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Domingo 19 de Julio de 2015

Guiados en la oración
Pastor Tony Hancock

La misionera Elizabeth Elliot contó de una experiencia que tuvo en Ecuador. Ella sirvió en la sierra y también en la selva de este país. Un día, llegaron a su puerta dos aventureros. Querían explorar la selva, y le pidieron a la Sra. Elliot algunas frases que podrían usar para hablar con los indígenas.

Ella les podría haber dado muchos buenos consejos, pero eso no les interesaba. Ya tenían sus planes hechos, y sólo querían que ella les ayudara con algunos detalles. No querían saber lo que ella conocía del terreno, de la gente o de los peligros. Sólo querían tener algunas frases listas para la comunicación.

Ella nunca volvió a saber de los exploradores. ¡Quién sabe cómo les habrá ido! Pero nos lanza la pregunta: ¿cuántas veces seremos como ellos? Nos acercamos a Dios con nuestros planes ya hechos, sabiendo muy bien lo que queremos, y sólo le pedimos que nos ayude con algunos detalles.

¿No sería mucho mejor tener un guía con experiencia y conocimiento del lugar? Esto es precisamente lo que Dios nos ofrece. El ofrece guiarnos. ¿Quién mejor que Dios para mostrarnos el camino correcto? ¿Quién mejor que Dios para ayudarnos a evitar los peligros? Hoy vamos a ver cómo Dios quiere guiarnos por medio de la oración.

Empecemos en el Salmo 32:6-8:

32:6 Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán.
32:7 Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación.
32:8 El Señor dice: Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.

El rey David expresa en este salmo la alegría del perdón. Después de hablar del gozo que siente la persona que ha sido perdonada, él declara lo que acabamos de leer. Dios es fiel, y por eso podemos invocarle.

En estos tres versículos escuchamos una conversación. David le dice a Dios: "Los fieles te invocan en momentos de angustia". Dios le responde: "Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti". Dios quiere guiarnos. El no quiere vernos andar por la vida a tientas, tropezando con cualquier cantidad de obstáculos. Como todo buen padre, El aconseja a sus hijos para que eviten los problemas y los peligros del mundo.

¿Seremos hijos sabios que reciben los consejos de su Padre celestial? Si queremos que Dios nos guíe, tenemos que buscar su dirección en oración. La oración abre las vías de comunicación con nuestro Padre celestial, para que podamos escuchar su voz que nos guía.

¿De qué maneras nos guía Dios? Principalmente, El nos guía por medio de su Palabra. La Biblia nos da los lineamientos generales que tenemos que seguir. Nos dice cuáles son los caminos que no debemos seguir, y cuáles son las metas generales que Dios tiene para todos sus hijos. Dios nunca te va a guiar en contra de su Palabra.

Por ejemplo, si tú sientes que Dios te está guiando a tener una aventura, estás equivocado. La Biblia dice claramente, "No cometerás adulterio". Si crees que Dios te está guiando a robarle a tu patrón, te equivocas. La Biblia dice claramente: "No robarás". Dios nunca te va a guiar a hacer algo que va en contra de su Palabra.

Dios también nos guía por medio de los consejos de otros creyentes, sobre todo de creyentes maduros. Su Espíritu Santo mora dentro de nosotros, y El a veces nos guía de una manera más directa. Nos hace sentir un fuerte impulso, o nos detiene. Pero la clave para que todo esto funcione está en la oración.

Si queremos comprender la Biblia, debemos orar antes de estudiarla. Si queremos distinguir entre los buenos y malos consejos, debemos buscar la dirección de Dios en la oración. Si queremos que el Espíritu Santo nos guíe, tenemos que pasar tiempo con Dios en oración. Sólo así podemos prepararnos para escuchar su voz. Podemos encontrar dirección por medio de la oración.

Encontramos un ejemplo de esto en el llamado de Pablo y Bernabé a la misión de llevar el evangelio a las naciones. Este fue un momento que literalmente cambió el mundo. Antes de esto, el evangelio se había considerado algo sólo para los judíos. Dios había revelado que también los gentiles podían entrar a su reino, pero no había ninguna misión organizada para alcanzarlos.

Empezando con este viaje de Pablo y Bernabé, el evangelio llega a los países europeos y transforma su cultura. Aquí empieza el movimiento que culmina con nosotros, aquí y ahora, alabando a Dios y disfrutando la salvación que Jesús nos compró, en lugar de vivir en la ceguera espiritual.

