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Domingo 20 de Julio de 2014

Regalos útiles
Pastor Tony Hancock

¿Alguna vez has recibido un regalo inútil? Una vez me encontré en una fiesta de Navidad donde todos intercambiamos regalos pequeños. Uno de los invitados era un hombre calvo. No tenía ni un solo pelo en la cabeza. Cuando abrió su regalo, ¡era un peine! Para él, era un regalo completamente inútil. No le servía de nada.

Por otra parte, hay regalos que llegan justo a tiempo. Por algunos años, viví en un lugar muy frío. Mi abuela me regaló un abrigo caliente, que me salvó de varios catarros. Eso fue hace veintiséis años, y todavía uso el abrigo durante el invierno. ¡Fue un regalo muy útil!

La Biblia nos enseña que Dios también nos da regalos a nosotros, regalos especiales y muy útiles. Por supuesto, El nos regala la vida, el aliento, la salud, el trabajo y muchas otras cosas. Pero estos regalos van más allá de las cosas que Dios nos da a diario. Son capacidades o habilidades que van más allá de lo natural, y que sirven para el crecimiento y el bienestar del pueblo de Dios.

Muchas veces, nos referimos a estos regalos por el nombre de dones. Dios da a cada creyente un don. Una hermana, al escuchar que Dios tenía un don para ella, respondió: "¡Qué bueno! Tengo mucho tiempo de estarlo esperando. No me importa si es un Don Juan, un Don Jorge o un Don Pedro; ¡sólo quiero que llegue pronto!" Pero claro, no estamos hablando de esa clase de don.

Si tú eres creyente en Jesucristo, Dios ha puesto en ti su Espíritu Santo. El está viviendo en ti, y se manifestará en tu vida de muchas maneras. Hoy vamos a ver cómo el Espíritu Santo se manifiesta en nuestras vidas para que podamos servir con poder al Señor. Veremos cómo debemos usar el don que Dios nos da. Para esto, abramos la Biblia en 1 Corintios 12, y leamos los versos 1 al 3:

12:1 No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.
12:2 Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.
12:3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

Hay algo que debemos entender. Cada persona en este mundo está siendo afectada y manejada por fuerzas espirituales. Los que no siguen a Jesucristo ni son guiados por su Espíritu caen bajo el poder de otros espíritus, que los llevan a la adoración de otras cosas. Pueden ser los dioses falsos; o pueden ser los ídolos del dinero, del placer desenfrenado, de las drogas o de cualquier otra cosa. Pero todos estamos bajo la influencia de algo.

Muchos responden: "¡No! A mí nadie me controla. Yo hago lo que quiero." Pero esto es ignorar la realidad, porque hay fuerzas que nos manejan a todos - por medio de la tentación, en los medios masivos, en la sociedad - ninguno de nosotros es libre de ser influenciado. Alguien dijo una vez que la mejor tranza que ha hecho el diablo es convencer a todo el mundo que él no existe. Así los influencia y maneja, mientras ellos piensan que son independientes.

Pero cuando llegamos a conocer a Cristo, estamos bajo el poder de otro Espíritu - el Espíritu Santo de Dios. Ahora, El es quien nos debe manejar. Y la Biblia nos dice que la vida en el Espíritu es una vida de justicia, de paz y de gozo. ¡Es una vida buena! Lo que el Espíritu Santo hace en nosotros es exaltar a Jesucristo.

Por lo tanto, si el Espíritu Santo está manejando tu vida, te someterás cada vez más a la autoridad de Jesús en tu vida. El será tu Señor, el Rey y Jefe de tu vida. Con sinceridad dirás: "Jesús es el Señor", porque el Espíritu Santo produce ese efecto en todos los que El llena. Cuando el Espíritu Santo está obrando, produce la fragancia de Jesucristo.

Un día, entré a la casa y dije: "¡Huele a sandía!" Alguien estaba partiendo una sandía en la cocina, que quedaba al fondo de la casa, pero su olor penetraba hasta la puerta de en frente. La fragancia de la sandía delataba su presencia, pero también me hacía querer comerla. Del mismo modo, cuando el Espíritu Santo está obrando, El produce la fragancia de Cristo.

Esto nos enseña algo muy importante. Los dones que da el Espíritu Santo, los efectos maravillosos que El produce, siempre servirán para exaltar a Jesucristo. Si piensas que estás usando tu don, pero el resultado te glorifica a ti en lugar de glorificar a Jesucristo, estás equivocado. Si te concentras más en que la gente te vea y te aplauda, sofocarás la obra del Espíritu Santo. El siempre exalta a Cristo.

Leamos ahora los versos 4 al 6 para aprender acerca de la unión que deben producir los dones:

12:4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
12:5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
12:6 Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Los dones son muchos, pero es un solo Espíritu el que los da. Son muchos, pero exaltan a un solo Señor Jesucristo. Son muchos, pero sólo hay un Dios que obra por medio de ellos.

