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Viernes 24 de Mayo del 2002

"Cuentos Mexicanos"
Por Héctor Marín

Entre los muchos aspectos que conforman la cultura mexicana, se encuentran los cuentos e historias que contaban los viejos y que trascendieron con el paso de los años, cuentos e historias que se convirtieron en tradiciones y leyendas que cobran vida cada vez que son relatados.

Pero como se dice aquí, "hay de cuentos a cuentos" y en esta ocasión no vamos a contar ninguna historia tradicional mexicana, sino que nos ocuparemos del caso de Juan Carlos, un joven que hizo fama entre sus compañeros hasta ganarse el mote de "El Cuentos Mexicanos".

¿Qué por qué le llamaban así? Juan Carlos, como cualquier hombre, fue alguna vez un joven con ganas de aprender y es por ello que hizo un esfuerzo al inscribirse en un colegio de educación media superior para obtener su título de bachiller, al mismo tiempo que se desempeñaba como mesero en un salón de fiestas.

En los primeros días de clase, congenió con un grupo conformado por seis varones y tres señoritas, quienes al terminar sus asignaturas del día, solían ir juntos a almorzar a alguna cafetería y comentar diferentes cosas tanto personales, como escolares.

Pronto fue saliendo a relucir la personalidad de cada uno y el grupo poco a poco fue desapareciendo hasta crearse "subgrupos" y de esos jóvenes que se juntaban para almorzar, apenas llegaban a saludarse entre ellos.

Una de las características de Juan Carlos era la de ser un excepcional portero de futbol, lo que le valió el reconocimiento de sus compañeros de equipo, quienes después le pondrían como mote "El Cuentos Mexicanos".

EL SHERIFF Y LOS FORAJIDOS

Entre las cosas que platicaba Juan Carlos con sus conocidos y amigos, que le hicieron ganarse su mote, estaba el que solía relatar cosas que le ocurrían -según él- pero sus amigos poco a poco fueron dándose cuenta que cuanto platicaba Juan Carlos no eran sino patrañas.

Por ejemplo, en alguna ocasión contó que en unas vacaciones había ido a visitar a un tío al campo. Juan Carlos y su primo habían ido a recolectar leña para la chimenea, cuando fueron asaltados por unos bandidos que los ataron a sendos árboles. Tras asaltarlos, los hombres tenían pensado ir a la casa del tío de Juan Carlos para robar la casa. Según nuestro personaje, fue tanta su desesperación, que arrancó de raíz el árbol y con el mismo golpeó a los hombres, quienes eran prófugos de la justicia, según el sheriff de la comarca, que los iba siguiendo y vio la escena, para después condecorar a Juan Carlos por su valentía. Entre otras de sus historias estaban cuando lo confundieron con un familiar del presidente y fue escoltado por las calles de la ciudad mientras hacía sus compras y cuando relata que tras un intento de secuestro, huyó de sus captores arrojándose de un helicóptero a una altura de más o menos 10 metros.

Al principio las pláticas de Juan Carlos eran amenas para todos, además, ver la cara de seguridad con la que platicaba todo, era muy divertido, ya que pareciera haber vivido cuanto contaba, pero poco a poco todos los chicos se aburrieron y lo que menos querían era encontrarse al "Cuentos Mexicanos" y sus historias.

Juan Carlos actualmente es chofer de microbuses en una de las miles de rutas existentes en la Ciudad de México y no sé si sigue contando sus historias.

Las historias que contaba este muchacho como verdades, quizá hubieran sido buenas para que Juan Carlos se dedicara a hacer novelas, guiones para series o telenovelas o quizá, un libro de cuentos.

Hay quienes piensan que Juan Carlos era un mitómano o quizá pícaramente quería burlarse de todos contando historias inverosímiles; hay quienes suponen que al repetir tantas veces sus mentiras, el joven les dio carácter de realidad y se quedó atado en su propio embrollo.

Todas las personas, por una u otra razón, nos hemos visto obligadas a mentir (y quien diga que no, miente) pero hay quienes hacen de la mentira una forma de vida, lo que adquiere una dimensión peligrosa no sólo en las relaciones sociales del individuo, sino para su alma.

Satanás, "cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentirosos, y padre de mentira" (Jn 8:44); y seguramente este ente maligno se regocija cuando mentimos, más si lo hacemos una y otra vez. El libro de Proverbios, en el capítulo 13, verso 5, dice: "El justo aborrece la palabra de mentira; mas el impío se hace odioso e infame". Un hijo de Dios no puede darse el lujo de engañar y vivir de la mentira, pues además de dar un muy mal testimonio, daña su relación con Dios. Para muchos, la mentira y los fingimientos de Juan Carlos, podrían ser solamente "cosas de muchachos", pero tomemos en cuenta que algún día el joven se haría hombre y habría de tener hijos. ¿Les daría como herencia el arte de mentir?

Reflexionemos en esta ocasión estas citas bíblicas de la Carta a los Efesios y tengámoslas siempre en mente:

"4:25. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo;
...
4:29. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes."


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