Ecumenismo
Por Héctor Marín Segura
"Todos somos hermanos, porque todos somos hijos de Dios". ¿Has escuchado alguna
vez esta frase? ¿Te suena conocida? ¿Alguien te la ha dicho o tú mismo la has mencionado?
En esta ocasión, hablaremos del ecumenismo y de los posibles peligros que presenta el
movimiento ecuménico. Primeramente, habremos de definir qué es el ecumenismo. Según el Nuevo
Diccionario de Religiones, Denominaciones y Sectas, ésta es la definición:
"Ecumenismo (Del griego oikouméne, que significa el mundo habitado.)
Movimiento intereclesiástico. La palabra ecuménico ha sido utilizada para referirse a
concilios de obispos cristianos del mundo conocido (en la antigüedad) o de todo el planeta.
Entre los protestantes el movimiento ecuménico se inició a fines del siglo pasado y el
término ha sido utilizado por organizaciones internacionales de las diferentes
denominaciones, agencias interdenominacionales y paraeclesiásticas. El Concilio
Nacional de Iglesias de Cristo en Estados Unidos y el Concilio Mundial de Iglesias, con
sede en Ginebra, Suiza, son tal vez las más conocidas.
El ecumenismo, como tendencia dentro del cristianismo, tiene como su objetivo
unificar a las iglesias o al menos acercarlas. Algunos tienen como meta la unión
estructural de todas las iglesias, mientras que otros se proponen simplemente trabajar
unidos en algunos proyectos".
¿TODOS SOMOS HERMANOS?
La frase con que comenzamos este artículo, "todos somos hermanos, porque todos
somos hijos por Dios", encara una gran trampa desde el principio. Pretende dar a
entender que toda la humanidad está hermanada por ser parte de la creación de Dios.
Así, este argumento parece ser bonito, esperanzador, lleno de armonía, pero en el fondo
conlleva una trampa hacia el engaño y hacia la mentira. Esta frase, este argumento, contradice fehacientemente la Palabra de Dios, tal y como
vemos en el libro de Juan 1:9-12:
"9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este
mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no
le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a
todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos
hijos de Dios".
El Texto Sagrado identifica a Jesús como esa luz que alumbra a todo hombre. El vino a
redimir a la humanidad, pero el mundo no le conoció. De ahí podemos desprender que
entonces hubo quienes lo recibieron y quienes no lo hicieron, y el mismo texto identifica a
quienes recibieron a Jesús, como hijos de Dios.
Esto destroza entonces el argumento falaz que hemos venido planteando. No todos los
hombres son hijos de Dios, sino quienes recibieron a Jesús.
NUESTRO LLAMADO
Los cristianos, según Marcos 16:15, tenemos la comisión de ir a predicar el Evangelio a
toda criatura. Esto encara el trato con aquellos que no conocen la Palabra de Dios, pero no
quiere decir que nos vamos a mezclar con ellos y vamos a adoptar sus creencias. El
movimiento ecuménico actual, como ya vimos, tiene una vertiente que pretende integrar a
diferentes iglesias, encontrando no las diferencias, sino lograr el acercamiento a través de
sus coincidencias.
Un sector importante del catolicismo, está haciendo grandes esfuerzos por lograr la
integración con el protestantismo, pretendiendo que ambos coinciden en que tienen a Cristo
como eje. Un análisis más a fondo de la doctrina católicorromana, revelará que esta
supuesta coincidencia, es superficial, pues mientras que para los protestantes o cristianos
evangélicos, Cristo es el único camino para llegar al Padre (Jn 14:6), y quienes le reciben
son hechos hijos de Dios (Jn 1:9-12), mientras que la doctrina romanista eleva al plano de
corredentora a la Virgen María, a quien además llaman "madre de Dios".
Entonces, ¿puedo llamar hermano a alguien que profesa dichas enseñanzas? No
dudamos en contestar que no. Debe quedar claro que un hermano nuestro no puede ser
alguien que profesa una doctrina diferente de la nuestra. Por ejemplo, los Testigos de
Jehová creen en Jesucristo, pero no creen que sea Dios. ¿Son nuestros hermanos? ¡Si creen
en Jesucristo, dirigen sus oraciones hacia él!
Los mormones dicen llamarse Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.
Sin embargo, en su extraña teología, ellos plantean que Jesucristo y Satanás son ni más ni
menos que hermanos. ¿Nosotros creemos eso?, luego entonces, ¿son los mormones
nuestros hermanos? ¡Por supuesto que no!
