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Sábado 20 de Diciembre del 2003

La pastorela de Bush
Por Héctor Marín Segura

En México, es común en estas fechas, la representación popular de los acontecimientos que rodean el nacimiento de Jesús.

Dicha representación, recibe el nombre de pastorela, en ella, se alude también a la esencia indígena del país. Sobre estas representaciones, el fallecido mexicanista Sebastián Verti comenta en su libro "Tradiciones Mexicanas": "Las pastorelas son piezas jocosas y alegres, con un humor inocente y campirano en las que incluso Luzbel y su corte de "diablillos" aparecen con una maldad ingenua, lo que otorga a estas piezas una especial dulzura, muy a tono para despertar los más nobles sentimientos de amor al prójimo y de fraternidad universal.

"Ello explica que este género se haya difundido en los poblados como una representación en espacios abiertos. De la calle el género es rescatado por plumas de valía, como la de Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano, con el propósito de revestirla de dignidad".

El domingo pasado, el mundo entero fue sacudido por la noticia de que Saddam Hussein, el otrora dictador de Irak, había sido capturado por un comando fuertemente armado, del ejército de los Estados Unidos de América.

ENHORABUENA

Por supuesto que nos unimos a las voces que felicitan al Gobierno norteamericano por su acierto, por aprestarse a detener a este hombre que tantas vidas debe. Saddam Hussein, un individuo sumamente peligroso, de gran espíritu bélico, es responsable de la muerte de miles de compatriotas suyos, es responsable de haber lanzado a su país a una cruenta e inútil guerra contra Irán, y de haber invadido Kuwait.

Ahora que está bajo la custodia del ejército norteamericano, es necesario que se haga justicia, y que este hombre pague por las fechorías que no dudó en cometer cuando estuvo en el poder. La pregunta que surge es: ¿Quién lo juzgará?, ¿dónde?

GRANDES CONFUSIONES

A raíz de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, hemos visto una y otra vez en periódicos, revistas, así como en la televisión, la imagen de George W. Bush. La razón es obvia, él representa al país donde se cometieron los atentados y es responsable de buscar que la seguridad de la ciudadanía de los Estados Unidos, quede garantizada. Sobre él recae la tarea de actuar y tomar las decisiones necesarias, para que hechos tan lamentables, no vuelvan a tener lugar en suelo norteamericano, hasta ahí, manifiesto mi apoyo al mandatario de esa nación.

Desde aquel funesto 11 de Septiembre, George Bush cobró cada vez mayor presencia en los medios de difusión. Al poco tiempo, el ejército norteamericano decidió incursionar en Afganistán, con el objetivo no cumplido de capturar a Osama Bin Laden, el saudiárabe líder del grupo terrorista Al Qaeda. Posteriormente, la mira de Bush se enfocó hacia Irak.

En un artículo al respecto, mi amigo, colega y hermano en la fe Oscar Retreage, comenta dos aspectos relevantes acerca de lo que iba a ser la incursión de las tropas norteamericanas en territorio irakí:

a) La falta de respeto al Derecho Internacional por parte de la superpotencia (recordemos que Estados Unidos desafió a la ONU respecto a atacar a Irak).
b) Ausencia de un código de guerra que pudiera ser respetado por ambas partes.

Existen muchas dudas en cuanto a lo que se dijo una y otra vez acerca de que Irak contaba con armamento de destrucción masiva, ya que hasta la fecha, después de más de nueve meses, dichas armas no han sido halladas.

Tras derrotas norteamericanas como la de Vietnam y la primera guerra del Golfo Pérsico, en la que no consiguieron derrocar al régimen de Hussein, George Bush comenzó, a través de una bien estructurada campaña de propaganda, a inyectar un espíritu patriótico en sus gobernados, en tiempos en que su nación pasaba por un escenario económico de recesión. Había que generar optimismo, y así, los discursos de Bush se hicieron cada vez más triunfalistas. Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, reconocía el apoyo psicológico de la propaganda de guerra: "Sin optimismo no puede ganarse una guerra. Es tan necesario como los fusiles y los cañones".

