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Viernes 5 de Diciembre del 2003

Ecumenismo
Por Héctor Marín Segura

"Todos somos hermanos, porque todos somos hijos de Dios". ¿Has escuchado alguna vez esta frase? ¿Te suena conocida? ¿Alguien te la ha dicho o tú mismo la has mencionado?

En esta ocasión, hablaremos del ecumenismo y de los posibles peligros que presenta el movimiento ecuménico. Primeramente, habremos de definir qué es el ecumenismo. Según el Nuevo Diccionario de Religiones, Denominaciones y Sectas, ésta es la definición:

"Ecumenismo (Del griego oikouméne, que significa el mundo habitado.)
Movimiento intereclesiástico. La palabra ecuménico ha sido utilizada para referirse a concilios de obispos cristianos del mundo conocido (en la antigüedad) o de todo el planeta. Entre los protestantes el movimiento ecuménico se inició a fines del siglo pasado y el término ha sido utilizado por organizaciones internacionales de las diferentes denominaciones, agencias interdenominacionales y paraeclesiásticas. El Concilio Nacional de Iglesias de Cristo en Estados Unidos y el Concilio Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra, Suiza, son tal vez las más conocidas.
El ecumenismo, como tendencia dentro del cristianismo, tiene como su objetivo unificar a las iglesias o al menos acercarlas. Algunos tienen como meta la unión estructural de todas las iglesias, mientras que otros se proponen simplemente trabajar unidos en algunos proyectos".

¿TODOS SOMOS HERMANOS?

La frase con que comenzamos este artículo, "todos somos hermanos, porque todos somos hijos por Dios", encara una gran trampa desde el principio. Pretende dar a entender que toda la humanidad está hermanada por ser parte de la creación de Dios.

Así, este argumento parece ser bonito, esperanzador, lleno de armonía, pero en el fondo conlleva una trampa hacia el engaño y hacia la mentira. Esta frase, este argumento, contradice fehacientemente la Palabra de Dios, tal y como vemos en el libro de Juan 1:9-12:

"9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".

El Texto Sagrado identifica a Jesús como esa luz que alumbra a todo hombre. El vino a redimir a la humanidad, pero el mundo no le conoció. De ahí podemos desprender que entonces hubo quienes lo recibieron y quienes no lo hicieron, y el mismo texto identifica a quienes recibieron a Jesús, como hijos de Dios.

Esto destroza entonces el argumento falaz que hemos venido planteando. No todos los hombres son hijos de Dios, sino quienes recibieron a Jesús.

NUESTRO LLAMADO

Los cristianos, según Marcos 16:15, tenemos la comisión de ir a predicar el Evangelio a toda criatura. Esto encara el trato con aquellos que no conocen la Palabra de Dios, pero no quiere decir que nos vamos a mezclar con ellos y vamos a adoptar sus creencias. El movimiento ecuménico actual, como ya vimos, tiene una vertiente que pretende integrar a diferentes iglesias, encontrando no las diferencias, sino lograr el acercamiento a través de sus coincidencias.

Un sector importante del catolicismo, está haciendo grandes esfuerzos por lograr la integración con el protestantismo, pretendiendo que ambos coinciden en que tienen a Cristo como eje. Un análisis más a fondo de la doctrina católicorromana, revelará que esta supuesta coincidencia, es superficial, pues mientras que para los protestantes o cristianos evangélicos, Cristo es el único camino para llegar al Padre (Jn 14:6), y quienes le reciben son hechos hijos de Dios (Jn 1:9-12), mientras que la doctrina romanista eleva al plano de corredentora a la Virgen María, a quien además llaman "madre de Dios".

Entonces, ¿puedo llamar hermano a alguien que profesa dichas enseñanzas? No dudamos en contestar que no. Debe quedar claro que un hermano nuestro no puede ser alguien que profesa una doctrina diferente de la nuestra. Por ejemplo, los Testigos de Jehová creen en Jesucristo, pero no creen que sea Dios. ¿Son nuestros hermanos? ¡Si creen en Jesucristo, dirigen sus oraciones hacia él!

Los mormones dicen llamarse Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Sin embargo, en su extraña teología, ellos plantean que Jesucristo y Satanás son ni más ni menos que hermanos. ¿Nosotros creemos eso?, luego entonces, ¿son los mormones nuestros hermanos? ¡Por supuesto que no!

