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Jueves 16 de Julio del 2009

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena
Por Héctor Marín Segura

Ll

llamada. Con la invención del teléfono, las necesidades comunicacionales de las personas fueron satisfechas gracias a que este aparato sirvió para acortar distancias y permitirnos estar en contacto. Pero hay de llamadas a llamadas, algunas como la del novio o la novia son casi tan esperadas como si se tratara de la noticia de la obtención de una buena calificación y se convierten en un martirio cuando éstas no se realizan a tiempo o peor, cuando no llegan. Las llamadas inoportunas son aquellas que sólo sirven para distraernos de alguna otra actividad más importante para nosotros y que sólo son para importunarnos con ofrecimientos de supuestos servicios muy buenos, tarjetas de crédito maravillosas, alguna encuesta absurda o el requerimiento de pagos, estas últimas quizá sean las llamadas menos deseadas por muchos. Las llamadas que preocupan son aquellas que llegan inesperadamente y casi siempre en horarios poco habituales donde regularmente se nos informa de noticias desagradables como la muerte de algún familiar, el accidente de algún amigo o conocido o cosas similares. Pese a todo, hacer una llamada de cuando en cuando a nuestros amigos o conocidos, no nos quita nada, por lo menos para saber su estado actual y hacerse presente. Algo que es recomendable en países como México donde el teléfono se ha vuelto herramienta para la extorsión, es contratar un servicio de identificador de llamadas a través del cual podremos saber quién nos está llamado y darnos por lo menos la sensación de seguridad en nuestros hogares y centros de trabajo.

llamado. Para los cristianos evangélicos el llamado puede ser el momento en que la relación con Dios comienza a darse de manera que nos despojamos de nuestra antigua identidad mundana y comenzamos un nuevo camino en la vida de la mano de Cristo. Este llamado implica sacrificio. El establecimiento de una línea de contacto con Dios que acrecienta nuestra fe por medio de la oración, la reflexión, el ayuno, el asistir a la iglesia a escuchar la Palabra de Dios, la lectura de la Biblia y el proponerse realizar un cambio en nuestras vidas, el cual a final de cuentas no es operado por nosotros sino por Dios mismo. No hay un momento preciso de la vida para recibir este llamado, el cual puede darse a edad temprana, en plena madurez o en los últimos momentos de la existencia de cada persona. Lo cierto es que Dios hace oír su voz claramente y con fuerza de manera que el individuo llamado no puede oponer resistencia. El llamado también tiene otra connotación y esto es cuando el creyente siente la necesidad -impelido por Dios mismo- de servirle en el ministerio. Ahí el individuo depositará su voluntad en las manos de Dios para operar como un instrumento de la propia voluntad divina. El llamado de Dios a Saulo de Tarso, es quizá el más conocido por el cambio operado en el que fuera un furioso perseguidor de cristianos para convertirse en uno de los más firmes defensores de la fe en Jesucristo.

llamas. Reconozco que esta entrada pudiera parecer un tanto forzada en este diccionario, pero quiero aprovecharla como una oportunidad de repudiar la lacerante corrupción y la inmoral red de complicidad entre funcionarios gubernamentales -que se supone deberían velar por el bien social, al menos para eso se les paga- que trajo consigo la salida a la luz pública de la ineficiente forma en que trabajan cientos o miles de guarderías en la República Mexicana. Tuvo que ser un incendio en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, el detonador que destapara esta cloaca en la que familiares del propio Presidente de la República, de su esposa -quien demostró con su forma de actuar ser una mujer mentirosa-, así como familiares del cínico gobernador del estado, Eduardo Robinson Bours Castelo, estaban inmiscuidos. La tragedia ha traído consigo una cifra de 48 menores de edad, 48 criaturitas que perdieron la vida abrasados por las inclementes llamas que se iniciaron en una bodega contigua a la guardería. Esta, la guardería, no contaba con los mínimos estándares de seguridad para albergar a los hijos de trabajadores que se veían en la necesidad de dejar a sus pequeños en lo que era una nave industrial acondicionada como estancia infantil. A esto habrá que agregar que muchos de los pequeños que no murieron, permanecen hospitalizados con quemaduras que van de leves a muy graves, que los dejarán marcados de por vida y con secuelas psicológicas y físicas que repercutirán en todo momento en su vida futura. Se dio a conocer apenas este 8 de julio, por parte del inepto director del Instituto Mexicano del Seguro Social, la lista de las guarderías que, como la ABC de Hermosillo, se han acogido al esquema de subrogación, lo cual deja ver que lejos de tratar de ofrecer un servicio a los trabajadores y a sus familias, esto se ha convertido en un verdadero botín en el que ya se mencionan apellidos como Fox, Obregón, Bours, Borrego Estrada y muchos más ligados de una u otra manera a las altas esferas del poder en mi país. Esto revela sin duda el desmedido afán de lucro a costa aun de la vida de pequeños que sin duda están ahora cobijados por el manto protector de Jesús nuestro Señor, de gente sin escrúpulos que ha visto en las poco respetables instituciones mexicanas, una oportunidad de hacer dinero, no importa si el modo de lograrlo sea ilícito o no. Vaya mi repudio y seguramente el de muchos lectores y de gente bien nacida contra estos lobos rapaces que sólo medran con sus posiciones de poder. Vaya pues mi oración por esos pequeños y mi solidaridad y apoyo para sus padres y familiares.

