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Lunes 17 de Mayo del 2004

El Cristiano Saltarín
Por Héctor Marín Segura

En mis labores de consejería, me he encontrado con algunas personas que se acercan para hacerme saber algo que no se atreven a plantear directamente ante sus pastores y líderes: el deseo de abandonar la iglesia por no sentirse a gusto

El tema es curioso, porque existen una serie de ideas acerca de por qué no dejar la iglesia a la que uno asiste. La que me parece más aproximada es aquella que se encuentra en la epístola de San Pablo a los hebreos capítulo 10 versículos 24 y 25 que dice:

"24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca".

Salvo otra consideración, podemos concluir que el reunirnos en nuestras respectivas iglesias trae consigo el edificarnos entre quienes formamos el cuerpo de Cristo animándonos amorosamente lo cual redunda en nuestras buenas obras.

La importancia de congregarse es, en una forma simple y llana, la mejor forma de conocer y aprender de la Palabra de Dios, pero no sólo eso, sino que es el campo inicial en que podemos llevar a la práctica las enseñanzas doctrinales que iremos introduciendo a nuestra vida diaria.

Quiero ser claro en algo. Ir a la iglesia no nos hará más santos por arte de magia. La santidad aquí consistiría en que los resultados de nuestras asistencias a la iglesia se traduzcan en la transformación de nuestro ser, pero ir a la iglesia sin esa convicción es lo mismo que ir a la escuela y no entrar a clase.

Volviendo al punto inicial... ¿Por qué hay tantos cristianos "saltarines" que brincan de iglesia en iglesia sin encontrar acomodo? ¿A qué se debe que haya tantos hermanos que llevan en su historial una cadena casi interminable de iglesias en las que se han reunido durante algún tiempo y luego más tarde las abandonan?

Hubo una vez un hermano que me dijo muy seriamente que uno "nunca debe dejar de asistir a la iglesia en la que nació". Aquí me pregunto, ¿debemos fidelidad exclusiva a una iglesia local o al dueño de la iglesia que es Cristo? Hay montones de hermanos que confiesan su fe en Jesucristo en lugares bien diferentes de donde se reúnen, lo cual no creo que sea malo en modo alguno.

Entendemos entonces los beneficios de asistir a la iglesia que son para nuestra edificación y nuestra bendición. Pero la pregunta sigue sin respuesta... ¿Por qué andan de templo en templo tantos hermanos? Aquí presentaré algunas opciones:

LOS QUE SE ENFRIAN

Es de gran gozo ver a hermanos recién convertidos que no quieren sino estar en el templo y participar de todos los cultos y actividades de la iglesia, sin embargo el gozo se va convierte en costumbre y lo que antes era un gran amor por las cosas de Dios, se vuelve apatía y desinterés. Lo peor viene cuando estos creyentes son dejados a la deriva mientras su estado espiritual llega a niveles a veces peores que antes de confesar su fe en el Hijo de Dios.

Es por eso primordial que los pastores atiendan de inmediato estos casos para reconfortar al que está pasando por un mal momento espiritual tal y como está expresado en Gálatas 6:1: "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado".

FALTA DE COMPROMISO

Esto es lamentable y se da tanto entre nuevos creyentes como en cristianos de años. Hay quienes creen que asistir a la iglesia forma parte de una especie de ritual que no encara mayor compromiso más que el de hacer "acto de presencia" de cuando en cuando, y saludar a todos con el sobrenombre de "hermano". A estos hermanos no les preocupa en absoluto si la escuela dominical carece de maestros o si los pastores están enfermos, actúan bajo el criterio de "allá ellos que se las arreglen" o el de "yo cumplo con dar mi ofrenda".

Lo peor viene cuando el pastor parece tener el mismo desinterés y apatía que este tipo de creyentes, por lo que podemos concluir que en una iglesia así no puede cumplirse ni la edificación ni el amor, ni nada.

MALOS EJEMPLOS

Muchos de quienes ahora nos podemos llamar orgullosamente cristianos redimidos por la sangre del Cordero, venimos de diferentes familias y entornos con problemáticas muy variadas. Algunos creemos haber pecado más que otros en nuestra vida antes de conocer al Señor Jesús, pero todos coincidimos en querer parecernos lo más posible al Maestro.

Es difícil, nadie lo niega, pero podemos hacer el esfuerzo. Sin embargo, más difícil todavía es alcanzar esa meta cuando los líderes o incluso algunos otros congregantes se ven envueltos en situaciones que lejos de ser reprendidas, se solapan tal y como ocurre en tantos ejemplos de corrupción que hay en el mundo en que vivimos.

Hay que decirlo, hay hermanos que viven actualmente situaciones de adulterio, robo, fraudes y otros pecados que son pasados por alto. Esto contrista necesariamente el ánimo que puede haber en una congregación, ya que los más débiles pueden pensar: "si el pastor lo hace, ¿por qué yo no?" Aquí pues, quisiera entonces citar el siguiente consejo de Richard Baxter que, aunque va dirigido a los pastores, creo que bien puede aplicarse a todos los creyentes por igual: "Tenga cuidado porque usted es un blanco especial de Satanás. Como siervo de Cristo, usted representa una amenaza seria para el poder de Satanás. El sabe que si usted cae, entonces su grey será presa fácil para él".

