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Domingo 8 de Enero de 2017

Señales del destino
Pastor Tony Hancock

Hemos entrado a un nuevo año, y muchas personas se preguntan qué les depara el destino. ¿Cómo decidir qué hacer y cuáles planes realizar? Muchos buscan alguna señal. Algunos, por ejemplo, no hacen nada sin consultar el horóscopo. Creen que su destino se encuentra escrito en las estrellas.

Otros hallan maneras particulares de discernir su destino. Una vez escuché la historia de una señora que vendía tiliches de pueblo en pueblo. Cada vez que llegaba a un cruce en el camino, tiraba un palito al aire. Si el palito señalaba hacia la izquierda, ella iba a la izquierda; si señalaba hacia la derecha, iba a la derecha.

Un día, otra mujer la encontró en un cruce, tirando el palito una y otra vez al aire. "¿Qué haces?" - le preguntó. La vendedora de tiliches le respondió: "Sólo voy por donde me señala mi palito, pero ahora me dice que vaya a la derecha, y yo quiero ir a la izquierda. Lo estoy tirando al aire hasta que me señale el camino que yo quiero seguir."

¡Supongo que esa es una manera de hacer las cosas! Pero Dios nos ofrece algo mejor. En lugar de buscar señales del destino en lugares extraños, El nos ofrece la dirección de su propio Espíritu. En lugar de buscar señalamientos raros que nos marquen el camino, Dios ofrece guiarnos por un buen camino a través de su Espíritu Santo.

Abramos la Biblia en Romanos 8:14. ¿Qué nos dice? "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios." Alguien dirá: "Yo creo que todos somos hijos de Dios." Es verdad que Dios ama a todos como un Padre, y bendice a todos, pero no somos sus hijos simplemente porque nos creó.

Nadie piensa que una silla es hija del carpintero simplemente porque él la hizo. De otro modo, ¡tendríamos que arrestar a todos los carpinteros por estar vendiendo a sus hijos! De igual modo, sólo llegamos a ser hijos de Dios cuando somos adoptados en su familia. Esto sucede cuando nos arrepentimos del pecado y ponemos nuestra confianza en Jesucristo como Señor y Salvador.

A esto se refiere el versículo siguiente. Hablando a creyentes, dice: "Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ¡Abba! ¡Padre!" (Romanos 8:15) Si tú le has entregado tu vida a Cristo, si tú has puesto toda tu confianza en El, Dios te ha adoptado como su hijo y ha puesto su Espíritu en ti para guiarte.

El te está guiando, aunque no te des cuenta de ello. El verso que leímos al principio declara que, si somos hijos de Dios, su Espíritu nos guía. En ocasiones ignoramos su dirección; en ocasiones nos volvemos insensibles a su voz. Pero El siempre nos está guiando. Por lo tanto, si queremos ir por un buen camino este año, debemos aprender a seguir la dirección del Espíritu.

En cierta ocasión, una maestra iba manejando por la calle cuando un policía la detuvo. Pronto se dio cuenta de que se trataba de uno de sus ex alumnos. El policía le dijo: "Maestra, tengo que decirle que el alto que usted se acaba de pasar es un punto, no una coma." Muchas veces, somos como aquella maestra. Tratamos los señalamientos que nos da el Espíritu como sugerencias, nada más.

¿De qué maneras nos guía el Espíritu Santo? ¿Cuáles señalamientos nos da El? Uno de los errores más grandes que cometemos es pensar que el Espíritu Santo nos guía principalmente por medio de nuestros sentimientos o emociones. Esperamos sentir algo para saber qué es lo que debemos hacer. Pero ¡nuestros sentimientos son traicioneros! Nuestro corazón nos engaña.

Más bien, el Espíritu Santo nos hablará primeramente a través de la Palabra. También nos habla en la oración, por medio de las circunstancias, por medio de nuestra conciencia y con señales internas. Cuando escuchas un sermón y sabes que debes hacer algo, es la dirección del Espíritu Santo. Cuando lees la Palabra y te das cuenta de que debes cambiar algo, es la dirección del Espíritu Santo. Cuando sientes algo en tu corazón que te llama a hablar con alguien, es la dirección del Espíritu Santo.

Recuerda que el Espíritu Santo te está guiando, si eres hijo de Dios. No tenemos que pedir que nos guíe. No tenemos que suplicarle a Dios que nos dirija, como si no tuviera ganas de hacerlo y se hiciera de rogar. Dios constantemente nos habla, de una forma o de otra. ¿Estás dispuesto a escuchar la voz de Dios?

Algunos años atrás, un investigador descubrió el síndrome del gorila invisible. Hizo un video de seis personas en camisas de diferentes colores que circulaban pelotas de baloncesto. Les pidió a los sujetos del estudio que contaran el número de veces que los jugadores se pasaban las pelotas de baloncesto. En medio del video, un enorme gorila entraba al círculo de jugadores, se golpeaba el pecho y salía de escena.