llanero solitario. Por diversos giros que da la vida, la soledad y el distanciamiento se convierten en el modus vivendi de algunos individuos que, hoscos, huraños, desconfiados, poco dados a la plática y a la convivencia con sus semejantes, comienzan una vida de alejamiento de la sociedad tal como si se tratara de antiguos ermitaños que no participan ni para bien ni para mal en el devenir colectivo, prefiriendo mantener un perfil bajo que los haga pasar desapercibidos y por lo tanto invisibles e innecesarios para los demás. Habrá quien los considere serios, tranquilos, callados y discretos. Pero habrá también quien los considere vanidosos, aburridos, y hasta pagados de sí, mal educados, odiosos, amargados e inadaptados sociales. Esto último habría que verlo desde una perspectiva menos emotiva y tratar de ir al fondo del por qué el individuo adopta tal actitud. También se les conoce como "llaneros solitarios", porque como el héroe del viejo oeste, van cabalgando solos por la vida tratando de resolver sus causas sin molestar a nadie. Ser un "llanero solitario" es luchar solo contra el mundo, solo contra todo, sin más apoyo que las propias fuerzas. Muchos "llaneros solitarios" se encomiendan tan sólo a lo que ellos mismos puedan hacer y a la ayuda divina que les traerá una respuesta positiva o negativa. Contra lo que muchos piensan en forma completamente equivocada, los "llaneros solitarios" no se sienten dueños de la situación ni poseedores de la verdad absoluta ni se creen mejores o superiores a nadie. Están completamente conscientes de que vivimos en una sociedad donde todos necesitamos de todos, pero los golpes de la vida y las malas experiencias, los han llevado a alejarse de la especie humana para -también erróneamente- ensimismarse en luchas estoicas que sólo provocan más desgaste acrecentando la sensación de soledad y vacío. El corazón de los "llaneros solitarios" cada día se hace más duro, la ausencia de compañía y la falta de oración y contacto íntimo con Dios los llevan a un estado primitivo donde la vida es sólo un proceso sin sentido que sólo encuentra la cura de los dolores presentes y pasados con la muerte. La vida es para ellos una profunda y larga prueba que parece no tener fin y en la cual la victoria y la derrota saben igual ya que no se comparten con nadie. No critiques a la ligera a los "llaneros solitarios", sabe Dios las heridas que hay en sus corazones, el dolor y la amargura que pueblan sus mentes. Ora mejor por ellos y ponte en su lugar, analiza su situación y si puedes, acércate a alguno de ellos, tiéndeles tu mano, muy probablemente muchos de ellos tan sólo esperan eso para volver a creer en la hermandad, en el amor, en el cariño y en la confianza en los semejantes, analiza sus motivos y no trates de darles "recetas de cocina" como si la vida fuera tan fácil de llevar. Si a ti no te ha costado trabajo, eso no quiere decir que no haya quienes sufren y se acongojan por cosas que quizá a ti te parecen menores, recuerda que cada individuo tiene una perspectiva personal de las situaciones y no todos reaccionamos igual ante un mismo hecho. Si tú eres muy maduro emocional y espiritualmente, utiliza entonces esa madurez no en recriminar ni criticar sino en entender para construir, el "llanero solitario" en cuestión, seguro te lo agradecerá.

