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Lunes 8 de Marzo del 2004

Evangelizar... ¿cómo?
Por Héctor Marín Segura

En estas páginas hemos hecho énfasis una y otra vez en la evangelización, es la necesidad de llevar el mensaje de salvación a quienes aún no lo conocen. Probablemente haya muchos lectores con ánimo de hacerlo, pero la pregunta es ¿cómo?

Ser portadores de la Palabra no es empresa fácil, requiere en no pocas ocasiones cierta valentía, conocimiento de lo que se predica, tener un genuino compromiso con el Reino del Señor y saber definir los puntos o necesidades de la persona o grupo al que se pretende evangelizar.

Para ello, debemos dar tiempo, esfuerzo, y armarnos de paciencia, ya que los no creyentes, una vez que se han interesado en conocer la Palabra de Dios, sacan a relucir sus dudas, especialmente si provienen de familias pertenecientes a la religión tradicional.

En el tiempo que llevo en estos menesteres, he visto un sinfín de intentos de formas de evangelizar. La verdad, no es tarea fácil. Hay gente que es dura de entendimiento y que no abre su corazón tan fácilmente a pesar de que se le demuestre una y otra vez que sólo Jesús salva.

TRATADOS

No estoy en absoluto en contra de los tratados. Al contrario, me parecen ilustrativos, fáciles de entender, y en pocas páginas llevan el mensaje a quien lo lee. Son fáciles de transportar, se pueden llevar muchos en una bolsa o portafolios y son incluso, amenos.

Lo que no me termina de convencer, en términos de evangelización, es que, como dice cierta publicidad, es cosa de "dejarlos" en cuartos de hoteles, cabinas telefónicas, restaurantes u otro tipo de lugares públicos. Sinceramente ir a la calle y dejar desperdigados los tratados, no me parece "evangelizar", me parece tan sólo ir a repartir tratados como quien reparte la leche, el periódico o quien va a dejar volantes en las casas en los que se ofrecen servicios de reparación de objetos.

He sido testigo, por otro lado, de hermanos con muy buena fe que consiguen una serie de tratados, folletos, libritos y demás, y los ofrecen a compañeros de trabajo para que los lean. Efectivamente, por su atractivo, hay quien los lee... y los devuelve.

¿A qué se deberá esto? Pienso que entregar un tratado para que alguien capte la idea fundamental debe ir acompañado de una pequeña plática introductoria (al menos) o bien, al momento que nos entregan el mismo, por lo menos preguntar por ejemplo, "¿qué te pareció?", es decir, algo que motive verdaderamente poder hacer la labor de evangelización.

NO JACTARSE

Sabe que el amor de Dios a través del sacrificio de Cristo en la cruz tuvo como consecuencia nuestra salvación, es algo hermoso, incomparable. En la mayoría de los casos, queremos gritar a los cuatro vientos nuestra dicha y felicidad.

Sin embargo, no son pocos los casos de que, una vez obtenido ese don inmerecido, muchos son quienes comienzan a ver "por encima del hombro" a quienes no profesan nuestra fe. De pronto los empezamos a ver como poca cosa, ya no queremos saber nada de ellos, quisiéramos ser invisibles cuando los encontramos en la calle, pero, me pregunto... ¿Haría eso Jesús?, ¿evitaría hablar con ellos?, ¿los vería como poca cosa? O quizá Jesús... ¿se les acercaría dulcemente?, ¿se sentaría a comer con ellos?

Me inclino a pensar que esto es precisamente lo que haría, por lo que te invito a que reflexiones sobre esto, si alguna vez has tenido esa actitud.

El hecho de sabernos salvos, no es para envanecernos, y esto mismo lo dice la propia Palabra de Dios: "8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe" (Ef. 2:8-9).

Por eso es bien importante no llegar con aires de superioridad como si los demás fueran inferiores a nosotros. ¿Es que acaso no merecíamos el infierno y el Señor con su infinito amor nos rescató del lugar al que debíamos haber ido? ¿Es que acaso por ser cristianos ahora que somos salvos los demás no deben significar nada para nosotros?

