no lo limitaba. Es un cuerpo especial, mejor que el que ahora tenemos.

Tenemos una gran esperanza en la resurrección. Recibiremos cuerpos nuevos y mejores. Pero eso no es todo. Dios transformará nuestros cuerpos con un propósito especial. Leamos los versos 50 al 58 para ver esto:

15:50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
15:51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,
15:52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
15:53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.
15:54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.
15:55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
15:56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.
15:57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
15:58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Años atrás, cuando los restaurantes McDonald´s todavía tenían parques de recreo, había un anuncio a la entrada de los juegos. Debajo de una raya marcada en la pared, decía algo como esto: "Sólo puedes entrar a jugar si mides menos de esto". Por razones de seguridad, se limitaba la entrada a los niños. Los jóvenes y los adultos no podían entrar.

En la entrada al reino de Dios, también hay un anuncio. "Sólo puedes entrar si tienes un cuerpo incorruptible." Nuestro cuerpo tendrá que ser transformado si queremos entrar a morar con Dios para siempre. El cuerpo material - carne y sangre - no puede entrar al reino de Dios. Tiene que ser transformado primero.

Debemos comprender que el cuerpo transformado sólo vendrá a los que tienen un corazón transformado. El incrédulo - el que no tiene un corazón transformado - tampoco recibirá un cuerpo transformado, capaz de entrar al reino de Dios. Recibirá otra clase de cuerpo, adecuado para recibir el merecido de sus pecados.

En cambio, los que hemos recibido un corazón transformado por la fe en Jesucristo recibiremos un cuerpo transformado. De hecho, en este pasaje aprendemos algo que no se había revelado antes en la Escritura. Pablo lo llama un misterio. No todos tendremos que morir. Cuando Jesús regrese, los que hayan muerto resucitarán con un cuerpo incorruptible. Los que aún estén vivos serán transformados, sin tener que pasar la muerte.

Cuando eso suceda, la derrota de la muerte será final. Ya fue vencida cuando Cristo resucitó, pero todavía ejerce poder sobre nosotros. Pero entonces, ya no moriremos. Ya no habrá muerte. Con nuestro Señor Jesucristo, tendremos la victoria también. Tendremos una vida que jamás se terminará. Hoy, cada día que amanecemos es otro día más cerca de la muerte. Pero entonces, tendremos días ilimitados para gozar la vida con nuestro Señor.

Si todo esto es así, ¿cómo debemos vivir ahora? Encontramos la respuesta en el verso 58. La esperanza de la resurrección nos da fuerzas para mantenernos firmes y para seguir progresando siempre en la obra del Señor, porque sabemos que no estamos trabajando en vano.

En este mundo, hay muchos que viven sin esperanza. Cada día se levantan, van al trabajo, ven un poco de televisión por la tarde, y se acuestan para repetir la rutina. Quizás tu rutina sea la misma, pero si eres creyente, sabes que no lo haces en vano. Tu vida tiene razón, y tiene futuro. Tu cuerpo no está destinado a la destrucción y el olvido, sino a resucitar. Aunque se esté desgastando y envejeciendo, un día quedará totalmente renovado. ¿Vives con esta esperanza? ¿Vives con esta inspiración?


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