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Martes 17 de Enero del 2006

El éxito según...
Por Héctor Marín Segura

Leía, hace días, en una revista, un artículo firmado por Hilda Tamayo, en el que daba algunas sugerencias para lograr diferentes propósitos en este año que apenas comienza.

A manera de "rituales", Tamayo dice que, por ejemplo, para la abundancia, hay que "poner algunos granos de lenteja cruda en la entrada de tu casa, preferentemente en las dos esquinas de la puerta. No pueden ser regaladas, las tienes que comprar tú".

Así, a lo largo de un corto artículo, esta autora daba sendas sugerencias para las "buenas vibras", el amor, y el dinero.

Para una persona con un mínimo de sensatez, las propuestas de Tamayo, además de que son una ofensa al poder que tiene Dios, que es finalmente a quien debemos pedir ayuda cuando la necesitamos, son ridículas en el sentido de que ya parece que va a haber alguien tan tonto como para ponerse a colocar lentejas en la entrada de la casa.

Lo triste de esto, es que, en efecto, hay quienes haciendo gala de su ignorancia y desconocimiento de Dios, hacen este tipo de aberrantes y ridículas acciones, ¿Y todo para qué? Para lograr algo, y ese algo es la obtención del éxito en las diferentes esferas de la vida.

PERO, ¿Y QUE ES EL EXITO?

Vayamos primero a la definición que nos da el diccionario, en este caso, El Pequeño Larousse Multimedia: ÉXITO n. m. (lat. exitum, resultado). Resultado de una empresa, acción o suceso, especialmente buen resultado. 2. Aprobación del público: una comedia de éxito.

Tony Campolo, en su libro "La Fantasía del Éxito", nos presenta esta otra acepción:

"...en nuestra cultura, éxito quiere decir que la persona ha conquistado para sí una de las siguientes cosas, si no todas: riquezas, poder y prestigio. Cuando alguien posee una de ellas, tiende a poseer las otras dos también".

Es precisamente este el punto de vista desde el que abordaremos el tema de esta entrega de Espejo.

Hablábamos al principio de las recomendaciones de una discípula de la Nueva Era acerca de cómo obtener beneficios al realizar diversos "rituales". Si comparamos los temas que le interesaba divulgar a Hilda Tamayo como importantes para poder tener un buen año, con la definición que nos presenta Tony Campolo, notaremos que el éxito que se busca en nuestras sociedades actuales va orientado a satisfacer nuestras necesidades materiales y sensuales.

No nos es ajeno escuchar historias de éxito, de fulanito o fulanita que ya estrenaron coche y ahora van por una casa, o de "x" persona que acaba de ser nombrada director(a) general de un área muy importante de una empresa, etcétera.

¿Te has preguntado, querido lector, lo que hay detrás de estas historias de "éxito" en muchas ocasiones?

Me gustaría tan sólo para tenerlo como precedente, las historias de éxito que se han convertido después en fracasos estrepitosos, como la vida del extraordinario jugador de futbol Diego Maradona, quien a pesar de sus riquezas, no ha podido sacudirse del todo sus adicciones, o el reciente caso del suicidio de la señorita Lee Yoon-Hyung, heredera de la poderosa firma de productos electrónicos Samsung, el pasado mes de Noviembre. En este caso, la chica, a quien no faltaba nada económicamente hablando, padecía depresión, la cual no podía arrancar de su vida a pesar de tener acciones en la compañía por unos 171.9 millones de dólares.

EL GRAN JORGE

Jorge trabajó durante años enteros, a veces doblando turnos en una dependencia de gobierno. El esfuerzo realizado se vio a su tiempo, recompensado por sus jefes, quienes decidieron ponerlo a cargo de la pequeña área a la cual él mismo había ingresado como un pasante de servicio social que apenas traía para el pasaje en el metro y el camión que lo dejaban en su casa.

La vida, por primera vez, le sonreía. Ahora era jefe, ya era importante. Era entonces momento de marcar diferencias.

Jorge tenía que comenzar a trazar su nueva vida: Ya no podría seguir yendo a comer con sus compañeros a la fondita que acostumbraban. Ahora estaba a cargo de una oficina y, los jefes de oficina no iban a esos lugares, así que comenzó a frecuentar un bar de postín en el que se podía ‘codear’ con gente de "su nivel".