Habrá quienes estén a favor o en contra de la incursión norteamericana en Irak. Lo cierto es que el impacto propagandístico de Bush, penetró no sólo en la gran masa, sino que llegó incluso a introducirse en amplios sectores de la comunidad evangélica norteamericana. Sobre este punto, cito un pequeño párrafo escrito por Oscar Retreage en la revista Eventos: "El controvertido Presidente estadounidense es proclamado predicador y hasta profeta. El no tiene la culpa, sino todo el gremio carismático, que a cualquiera llama profeta o apóstol por un mero asunto de moda porque es extranjero y no con estricto apego a las Escrituras. Por supuesto que sabemos que George W. Bush no es ningún libertador, si está brincando la autoridad y el Consenso Internacional; no lo es, si sus acciones están basadas en falacias".

Como comenté anteriormente, Bush ha hecho una muy buena campaña mediática que no sólo ha convencido a gran parte de la población de que la guerra que se libra en Irak es justa, sino que, dada la lógica con que se conduce, deja en claro una situación:

En el mundo hay buenos y malos, los buenos son representados por los intereses de Estados Unidos, y los malos son aquellos que se oponen a la política norteamericana.

Quiero aclarar algo. Al decir "Estados Unidos", no me refiero al norteamericano de a pie, a ese que trabaja y paga impuestos, que día a día contribuye al sostén y al crecimiento de la gran nación norteamericana, sino a quienes se encuentran en la cúpula gubernamental, luchando por sus propios intereses, a costa de vidas de soldados dispuestos a defender a su patria.

SIMULACIONES

El influjo de los medios de condicionamiento de masas es tan fuerte, que ha servido para crear fábulas de buenos y malos, tal y como sustenta la tesis propuesta por Bush en que los malos son todos aquellos que no comparten su visión del mundo, tesis que ha sido aceptada por unos, pero no por todos.

Hablaba al principio de la tradición de las pastorelas en México, de que representan en su contenido la lucha del bien contra el mal, y cómo al final el mensaje es de esperanza, ya que el bien siempre triunfa.

Creo que la función propagandística de la captura de Hussein, se asemeja a una especie de pastorela en que Bush derrota a su enemigo, el cual se ve harapiento, disminuido y acabado, contrastando con la impecable figura del presidente norteamericano cantando fervorosamente el himno de su país en una gala de Navidad al lado de un enorme árbol adornado con hermosas esferas y rodeado por viriles cadetes que marchan orgullosos.

¿Pensará Bush que con esto la ciudadanía pensante de los Estados Unidos votará por su reelección? ¿Se percatará Bush de que la captura de Hussein puede aún traer nefastas consecuencias para sus gobernados en cuanto a la posibilidad de ataques terroristas en represalia?

CRISTIANOS, SEGUIDORES DE... ¿BUSH?

Es alarmante, cómo ante la avalancha propagandística, algunos grupos cristianos -líderes incluidos- manifiestan ya más su adhesión a la doctrina del presidente Bush, que a Jesucristo. Parece que no toman en cuenta las implicaciones morales que representa tener como dirigente a un hombre que no ha demostrado congruencia con sus supuestas creencias cristianas, al no aclarar que si bien era posible que Irak contara con armas biológicas, las primeras armas químicas con las que contó este país le fueron proporcionadas en los años 80, por la mediación del actual secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld.

Por otro lado, no hay que dejar de lado que la misma presencia de Bush al frente de la Casa Blanca, persiste empañada tras los dudosos resultados de unos comicios que bien pudieran ser la envidia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, y no sólo eso, sino que al más puro estilo de la cultura del fraude electoral, hubo hasta republicanos "acarreados" para alborotar el recuento de votos de aquellas elecciones, y así de forma violenta, lograr que las oficinas electorales de Miami-Dade tuvieran que cerrar y así evitar el recuento de votos.

Asimismo, la administración de George Bush no ha tenido a bien transparentar la participación en los malos manejos de la empresa Enron, de personajes de alto nivel de su gabinete y la forma en que se pretende reconstruir Irak, curiosamente por medio de empresas ligadas a socios comerciales de Bush y gente que ostenta cargos en su administración, lo que sería un sinónimo de nepotismo. Todo esto sin entrar en mayores detalles como el famoso guajolote de plástico en una supuesta visita de Bush a Irak en el día de acción de gracias, e incluso las muchísimas dudas de varios sobre si el Saddam Hussein capturado y detenido es el verdadero tirano que alguna vez gobernó Irak.

