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Sábado 15 de Noviembre del 2003

¿Ministerio o Empresa?
Por Héctor Marín Segura

Hace un par de semanas, navegando en la web, tuve la oportunidad de leer en una página cristiana, un interesante artículo titulado "Explotación Laboral", escrito por Erika Sánchez. El artículo trata básicamente de cómo pueden tornarse negativas las relaciones laborales, incluso en una empresa cristiana.

Al igual que Erika, creo que es una auténtica bendición el hecho de que día con día surjan en nuestra comunidad empresarios cristianos con deseos de servir y bendecir a otros a través de su trabajo.

Sin embargo, creo que, uno de los principales problemas que se están dando en el seno de muchas de estas empresas, es precisamente el hecho de no saber o no querer dejar claro si esos centros de trabajo son propiamente empresas o son realmente ministerios.

Antes de continuar, quiero hacer una ADVERTENCIA: si eres de los que quieren vivir bajo la idea de una iglesia idealizada en la que no pasa nada, donde todo funciona perfectamente, te sugiero que mejor cierres esta página.

Si por el contrario, eres de los que abren los ojos a la realidad de nuestros días y quieres hacer algo por cambiar las cosas negativas que se llegan a dar en la comunidad cristiana, acompáñame a hacer un breve análisis de una situación que nos aqueja como parte del Cuerpo de Cristo.

ARRIESGANDOLO TODO POR DIOS

En países como México, es verdaderamente un juego de azar intentar establecer un negocio o una empresa. Al iniciar su gestión como Presidente de la República, Vicente Fox ofreció a los mexicanos, entre otras cosas, estabilidad económica al grado de que casi todos los ciudadanos tendrían la oportunidad de tener su propio negocio. La situación ha sido otra muy diferente, y al menos hasta el último trimestre, nos encontrábamos con que en el país hay por lo menos 399 mil, personas que se quedaron sin empleo.

La situación presupuestal, una inminente alza de impuestos y la elevación de precios en los servicios elementales, hacen muy difícil que alguien pueda querer arriesgarse a abrir un negocio. Sin embargo, es de destacarse el entusiasmo con que varios hermanos, con una profunda fe en Dios, se lanzan al mundo de los negocios. Con ello, no sólo buscan ganar dinero, sino compartir su fe con otros y al mismo tiempo le hacen un bien a la sociedad, ya que crean nuevas fuentes de empleo.

Tanto es el entusiasmo de algunos, que están dispuestos a trabajar a todo lo que dan, tanto por recuperar su inversión, como por esa llenura que sienten de estar trabajando para el Rey. Sus gastos, no se quedan tan sólo en lo elemental: electricidad, teléfonos, agua, materias primas o mercancía. Además, hay que pagar sueldos, uniformes (en muchos de los casos), servicios médicos de los trabajadores, etc.

Ellos saben que benefician al pueblo cristiano y al país en general, y esto, hay que reconocérselos, pero comienzan espiritualizando algo que no hay que confundir. Las leyes, al menos en México, distinguen muy bien entre lo que es un ministerio, y lo que es un negocio. El ánimo, el fervor, y la pasión por el Señor, a veces hace que los patrones confundan una cosa con la otra. Es cierto, como muchos empresarios cristianos comentan, que, en sus propios negocios ha habido quienes han iniciado una relación espiritual con el Señor Jesucristo, aun así, esto no quiere decir que sus empresas sean ministerios. De cualquier manera, es plausible la labor de estos arriesgados hermanos.

POR AMOR AL SEÑOR

Pero qué decir de muchos hermanos que trabajan como empleados en este tipo de negocios. En un país con tanta desigualdad social, la gente busca acomodarse en el lugar donde paguen más, aun cuando no se esté a gusto.