llanta. Hay de llantas a llantas. Unas son los neumáticos que utilizan los vehículos para caminar y otras son las indeseables llantas (en algunos lugares les llaman michelines) que aparecen en la cintura y otras partes del cuerpo afeándolo y deformándolo provocando malestares físicos y psíquicos en muchos de quienes las padecen. Estas llantas han traído consigo la creación de toda una industria de medicamentos, cremas, fajas y geles reductivos, dietas, comidas especiales, procedimientos médicos que van de sencillos a muy especializados y complicados, con el fin de solucionar el problema. Gorditos y gorditas del mundo y hasta gente flaca con un poquitillo de grasa en el cuerpo de inmediato se escandalizan y horrorizan cuando la ropa ya no les queda como antes o cuando la báscula indica algunos gramos de más. La publicidad se ha valido a través de los estereotipos en los medios de condicionamiento de masas, para hacer pensar a los individuos que las delgadas figuras de los y las modelos de televisión, cine y revistas, son lo comúnmente aceptable y deseable desde un punto de vista que es sólo mercantilista y estético pero que no busca resolver realmente un problema que tiene que ver con la salud de las personas. En ese sentido, cabría ver hasta dónde podemos forzar a nuestro cuerpo de acuerdo a nuestra complexión para hacernos semejantes a los modelos que vemos en los anuncios de suplementos alimenticios o tratamientos dietéticos, no hay como ir con un médico y seguir sus indicaciones y acompañarlas con ejercicio y buena alimentación, lo preocupante pueden ser ya no las llantas sino los efectos psicológicos que éstas provoquen en nuestra mente, y tener llantas mentales, seguramente sí es un problema mayúsculo.

llanto. Nuestra primera expresión en este mundo, es de llanto. Se dan cuenta que estamos vivos cuando el lloriqueo acompaña nuetro primer respiro fuera del vientre de nuestra madre. Después vienen comúnmente los llantos infantiles: Nuestras primeras caídas, los regaños de nuestros padres, alguna mala nota en la escuela y los accidentes que puede sufrir cualquier niño, son algo completamente común. Las razones del llanto en los adolescentes comienzan a tener más marcas en el alma del individuo: La incomprensión, la soledad, la angustia por lograr buenas notas, el trato con los padres, las relaciones de noviazgo y demás caracterizan el llanto juvenil. En los adultos y las personas mayores el llanto es igualmente una situación más relacionada con el interior del ser humano aunque hay también el llanto como reacción inmediata ante la eventualidad de la muerte de un ser querido o incluso hasta el recuerdo de algún acontecimiento pasado. Culturas machistas como la mexicana, han enseñado que el hombre no debe llorar, ya que eso sólo es para las mujeres y un hombre que llora es o un debilucho o un maricón. Sin embargo, esta apreciación es errónea y el hecho de que un hombre llore no le resta hombría sino es simplemente una expresión de sensibilidad propia de cualquier ser humano. El llanto aparece a veces cuando menos lo esperamos: Cuando nos emocionamos con una película, cuando recordamos a un ser querido o hasta después de ver un partido de futbol de pronto pueden asomar las lágrimas en nuestros ojos. Es curioso, aunque no es una regla, pero mientras más viejos somos, más llorones y sensibles nos volvemos, ¿será que echamos de menos los tiempos pasados llenos de una plenitud que ya no tenemos? ¿Serán cambios hormonales que se dan con la edad los que nos hacen más sensibles ante las cosas que pasan? ¿Será la impotencia de poder remediar o solucionar una serie de situaciones que salen de nuestro alcance? ¿Será una mezcla de todos estos factores? Puede que sí, puede que no, lo cierto es que bien dice el Eclesiastés, hay un tiempo para todo, y hay un tiempo para llorar, lloremos pues, en el momento debido cuando se dé la oportunidad.

llave. Una llave da el poder de entrada a distintos lugares, el problema se da cuando queremos abrir con una llave la puerta equivocada o viceversa. Dicen que la cortesía es como una llave que nos abre la puerta del afecto de las demás personas pero no es a esas llaves a las que me refiero ni tampoco a los grifos o llaves del agua, tampoco a las llaves o claves que se usan en el mundo de la música sino a las llaves metálicas que cargamos para abrir el coche, la oficina, la tienda, nuestra casa, el candado y demás. Perder las llaves es como perder parte de la vida, pues se ve uno impedido de poder entrar o salir de un lugar que es nuestro o que por lo menos nos es familiar. Perder las llaves de nuestra oficina nos puede hacer ver como personas irresponsables a las que no se les puede confiar algo tan sencillo pero tan importante y necesario al mismo tiempo. Tener que llamar al cerrajero por un olvido o extravío genera además un gasto regularmente no contemplado que por cierto no es barato y que quita tiempo por lo engorroso y hasta cierto punto innecesario. Hay que procurar guardar bien las llaves y no dejarlas en manos de extraños.