FATIGA DOMINICAL

Lo confieso, lo he hecho algunas veces. Durante mucho tiempo he sido una persona que trabaja prácticamente todos los días de la semana en diferentes áreas que tienen que ver con la comunicación colectiva. Al llegar el domingo, a veces se piensa... "Ay, tengo que ir a la iglesia... Pero la cama está tan rica... Me quedo otros cinco minutos".

Cierto, quienes trabajamos toda la semana o tenemos horarios que culminan en la madrugada, pensamos irremediablemente en el descanso, en la tranquilidad que da el saber que el domingo ha llegado y que las actividades se reanudarán hasta el lunes. Esto hace que a veces pensemos en descansar todo un día, siendo que deberíamos entrar en la conciencia de que se trata del día que dedicamos al Señor.

Aquí entra mucho la falta de disciplina y la entereza de hacer a un lado la flojera. Quienes hemos incurrido en esto debemos tener en cuenta que somos ejemplo para nuestros hijos, por lo que la holgazanería no es el mejor reflejo que deben ver de nosotros.

Por eso, es mejor que si usted sabe que no se va a levantar temprano al día siguiente, descanse y vaya al culto de la tarde para no tener el pretexto de no ir a la iglesia. Creo que la fatiga y la flojera son uno de los peores argumentos para dejar de ir a la iglesia.

INTERES POR LO ESPECTACULAR

Tengo todavía muy presente la frase de un joven que fue a hacer examen al Seminario Teológico el mismo día que yo: "Yo antes iba a una iglesia muerta". Me quedé perplejo, porque no sabía a lo que se refería.

Otro muchacho le preguntó qué era a lo que llamaba "iglesia muerta". El joven nos dijo que antes iba a una iglesia donde en forma muy solemne se tomaban los himnarios y se cantaban antiguos coros. Para él eso era una "iglesia muerta". Y nos relató que la iglesia a la que asiste ahora es "viva" porque hay grupos de alabanza que con panderos, baterías y guitarras, declaran la gloria de Dios.

Me pareció respetable su postura, pero veo cada día más entre los jóvenes cristianos ese gusto por lo "espectacular" y por lo "novedoso". Tal parece que ir a la iglesia se hubiera convertido en un espectáculo de danza, música, luces y canciones que si bien no en todos los casos, sirve para promover a los "adoradores del mañana".

Esto ha provocado que mucha gente abandone las iglesias tradicionales (en alabanza, no en doctrina) para integrarse a estas iglesias en que podemos prácticamente formar parte de un espectáculo. Aquí queda hacer la reflexión sobre el respeto que merece cada forma de expresarnos ante Dios, sin catalogar de "muerta" o "viva" a la que nos es diferente.

LEJANIA

Hay hermanos que alegan que sus templos quedan demasiado lejos de donde viven. Creo, con toda sinceridad que, si ese es el problema, deben platicarlo con su pastor y buscar una opción cercana a su domicilio, pero no poner como pretexto la lejanía.

Sé de hermanos que viven sumamente lejos de la iglesia y que sin embargo son los primeros en llegar al culto perfectamente bien bañados, arreglados y atentos para escuchar el sermón. Así que no hay pretexto.

DECEPCION

He sido testigo una y otra vez de la insistencia que tiene algunos hermanos y pastores para lograr que una persona conozca la Palabra de Dios y vaya a la iglesia. Se le habla del amor de Dios a través del sacrificio de Cristo en la cruz, se les habla de la vida eterna en el cielo, en fin... Se les habla de todas las promesas y riquezas espirituales a que puede tener derecho como hijo de Dios.

¿Y qué pasa muchas veces cuando esta persona ya asiste a la iglesia? Al principio se les recibe con sonrisas, abrazos, besos, exhortaciones, enhorabuenas, ¿y después? La indiferencia, la falta de interés, nadie se les acerca y nadie se preocupa por su crecimiento espiritual.

Caigamos en la cuenta que muchas de estas personas vienen a los pies del Salvador porque provienen de ambientes de rechazo, ¡qué decepción cuando son rechazados por quienes enarbolan la bandera del amor filial y la comprensión! Consideremos esto. No seamos hipócritas, porque esta es la palabra que mejor describe este tipo de comportamiento. Seamos ecuánimes, dejemos la palabrería inútil y pasemos a los hechos, porque es muy fácil decir "Cristo te ama", mientras en nuestro corazón reina el desinterés por los demás.

CRISTIANOS "SOCIALES"

Otros dejan de ir a la iglesia porque algunas de éstas no son sino clubes sociales donde se ofrecen productos y se busca hacer "santos negocios" con los hermanos. Y esto va desde la venta de las predicaciones del pastor, hasta la venta al menudeo de cualquier cantidad de chucherías entre los congregantes.

Hay gente a la que este tipo de situaciones no les parece, y terminan alejándose de las iglesias, detestando todo lo que huela a cristianismo.

Una vez más llamo al sentido de responsabilidad de verdaderos cristianos comprometidos con el evangelio con el fin de que quienes llegan a una iglesia, se sientan verdaderamente en un lugar en el que se van a gozar en el Señor. Para ello no se necesitan grupos o grandes orquestas. No se necesitan pastores grandilocuentes que cuenten anécdotas graciosas, sino corazones comprometidos en llevar la Palabra de Dios a los necesitados, a los heridos y a los marginados.

Que Dios te bendiga

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