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Lunes 2 de Febrero del 2004

Noviazgo (II)
Por Héctor Marín Segura

Primero que otra cosa, quiero agradecer a los lectores de "Espejo", por sus numerosos correos electrónicos al tema del noviazgo, el cual abordamos en nuestra edición del 18 de Enero. Fueron tantos los comentarios, dudas y sugerencias, que creí necesario hacer una segunda parte, con la intención de tratar de proporcionar alguna información que pueda ser de ayuda especialmente para los jóvenes.

RETOMANDO EL TEMA

En el pasado artículo sobre noviazgo, hablábamos de algunos problemas, situaciones y casos que se pueden dar en una relación de noviazgo.

El campo en esa materia es sumamente amplio y no alcanzaríamos a poder mostrar la amplia gama de relaciones de noviazgo que puede haber, debido a que la situación varía dependiendo de la cultura, nivel económico y social de cada individuo.

Sin embargo, hay algo de lo que me gustaría hablar. La importancia de la edad para poder sostener una relación afectiva.

Ya habíamos planteado que desde mi punto de vista, la mejor edad es al llegar a los 18 años, pues es un tiempo en que al menos en teoría, el individuo ya adquirió cierto grado de madurez para poder establecerse metas en la vida.

Ante esto, podríamos pensar en parejas de la misma edad, pero en la práctica no ocurre así. Generalmente, ocurre que el hombre es mayor que la mujer. Esto no es malo, siempre y cuando la diferencia no sea demasiado grande.

Esto lo comento por lo siguiente: En mis tiempos de adolescente, fui a una secundaria pública como millones de mexicanos lo hacen. Muchas de mis compañeras de clase comenzaban a desarrollarse rápidamente, mientras muchos de los muchachos seguíamos siendo casi niños. Había algunos de mis compañeros que ya empezaban a cambiar de voz, a lucir un incipiente bigote, y a querer parecer hombres de mundo con sus expresiones y modales.

Pero para nuestras condiscípulas, no éramos otra cosa, sino niños. ¿Qué pasaba entonces? Que algunas de estas chicas (ahora mujeres que pasan de los 35 años de edad) comenzaron a relacionarse con muchachos más grandes. En aquel entonces todos tendríamos unos 13 o 14 años, pero los jóvenes con quienes mis compañeras comenzaban a salir, eran en su mayoría, no menores de 18 años y no mayores de 22 años.

Lamentablemente muchos de esos jóvenes, dada su edad, su experiencia, y el atractivo que representaba para estas niñas tener un novio "grande", no iban en pos de tener una relación de noviazgo que se limitara a un tierno beso o a una caricia o un abrazo. El resultado fue que, para fin de cursos, por lo menos 3 de esas niñas terminaron la secundaria estando encintas. De ellas, ninguna recibió el apoyo moral ni económico para afrontar su embarazo, por parte de quienes dijeron amarlas.

Pero pongamos las cosas desde otra perspectiva. Consideremos que si bien la diferencia de edades no es determinante para que se pueda dar una buena relación, existen limitantes que a la larga pueden afectar a la pareja en su vida matrimonial.

Conozco el caso de un hombre de 50 años que se casó con una mujer de 25. A los 3 años de casados tuvieron un bebé. La mujer, orgullosa, mostraba las fotos de su hijo en brazo de su padre, una de las personas, al ver la foto, exclamó: "¡Qué bonito, el bebé y su abuelito!", la mamá corrigió y dijo: "No es su abuelo, es mi marido". Con la edad, no sólo cambia nuestra apariencia física, sino también los intereses que puede uno tener. Si estos intereses no son compartidos, no son platicados, no son entendidos por ambas partes, finalmente la relación puede fracasar tarde o temprano.

Tomemos ahora un ejemplo a la inversa, la relación de una mujer de 25 años que se casa con un hombre de 19. Hay que tomar en cuenta que la mujer, con el tiempo, sufre una serie de cambios hormonales a una edad más temprana de lo que ocurre con un hombre. El desgaste físico que implica para la mujer el haber tenido hijos, realizar el trabajo de la casa, quizá dedicarse incluso a alguna otra actividad fuera de la casa, provocan que muchas veces la mujer descuide su arreglo personal, que su cuerpo adquiera una forma muy diferente a la de cuando era novia del hombre en cuestión, ¿y qué pasa? Que en nuestra sociedad, muchos hombres, verdaderos machistas, se dan cuenta que la mujer con la que viven está muy vieja y acabada, y requieren a alguien más joven con quien "divertirse", pues su mujer ya no les llama la atención ni siquiera para platicar.

EL TESTIMONIO

Los ejemplos citados, tú podrás decir que no son de noviazgo, sino de matrimonios que han pasado por una determinada situación, pero... ¡Un momento!, estas personas, antes de casarse, pasaron por una etapa previa de noviazgo, en la cual juraban fidelidad, amor eterno y comprensión.

Hablábamos también, en el artículo anterior, que tener noviazgos, no es una carrera o una competencia. Por eso, joven o señorita cristiana que lees estas páginas, te pido por favor que cuides tu testimonio. ¿Por qué te digo estas palabras?

