A un año
Por Héctor Marín
En estos días está por cumplirse un año de la primera tragedia
mundial del tercer milenio: los atentados ocurridos el 11 de
Septiembre en la sede del Pentágono y en las llamadas "torres
gemelas" de Nueva York, donde miles de vidas llegaron a su fin
por obra de terroristas.
En aquel entonces el escenario parecía de película: se ve un
avión que sale de la nada, y de pronto se impacta contra uno de
estos imponentes edificios símbolos del poder económico
mundial.
Contra cualquier pronóstico, minutos después las cámaras de
televisión toman la imagen de otro avión que se estrella
brutalmente contra el otro edificio y ahí comienza un macabro
teatro de lo absurdo, al darnos cuenta que esto ya no es
casualidad, sino que forma parte de una realidad que, sin
embargo, parece ser contraria a la lógica y al sentido común.
Informaciones iban y venían y una vez más vimos lo engañoso que
puede ser estar pendiente de un medio de comunicación, que de
entrada da una nota, la cual desmiente minutos más tarde.
La histeria, la impotencia y el dolor, se apoderaron sobre todo
de los habitantes de los Estados Unidos de América, quienes se
dieron cuenta de lo frágil que puede ser un sistema de
seguridad, aun en un país como el de ellos, con todos los
adelantos de la tecnología militar.
HIPÓTESIS
Y comenzaron a aparecer las hipótesis. Unas fructificaron y
otras no. La versión oficial norteamericana destacaba a una
figura como eje central de dicha operación de terrorismo
internacional: Osama Bin Laden, otrora aliado norteamericano,
era buscado como presunto "cerebro" del inesperado ataque aéreo
contra los Estados Unidos. No tardó mucho tiempo en darse
también una operación militar en Medio Oriente con el pretexto
de la búsqueda del mercenario árabe Bin Laden, que, valga
decirlo, no fue del todo exitosa, ya que no se pudo localizar
el paradero de este hombre y al menos se pudo derrocar al
régimen talibán que gobernaba Afganistán, lugar donde se
llevaron a cabo las acciones militares.
LA REALIDAD
La realidad es que la paz no ha llegado a Afganistán. Apenas
hace unos días, Hamid Karzai, dirigente afgano avalado por
Estados Unidos y sus aliados, sufrió un atentado, del que
milagrosamente salió ileso.
La realidad es que nos encontramos ante un posible próximo
escenario de guerra, ya que Estados Unidos ha prometido acabar
con el terrorismo, y tiene en la mira una ofensiva contra
Bagdad (Irak) y una cuenta pendiente con el dirigente de esa
nación, Sadam Hussein.
La realidad es que el norteamericano promedio tiene miedo. Ya
no es aquel ciudadano que podía salir a pasear libremente y
convivir con los suyos, sino que es ahora un ser con el miedo a
cuestas pensando que en cualquier momento puede ser víctima de
un ataque.
La realidad es que los ciudadanos de los demás países llegan a
una conclusión: si a los Estados Unidos les pasó, ¿qué no
podemos esperar nosotros?
11 DE SEPTIEMBRE
Esta fecha ya no se apartará de nuestras mentes. Las imágenes
que se han repetido una y otra vez en televisión se encargan de
recordarnos nuestra fragilidad en este mundo y es ahí donde
como creyentes debemos aferrarnos a la razón de nuestra fe:
Jesucristo. Con él no hay inseguridad y sí puede ofrecernos
libertad, paz y reposo. Quizá muchos de quienes fallecieron en
tan injustas y cobardes condiciones no tuvieron la oportunidad
de conocerle como Señor y Salvador. Si no lo has hecho, éste
puede ser el mejor momento, pídele a Cristo que perdone tus
pecados y que sea el Señor de tu vida. Si ya eres creyente, te
invito a que eleves una plegaria por aquellos que sufren la
pérdida de un ser amado, quizá un hijo, quizá un padre o una
madre; tal vez un amigo o un vecino. Ora por quienes han hecho
daño inmerecidamente a los inocentes, para que Dios obre con
justicia en sus vidas. Pide a nuestro Señor sanidad para
nuestros países, sabiduría y rectitud para nuestros gobernantes
y, pídele a Dios la guía para poder ser un instrumento útil a
su servicio para poder presentar su bendita palabra a quien
necesita consuelo, compañerismo y amor.
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