Sobre la personalidad de Bush, lejos de sus desatinos, es justo reconocer que en el momento en que, como él ha testificado, Cristo entró en su vida, logró deshacerse de los excesos en que vivía en materia de alcohol y drogas. Es notoria su sobriedad y su bonhomía, incluso, se dice que Bush no va al cine, no ve televisión, ni escucha casi la radio o algún tipo de música.

Es de destacar que pese a que la Constitución de los Estados Unidos está fundamentada entre otras cosas por la separación entre Iglesia y Estado, Bush ha aprovechado varias oportunidades para manifestarse como creyente en Dios, algo que, a su manera, hizo en su momento Vicente Fox en diferentes oportunidades.

Quizá esto es lo que le ha valido la simpatía de muchos cristianos que, ignorantes de las malas decisiones que este hombre (Bush) ha tomado, pasen por alto precisamente las partes oscuras que ha presentado su gestión al frente de la Casa Blanca.

Este pasar por alto sus errores, sumado a un discurso con cierta carga "cristiana", le ha conferido, por parte de algunos, un aura casi mesiánica, como si Bush encarnara al mismo Jesucristo, lo cual no es sino una perversión y una tergiversación de la fe bíblica.

Otros, ven en Bush a una especie de Moisés que llevará a los Estados Unidos a una tierra de promisión, aunque para llegar a esa tierra de promisión sea necesario cometer actos contrarios a lo que los cristianos profesamos. A pesar de todo, muchos permanecerán ciegos ante esas realidades y nos juzgarán unilateralmente de forma racista y no sin cierto dejo de superioridad, a quienes no estamos de acuerdo, de que somos agentes procomunistas, castristas, afectados mentales o, por decir lo menos, nos tacharán de tercermundistas traumados.

Sobre este último punto, como mexicano pienso que no les falta razón a quienes así piensan de nosotros, especialmente porque, en efecto, nuestra historia no está exenta de ciertos períodos traumáticos como la Conquista (por parte de los españoles), la cual compartimos con casi todos los demás países de América Latina; y la guerra precisamente contra los Estados Unidos. Sobre este punto, Luis Fernando Granados, comenta en un artículo de la revista Letras Libres lo siguiente: "... el único modo de concebir la guerra de 1846-1848 sea (es) apostrofándola como "inevitable": inevitable su causa (el expansionismo anglosajón), inevitable su resultado (la derrota mexicana), inevitable sus consecuencias (el ascenso estadounidense, el declive mexicano), la guerra se vuelve entonces un hecho de la naturaleza, aprehensible por mero sentido común..."

Un nuevo capítulo de la visión traumática mexicana, que toma poco a poco visos de universalidad, es esta nueva época de globalización que ha abierto los mercados del mundo, convirtiendo a los países pobres en grandes maquiladoras al servicio de los poderosos, sin que la apertura comercial represente un verdadero avance social o económico en la vida del trabajador tercermundista. La inestabilidad financiera se vive cotidianamente, pues se está a merced de las decisiones que se toman en los grandes corporativos, regularmente extranjeros, lo que crea la idea en la psique colectiva, de que los males vienen de fuera, lo cual no es del todo una hipótesis desechable.

No con esto quiero decir que haya justificación para una manera de pensar -que muchos sí tienen- antiyanki. En realidad, el objetivo de este artículo no es en absoluto atacar los valores, ni los principios norteamericanos, sino al contrario, contrastarlos con las paradójicas y controversiales decisiones del hombre al frente de la Primera Magistratura de ese país, y al mismo tiempo invitar a los hermanos norteamericanos a no dejarse seducir por el discurso bonito que presentan las grandes cadenas televisivas y los diarios, en los que la fe en Jesucristo se ve distraída, si no reemplazada por la fe en un hombre. No olvidemos las palabras que se encuentran en el libro de Jeremías 17:5-6:

"5Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada".

Así pues, no dejemos que la propaganda mediática penetre nuestros corazones, apoyemos a los mandatarios de nuestros países, pero que ese apoyo no nos desvíe ni entorpezca nuestra visión de la realidad; aprendamos a ser críticos, a no aceptar lo primero que se nos presente, y evaluar si de verdad es tan bueno como parece. No dejemos jamás, que otro ocupe el lugar de nuestro verdadero y único Libertador y Salvador: nuestro Señor Jesús.

Aprovecho la oportunidad, para desearte una muy feliz Navidad. Que la paz de Dios bendiga tu hogar.

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