llevado. Nunca falta una persona bromista, una persona que quizás habla en doble sentido o que es dado a burlarse de otros. Pero hay de burlas a burlas y no hay nada más pesado que un individuo "llevado". Ser "llevado" se refiere a la persona que no hace distingos y no tiene el menor pudor o recato al momento de burlarse o bromear con una persona. Estos individuos siempre son pesados y no paran hasta sacar de quicio a los demás. Hay quienes sin embargo, siendo "llevados", no soportan que se les pague con la misma moneda y reaccionan airadamente cuando alguien les devuelve la broma en la misma forma que la hicieron haciendo caso omiso de aquella voz popular que dice: "El que se lleva, se aguanta", y entonces sí reaccionan enojándose y sintiéndose ofendidos actuando "como chivos en cristalería", exaltados y mostrando su diminuto criterio. La regla de oro de nuestro Señor Jesucristo es más sabia y nos ayuda a evitar cualquier tipo de contiendas y discusiones bizantinas, leemos en Mateo 7:12 algo que todos deberíamos hacer antes de ser "llevados" o juntarnos con gente "llevada": "12Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas".

Llorona, la. Las leyendas y tradiciones orales que pasan de generación en generación forman parte del alma misma de los pueblos y son como el sello que los distingue de las demás naciones para darles un carácter de individualidad ancestral que resiste el ineludible paso del tiempo. Así, en plena era del Internet, el imperio del Ipod, del MP3 y la tan traída y llevada globalización, el mexicano es un pueblo lleno de mitos y leyendas que se remontan a tiempos antiguos como el nahual, las apariciones de chaneques y alushes en la cultura maya, las leyendas de aparecidos y fantasmas de la época de la conquista y cómo en la amalgama de culturas española (con toda su influencia íbera, celta y mozárabe, entre muchas otras) logra fundirse con antiguas leyendas aztecas para conformar todo un ícono del mestizaje que distingue a México: "La Llorona". ¿Quién es "La Llorona"? La leyenda cuenta que se trata de una mujer seducida y engañada por un apuesto soldado español que únicamente se aprovecha de ella para tener relaciones de mancebía siendo que este hombre era casado y con hijos. La mujer, quien se había entregado sin reservas al militar en cuestión al darse cuenta de la infamia que había sufrido, sufre una crisis que la lleva a cometer el asesinato de los hijos que había procreado con el español en un arranque de locura pero al mismo tiempo bajo la posesión del diablo mismo. Al darse cuenta de su espantoso crimen, la mujer es juzgada por el Tribunal del Santo Oficio y muere quemada viva. La leyenda, que impresionó en su momento tanto a los españoles radicados en México, así como a los propios indígenas pero también a criollos y mestizos, todos ellos grupos sociales no exentos de creer en todo tipo de supersticiones, se fue extendiendo al grado que se comentó en aquel entonces y se comenta ahora mismo cuando los niños cuentan historias de fantasmas en las escuelas, campamentos, y hasta en centros de trabajo, que el espíritu de la mujer vaga por las rancherías, pueblitos, en zonas lacustres o a la orilla de los ríos e incluso en las grandes ciudades como la de México, lamentándose por el infanticidio cometido. "¡¡¡Aaaayyy mis hijos!!!", dicen que grita "la Llorona" vestida de blanco con sus manos descarnadas implorando perdón al Todopoderoso. Tal es la trascendencia de este personaje, que el escritor y poeta mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990, en su extraordinario ensayo "El Laberinto de la Soledad", se ocupa de "la Llorona", señalándola como parte de esa exaltación tan mexicana de la mujer, especialmente de la figura materna, pero al mismo tiempo de esa mujer sometida por la brutalidad masculina que nos convierte a los mexicanos en los hijos de una mujer que ha sido abusada, o en palabras del propio Paz, "en hijos de la chingada", en un extenso estudio sobre los orígenes de la mexicanidad. "La Llorona", por lo pronto, sigue espantando aunque nadie la haya visto, y ese es su mérito como espantajo del inconsciente colectivo mexicano.