Desgraciadamente, a veces el servicio al Señor se convierte en motivo de división en lugar de unión. Algunas personas insisten que su don - su forma de servir al Señor - es el más importante. Para el líder de alabanza, todo debe girar alrededor del ministerio musical. Los maestros de escuela dominical insisten en que la enseñanza es lo más importante. El líder de evangelismo habla mal de los demás ministerios, insistiendo que el evangelismo es lo crucial.

En otros casos, alguien se siente amenazado cuando aparece otra persona con el mismo don. Se ha acostumbrado a estar a cargo de algún ministerio en la Iglesia, y le choca que otra persona también lo quiera hacer. En lugar de ver que Dios lo ha levantado para ampliar el ministerio, algunos se sienten dueños de lo que están haciendo en la Iglesia.

Pero Pablo nos enseña aquí que la obra de Dios se debe realizar en unión. Lo demuestra mencionando la Trinidad. ¿Te diste cuenta de que los tres miembros de la Trinidad se mencionan aquí? El Espíritu, el Señor Jesucristo, y Dios Padre - son tres Personas divinas, pero nunca están en conflicto ni oposición. El Hijo siempre se somete al Padre, y el Espíritu Santo siempre glorifica al Hijo - aunque los tres igualmente son Dios.

En nuestro Dios vemos la unión de tres Personas distintas en un solo Dios. En la Iglesia, debemos ver la unión de muchas personas diferentes en un solo cuerpo. Cada persona diferente tiene una forma diferente de servir, pero es a un solo Dios que servimos. Esto nos debe unir. Si nuestro servicio trae división, algo está mal. Los dones espirituales siempre deben usarse en unión.

Leamos ahora los versos 7 al 11 para ver cuál es el propósito de Dios en darnos dones:

12:7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
12:11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

Cuando el Espíritu Santo nos capacita para servir a Dios, lo hace para el bien de todos. Cada forma de servicio dentro de la Iglesia tiene como propósito levantar la Iglesia, animar a otros creyentes, alcanzar a los perdidos y promover el bienestar de los demás.

El apóstol Pablo nos da algunos ejemplos de los dones que el Espíritu da. Es importante entender que esta no es una lista completa. Hay otras listas de dones en la Biblia que son diferentes. Por lo tanto, no debemos limitar los dones sólo a estos. Pero esto nos da una idea de lo que el Espíritu Santo hace. A algunos, les da el poder de expresar la sabiduría de Dios, explicando las verdades de su Palabra y aplicándolas a la vida diaria.

A otros, les da entendimiento especial de los misterios de Dios - un conocimiento que va más allá de lo normal. A otros, les da una fe que va más allá de lo normal y que sirve de inspiración a otros creyentes. El don de fe que se menciona en el verso 9 no es simplemente la fe que nos salva, sino una fe extraordinaria.

Hace poco, conversaba con una hermana que ha sufrido con una enfermedad crónica desde hace muchos años. Más de quince años atrás, los doctores le dijeron que ya se iba a morir. Dios le salvó la vida, pero no la ha librado por completo del sufrimiento. Al conversar con ella, se expresaba con mucha fe en el Señor. Aunque a veces sufre mucho, ella confía en su Señor y lo ama de todo corazón. Este es un ejemplo del don de fe, que nos inspira a confiar más en nuestro Señor.

Otros dones - los de sanidad y milagros - estaban especialmente activos en los apóstoles, pero todavía se evidencian en algunos casos. Pueden ser abusados, pero no debemos dudar que Dios todavía sana y hace milagros. Igualmente, el don de profecía tenía una importancia especial durante los comienzos de la Iglesia. Esta es la capacidad para dar una palabra directa de Dios. Todavía puede suceder, pero El hoy nos habla principalmente por medio de su Palabra.

Otro don es el de discernir espíritus. Los que tienen este don pueden detectar cuando alguien está diciendo mentiras en el nombre del Señor. Otros tienen el don de hablar en lenguas, y otros el don de interpretarlas. La Biblia nos enseña que, si alguien empieza a hablar en lenguas en un culto de la Iglesia, siempre tiene que haber interpretación.

Estos son algunos ejemplos de dones que el Señor puede dar. Si tú conoces a Cristo, su Espíritu está viviendo en ti y te capacitará para servirle de alguna manera. ¡No dudes de su poder! No digas, yo no puedo servir en la Iglesia. Lo importante es servir en el poder del Espíritu y para el bien de los demás.

Imagina un lago bello bajo la brisa de una mañana fresca. El sol brillante se refleja en múltiples destellos sobre la superficie del lago. ¡Qué belleza! Así debe ser la Iglesia de Jesucristo. El poder del Espíritu Santo se manifiesta en muchos destellos a lo largo y ancho de la Iglesia. Cada persona lo refleja de una manera diferente, pero en unión.

Busca la forma en que Dios te ha llamado a servir, y confía en el poder que su Espíritu Santo te da. Unete a los demás en su servicio al Señor, y busca su gloria. Pon a trabajar ese regalo útil que Dios te ha dado, y veremos juntos cómo el Espíritu Santo trae nueva vida y alegría a su Iglesia. ¿Y tú? ¿Te animas?


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