DEDO FLAMIGERO

Quiero recordar ahora uno de los más bochornosos casos que he vivido en mi vida y no precisamente porque yo haya sido el actor, sino porque fui testigo.

En una ocasión, durante mi adolescencia, invitaron a mis padres a asistir a una boda en una iglesia "protestante". Todo muy bien, bellos himnos, los novios llenos de felicidad... Y llegó el turno del pastor para invitar a los presentes a escuchar algunas palabras de exhortación para hacerles llegar el evangelio a quienes aún no lo conocían.

Por algún motivo, el pastor comenzó hablando de la recompensa de la maldad y de pronto se centró en la figura del padre del novio (que no era evangélico). El señor era conocido por su avanzado alcoholismo, el cual le había tumbado en una silla de ruedas.

El pastor no dudó en recordar que la Palabra de Dios dice que los borrachos están entre quienes no heredarán el Reino de Dios (1 Cor. 6:10) y de pronto levantó la mano y con el dedo índice señaló al pecador que por su borrachera estaba hecho una piltrafa humana, un despojo, un desecho listo para reintegrarse a la podredumbre y lindezas parecidas. Estupefactos, no dábamos crédito a lo que veíamos, el pastor parecía una especie de juez en un estrado dictando la sentencia de un criminal que no tenía remedio. ¿Resultado? El hombre de la silla de ruedas rompió en llanto y... sólo calló.

No obstante lo anterior, al término del regaño, sermón o perorata o no sé cómo llamarle, el pastor invitó a quienes sentían la necesidad de acercarse a Cristo, levantaran su mano o se pusieran de pie.

¿Cuántos lo hicieron? Ni uno solo de los no creyentes se puso de pie ni levantó la mano. ¿Notas qué fue lo que falló?

Es contradictorio que con mensajes así, un no creyente pueda creer que Dios es amor.

LA LEVANTADA DE MANO

No menos forzada y difícil para quien visita un templo por primera vez, es la cuestión del "llamado" o invitación que se hace en muchas iglesias con el fin de dirigir a los pecadores arrepentidos a Jesucristo.

Ojo, por favor. No digo que esté mal hacerlo. Lo que no me parece ni bueno ni sano, es que, sabiendo o ubicando a los visitantes de quienes se sabe no comparten nuestra fe, se les insista una y otra vez con diferentes técnicas para que externen su arrepentimiento y fe en la salvación en Cristo Jesús.

Al respecto, Alan Streett, en su libro "La Invitación Eficaz" dice:

"Algunos predicadores sienten que el éxito es medido solamente por el número de personas que responden a la invitación pública. Esta actitud a menudo les conduce a usar métodos no éticos para ganar "conversos".
"Otra deficiencia de la invitación con respuesta inmediata es la tendencia a numerar a todos los que tienen inquietudes como convertidos. Blackwood dijo que la invitación pública frecuentemente induce a personas no creyentes a confesar fe en Cristo".

Este punto lo quería plantear porque alguna vez lo viví en carne propia. Tras haber sido invitado por primera vez a un culto evangélico, asistí por curiosidad, y no dudo que haya sido el Espíritu Santo quien me inculcó precisamente esa curiosidad, esa inquietud.

Ocurrió que al final del servicio, el pastor -quien sabía que yo era inconverso- dijo más o menos lo siguiente: "Ahora tú, que estás por vez primera aquí, entrega tu vida a Cristo, arrepiéntete de tus pecados y sé salvo. Levántate y camina hacia el frente..."

Por algún motivo, sentía una multitud de ojos centrados en mi persona. Al parecer, el pastor percibió eso y dijo: "Voy a invitar a la congregación a que cierre su ojos. Y a ti, que estás ahora mismo aquí por primera vez, te digo que no estás aquí por casualidad, Dios tiene un propósito muy importante para ti. Este es el momento en que debes decidir entregarte a Cristo, mañana podría ser demasiado tarde".

Una vez más, yo sabía que esas palabras del pastor eran dirigidas a mi persona. Pero no me paré.