La transformación también se dio en su forma de vestir y todo se vio reflejado en el trato que daba a sus antiguos compañeros.

Ahora Jorge trataba de ‘ilustrar’ a sus subalternos con conceptos que había aprendido en los libros que ahora leía para cultivarse intelectualmente y no desaprovechaba la oportunidad de recalcar los errores que la gente bajo su mando llegaba a cometer. Se había vuelto irónico, burlón y poco respetuoso del tiempo de los demás.

Los tiempos de andar en camión y metro también habían llegado a su fin. ¿Comprar un auto usado? ¡Ni soñarlo! Un jefe de oficina no puede traer un vehículo cualquiera. Jorge dio el enganche para un símil del Batimóvil y el resto lo iría pagando en pequeños y cómodos pagos.

Jorge aún no se sentía satisfecho. Ya comía mejor, leía libros de moda y estaba suscrito a varias revistas y periódicos, pero no era suficiente. Su vehículo era espacioso, cómodo y veloz. Pero ir solo en él no bastaba. Había que hacerse de una acompañante que adornara lo suficientemente bien la carrocería del coche, así que comenzó a cortejar a la secretaria más guapa de la oficina. Si bien la chica "ya tenía su historia" en la dependencia, no era menos cierto que era codiciable a los ojos de muchos, y ahora Jorge estaba en posibilidades de poderla parte de su nueva vida.

Así fue. Tuvieron un noviazgo relámpago y se casaron algunos meses después. Todo iba viento en popa. Quienes conocían de años atrás a Jorge ahora estaban frente a un hombre diferente, alguien seguro de sí mismo, con el control de su vida, una mujer hermosa, un auto último modelo y una posición de buen nivel en lo laboral. Jorge se expresaba con la confianza que tiene quien se sabe poseedor de la verdad, quien ha trabajado duro para lograr algo en la vida y tener casi grabada en la sonrisa una palabra: ÉXITO. ¿Estaba Jorge conforme con lo obtenido? ¡Por supuesto que no! Ahora sabía que estaba hecho para brillar, para ser alguien en la vida, para alcanzar metas más altas. Primeramente, tendría que trabajar más duro para que sus superiores vieran que había valido la pena darle una nueva responsabilidad. De entre quienes consideraba sus amigos, ya había formado un equipo de trabajo fiel y comprometido, ahora la cosa era esforzarse y esperar.

Su esposa estaba embarazada y con ello él estaba por cumplir una de sus más anheladas metas: Ser padre.

Las presiones del trabajo, los pagos del coche, la renta del departamento, la compra de muebles para el bebé que venía en camino y los múltiples compromisos laborales y sociales, apenas y lograba mitigarlos un poco con lo que había sido una de sus debilidades desde sus tiempos de estudiante: El alcohol. Sus borracheras no eran frecuentes, pero cuando se daban, le dejaban duras consecuencias físicas y morales. Sin embargo, él se había propuesto dar una imagen muy distinta ante el mundo, cierto, alguna vez se emborrachaba, pero lo hacía con su dinero, y además, no bebía cualquier cosa, su hígado y su garganta no aceptaban menos que coñac, o en su defecto algún licor importado que fuera digno de su exigente gusto.

Lejos estaba Jorge de pensar que el pequeño imperio que había forjado estaba por llegar a su fin. Una tarde, entró su jefe con la mirada baja y en tono serio se dirigió a Jorge diciéndole: "Estamos fritos, todo terminó. Cambiaron al director y me acaban de mandar un oficio en el que nos informan que nuevo personal ocupará nuestros lugares". Para Jorge eso fue un auténtico cubetazo de agua helada y contestó: "¡No es posible!, hemos trabajado duro todo este tiempo, tenemos el trabajo al día y además no hay nadie más que sepa lo que nosotros sabemos hacer".

Su jefe lo miró resignado y tan sólo atinó a decirle: "Jorge, siempre es lo mismo. Cuando llega un nuevo jefe, éste trae su equipo y no queda de otra que hacerse un lado. Supongo que tienes a dónde irte, ¿verdad?"

Esta última pregunta lo dejó helado. La verdad es que no tenía otra posibilidad de trabajo más que ahí. No había pasado por su mente la idea de que algún día tuviera que trabajar fuera de ahí.

