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Domingo 7 de Diciembre de 2014

Volverlo a ver
Pastor Tony Hancock

Una mujer regresó al pueblo donde se había criado para asistir a un funeral. Cuando llegó a la Iglesia, su madre la llevó a saludar a un hombre que le parecía conocido. "¿Te acuerdas del pastor González?" le preguntó su madre, y luego los dejó para ir a saludar a otra persona.

La mujer intentaba recordar dónde había conocido a este pastor tan amable, y por fin le vino a la mente una memoria. Cinco años antes, decidió ella, este pastor había presidido en el entierro de su difunta abuela. "Me da gusto verlo de nuevo, pastor", comentó la mujer, "aunque es una lástima que siempre nos veamos en momentos tan tristes."

El pastor se vio perplejo, pero sólo pronunció algunas palabras de consuelo antes de disculparse para saludar a otra persona. Algunos momentos después, la mujer se encontró nuevamente al lado de su madre. "¡Imagínate!" exclamó su madre. "Después de tanto tiempo, ¡volver a ver al pastor que te casó!"

¡Pobre mujer! Había pasado mucho tiempo desde la primera vez que vio a aquel pastor, y ya no recordaba cómo lo había conocido. En su caso, la falta de memoria sólo produjo un poco de vergüenza pasajera. Hay un personaje que ya vino a este mundo una vez, y se fue. Pero lo volveremos a ver, y es muy importante que no sea un desconocido para nosotros cuando regrese.

Me refiero, por supuesto, a Jesucristo. En estas fechas celebramos su primer venida a este mundo. El nació en un simple pesebre, de padres humildes. Vivió una vida sencilla. Cuando la gente lo veía, su apariencia no los asombraba; aunque sus palabras y sus milagros sí eran asombrosos. Por fin, gracias a los celos y las intrigas de algunos líderes de su pueblo, murió la muerte de un criminal, en una cruz.

Pero aquí no se acaba la historia. Resucitó y volvió al cielo, de donde El volverá para llevar a los suyos a estar con El. Nosotros ahora vivimos en el tiempo entre su primera y su segunda venida. En esta mañana, mientras nos preparamos para celebrar a ese niño que nació en un pesebre, preparémonos también para su segunda venida. Abramos la Biblia en Hebreos 9:27-28, y pongámonos de pie en respeto a la Palabra de Dios:

9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,
9:28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

En estos dos versículos encontramos una sencilla pero profunda comparación. Cada uno de nosotros morirá una sola vez, y luego enfrentará el juicio. Este versículo deja fuera cualquier concepto de reencarnación, porque nos dice que sólo nos toca morir una vez - no muchas veces.

Hay un orden establecido para el ser humano, entonces. Es así: vivir una vez, morir una vez y una vez enfrentar el juicio. También hay un orden que Cristo siguió. Vivió una vez, murió una vez y una vez regresará, para traer la salvación a todos los que esperan su regreso.

La primera vez que Cristo vino tuvo una misión clara. En las palabras de Billy Graham, la misión de Jesús en su primera venida se trató de una cuna, una cruz y una corona. Nació en cuna humilde, como cualquier ser humano. Dejó la gloria del cielo para hacerse uno de nosotros. Se vistió de nuestra carne humana, y como cualquier bebé, lloró y se ensució los pañales. La Palabra eterna de Dios nació en una humilde cuna.

Este niño nació con una misión. Nació para morir. A la edad de treinta y tres años, fue crucificado como un criminal. Sus seguidores no lo podían comprender. ¿Cómo podría ser que este hombre tan noble y tan bueno muriera tan cruelmente? Lo que no comprendían era que esto es precisamente lo que Dios lo había destinado a hacer.

En las palabras de 1 Pedro 1:19-20, somos rescatados de nuestra vida pecaminosa "con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros." (RV60)

Antes de crear el mundo, Dios ya sabía que pecaríamos. Cristo ya había decidido que El vendría a ofrecerse en sacrificio para la salvación de cualquier persona dispuesta a arrepentirse de sus pecados y confiar en El como Salvador. Su amor es tan grande que El nos creó, sabiendo que pecaríamos contra El. Nos creó, sabiendo que pagaría un enorme precio por rescatarnos.

¿Qué logró Jesús con su muerte? Hebreos 9:28 dice que Jesús "fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos". La palabra que se traduce quitar significa cargar o llevar a otro lugar. Comunica levantar y quitar algo, llevándolo lejos.

