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Sábado 3 de Enero del 2004

Orientación vocacional
Por Héctor Marín Segura

Un abrazo para los lectores de "Espejo", por el inicio de este año 2004. Mis mejores deseos para todos, y que las bendiciones de Dios se derramen sobre todos.

En esta ocasión, quiero tocar un tema que creo, es fundamental para la Iglesia evangélica: la necesidad de ministros preparados para estar al frente de las congregaciones.

UNA CARRERA POCO ATRACTIVA

Cada año, millones de jóvenes se integran al mercado laboral tras haber concluido sus estudios en diversas ramas. Es común enterarse que alguien terminó de estudiar su carrera como médico, abogado, contador, administrador, tal vez como pedagogo o incluso como periodista. Pero, ¿cuántas veces nos enteramos de que alguien haya iniciado o terminado estudios en teología en algún instituto bíblico o seminario?

Una de las razones por las que pocos dan el paso para ingresar a alguna de estas instituciones, es que el "campo de trabajo", se considera como demasiado restringido, ya que las únicas oportunidades de desarrollarse, están dentro de un templo, o en alguna misión alejada de las comodidades a las que estamos acostumbrados.

Existe también la idea de que, ser ministro "no deja", es decir, que económicamente no es redituable estudiar una carrera o cursar estudios bíblicos más profundos, pues no es algo tan lucrativo como ser médico o abogado.

Desde el punto de vista espiritual, hay quienes también dicen "no tener el llamado", y por lo tanto, prefieren estudiar algún otro tipo de profesión.

LA MIES ES MUCHA, MAS LOS OBREROS POCOS

Ya en Mateo 9:37, vemos cómo hay escasez de hombres y mujeres comprometidos en difundir y llevar el evangelio hacia los distintos rincones de nuestro planeta, y una herramienta que es necesaria para poder llevar a cabo esa tarea, es la preparación. Cierto que el estudio de la Biblia es completamente necesario, pero ayudas como la homilética, la hermenéutica, el estudio de sectas, del hebreo y del griego, así como otras disciplinas, ayudarán a ampliar las posibilidades de que nuestra labor sea felizmente coronada.

Pese a esto, he notado al menos en la Ciudad de México, que la gran mayoría de los institutos bíblicos y seminarios atienden a un mínimo porcentaje de gente interesada en adentrarse en el estudio de la Palabra de Dios.

AUMENTAN LOS MINISTROS DE ALABANZA

Caso contrario, es el de las instituciones cristianas dedicadas a la enseñanza de la música. Quizá no hay tantos siervos con el "llamado" (lo entrecomillo porque al parecer algunos piensan que una voz sobrenatural se escuchará de pronto diciéndoles que se preparen en algún instituto bíblico) para prepararse teológicamente, pero abundan los jóvenes que, una vez comprada una guitarra o un teclado, o algún otro instrumento musical, "deciden ser ministros de alabanza". En alguna ocasión he comentado que no dudo que haya quienes en efecto tengan en su corazón alabar a Dios con cantos y melodías, pero en un sinnúmero de ocasiones he visto que muchos no hacen sino aprender a utilizar un instrumento para tratar de convertirse en la "estrella musical" de la iglesia o la congregación. Algunos hacen hasta lo imposible por conseguir que la Iglesia pague grabaciones en estudios profesionales, pues la grabación seguramente será de "bendición" para todos.

El caso es que, salvo tu mejor opinión, lector amigo, no sé si has notado ese aumento de gente que se prepara en instituciones de enseñanza de la música, el cual contrasta con quienes se preparan para poder servir en la iglesia en la enseñanza, o incluso en el pastorado.

VOLVIENDO AL TEMA

Una falsa idea que tienen muchos acerca del pastorado, es que se trata de una carrera de tipo familiar. Me explico.

Hay familias en las que el bisabuelo, el abuelo, el padre, el hijo, el nieto y el bisnieto, han sido pastores, por lo cual los demás descendientes seguramente habrán de ser pastores también. Sin embargo, ninguno de los cargos que se pueden tener en una iglesia, (incluyendo los ministerios de alabanza) son hereditarios. Todo debe estar sometido a comprobar que la persona que va a ejercer determinada función dentro de la iglesia, tenga la capacidad para poder realizar diligentemente la tarea asignada, y no sólo eso, sino que su testimonio sea de ejemplo para llevar honorablemente un cargo.

Pero queda la duda entonces de, ¿por qué parece tan poco atractivo estudiar en un instituto bíblico o un seminario?

Quizá gran parte de la culpa al respecto la tengan los propios ministros al no invitar adecuadamente a los congregantes a prepararse más intensamente en cuanto al estudio de la Biblia. Puede ser también que la apatía y la flojera hagan que el cristiano común y corriente no se interesen por hacer ese tipo de estudios. Incluso, para muchos, la sola palabra "teología", les hace pensar en algo complicado e incomprensible.

Sea lo que sea, la verdad es que se necesitan hombres y mujeres capacitados para tomar las riendas de las escuelas dominicales, que les inculquen a sus alumnos el hábito de la lectura de la Biblia, y el deseo de indagar en las Escrituras todo aquello que Dios nos revela.

Se necesitan personas dispuestas a salir a diferentes regiones de nuestros países a predicar el evangelio, ya que hay numerosas zonas en las que la Palabra de Dios aún no se conoce.

Estamos necesitados de profesionales de otras disciplinas: médicos, profesores, abogados, administradores, pedagogos y demás, interesados en adentrarse en el estudio de la Palabra de Dios y aplicar la experiencia de sus distintas disciplinas, en las actividades de la Iglesia.

Es necesario que nuevas generaciones se preparen para estar al frente de iglesias, congregaciones grandes y pequeñas, misiones e incluso seminarios e institutos bíblicos para guiar a otros en el entendimiento y la difusión de la Palabra de Dios.

Espero, hermano que lees esto, que, si estás próximo a escoger alguna opción de estudio o alguna carrera profesional, pienses también en la alternativa de servirle al Señor. Pídele a Dios en oración que te dé una respuesta y si es Su voluntad, no dudes en hacerlo.

El Señor te bendiga y te guarde.

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