Jorge respondió esbozando una falsa sonrisa: "Claro". En su interior, sin embargo, surgían dudas, temores de todo tipo, y asomaba otra pregunta como un fantasma: "¿Y ahora qué voy a hacer?" Dada su nueva posición se había dado el lujo de despreciar un par de ofertas de trabajo que le habían hecho ya que no eran dignas de un gran señor como lo era ahora. ¿Llamar y ver si todavía hay vacantes? ¡Ni soñarlo!, ¡no se iba a rebajar de ese modo, había que actuar con dignidad! Además, quizá todo era un error y al ver los resultados de lo que había hecho por la dependencia, verían que no convendría correrlo, después de todo, tenía experiencia y capacidad. Sin embargo, esa pequeña esperanza se esfumó un par de semanas después, cuando tomó posesión el nuevo director general.

En una junta con algunos jefes, les ratificó a Jorge y a otros que, sus servicios, ya no eran necesarios para la oficina, por lo que serían liquidados conforme a la ley y que su estancia en la dependencia sería de 15 días más en lo que capacitaban a quienes ocuparían sus lugares.

Las secretarias, hábiles como son para conseguir y difundir información, lo sabían: Jorge no estaría más. Sin embargo, él aparentaba tranquilidad y un buen día llamó a sus subalternos para decirles: "Todo tiene un principio y un fin. Aquí he logrado muchas cosas, pero siento que me he estancado, esta oficina, perdonen la expresión, me queda chica. Tengo más aspiraciones y proyectos que me he trazado y que aquí no puedo desarrollar, así que, en breve, renunciaré. Por el momento les pido que a quien llegue, le demuestren la misma capacidad que han tenido al trabajar conmigo, para que vea cómo se hacen las cosas. En algunas semanas me estaré comunicando con algunos de ustedes para que se integren al proyecto en que voy a estar trabajando, les agradezco haber formado parte de mi equipo".

Es decir, Jorge ideó una salida en la cual no tuviera que decir que lo estaban corriendo, que sus servicios ya no eran necesarios, así que prefirió fingir que era él quien se iba a buscar nuevos horizontes, pues le "quedaba chica" la oficina.

Los días pasaron, cada momento era tenso, duro, doloroso. Sus días de gloria se extinguían alarmantemente. Había tratado de contactar a una amiga de una escuela para ver si le permitía dar clases, pero pese a que le había llamado en por lo menos cinco ocasiones, ésta no le había devuelto la llamada. Él recordó que tiempo atrás ella le había pedido trabajo aunque fuera de secretaria, pero él no la quiso ayudar, ¿sería que le estaba pagando con la misma moneda?

Llegó el momento de recoger sus cosas, salir con las pertenencias y decir adiós al lugar donde había pasado por lo menos ocho años, dos de los cuales, los últimos para ser más precisos, había gozado de riquezas (una buena paga), poder y prestigio. Le habían pagado un cheque de liquidación que no era despreciable. Le alcanzaría para poder vivir sin trabajar por lo menos unos seis meses. Pero estaba aún pendiente el pago del coche, la renta de la casa, los gastos del hogar y, además, venía un bebé en camino y eso significaba una cantidad, extra.

Pasaron algunas semanas, tuvo la oportunidad de convivir un poco más de tiempo con su mujer, hasta que llegó el día del alumbramiento. Jorge era un hombre feliz, podía descansar un poco y aún conservaba sus posesiones materiales y ahora era papá. El médico, sin embargo, quiso hablar con él en privado. La bebé estaba sana, todo estaba en orden, y, en cuanto a la atención respecto al Síndrome de Down, se encargarían de ponerlo en contacto con las mejores instituciones. Jorge no podía creerlo. Primero se quedaba sin trabajo y luego...

¡No era posible! Tenía que haber un culpable. Seguramente en la familia de su esposa estaba el problema.

Jorge no quería ni acercarse a la niña, no podía creer que la vida fuera tan cruel. Apenas hace algunos meses gozaba de un trabajo en el que era respetado y ahora, era un desempleado y además con una niña... Diferente.

Él trataba de resistir, pero su dependencia del alcohol comenzaba a aflorar de nuevo como en sus días de juventud. Su esposa seguía tan exigente como siempre y le exigía que se ocupara de la pequeñita también. La cosa es que Jorge no quería hacerlo y el mejor remedio para evitar tener tratos con una niña así era asumir la embriaguez como un estado permanente.