Aun así, hay hermanos, que, pese a tener niveles académicos que les permitan encontrar trabajo en algún lugar donde puedan obtener un sueldo mayor, prefieren trabajar en empresas cristianas, las cuales, por cierto, no son las que pagan más, ya que, hay que tomar en cuenta dos cosas:

  1. La mayoría no alcanzan estándares de competitividad en relación con las grandes cadenas comerciales. Esto, no les permite otorgar a sus empleados sueldos como los de los grandes consorcios.
  2. Muchas de estas empresas, son negocios familiares, así que los vaivenes de la economía suelen afectar mucho sus finanzas, por lo que deben ser cautelosos con sus ingresos y egresos.

Entonces, ¿qué hace que alguien prefiera trabajar en una empresa cristiana?

Entre otras cosas, la firme convicción de que se estará sirviendo al Rey de reyes y Señor de señores. Saber que se estará compartiendo con otros, la responsabilidad de que, a través de los artículos que se pongan a disposición de quienes hagan uso de nuestro servicio (trátese de una librería, un periódico o una joyería), se pueda difundir el evangelio.

El problema de estos hermanos radica también en una espiritualización de una situación. Por eso, repito, hay que diferenciar entre lo que es un negocio y lo que es un ministerio. El hecho de que en nuestro centro de trabajo se realice una lectura devocional, no le dará el carácter de ministerio a un negocio. Un momento de oración no convierte en ministerio a una empresa dedicada a la venta de videocasetes.

LIDERES INJUSTOS

Erika Sánchez, en su artículo, habla de un jefe que se abusa del empleado bajo formas muy sutiles, apenas imperceptibles, que después se tornan brutales, ya que denota cómo muchos de los abusivos tuercen las Escrituras para perpetrar la explotación de quienes él llama "hermanos".

Un rasgo de un jefe explotador y abusivo, es que, comúnmente tiene "la última palabra". Los motivos para estar seguro de que cuanto ordena es lo correcto, pueden ser muy variados, pero destacan el que:

  1. Es el jefe.
  2. Su ego es tan grande, que, pese a saber que están equivocados, no pueden aceptar la menor crítica.

Algunos de ellos, verdaderamente denotan falta de seriedad desde el principio, por ejemplo, suelen contratar gente, acordar un sueldo determinado con el nuevo empleado, pero salen con frases como: "Bueno, hermano, como es tu primer mes, y todavía no conoces bien de qué se trata el empleo, aunque quedamos en que vas a ganar (una cantidad), en este mes te voy a pagar únicamente la mitad". Esto no es otra cosa que un engaño. En las empresas seculares, el sueldo acordado, es el que se paga desde un principio.

En otros casos, hay quienes literalmente quisieran "sacarle jugo" a los empleados, a costa de lo que sea, incluyendo su salud. En caso de que un empleado falte a su trabajo, inmediatamente recurren al chantaje espiritual, sin tomar en cuenta que quizás el empleado verdaderamente se sentía enfermo.

He sabido de casos en que, llegado el tiempo justo, un empleado de una empresa cristiana pide sus vacaciones, pero se le van dando largas diciéndole que no hay quien lo supla en su ausencia y que, por amor al ministerio, mejor no tome sus vacaciones.

Otro caso es el de las famosas horas extra. En cualquier empresa secular, se pagan las horas extra, ya sea con tiempo (el tiempo se le repone al empleado ya sea dejando que salga temprano o que llegue tarde al trabajo) o con dinero. En muchas empresas cristianas no existe eso. Incluso, como medida de presión, se "inventa" la necesidad del devocional matutino, justo en el lugar donde se encuentra el reloj checador. Por supuesto que con esto, no quiero decir que el devocional sea malo en sí, todo lo contrario, sino que se le da una connotación que no tiene que ver en nada con un momento de comunión con Dios.

Peor aún, hay patrones que, bajo el pretexto de que "la situación en el país está muy mal", les retienen el pago a sus empleados (y estoy hablando de empresas cristianas). Lo más curioso, es que ese tipo de patrones, no obstante lo que dicen, sus hechos los desenmascaran. Hay quienes incluso se han atrevido a pedir donaciones de parte de la gente, supuestamente para poder solventar sus gastos, retienen los sueldos de sus empleados, pero... ¡Estrenan automóvil y viajan al extranjero!, ¿es que acaso eso tiene lógica? Esos ya rendirán cuentas ante Dios.