Lloyd, Harold. Hace mucho tiempo, años de años de años, cuando mi hermano y yo éramos unos chamaquillos, solíamos ir todos los sábados a la casa de mi abuela a comer. En lo que estaba la comida, solíamos ver un poco la televisión con nuestra Coca-Cola chiquita en mano. En esas sesiones llegamos a ver a cierto cómico norteamericano Harold Lloyd, a quien mi abuela y mi padre llamaban "Delgadillo", pues así se le conocía en México a este actor. "Delgadillo" me gustó desde el principio por su falta de malicia, su incomparable expresión facial, pero también por su capacidad físico-atlética para poder hacer cualquier tipo de piruetas, maromas, saltos y bueno, si alguien ha visto esa escena donde aparece escalando un edificio como hombre mosca sabrá a lo que me refiero. Harold Lloyd, como El Gordo y el Flaco, o el propio Charles Chaplin pertenece a esa camada de cómicos que vivieron la era del cine mudo, obviamente en blanco y negro y con la ausencia de recursos tecnológicos que imperan en el mundo cinematográfico actual. El sombrero de carrete, sus gafas, su figura delgada y su genialidad, me han provocado en más de una ocasión ataques de risa casi incontenibles cosa que ni los anteriormente mencionados Gordo y el Flaco o el propio Charlot, rey de los cómicos, han conseguido. Quizá -creo- se deba a que me parece que las historias de Harold Lloyd no se dramatiza tanto como en las de Charlot, no hay esos momentos de sufrimiento del pobre chico bueno o tantas rutinas ya preestablecidas como con Stan y Oli, lo que no les resta méritos como los grandes cómicos que fueron, sólo que simplemente prefiero a Lloyd. Recientemente la Cineteca Nacional realizó un homenaje a Harold Lloyd en el que estuvo presente la nieta del actor norteamericano, Suzanne, acto al que no pude asistir, pero anhelo que muy pronto la obra de este cómico llegue a estar disponible en la tecnología DVD para volver a reír como cuando era un mozalbete y disfrutar a este maestro del humor.

lluvia. "Se alegran los campos de verme llorar, sólo entristecen los de la ciudad". Esta adivinanza que aparece en los libros de texto de la educación primaria, que se refiere a la lluvia, refleja con exactitud lo que la lluvia provoca en ambientes citadinos como en el que me he desarrollado a lo largo de toda mi vida. Caos, embotellamientos, choques, saturación de medios de transporte, cambio de planes, incomodidad al asistir a un acto al aire libre como puede ser un partido de futbol, eso y más trae consigo la lluvia tan anhelada en los campos áridos y desiertos de tantos rincones sedientos del país donde se pierden cosechas a causa de la falta de lluvias. La lluvia trae consigo momentos divertidos como mojarse hasta quedar completamente empapado emulando a Gene Kelly en "Cantando bajo la lluvia", yo al menos sí lo hice, aunque esto me costó una buena paliza por parte de mi madre por mi desconsideración para con ella por dejar la ropa hecha un chilaquil. Fuera de eso, es emocionante jugar un partido de futbol en plena lluvia tal y como lo vemos en los partidos que se transmiten desde Europa, la dificultad de correr en el terreno de juego es una experiencia incomparable como lo son los patinazos y resbalones que se dan, pero forma parte de la emoción del juego. Salir con la novia (ahora esposa) después de llover y jugar a pisar los charcos en el pavimento y golpear las ramas de los árboles para mojar al otro es algo muy divertido. Sí se puede disfrutar la lluvia y doy gracias a Dios por su existencia pues limpia el contaminado aire de la ciudad y riega los escasos espacios verdes que tenemos. Pero una satisfacción muy íntima que pudiera tacharse de patológica es ver llover y no mojarse, es muy divertido estar en la ventana y ver cómo todo mundo corre y se apura mientras nosotros estamos adentro, quizá acompañados de una tacita de té viendo cómo se forman los charcos y las estelas que dibujan los carros a su paso, la gente corriendo paraguas en mano, forman parte de un paisaje atractivo y estético en verdad. Después de la lluvia algunos niños suelen arrojar piedras a los charcos y ver las ondas que se forman en el agua puede legar a fascinar por lo menos algunos minutos sobre todo cuando la lluvia llega a provocar apagones y nos aleja de los Nintendos, televisores y computadoras para recordarnos que todavía hay cosas sencillas en la vida.

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