Sin embargo, la pantalla ante los demás seguía tendida. Jorge y su esposa no habían aceptado visitas tras la llegada al mundo de su primogénita, porque tenían planeado viajar al extranjero, pero agradecían los parabienes de todos.

Habían pasado apenas tres meses, y de pronto los gastos parecían interminables: Pañales, medicinas, ropa para la bebé y la madre, y si a eso se le agregara el gasto en licor... El dinero no rendiría para el tiempo supuestamente proyectado. Había que pagar además luz, renta, teléfono, gas, la mensualidad del carro.

Cuando vieron a Jorge en un auto compacto, unos amigos le dijeron que a qué se debía, él sólo atinó a decir: "Es el coche de mi mujer, le pedí que me lo prestara hoy, es que voy a ir al centro". Quiso evitar decir que había tenido que vender su lujoso auto deportivo, pues no podía seguir sosteniendo ese gasto. Tiempo después también el auto compacto era historia, los tiempos del metro y del camión habían regresado. Los meses pasaban y un trabajo ad hoc no llegaba. Su esposa, ante la ineficacia de Jorge para lograr encontrar un empleo, había decidido volver a trabajar, para mantenerse ella y obtener ingresos para los gastos de la niña. La crisis familiar se agudizó y bueno, el final de la historia lo puede imaginar cada quien.

¿CUAL ES LA ENSEÑANZA?

Habrá quien piense que casos como el de Jorge no pueden existir, que quien es exitoso no puede verse en situaciones como la descrita párrafos arriba y que el que esto escribe está en contra de quienes están llamados a ser triunfadores. Contesto por anticipado: No es así.

Habrá también quien piense que, efectivamente, casos como el de Jorge pueden ocurrir y que no hay que confiarse de situaciones en las que aparentemente todo es bonanza, y tendrán razón.

Habrá igualmente quienes piensen que los bienes materiales, el éxito y las riquezas no son algo indeseable y que hay exitosos hombres de negocios cristianos que llevan una vida espiritual y laboral equilibrada. También tiene razón.

LA COMPETENCIA

Notemos antes de adentrarnos en analizar esta problemática, que Jorge ya no buscaba tan sólo satisfacer sus necesidades materiales. Él buscaba status, reconocimiento, un lugar en su círculo social, esto lo llevaba a niveles en los que competía por demostrar a los demás que lo que él había logrado era digno de envidiarse.

Génesis 4:2-7 nos habla de la historia de un hombre que llegó a envidiar tanto lo hecho por otro, que se convirtió en el primer asesino de la historia: "2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. 3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. 6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? 7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él".

Muchas veces la ambición se convierte en envidia y la envidia trae consecuencias desastrosas.

El punto, sin embargo, es hacer ver, a través de este ejemplo de la vida real lo relativo que es el éxito que nos ofrece el mundo, pues como vimos, el éxito de Jorge era relativo y le había servido para crear una gran pantalla en la que él era el héroe y el hombre fuerte de la propia ficción que había creado, la cual se vino abajo cuando la realidad tocó a su puerta y lo exhibió como era en realidad.

DIOS Y EL EXITO

Puesto que la perspectiva de la Columna Espejo y de Espejo Revista Electrónica (ERE) es cristiana, habrá quien se pregunte, muy justificadamente, si entonces Dios está en contra de que la gente sea próspera económicamente o si no le gusta la gente exitosa en su trabajo.

La respuesta definitivamente es que no. Dios quiere que progresemos, que logremos alcanzar grandes metas, siempre y cuando estemos sometidos a Él, pues quienes "...esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán...". (Is. 40:31).

La perspectiva actual que rige a este mundo en que vivimos, nos ha hecho creer que quienes tienen más posesiones materiales, dinero y poder, son en realidad los exitosos y que quienes no han alcanzado este nivel sólo merecen un calificativo: MEDIOCRES.

Dios no quiere siervos mediocres, definitivamente, pero tampoco quiere gente pagada de sí:
"2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 6 Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. 7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. 9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos". (Is. 3:2-9).