Vamos, hasta los brujos y curanderos hablan de Dios, ¿por eso son nuestros hermanos?
LA INFLUENCIA A TRAVES DEL COLABORACIONISMO
Muchas veces, debido a problemáticas sociales, algún interés de estudio, "relaciones
públicas" u otros motivos, nos enteramos de la colaboración interreligiosa, especialmente
entre católicorromanos y evangélicos, pero esto sólo crea confusión entre los fieles en el
Señor Jesucristo. Es sabido que ante numerosos desastres ambientales como terremotos,
huracanes, inundaciones y hasta problemas de tipo social como el aborto, el tráfico de
drogas, y algunos otros de carácter político, han generado la unión de esfuerzos entre
representantes de distintos credos para abatir dichas problemáticas, esto no es malo en tanto
no se mezcle la doctrina con la asistencia, lo cual muchas veces es muy difícil, ya que las
organizaciones que prestan estas ayudas, tienen un carácter eminentemente religioso, lo que
no asegura la ausencia de la influencia confesional o peor aún, la legitimación de
movimientos completamente contrarios a nuestra fe evangélica, y al respecto, la Palabra de
Dios es clara en la explicación que se nos proporciona en 2 Corintios 6:14-18, respecto a no
estar bajo yugo desigual con los incrédulos.
Es triste ver cómo, ya sea por torpeza, negligencia, una posición doctrinal endeble o,
peor aún, mala fe, el colaboracionismo ha traído como resultado la infiltración de doctrinas
y prácticas que nada tiene que ver con lo que creemos.
Hay otro tipo de casos, como uno del que me acabo de enterar que sucedió en el estado
mexicano de Oaxaca, en el que un pastor evangélico cuyo interés en conocer más a fondo
las Santas Escrituras del Antiguo Testamento, comenzó a tomar un curso intensivo de
hebreo impartido por un rabino judío.
Hasta aquí, no hay nada malo, por el contrario, el tener conocimiento del hebreo bíblico
es indispensable para acrecentar no sólo nuestro acervo cultural personal, sino además,
poder lograr una mayor comprensión de las Escrituras.
El pastor estudiaba día y noche. El rabino veía que su alumno verdaderamente estaba
interesado en realizar sus estudios a fondo, y esto devino en una relación de franca y cordial
estima entre ambos. Dado ese acercamiento, el pastor se sintió con la confianza de
preguntarle al rabino sobre la forma en que se realizan diversas ceremonias judías, las
cuales el rabino le explicó a detalle.
El tiempo pasó, pero varios cambios se fueron dando tanto en la vida del pastor, que se
vieron reflejados en su ministerio. En menos de un año, se habían introducido prácticas
como el uso de la kipá en la congregación; la utilización de vocablos y
terminología en hebreo, para definir algo que se podría expresar en castellano; la institución
de la circuncisión en los niños y en los padres que quisieran hacerlo; se cambiaron los días
de culto de domingo a sábado y no sólo eso. El pastor pidió que ya no se le llamara de esta
forma, sino rabino; a la congregación se le llamó sinagoga, y los que ahí se reunían, se
autodenominaron judíos.
Habrá quien pueda decir que esto no es ecumenismo, sino sincretismo. Sin embargo es
un ejemplo real de algo que ocurrió en la República Mexicana hace menos de tres años, que
nos muestra cómo, en un afán quizás de tipo cultural o intelectual, se puede terminar por
absorber doctrinas diferentes de las nuestras. Situaciones como la descrita, así como se han
dado en México, también se pueden dar en otras partes del mundo.
Hay más ejemplos de situaciones así, como otra de una congregación evangélica en la
que colabora un sacerdote católico (sigue siéndolo) "simpatizante del movimiento
evangélico". ¿Podemos estar de acuerdo con esto? No.
Creo que si se dan este tipo de casos, es porque falta en los creyentes una noción
definida de lo que es la doctrina cristiana, falta un plan integral de discipulado, para no ser
sorprendidos con mensajes que lo único que hacen es separarnos y confundirnos. Aquí,
creo que aplica perfectamente bien el texto de Efesios 4:11-16, para ello, es necesario el
trabajo de los pastores y líderes, redoblar esfuerzos en esta materia. Tenemos que aprender
a defender nuestra fe y aprender a distinguir a quienes profesan creencias contrarias a las
nuestras.
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