El pastor insistió un par de veces más y finalmente desistió. ¿Qué ocurrió ahí? Bueno, yo era joven y rebelde. Por otro lado, el pastor, creo que estaba viendo que no había resultado en sus palabras y se sintió ante el reto de ganar a como diera lugar.

Al respecto, cito nuevamente a Streett:

"... muchos evangelistas tratan de superar la resistencia de sus oyentes y, más que permitir que el Espíritu Santo haga su obra en su tiempo, intentan ganar personas adicionales que respondan a la invitación".

Es decir, probablemente en mi caso, y en el de otras personas, el tiempo para convertirse en un auténtico seguidor de Cristo, no es en el momento exacto posterior a una charla, a la lectura de un tratado o tras escuchar un sermón.

Esto, por supuesto, no quiere decir que entonces mejor no prediquemos el evangelio., Por supuesto que no. Más bien, lo que debemos entender, es que no debemos esperar siempre resultados inmediatos.

Y conste que escribí la palabra "siempre" a propósito, porque por supuesto que hay gente (como el ciego sanado) que inmediatamente confiesa su fe en el Señor Jesús:

"35Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró" (Jn 9:35-38).

¿QUE HACER Y COMO?

Podríamos pasarnos platicando de evangelismo durante varias semanas, pero "Espejo" trata de traer cada semana una nueva aportación a la vida del cristiano y al mismo tiempo hacerlo reflexionar sobre diferentes aspectos que ocurren en el mundo en que vivimos.

Por esta razón, quiero concluir con algunos consejos o propuestas del pastor Vidal Valencia en su libro "Cómo Ganar Almas". El pastor Valencia señala que para tener una conversación evangelística efectiva, debemos:

  1. Ganarnos la confianza de nuestro interlocutor (Ro. 15:2)
  2. Disimular las creencias ajenas (Tit. 2:1,8) No tenemos derecho a burlarnos, ni a insultar a quien no cree lo que nosotros.
  3. Dejar hablar a la otra persona.
  4. No contradecir (2 Tim 2:23-24)
  5. No discutir (Tit 3:9)
  6. Encausar la conversación hacia la cruz (1 Cor. 1:23 y 2:2).

Este último punto señalado por el pastor Valencia es sin duda algo esencial, no podemos hablar de evangelismo si no estamos hablando de Cristo, así que debemos tener como prioridad mantener una postura cristocéntrica, sin necesidad de nombrar o enumerar rimbombantes conceptos teológicos que lo único que podrían hacer es confundir a nuestro interlocutor, o peor aún, a nosotros mismos.

Valencia señala al inicio de su libro cinco pasos básicos a seguir como técnica de evangelización:

  1. Convencer al hombre de que es pecador y merece el infierno (Ro. 3:23).
  2. Convencerlo de que Dios lo ama a pesar de ser pecador (Ro. 5:8).
  3. Convencerlo de que Cristo sufrió y murió en lugar suyo (1 Pe. 3:18).
  4. Convencerlo de que la salvación es por la fe en Jesucristo y no por buenas obras (Ef. 2:8-9).
  5. Convencerlo para que reciba a Cristo en su corazón (Jn. 1:12).

Esta es tan sólo una propuesta que me parece sencilla metodológicamente hablando, pero obviamente que cada quien puede utilizar el método o técnica que mejor le parezca.

Quiero, finalmente, hacer una última observación. Ninguna técnica, ninguna predicación, ninguna metodología tendrá efecto o resultado, si de antemano no te compenetras con la persona o con el grupo al que pretendes llegar.

Es difícil, pero trata de "ponerte en los zapatos" del otro, haz tuya su necesidad, piensa qué sería de tu vida sin Jesús, para que puedas abrir tú también tu corazón y hacerles saber a los demás la necesidad que tenemos de nuestro bendito Señor Jesús.

Piensa que nuestro Soberano y Salvador fue tan bondadoso que siendo majestuoso, vino a salvarnos encarnándose en uno igual a nosotros, ¡cuánto amor!, ¿no crees?

Te dejo este versículo que creo que refleja muy bien esto que te comento:

"Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos". (2 Corintios 8:9)

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea contigo y los tuyos. Amén.


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