Entonces, en el caso del dinero, ¿cómo debe conducirse el cristiano al respecto? En primer lugar, con sabiduría, sabiendo administrar sus ganancias para su casa y necesidades personales, pero sin dejar de pagar sus deudas, y al mismo tiempo ofrendando para las necesidades de la iglesia. Hagamos un ejercicio de honestidad y pensemos si realmente nos comportaríamos de esta forma sabia si de pronto un familiar o una persona adinerada de pronto nos heredara, supongamos, unos 2 millones de dólares. ¿Quién no pensaría en remodelar o cambiar de casa?, ¿quién no pensaría comprar un carro nuevo, quizá ropa y hasta salir de viaje a conocer el mundo?

Como dije, seamos honestos, ¿no habría quien quisiera desaparecerse, esfumarse y quizá dejar de asistir a la iglesia para que los hermanos no fueran quizá a solicitarle un préstamo? Casi estoy seguro que sí.

Es de esto de lo que debemos de cuidarnos, de hacer del dinero nuestro dios, nuestro ídolo de metal que nos satisfaga hasta nuestras más absurdas y ominosas necesidades, usemos el dinero con sabiduría y con discreción, aprendamos a guardarlo y a utilizarlo, en el más amplio sentido de la palabra, ya que si hacemos lo contrario, estaremos en la situación descrita en 1 Tim. 6:9-10:
"9Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores".

Dice asimismo la Palabra de Dios que no podemos servir a dos señores (Mat 6:24):
"24Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas".

Pero tampoco pensemos que, como lo hacen en iglesias o mejor dicho, sectas como esa en que le prometen a la gente que parará de sufrir, Dios es un Dios mercantilista que nos hace milagros de acuerdo a lo que desembolsamos, pues gracias a Dios, la salvación es completamente gratis y no depende de si damos o no grandes cantidades en ofrendas o diezmos:
"23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados" (Ro. 3:23-25).

El dinero, las posesiones, el poder, no nos los llevaremos al morir, aunque los faraones egipcios pensaran distinto, ya que se hacían enterrar incluso con sus tesoros más preciados y hasta con sus sirvientes y mascotas.

Cristo es el único que nos puede realmente ayudar para que el año que comienza sea próspero si hacemos Su voluntad, y no el usar ropa interior de colores determinados el último día del año. Insisto, debemos obrar con sabiduría y saber darle la importancia necesaria al dinero y a su administración, ya que pese a que en apariencia, en las condiciones actuales de economía nacional en que vivimos es muy fácil adquirir bienes, es más fácil todavía adquirir deudas.

Como dato referente a este punto, quiero traer a colación el aumento de 4 por ciento a los salarios, que es en suma una cantidad irrisoria de un peso con 80 centavos, lo cual no alcanza siquiera para comprar un boleto del metro. Sin embargo, paradójicamente, vemos día con día cómo el parque vehicular se renueva al grado de, que, de acuerdo con información de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz AMIA), en 2005 se impuso "un récord histórico de ventas en el mercado interno, donde se lograron comercializar un total de un millón 131 mil 768 unidades, lo que marcó un incremento de 3.3 por ciento en comparación con el año previo". (Milenio 11-01-06).

Hasta aquí la cifra alegre, pero viene el dato contradictorio: "Los usuarios de tarjetas de crédito deben tener cuidado de aumentar sus deudas mediante estos instrumentos porque las tasas de interés que cobran los bancos son muy elevadas", afirma Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México (La Jornada 14-01-06). Y es que, si somos observadores, notaremos en primer lugar que, efectivamente, hay muchos carros nuevos circulando en la calle, pero, ¿cuántos de los automovilistas que conducen estos vehículos son ya dueños de los mismos? Y, por otra parte, se ha dado un auge excesivo en las compras a crédito. Por ello, y para evitar situaciones como la vivida por el personaje de la historia que relatamos, sugerimos a los lectores a comprar únicamente lo necesario y comprar a crédito sólo en caso que no haya otra opción. Pese a que aparentemente vivimos una época de auge económico, puede que se trate sólo de una burbuja que al estallar, pueda traernos más problemas de los que nos imaginamos.

Hasta pronto. Que Dios te bendiga y recuerda que estamos abiertos a la crítica y a tus sugerencias. Escríbenos a columnaespejo@iglesiatriunfante.com o a revistaespejo@iglesiatriunfante.com .

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