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Sábado 22 de Noviembre del 2003

Legalismo inútil
Por Héctor Marín Segura

¿Puedo ir al cine?, ¿puedo ver televisión?, ¿puedo leer el periódico?, ¿es malo utilizar la Internet?, ¿con quién debo casarme?, ¿de qué forma debo vestir?, ¿debo hacer deporte?

Las anteriores, son preguntas frecuentes que una y otra vez, miles de cristianos preocupados por agradar al Señor, se hacen, esperando lograr su objetivo, y ser de buen testimonio para los demás.

Sin embargo, esta preocupación, a veces, toma tintes tan dramáticos que, hay hermanos en la fe que viven una vida llena de sentimientos de culpa, frustración y temor a caer en el pecado. ¿Qué hacer para llevar una vida cristiana que demuestre la llenura del amor de Dios en nuestras vidas?

LAS BUENAS OBRAS

El Catecismo Mayor de Westminster, en su primera pregunta, dice: "¿Cuál es el fin principal y más noble del hombre?", la respuesta es la siguiente: "El fin principal y más noble del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de El para siempre". La pregunta y la respuesta, tienen su fundamento en los pasajes bíblicos de Rom. 11:36, 1 Cor. 10:31, Sal. 73:24-26 y Juan 17:22, 24.

¿Pero es esto posible?, se preguntarán algunos. La vida en el mundo actual es tan difícil, tan riesgosa, y al mismo tiempo ofrece tantas distracciones, tantos atractivos y tantas tentaciones, que es difícil poder llevar una vida de santidad.

El ajetreo diario, las prisas y el vivir en sociedades cada vez más alejadas de Dios, apenas permiten que podamos orar, cuando nos acordamos de hacerlo, al menos una vez al día. Pero entonces, ¿qué hacer?, ¿cómo actuar?

Santiago 2:14-26, nos muestra cómo la fe sin obras es muerta. De ahí la preocupación de muchos hermanos de hacer lo bueno, y eso es realmente positivo. Pero otros hermanos, quizás atados aún a ciertos prejuicios arraigados especialmente en quienes provienen de ambientes católicorromanos, siguen pensando que las buenas obras son, aparte del sacrificio ya hecho en la cruz por nuestro Señor Jesucristo, un requisito para poder llegar ante la presencia de Dios, lo cual es erróneo. No hay otro camino para llegar a Dios, que Jesucristo. Las buenas obras, son, un reflejo de la acción transformadora de Dios en nuestros corazones al momento de que recibimos la salvación en el Señor Jesús.

Ayudar a una anciana a atravesar la calle, cuidar a un bebito por la tarde, ir a visitar a un enfermo, pueden ser buenas obras, y pueden resultar en un beneficio para otra persona, pero debe quedar claro que hacer un bien, no es hacer el bien, ni mucho menos ganarse el cielo por haber hecho algo bueno.

Pongamos el ejemplo de la recientemente canonizada Teresa de Calcuta, mujer que dedicó su vida al servicio de los demás, especialmente atendiendo a quienes padecían lepra en diversas partes de la India.

Evidentemente, se trataba de una mujer cuyas buenas obras resaltaban ante los ojos del mundo entero. Pero, ¿se habrá ganado el cielo por eso? No olvidemos que ella pertenecía a una orden religiosa del culto católicorromano, cuya fe está sustentada no solamente en el Señor Jesús, sino que eleva al nivel de corredentora a la Virgen María y en segundo término a los santos, sin pasar por alto que, para ellos, el papa es ni más ni menos que el representante de Jesucristo en la tierra.

Juan 14:6 muestra la claridad con la que el Señor Jesús se expresa para señalar cuál es el camino para llegar al Padre: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí".

Esto no quiere decir que no hagamos lo bueno, sino que seamos conscientes de que la salvación no viene por las buenas obras que hagamos o dejemos de hacer, sino que es sólo por la gracia de nuestro Señor Jesucristo que podemos llegar ante la presencia del Padre.

NUESTRA LIBERTAD

Jesucristo, en la Biblia, se muestra como el libertador de quienes lo siguen. Cristo, a través de Su obra redentora, nos hace libres del pecado y es el puente para acceder a una vida en la que el Espíritu Santo nos guíe y nos reconforte.

Es bueno y justo, que los cristianos con la responsabilidad de ser aceptos ante el señor, busquen hacer lo mejor, pero a veces temen no hacer las cosas exactamente como piensan que Dios las quisiera. De pronto, muchos cristianos comienzan a pedir la guía de Dios para tomar sus decisiones, y eso no está mal, pero hay que tomar en cuenta que Dios no hizo de nosotros robots sin conciencia, sin poder de decisión. Dios en el huerto de Edén, invitó a Adán a comer de todo árbol del huerto, el que adán quisiera. No obstante ese ofrecimiento, le hizo un solo señalamiento a Adán: que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, pues de hacerlo, moriría. Es decir, puso ante Adán la opción de comer incluso del árbol del bien y del mal, pero le advirtió cuál sería la resultante en caso de hacerlo.

¿De qué nos habla esto? Adán podía discernir sobre comer o no manzanas, naranjas, limones quizás, o del árbol del bien y del mal. El podía escoger qué comer.

En este sentido, muchos hermanos se encuentran como si estuvieran en el jardín de Edén y, para hacer más difícil la situación, limitan sus decisiones al grado ya no de preguntarse sobre si pueden o no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, sino, ¿de cuál árbol comer? ¿Le agradará a Dios si como manzanas?, ¿se molestará si no lo hago? ¿Estará bien comer un plátano, o mejor tomo una naranja? Es decir, para hablar en términos llanos, la decisión está en nuestras manos y el Señor es bastante claro al decir que el hombre puede comer DE TODO árbol del huerto, EXCEPTO DE UNO.