Había un hombre que quiso recoger leña para su casa. Se llevó a su fiel burrito, y empezó a recoger palos y ramas entre los árboles. Algunos de ellos eran pesados, y el hombre se esforzaba por recogerlos y ponerlos sobre la espalda de su fiel burrito. ¡Este sí pesa! - exclamó el hombre, y luego lo agregaba a la carga que llevaba su burrito. Pero el burrito nunca decía nada.

Por fin, levantó un palito y lo echó sobre el montón que llevaba su burro. Era muy pequeño, pero el burro ya no podía más; se cayó con todo el bulto sobre sus espaldas y quedó tirado en el suelo. El hombre miró al burro, y se fue, dejando al burrito a esforzarse inútilmente para librarse de la carga.

Así es el pecado. Nos echa un peso tras otro a la espalda, hasta que ya no podemos más. Luego nos dice: ¡Qué bruto eres por haberte cargado tanto! Y nos deja, sin hacer nada por ayudarnos. Pero Cristo vino, con su poder, y nos quitó la carga. El mismo, con su gran poder, llevó esa tremenda carga a la cruz para pagarla y destruirla de una vez por todas.

Ponte a pensar, por un momento, en lo que eso significa. Toda tu culpa, toda tu pena, toda tu vergüenza fue llevada a la cruz, y allí se pagó. Esa pesada carga sobre tu conciencia que te deja con la espalda encorvada y el rostro triste, El ya la llevó. Si tú vienes a El con un corazón arrepentido y con fe en El, ¡ya no tienes por qué llevarla! Cristo fue a la cruz para que pudieras ser libre.

La vida de Cristo no se acabó en la cruz. El resucitó, y ahora reina en gloria. Después de mostrarse a sus discípulos durante cuarenta días y darles pruebas convincentes de su resurrección, Jesús volvió al cielo y está sentado en el lugar de honor a la mano derecha de su Padre. El ahora reina, con la corona de gloria que se merece.

Es muy apropiado que, en este mes de celebración del nacimiento de Cristo, se adornen las casas y los negocios con las Nochebuenas. Sus hojas rojas nos recuerdan que este niño que nació, en su primera venida, derramó sangre roja para pagar el precio de nuestros pecados. El nació para morir, y así ganó la corona de victoria.

En su primera venida, Cristo hizo todo esto para salvarnos. Pero la Biblia también nos dice que El pronto volverá para llevarnos a estar con El. El aparecerá por segunda vez. Esta vez, no será para cargar con el pecado; eso ya lo hizo. Será para traer salvación a todos los que lo esperan, porque han confiado en El y le sirven.

Sin embargo, hay muchos que hoy dudan de la segunda venida de Cristo. Dicen: ¿dónde está? Si El dijo hace mucho tiempo que iba a regresar, ¿por qué no lo ha hecho ya? Esto no es nada nuevo. Unas cuantas décadas después de que El volvió al cielo, ya había gente que se burlaba de la esperanza de los creyentes.

En su segunda carta, Pedro habla de estas personas. Dice así: "Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: ¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación." (2 Pedro 3:3-4)

¡Todo sigue igual! - dice esta gente. ¿Dónde está ese Señor que ustedes esperan? Pedro nos da dos respuestas. En primer lugar, nos dice que Dios ya juzgó la tierra una vez. Dice: "Pero intencionalmente olvidan que desde tiempos antiguos, por la palabra de Dios, existía el cielo y también la tierra, que surgió del agua y mediante el agua. Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado. Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos." (2 Pedro 3:5-7)

Si Dios ya destruyó la tierra una vez, por agua, es capaz de volverlo a hacer. Si no lo ha hecho ya, es para darnos tiempo para arrepentirnos y para alcanzar a más personas con el mensaje del evangelio. Esta es la segunda respuesta que nos da Pedro: "Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan." (2 Pedro 3:8-9)

Cristo viene otra vez. No sabemos cuándo será, pero El mismo nos aseguró que vendría. Dijo: "Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté." (Juan 14:2b-3) Ahora vivimos entre sus dos venidas, pero sabemos que lo volveremos a ver.

Cuando Jesús regrese, ¿cómo te encontrará? ¿Lo estarás esperando? ¿Te dará gusto verlo? No dejes que las cosas de este mundo te roben tu primer amor. No te metas en asuntos sucios que te daría pena que Jesús te encontrara haciendo. Este bebé que nació y vino para salvarnos un día va a regresar. ¿Estás listo para ese día? ¿Compartes con otros la esperanza que tienes?


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