Lo extraño es que la mitad de los sujetos del experimento se enfocaron tanto en contar los pases del balón que no vieron el gorila. Para ellos, ¡el gorila fue invisible! Parece increíble que pudiéramos ignorar algo tan grande, pero así nos sucede. ¿Será que así también ignoramos la dirección del Espíritu? Nos enfocamos tanto en otras cosas que ignoramos lo que Dios nos está diciendo.

En medio de nuestras vidas tan ajetreadas, separemos tiempo para preguntarle a Dios: ¿qué me estás diciendo hoy? Separemos momentos de silencio para tranquilizar nuestros corazones y simplemente estar con Dios. Repasemos su Palabra en nuestra mente. Estemos atentos a su voz.

Cuando aprendemos a distinguir la dirección que nos da el Espíritu Santo, suceden cosas interesantes. Nuestro Señor Jesús vivió su vida en la tierra bajo la dirección del Espíritu Santo. Aunque es Dios, El voluntariamente vivió como tenemos que vivir nosotros. Vivió en dependencia del Espíritu Santo.

Pero descubrimos algo muy interesante. El primer evento que marca el comienzo de su ministerio público fue su bautismo. Fue un momento de gran emoción; oyó la voz de su Padre hablarle del cielo, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma de paloma. Ahora bien, ¿cuál fue la primera cosa que hizo el Espíritu Santo? ¿A dónde le guió?

Seguramente le guió al templo, para que mucha gente escuchara su mensaje, ¿no? O quizás lo guió a un bello jardín, donde pudiera meditar y quizás escribir algunos libros de mucha venta. ¡No! El Espíritu Santo no hizo ninguna de estas cosas. Más bien, en Mateo 4:1 leemos: "Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación."

El siguiente paso en el ministerio que Dios había preparado para su amado Hijo era someterse a tentación. El Espíritu Santo lo llevó al desierto - ¡al desierto! - precisamente para esto. Cuando Dios guía a sus hijos, no siempre los guía a lugares de paz. A veces nos guía a lugares de dificultad, de prueba, de tentación. Lo que podemos saber con seguridad es que, si El nos guía a esos lugares, El estará con nosotros para darnos la victoria también.

Solemos pensar que, si estamos pasando por malos momentos, seguramente estamos fuera de la voluntad de Dios. Sabemos que Dios nos ama, y nos imaginamos que El nos consentirá. Cuando no nos sentimos consentidos, pensamos que algo está mal. Pero ¿será que Dios el Padre no amaba a su Hijo Jesucristo? ¡Claro que lo ama! Sin embargo, su Espíritu lo guió al desierto para ser tentado.

Si tú te encuentras en un lugar de prueba o de dificultad, no pienses que su Espíritu te ha dejado. Es muy probable que te haya llevado a ese lugar con un buen propósito. El está contigo en medio de esa situación para guiarte y ayudarte. Después de la prueba, viene el refrigerio. Cuando Jesús pasó la tentación, los ángeles vinieron a ministrarle.

Otra persona que fue guiada por el Espíritu es el apóstol Pablo. En medio del relato de su segundo viaje misionero, encontramos unos versículos que nos revelan algo interesante acerca de la dirección del Espíritu. Leamos Hechos 16:6-10:

16:6 Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia.
16:7 Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.
16:8 Entonces, pasando de largo por Misia, bajaron a Troas.
16:9 Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: "Pasa a Macedonia y ayúdanos."
16:10 Después de que Pablo tuvo la visión, en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.

Algunos piensan que vivir bajo la dirección del Espíritu Santo es algo pasivo. Simplemente hay que dejarnos llevar, sin pensar ni analizar las cosas, sin hacer planes. Pero Pablo no actuaba así. El se propuso ir a la provincia de Asia, pero fue sensible a la voz del Espíritu Santo cuando El le indicó que no lo hiciera.

Luego trató de pasar, con sus compañeros, a Bitinia; pero el Espíritu Santo también les indicó que no lo hicieran. Para vivir guiados por el Espíritu Santo, tenemos que evitar dos extremos. Un extremo es la pasividad que no toma ninguna decisión. El otro extremo es ser tan determinantes que ignoramos la voz del Espíritu cuando nos habla, porque ya hemos decidido lo que vamos a hacer.

Pablo no hizo ninguna de estas cosas, y si somos sabios, nosotros tampoco las haremos. Haremos planes; oraremos, entregándolos en manos de Dios. Haremos lo que nos proponemos, pero también seremos sensibles a los momentos en que Dios nos dice que no, o nos desvía por otro camino. Es como un vals.

Escucha las palabras de George Muller: "No recuerdo en todo mi caminar cristiano que haya buscado conocer la voluntad de Dios, con sinceridad y paciencia, buscando la enseñanza del Espíritu Santo por medio de la Palabra de Dios, y que no haya sido guiado correctamente. Pero si me faltaba la honestidad de corazón o la sinceridad ante Dios, o si no esperaba pacientemente para que Dios me instruyera, o si prefería los consejos de otros a las declaraciones de la Palabra de Dios, entonces cometía grandes errores."

Este año, más que proponerte bajar de peso o ahorrar más dinero, te invito a que te propongas caminar bajo la dirección del Espíritu. Recuerda que El te está guiando. Aprende a ser sensible a su voz.


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