Dios posee atributos, algunos exclusivos de El, y otros que comparte con nosotros. Entre los atributos que Dios nos comparte, está el de la soberanía, al respecto, te presento un pequeño párrafo del doctor Gerald Nyenhuis en el libro "Lo que Creemos los Cristianos Acerca de... La Biblia, Dios, el Hombre, Jesucristo y la Salvación":

"Casi siempre hablamos de la soberanía como si fuese un atributo de Dios solamente, y que nada de eso tuviéramos nosotros. Pero la verdad es que la soberanía es uno de los atributos comunicables de Dios; su eco o analogía se halla también en nosotros. Dios es nuestro Soberano absoluto; pero hay otros tipos de soberanos, limitados y relativos, pero soberanos en cierto grado. La soberanía tiene que ver con la voluntad y la voluntaria dirección de las actividades de uno. Ejerzo mi soberanía (por muy limitada que sea) cuando me pongo voluntariamente zapatos cafés o corbata azul. Lo hacemos cuando nos sentamos adrede adelante en la Escuela Dominical o cuando preparamos la ofrenda, antes de salir para la Iglesia. La soberanía se practica en la auto-dirección. Dios es soberano en que El mismo se dirige, decide sus acciones y/o circunstancias...".

Es decir, Dios nos deja ser libres de poder decidir lo que creamos que es lo mejor, aunque a veces corramos el riesgo de equivocarnos.

Si se presenta ante nosotros la oportunidad de compartir un momento ya sea de estudios, diversión, una comida o alguna actividad en que tengamos que tratar con no creyentes, desde mi punto de vista no lo veo como un obstáculo, sino como una oportunidad de compartir mi fe con otros.

Ahora bien, hay que ser cautelosos y saber con quiénes se está tratando. Muchas veces, ya sea por debilidad de carácter; por pena de confesar nuestra fe; o por circunstancias diversas, bien puede ser que no sólo no podamos compartir nuestra fe con otros, sino que incluso podríamos vernos envueltos en actitudes que desagradarían a Dios.

Debemos situarnos en el contexto de nuestra realidad y no abstraernos de ella. Por ejemplo, para muchos hermanos, lo ideal sería convivir única y exclusivamente con cristianos para no tener ocasión de contaminarse con las prácticas mundanas. Sí, sería muy lindo, pero creo que dejaríamos de hacer parte de nuestro trabajo, que es predicarles el Evangelio a quienes no lo conocen, eso quiere decir que tendríamos que salir de nuestras santas comunidades para ir allá, donde se realizan prácticas paganas y mostrarles que sólo Cristo salva, pero esto requiere de cristianos maduros y valientes.

En la primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículos del 23 al 33, el apóstol Pablo nos dice cómo lidiar ante situaciones que pudieran comprometer nuestra conciencia, de manera que lo que hagamos, sea, como dijimos al principio, para la gloria de Dios.

La madurez cristiana nos da la libertad de escoger y distinguir lo bueno de lo malo, la Palabra de Dios, nuevamente en una carta del apóstol Pablo, esta vez dirigida a los Tesalonicenses, en el capítulo 5, versículo 21, dice: "Examinadlo todo; retened lo bueno". ¿Qué es esto? Nos está invitando a que hagamos el ejercicio intelectual de examinar las cosas, de considerarlas una vez que las hayamos sometido a una rigurosa exploración, para de ahí tomar lo bueno y retenerlo.

Como hemos visto, la Biblia misma nos da las directrices a través de las cuales podemos tomar las decisiones, Cristo vino a liberarnos del pecado y en su Palabra están las instrucciones que debemos seguir para, como dice la carta a los Romanos 12:9: "...aborreced lo malo, seguid lo bueno", podamos efectivamente cumplir ante esta exhortación. Dios quiere que seamos libres y que actuemos con sabiduría, una sabiduría en la que nosotros mismos podamos tomar buenas decisiones tanto intelectual, como espiritualmente, no nos esclavicemos inventándonos obstáculos que lo único que hacen es confundirnos y empobrecer nuestra vida espiritual. Las palabras de la Biblia son claras, son precisas, son contundentes, así que no te preocupes por cómo has de vestir, sino mejor ocúpate de agradar y glorificar a Dios. Si la ropa que vas a usar, la comida que vas a comer, la persona con la que vas a salir o el programa de televisión que vas a ver, crees que pueden afectar tu relación con Dios y tu testimonio como cristiano, es una señal de que debes examinar la situación y tomar una decisión al respecto, cuando lo hagas, antepón a Dios y pídele sabiduría para actuar rectamente como corresponde a un discípulo de Cristo, especialmente, cuídate de no pecar, eso es lo más importante.

No quisiera terminar este tema, sin citar un pequeño párrafo del libro "Nuestras Decisiones y la Voluntad de Dios", de los autores Friesen y Maxson, del cual creo que cada quien puede hacer una reflexión y quizás tomar alguna enseñanza útil para su vida:

"Principios en la toma de decisiones
El camino de la sabiduría

  1. En los aspectos que la Biblia trata específicamente, los mandamientos y principios revelados por Dios (su voluntad moral) tienen que ser obedecidos.
  2. En los aspectos en que la Biblia no da mandamiento o principio (decisiones no morales), el creyente es libre y responsable para elegir su propio curso de acción. Cualquier decisión hecha dentro de la voluntad moral de Dios es aceptable a Dios.
  3. En las decisiones no morales, el propósito del creyente es tomar decisiones sabias basado en la conveniencia espiritual.
  4. En todas las decisiones el creyente debe someterse humildemente, por anticipado, al resultado de la voluntad soberana de Dios en lo que toca a cada decisión".

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