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Domingo 26 de Junio de 2016

¿A qué monte irás?
Pastor Tony Hancock

Yo me crié en una ciudad que tiene el mar a un lado y la sierra al otro. Nuestra casa se hallaba cerca de la falda de la montaña. Cada día, al levantar la mirada, veía aquellas colinas rocosas que parecían protegernos. Cuando leo el Salmo 121:1, siempre pienso en aquellos montes. Este verso dice: "A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?"

Recuerdo que, cuando nos mudamos a la ciudad de Chicago, por varios meses sentía que algo me faltaba. Por fin me di cuenta de que me faltaban las montañas. La ciudad de Chicago está situada sobre una planicie. Cuando una mira hacia arriba, no hay nada. Extrañaba las montañas que siempre habían estado allí.

A lo largo de la historia, las montañas se han considerado lugares especiales. Muchos pueblos han construido sus templos sobre las montañas. Los griegos creían que sus dioses moraban sobre el monte Olimpo. Los templos sobre las montañas representaban la presencia del dios pagano para cuidar de su pueblo. Representaban el acceso a su presencia y la entrada al cielo.

Las naciones que rodeaban al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento tenían lugares de adoración sobre las cimas de las montañas. Se llamaban lugares altos. En ocasiones, los israelitas le fueron infieles al Señor y adoraron en los lugares altos.

Dios también escogió una montaña para ser el lugar donde su pueblo se encontraría con El. Fue el monte Sión. El rey David lo capturó y expulsó a los jebusitas, sus habitantes originales. Su hijo Salomón, bajo instrucciones del Señor, construyó sobre esta montaña el templo de Dios. El templo de Salomón, en su día, fue una de las maravillas del mundo. Con muchos adornos de oro, brillaba como el sol.

Pero este templo no fue especial sólo por su belleza. Era el lugar donde Dios se manifestaba. Era un lugar de bendición y de reconciliación, porque allí se ofrecían los sacrificios de animales que cubrían el pecado del pueblo y abrían el camino a la comunión con Dios.

Aunque los judíos se deleitaban en adorar a Dios en su templo, ese templo fue destruido. Los profetas como Isaías y Miqueas veían vislumbrarse su destrucción. ¿Perdería el monte Sión su importancia? ¿Se convertiría en uno de muchos montes con ruinas de templos en la cima? ¿Llegaría a ser un lugar visitado quizás por algunos turistas, y nada más?

Doscientos años antes de su destrucción, Dios le reveló al profeta Miqueas cuál sería el destino de su monte santo. Aunque nunca hayamos visitado ni quizás lleguemos a visitar el monte Sión, su destino es sumamente importante para nosotros también. Abramos la Biblia en Miqueas 4, y leamos los primeros cinco versículos:

4:1 En los últimos días, el monte del templo del será puesto sobre la cumbre de las montañas y elevado por encima de las colinas. Entonces los pueblos marcharán hacia ella,
4:2 y muchas naciones se acercarán, diciendo: "Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Dios mismo nos instruirá en sus caminos, y así andaremos en sus sendas." Porque de Sión viene la instrucción; de Jerusalén, la palabra del Señor.
4:3 Dios mismo juzgará entre muchos pueblos, y administrará justicia a naciones poderosas y lejanas. Convertirán en azadones sus espadas, y en hoces sus lanzas. Ya no alzará su espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.
4:4 Cada uno se sentará bajo su parra y su higuera; y nadie perturbará su solaz -el Señor Todopoderoso lo ha dicho-.
4:5 Todos los pueblos marchan en nombre de sus dioses, pero nosotros marchamos en el nombre del Señor, en el nombre de nuestro Dios, desde ahora y para siempre.

Hace algunas semanas estudiamos la primera visión de Miqueas. El vio a Dios descender de su trono y caminar sobre los montes altos, haciéndolos derretir bajo el fuego de su ira. Pero ahora, vemos la salvación de Dios que viene sobre una montaña - el monte Sión.

Dios declara que, en los últimos días, este monte se levantaría sobre la cumbre de todas las montañas. El monte Sión, como montaña, no tiene una elevación muy impresionante. Sólo mide unos 765 metros de alto. Hay montañas mucho más elevadas en Israel; el monte Hermón, por ejemplo, mide 2.814 metros. ¡Es casi cuatro veces más alto que el monte Sión!

No cabe duda que el Dios que formó todas las montañas es capaz de levantar a una de ellas. Pero creo que el profeta aquí nos habla en sentido figurado. De todas las montañas que han servido como lugares de adoración para muchos dioses, el monte Sión llegará a predominar. Será la más importante. Se convertirá en el blanco de todas las miradas.

En el día de Miqueas, había muchas montañas consideradas más importantes para las diferentes religiones que existían. Y el monte Sión, con el tiempo, perdería su propio templo. Parecía muy difícil que esta profecía se cumpliera. ¡Sería más fácil creer que Perú pronto ganará la Copa Mundial! Pero Miqueas, inspirado por el Espíritu Santo de Dios, lo declara. Declara que el monte Sión no sólo será restaurado, sino que llegará a tener prominencia mundial.