Te las digo porque, dolorosamente, a nivel de consejería personal me ha tocado conocer casos de hombres y mujeres, jóvenes, cristianos, que desatendiendo la Palabra de Dios, han ensuciado el nombre del Señor al sostener "noviazgos" con una y otra persona, incluso en el mismo salón de clases, incluso en la misma oficina. El Señor Jesús dice: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Pero te pregunto, ¿cómo puede andar verdaderamente en la luz alguien que tan desatinadamente anda llevando su testimonio cristiano como si se tratara de un trapeador?

La vida cristiana nos enseña a ser responsables y a demostrar que no sólo decimos versículos de memoria, que no nada más sabemos cantos con letras inspiradas en la Palabra de Dios, que no nada más cargamos nuestra Biblia porque sí, sino que somos gente que aplica las cosas que predica.

YUGO DESIGUAL

Igualmente, si ya eres cristiano redimido con la sangre de Cristo, nuevamente te pido que reflexiones lo que dice la Segunda Carta a los Corintios capítulo 6, verso 14: "14No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?". ¿Por qué mi insistencia al respecto? Porque te reitero, en casos que he tratado en consejería, me he encontrado una y otra vez con pretextos para sostener este tipo de relaciones de noviazgo como: "le estoy predicando la Palabra", "yo sé que va a cambiar", "yo voy a lograr que se convierta y acepte al Señor", y cosas por el estilo. Yo te digo que eso no es más que un engaño. Tú no puedes lograr que otra persona cambie, tú no puedes convertir a nadie, porque eso es un don exclusivo del Señor a través del Espíritu Santo.

Es cierto que hay casos en los que un incrédulo, a través de la predicación de una persona cercana a su corazón, en este caso un enamorado o enamorada, se entrega a Cristo. Sin embargo, esto no representa la mayoría de los casos.

Por el contrario, he atendido más casos de gente que sostuvo noviazgos con incrédulos, estos dijeron haberse entregado a Cristo, pero tarde o temprano, demostraron que sus supuestas conversiones no eran genuinas. Quiero aprovechar pues, la ocasión, para pedirte que no te engañes, y mucho menos, pretendas engañar al Señor. A veces el amor, la atracción o la pasión que sentimos por alguien, nos lleva a hacernos la ilusión de que esa persona se acercará a Cristo y entonces todo será como una bella historia como las de los cuentos de hadas, pero la realidad no es así.

NO IDEALIZAR

Otro de los errores que se llegan a cometer, es el de idealizar a la otra persona. Le encontramos puras virtudes a la otra persona, sea cristiano o no. Los defectos que le llegamos a encontrar, regularmente los hacemos a un lado, e ingenuamente nos decimos a nosotros mismos: "con el tiempo cambiará". Magnificamos atributos y minimizamos defectos y nos hacemos una imagen falsa de la otra persona. La cuestión es que muchas veces ese cambio nunca llega, y al momento de llegar al matrimonio, esos defectos que nunca vimos o nunca quisimos ver, parecen crecer y son precisamente los que dañan la relación matrimonial.

Por eso, hay que hablar a tiempo, saber criticar al otro en forma constructiva, objetivamente. No se trata de echarle a la novia o novio en cara todos sus defectos, sino, sutilmente, con amor, saber decirles qué nos gusta y qué no nos gusta de ellos.

Lo peor viene cuando no se discute nada y entonces la novia o el novio se dicen uno a otro: "yo pensaba que tú..." Eso no vale, ese "yo pensaba", habla mucho de que realmente no se conoce a la otra persona y que entonces nos habíamos formado una falsa imagen de ella. Por eso, una de las cosas primordiales en el noviazgo, está en conocerse, en tratarse, en no nada más estar pensando en el beso y el abrazo, sino en tratar de ser buenos amigos, para cuando llegue el matrimonio, tener una unión verdaderamente sólida que dé estabilidad a la nueva familia.

NO EXIJAS MAS DE LO QUE ESTAS DISPUESTO A DAR

Recuerdo mucho las palabras de una compañera de la Universidad acerca de cómo quería que fuera su novio, ella decía: "Que sea guapo, que sea alegre, que le guste bailar, que sea inteligente, preferiblemente que tenga dinero, que me deje salir con mis amigos, que no sea celoso, que me quiera mucho y que no me exija nada".

¿No te parece esto un contrasentido? En una ocasión, le pregunté a esta muchacha: "¿Y tú qué estás dispuesta a ofrecer a cambio?"
-"Nada, el amor debe ser desinteresado".

Otro contrasentido, ¿no? Ella quería todo, pero no estaba dispuesta a ofrecer lo mismo que pedía.

A final de cuentas esta chica no se casó con el príncipe azul que exigía, por eso, para concluir, quiero recalcar uno de los puntos que te planteé en el artículo anterior sobre noviazgo. ¿Quieres sinceridad? Sé sincero. ¿Quieres respeto? Respeta. ¿Quieres buen trato? Trata bien. ¿Quieres fidelidad? Sé fiel. ¿Quieres paciencia? Sé paciente. ¿Quieres comprensión? Comprende a tu novio o novia y preocúpate por verdaderamente conocerla.

Lucas 6:31 dice algo que creo aplica también para la relación de noviazgo y en general a todas nuestras relaciones personales: "31Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos".

Dios te bendiga.

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