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Domingo 16 de Enero del 2005

¿Y Cuál es tu Propósito Para Este año?
Por Héctor Marín Segura

Mucho se escucha por estas fechas de inicio de año sobre los propósitos para el año nuevo que apenas está comenzando (por cierto, queridos lectores, vaya para ustedes un cálido y fraternal abrazo y mi deseo de que el Señor los colme de bendiciones).

Todo tipo de buenas intenciones salen a relucir... Desde bajar de peso, hasta tratar de hacer un mayor esfuerzo en la escuela... Todo se vale, tal parece que cada año comenzamos con nuevos bríos, pero después viene la depresión y el desánimo.

Claro, no siempre es así, pero parece ser una constante de nuestra naturaleza humana.

Seamos realistas y pensemos en las cosas que queremos mejorar en nuestras vidas... Casi siempre giran en torno a lo mismo... Mejoras económicas y materiales, deseos de cambiar en aspectos físicos (quizás eliminar llantitas o hacerse una cirugía en la nariz, por decir algo), y otros de orden sentimental como pueden ser conseguir novi@ en este año.

¿Es esto válido?

Por supuesto que lo es. Vivimos en un mundo tan absorbente, que apenas tenemos tiempo para nosotros y para compartir con nuestras familias. Sin duda la vida no es muy fácil para casi nadie, y tenemos que trabajar duro para satisfacer nuestras necesidades más elementales.

¿Es justo que tras duras jornadas de trabajo, al recibir mi salario, sin detrimento de la economía familiar, me compre una revista o un disco? No lo dudo, creo que sí, que es justo, siempre y cuando, como dije, no afecte el gasto familiar ni mi salud física y espiritual.

¿Y LO ESPIRITUAL?

¡Momento!, me parece haber mencionado algo que no habíamos considerado... El aspecto espiritual. Ya hablamos de satisfacer necesidades materiales y físicas, pero, ¿dónde ponemos lo espiritual?

Comencemos por analizar cuál ha sido nuestro papel en nuestras iglesias locales... ¿Hemos hecho lo suficiente? ¿Somos miembros activos o simples congregantes?

Ojo, no es malo ser congregante, asistir a la iglesia el domingo y escuchar el sermón, pero pregunto: ¿A eso se limita la vida cristiana? ¿No hay acaso algo más que pudiéramos hacer en nuestra congregación? ¿Nunca te lo habías preguntado? Hoy te invito a que lo reflexiones.

A veces pensamos que las comodidades que tenemos, la estabilidad laboral y la satisfacción de nuestros gustos y necesidades nos lo debemos a nosotros mismos. Somos muy dados a pensar que es nuestro esfuerzo y nada más lo que nos ha hecho llegar a tener los bienes de los que gozamos, pero, ¿qué pasa cuando nos vemos en una situación adversa? ¿No acaso entonces miramos al cielo y decimos con la voz entrecortada, "Señor, ayúdame"? Y el Señor nos ve con misericordia y viene en nuestro auxilio.

Esto último quiero remarcarlo porque a final de cuentas así somos, o al menos una gran mayoría. No nos acordamos de Dios sino cuando tenemos problemas, cuando entonces sí ya no nos sentimos autosuficientes, cuando los problemas van más allá de lo que humanamente podemos hacer y entonces sí que nos acordamos que existe un Dios.

NUESTRA MAYORDOMÍA

¿Por qué no pensar entonces en la Iglesia como la otra parte importante de nuestra vida, es decir, la parte espiritual de cada uno de nosotros? Puede que muchos se pregunten: ¿Pero qué puedo hacer yo en la Iglesia? Créanme hermanos, que hay mucho por hacer.

Recuerdo que en la Iglesia San Pablo, a la que asistía hace tiempo, parecía que todo se hacía solo, pero al involucrarme en la parte ejecutiva de la iglesia, comprendí el error en el que estaba. Nunca está de más lo que un hermano o hermana puedan hacer en las diversas labores de la iglesia, desde la compra de arreglos florales, hasta la limpieza del edificio.

Aquí empieza entonces a tener efecto la mayordomía cristiana, es decir, cuando comenzamos a tomar las riendas de una responsabilidad beneficio de nuestra comunidad.

Muchos piensan que llegar a tener un cargo en la iglesia trae consigo beneficios económicos o, por otra parte, influencia sobre la vida de los demás. Pero la esencia del servicio no es llegar y mandar a que otros sirvan, sino servir.

Debemos aprender a servir a la Iglesia y no a servirnos de ella. El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia dice lo que es un mayordomo de la siguiente manera: "Encargado de la administración de los bienes o empresa de otro... En el Nuevo Testamento los vocablos griegos epé tropos y oikono mos encierran una misma idea de administración y superintendencia, control de asuntos domésticos y servicio en bien del amo... Pablo recoge la misma figura en relación con su ministerio, el de sus compañeros y el de los obispos, subrayando que la virtud primordial del mayordomo ha de ser la fidelidad ante su propio Señor, en el uso del tiempo, talentos y posesiones...

Es decir, no es un trabajo para que destaquemos, un trabajo para que los demás hermanos nos admiren, sino estamos haciendo un servicio para el Señor de la casa, así es como debemos tomarlo.

No es un trabajo para sentirnos como altos dignatarios sino como siervos humildes, ya que una labor que debemos hacer con alegría y sencillez, es el servicio.

Una porción de las Escrituras que habla de la sencillez que debemos imitar de Cristo, y su ánimo de servicio es la que se encuentra en el Evangelio según San Marcos, capítulo 10 verso 45: "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos".

Jesús, el Rey, el Salvador, vino a servir, a ofrendarse por nosotros.

PERO... ¿Y QUÉ HAGO?

No es necesario hacer grandes sacrificios por dar un servicio a la iglesia. Por muy sencilla que sea la actividad que quieras desempeñar, créeme que estarás siendo de grana ayuda. Trata de ser constante y de no descuidar tu labor, cuando no puedas llevarla a cabo, avisa para que se pueda encontrar la forma de suplirte.

No digo que esto lo tienes que hacer a fuerzas, pero te invito a pensar si crees que lo que aportas a tu iglesia es suficiente y si no piensas que tu iglesia merece al menos un par de horas a la semana para que le brindes un servicio. Además, ese tiempo, te aseguro que no será en balde, pues te servirá para convivir y conocer un poco más a los hermanos de tu congregación. Al respecto, el rey David, en el libro de los Salmos, declara: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Salmo 133:1).

Evalúa tus cualidades y ponlas a disposición de tu comunidad de fe. No es necesario que te vayas de misionero al África para servir a tu Iglesia, basta que te propongas hacer algo ahí mismo, y verás que los resultados son maravillosos.

Muchas veces no sabemos hasta qué grado algo que nosotros pensamos que puede ser muy sencillo, es de gran trascendencia para otras personas. En mi vida como cristiano, he tenido la oportunidad de constatar esto en infinidad de ocasiones, piensa que en tu Iglesia hay gente que puede estar pasando por algún problema, alguna tribulación y, quizá tú, pudieras ser un factor de ayuda para esa persona. No desestimes tu capacidad, no pienses que por ser muy joven o muy anciano no serás tomado en cuenta, hay trabajo para todos.

Piensa esto como una posibilidad de establecerte un propósito diferente para este año, un propósito espiritual que puede ir acompañado de la lectura diaria de la Biblia o actividades que ayuden a tu edificación. Que el Señor te acompañe en tu camino a lo largo de los días que quedan de este 2005. Felicidades.

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