Vamos a leer cómo empezó esta misión, y quiero que prestes especial atención a lo que Pablo y Bernabé estaban haciendo cuando la misión comenzó. Abramos la Biblia en Hechos 13, y leamos los versos 1 al 3:

13:1 En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros Bernabé; Simeón, apodado el Negro; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo.
13:2 Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado.
13:3 Así que después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron.

Había cierto grupo de hombres en la Iglesia de Antioquía, entre ellos Bernabé y Saulo, o Pablo, que eran reconocidos como profetas y maestros.

En cierto momento, ellos estaban ayunando y alabando al Señor. En otras palabras, se estaban dedicando a la oración, porque el ayuno siempre va acompañado de la oración. Estando en la presencia de Dios, el Espíritu Santo les habló. Puede ser que haya inspirado a uno de los presentes con un mensaje profético, o simplemente que todos hayan tenido un mismo sentir.

Lo importante es que Pablo y Bernabé no salieron para realizar su misión como resultado de una reunión de planificación. Ellos no estaban considerando lo que podría ser factible, lo que les convenía o lo que les permitiría extender la marca de la Iglesia en Antioquía. Más bien, ellos se encontraban absortos en la presencia del Señor, y fue allí que El los guió.

Me temo que hemos dejado atrás este patrón que Dios nos muestra en su Palabra. Solemos pedirle a Dios que El bendiga lo que nosotros queremos hacer, en lugar de buscar en oración lo que El quiere que hagamos. En cualquier decisión, pensamos en lo que nosotros queremos hacer, y luego le decimos: Señor, bendice mi decisión.

¿Qué diferencia habría en nuestra vida y en nuestra Iglesia si primero pasáramos tiempo en buscar la presencia de Dios en oración, preguntándole lo que El quiere, pidiéndole que El nos revele su voluntad? Pero eso cuesta tiempo y esfuerzo. Es mucho más fácil dejarnos llevar por nuestros propios deseos, en lugar de separar tiempo para realmente buscar la presencia y la voluntad de Dios.

¿Será por esto que difícilmente superamos el nivel de la mediocridad? ¿Cuándo fue la última vez que pasaste horas en oración? Pasamos nuestro tiempo en un montón de actividades que, al final, no logran nada, simplemente porque no buscamos fervientemente a Dios en oración.

Tú puedes encontrar tu misión por medio de la oración. Pablo y Bernabé encontraron una misión que cambió el mundo - no porque se pusieron a hacer planes estratégicos, sino porque buscaron la presencia de Dios en oración. Después de orar, los planes se tienen que hacer; pero si los hacemos antes de orar, son nuestros planes y no los planes de Dios.

Hermano, hermana, yo no sé cuánto recordarás de este sermón. Pero si simplemente te puedo motivar a empezar a orar, habré logrado mi propósito. No hay otra manera de encontrar la dirección y el poder de Dios que mediante la oración. Si no aprendemos a orar, seremos siempre creyentes débiles. Seremos siempre una Iglesia débil.

Hudson Taylor fue misionero en la China durante el siglo XIX. Transformó la práctica de las misiones, porque él se vistió con ropa china y se identificó con los chinos, en lugar de esperar que ellos se parecieran a él. Pero todo empezó cuando él tenía dieciocho años. Entró a la biblioteca de su padre y empezó a leer un folleto evangelístico.

No podía resistir el mensaje de aquel folleto. Por fin, cayendo de rodillas, aceptó a Cristo como Salvador. Varios días después, su madre regresó de viaje, y Hudson le contó la decisión que había tomado. Su madre le respondió: "Yo ya lo sabía. Hace diez días, el mismo día que tú me dices que leíste aquel folleto, pasé toda la tarde en oración por ti hasta que el Señor me aseguró que mi hijo descarriado había regresado al redil."

Estoy convencido de que Dios tiene muchas bendiciones, mucha dirección, mucha sabiduría que quiere darnos, pero simplemente no lo buscamos con anhelo. Nuestras oraciones son esporádicas y superficiales. Por lo tanto, nuestra experiencia del poder de Dios es esporádico y superficial también.

¿Estás dispuesto a buscar a Dios en oración? ¿Estás dispuesto a dedicarle tiempo y esfuerzo? Estoy convencido de que, si comenzamos a orar, las cosas cambiarán. ¿Estás dispuesto a tomar la decisión de pasar más tiempo en oración? Si lo estás, ponte de pie, y comprometámonos juntos ante Dios en buscarlo de rodillas para ser guiados en la oración.


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