La irresponsabilidad en el manejo de las finanzas, es otra de las prácticas recurrentes en muchísimos negocios cristianos. Comienzan a mezclar los gastos personales, con los de la empresa, lo que viene a crear un desequilibrio que a la larga afecta tanto al mismo negocio, como a quienes laboran en él.

MALOS SIERVOS

Pero no siempre la vida de los empleados es de sufrimiento. A diferencia de las empresas seculares, en las cuales ya hubieran perdido sus empleos, muchos empleados practican ya sea el ausentismo, o la práctica de llegar tarde... "al fin y al cabo que son brothers, tienen que entenderme".

Peor aún, los hay quienes trabajan en la industria joyera y curiosamente estrenan diferentes piezas constantemente. Hay quienes trabajan en librerías y ya tienen en su casa una gran biblioteca. Los hay quienes trabajan en revistas y se han hecho de muy buen equipo fotográfico sin haber invertido dinero. Es triste, pero es verdad, el hurto, el robo, y prácticas similares, también han penetrado en la vida de la comunidad cristiana. Muchos, tratando de justificar sus acciones, dicen: "lo hago porque mi jefe no me paga lo que merezco", o "es que la situación en el país está muy difícil, tengo que sacar alguna ganancia de algún lado", o quizá "el hermano tiene mucho, no le afecta que yo haga esto". Estos también rendirán cuentas ante Dios.

Supe de una historia de un par de hermanos que dejaron sus puestos de trabajo durante algunos días. Nadie sabía nada de ellos, a la semana, regresaron al trabajo. El director de la compañía les exigió una explicación y la respuesta que obtuvo fue: "hermano, usted desde un principio sabía que nosotros queremos ser misioneros, nos surgió una oportunidad de salir a la predicación fuera de la ciudad... usted debe comprender...". En otro lugar, ya los hubieran corrido.

Hay empleados, incluso, que llegan a faltar al respeto a sus jefes restándoles autoridad bajo una idea completamente equivocada, de que, ante Dios todos somos iguales, sin tomar en cuenta que Dios también establece jerarquías no sólo en Su Iglesia, sino incluso entre quienes no son creyentes.

Una cosa recomendable, es que desde un principio, patrón y empleado acuerden la naturaleza del trabajo que se va a desempeñar y se establezca (preferiblemente por escrito) un horario, un sueldo, las prestaciones, los lugares en que se va a laborar, quiénes serán los superiores inmediatos, las perspectivas de crecimiento en la empresa, las políticas y procedimientos internas y externas para lograr un nivel óptimo, etc.

CONCLUSION

Mi mensaje final, querido lector amigo, es que analices estas situaciones. Son tan sólo algunos pequeños ejemplos a través de los cuales, en primer lugar, te pido, no confundas lo que es un ministerio con una empresa. Dice la Palabra de Dios en Mateo 22:21 "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios". No mezcles una cosa con la otra, no fuerces la Escritura para que diga algo que no es. El hecho de que tú vendas una artesanía de yeso con un texto bíblico, no convierte tu taller en un ministerio. Dale una dimensión correcta a las cosas.

Timoteo 5:18 dice: "Digno es el obrero de su salario". No le retengas su sueldo, no lo engañes. Respeta tus tratos y da valor a tu palabra. Lucas 19:11-27 también trae grandes enseñanzas sobre cómo quiere Dios que le sirvamos.

Procura no entrar en conflictos, seas patrón o empleado, más vale hablar las cosas con verdad y justicia, que incluso terminar con heridas espirituales.

Te dejo con este texto, tomado de la carta a los Colosenses:

3:22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
3:23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
3:24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.
3:25 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.
4:1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.
4:2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;
4:3 orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,
4:4 para que lo manifieste como debo hablar.
4:5 Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
4:6 Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

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