Vamos, hasta los brujos y curanderos hablan de Dios, ¿por eso son nuestros hermanos?

LA INFLUENCIA A TRAVES DEL COLABORACIONISMO

Muchas veces, debido a problemáticas sociales, algún interés de estudio, "relaciones públicas" u otros motivos, nos enteramos de la colaboración interreligiosa, especialmente entre católicorromanos y evangélicos, pero esto sólo crea confusión entre los fieles en el Señor Jesucristo. Es sabido que ante numerosos desastres ambientales como terremotos, huracanes, inundaciones y hasta problemas de tipo social como el aborto, el tráfico de drogas, y algunos otros de carácter político, han generado la unión de esfuerzos entre representantes de distintos credos para abatir dichas problemáticas, esto no es malo en tanto no se mezcle la doctrina con la asistencia, lo cual muchas veces es muy difícil, ya que las organizaciones que prestan estas ayudas, tienen un carácter eminentemente religioso, lo que no asegura la ausencia de la influencia confesional o peor aún, la legitimación de movimientos completamente contrarios a nuestra fe evangélica, y al respecto, la Palabra de Dios es clara en la explicación que se nos proporciona en 2 Corintios 6:14-18, respecto a no estar bajo yugo desigual con los incrédulos.

Es triste ver cómo, ya sea por torpeza, negligencia, una posición doctrinal endeble o, peor aún, mala fe, el colaboracionismo ha traído como resultado la infiltración de doctrinas y prácticas que nada tiene que ver con lo que creemos.

Hay otro tipo de casos, como uno del que me acabo de enterar que sucedió en el estado mexicano de Oaxaca, en el que un pastor evangélico cuyo interés en conocer más a fondo las Santas Escrituras del Antiguo Testamento, comenzó a tomar un curso intensivo de hebreo impartido por un rabino judío.

Hasta aquí, no hay nada malo, por el contrario, el tener conocimiento del hebreo bíblico es indispensable para acrecentar no sólo nuestro acervo cultural personal, sino además, poder lograr una mayor comprensión de las Escrituras.

El pastor estudiaba día y noche. El rabino veía que su alumno verdaderamente estaba interesado en realizar sus estudios a fondo, y esto devino en una relación de franca y cordial estima entre ambos. Dado ese acercamiento, el pastor se sintió con la confianza de preguntarle al rabino sobre la forma en que se realizan diversas ceremonias judías, las cuales el rabino le explicó a detalle.

El tiempo pasó, pero varios cambios se fueron dando tanto en la vida del pastor, que se vieron reflejados en su ministerio. En menos de un año, se habían introducido prácticas como el uso de la kipá en la congregación; la utilización de vocablos y terminología en hebreo, para definir algo que se podría expresar en castellano; la institución de la circuncisión en los niños y en los padres que quisieran hacerlo; se cambiaron los días de culto de domingo a sábado y no sólo eso. El pastor pidió que ya no se le llamara de esta forma, sino rabino; a la congregación se le llamó sinagoga, y los que ahí se reunían, se autodenominaron judíos.

Habrá quien pueda decir que esto no es ecumenismo, sino sincretismo. Sin embargo es un ejemplo real de algo que ocurrió en la República Mexicana hace menos de tres años, que nos muestra cómo, en un afán quizás de tipo cultural o intelectual, se puede terminar por absorber doctrinas diferentes de las nuestras. Situaciones como la descrita, así como se han dado en México, también se pueden dar en otras partes del mundo.

Hay más ejemplos de situaciones así, como otra de una congregación evangélica en la que colabora un sacerdote católico (sigue siéndolo) "simpatizante del movimiento evangélico". ¿Podemos estar de acuerdo con esto? No.

Creo que si se dan este tipo de casos, es porque falta en los creyentes una noción definida de lo que es la doctrina cristiana, falta un plan integral de discipulado, para no ser sorprendidos con mensajes que lo único que hacen es separarnos y confundirnos. Aquí, creo que aplica perfectamente bien el texto de Efesios 4:11-16, para ello, es necesario el trabajo de los pastores y líderes, redoblar esfuerzos en esta materia. Tenemos que aprender a defender nuestra fe y aprender a distinguir a quienes profesan creencias contrarias a las nuestras.

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