¿Cuándo sucederá esto? Miqueas nos dice que sucederá "en los últimos días". Podríamos pensar que se refiere a un tiempo futuro, quizás después del regreso de Cristo. Sin embargo, los apóstoles del Nuevo Testamento concuerdan en que estamos viviendo ahora en los últimos días. El apóstol Pedro lo declaró en su sermón en el día de Pentecostés. El autor de la carta a los Hebreos también declara que estamos en los últimos días.

Por lo tanto, no nos debe sorprender que esto ya se esté cumpliendo, al menos en parte. Fue sobre el monte Sión que Jesús enseñó, en un templo reconstruido. Allí comió la última cena con sus discípulos. Miles de peregrinos ahora visitan esta montaña para recordar los eventos tan importantes que allí sucedieron. Ciertamente, el monte Sión ha llegado a ser renombrado.

Pero no es simplemente como un lugar que el monte Sión sería exaltado. Jesús fue crucificado en una colina al frente del monte Sión. Este fue el mayor momento de encuentro entre el cielo y la tierra, el momento en que nuestros pecados fueron limpiados y el camino a Dios abierto. Poco después, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles en un aposento alto en Jerusalén, en el monte Sión. Esto marcó el comienzo de la Iglesia, que es ahora el templo de Dios sobre la tierra.

No cabe duda de que el monte Sión ha sido exaltado. Y queda todavía mucho por cumplirse. Los últimos capítulos de Apocalipsis nos hablan de la nueva Jerusalén, que bajará del cielo para convertirse en morada del pueblo de Dios. Este será el cumplimiento del plan de Dios. Estas palabras de Miqueas no han terminado de cumplirse, pero ya se han comenzado a cumplir.

Después de hablarnos de la exaltación del monte Sión, Miqueas nos dice que las naciones marcharán hacia ella. Gente de cada nación se acercará al Dios de Sión para recibir sus instrucciones. Esto seguramente habría parecido totalmente increíble para la gente de su día. ¡Los extranjeros que se acercaban a Jerusalén generalmente sólo lo hacían para atacarla!

Pero ahora, esto no parece tan increíble. Personas de muchas naciones escuchan las instrucciones que Jesucristo dio sobre el monte Sión, entre otros lugares en Palestina. Ya se están empezando a cumplir estas palabras, pero terminarán de cumplirse cuando el reino de Dios se haya establecido plenamente después del regreso de Cristo.

Esta multitud que Miqueas vio caminar en las sendas del Señor seguramente es la misma multitud que Juan vio en su visión, tomada de cada pueblo, lengua y nación, adorando al Cordero frente a su trono. Tú y yo podemos formar parte de esa gran multitud, si confiamos en Jesucristo y le seguimos como Rey y Señor.

Aquí vale la pena preguntarnos: ¿andamos en los caminos del Señor? Los caminos del Señor representan su forma de ser, su justicia, su santidad, su integridad. El nos enseña a ser como El. Nunca podremos ser como Dios en su omnisciencia, su omnipresencia o su omnipotencia. Nunca lo sabremos todo, nunca estaremos en todo lugar, nunca tendremos poder ilimitado.

Pero sí podemos imitar al Señor en su carácter. El carácter de Dios es santo, transparente y sincero. El nunca miente. El jamás nos engaña. ¿Estás aprendiendo a ser como Dios? Si queremos acercarnos a Sión, ese lugar de bendición, tenemos que hacerlo con esa intención. Tenemos que acercarnos con el deseo de aprender de Dios y llegar a ser como El.

Si nos acercamos a Dios con esta fe en Jesucristo, podemos estar seguros de que viviremos en aquel mundo de paz que nos describen los versos 3 y 4. En diferentes momentos de la historia, Dios ha traído paz temporal. Pero tarde o temprano, esa paz se termina. Cuando Jesús regrese, sin embargo, El hará justicia. El traerá paz a la tierra.

El nos promete que, si confiamos en El y sufrimos con El, también viviremos con El en esa tierra renovada. Primero en el milenio, y luego en la eternidad, viviremos en paz y contentamiento. Pero esta paz sólo es posible para los que han sido transformados por Jesucristo. Sólo es posible para los que han sido renovados desde el interior.

Sólo es posible para los que pueden repetir con sinceridad de corazón las palabras del verso 5. En los últimos días, todas las naciones marcharán hacia el monte Sión. Pero en todo tiempo, el pueblo de Dios marcha en sus caminos, en su nombre, bajo su autoridad y bajo su protección.

La letra de un antiguo himno dice: "A Sion caminamos, nuestra ciudad tan gloriosa; marchando todos cantamos de Dios y la bella mansión". Dios nos llama ahora, como su pueblo, a caminar como los que suben a su monte - con expectación, en obediencia y en confianza. Si tú no eres parte de este pueblo que marcha a Sión, ¿por qué no te unes hoy al pueblo de Dios? Ven a Cristo. Entrégale tu vida, y pon toda tu confianza en El.


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