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Sábado 18 de Octubre del 2008

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena
Por Héctor Marín Segura

J

Jeremías. No cabe que el evangelio, es el anuncio de las buenas nuevas de Dios para los hombres. Dios, infinitamente misericordioso, promete perdón y salvación a través de Jesucristo. A lo largo de la Biblia nos encontramos constantemente con historias de perdón y de esperanza. Sin embargo, la Biblia también tiene palabras de advertencia para la humanidad en caso de no arrepentirse y hacer las cosas conforme a Su voluntad. Jeremías, en ese sentido, es uno de los portavoces, de los profetas, encargados de llevar la Palabra de Dios. Jeremías, sin embargo es un profeta que lleva palabra de condena, de castigo a quienes no se arrepienten y siguen egoístamente haciendo su propia voluntad. Me gusta la figura de Jeremías, porque se puede decir que es un profeta políticamente incorrecto. Su mensaje para los poderosos de su época no era -como lo hacen casi todos los predicadores modernos- indulgente y facilón. Jeremías hablaba Palabra de Dios de una manera dura que si persistían en sus errores, vendría un castigo. No es que me gusten los discursos condenatorios y amenazantes, pero el discurso de Jeremías deja constancia de que si bien nuestro Dios es un Dios de recompensas, de premios y de hermosas promesas, es también un Dios que airado, es tremendo. El Dios de la Biblia es paciente, generoso, aguanta casi todo, pero en ese "casi" es clarísimo: "30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama" (Mateo 12:30). Dios no acepta términos medios y ahí es donde, si no se está de su lado, hay entonces que ponerse verdaderamente a temblar porque los castigos eternos son el castigo a una vida descarriada del camino del Dios Viviente. Jeremías da ese tipo de mensajes y más nos valiera escucharlos, porque si hay algo de lo que no tenemos certeza, es cuándo nos vamos a morir. Los cristianos sabemos cuál es nuestro destino, y a quienes no tienen a Cristo, una cosa segura también les espera, según la Biblia: La condenación y el infierno. ¿Dónde te gustaría estar en la eternidad?

Jesús. Todo un varón, un valiente, admirable por donde quiera que se le vea, Jesús es la representación del amor de Dios encarnado. Jesús representa el sacrificio, el dar todo a cambio de nada, es el Dios que está en lo más alto que viene a un inmundo y pestilente pesebre a darle libertad a la humanidad. Sobre Jesús se han escrito libros, se han hecho cualquier cantidad de películas y a final de cuentas nos damos cuenta que Jesús no es un personaje histórico del pasado sino que sigue siendo el mismo hombre influyente, con un pensamiento claro y preciso sobre cuál era su misión en el tiempo que estuvo en nuestro mundo. Equivocadamente hay quienes consideran que Jesús se quedó clavado en aquella terrible cruz, cuando la realidad es que no sólo no se quedó ahí, sino que venció a la muerte, salió del sepulcro, esto es que resucitó y por si fuera poco, todavía estuvo predicando y ministrando durante 40 días antes de ascender al cielo, de donde esperamos pronto su regreso, para que ponga fin al desorden que hemos causado en la tierra. Sabemos que Jesús regresará a gobernar y a hacer justicia, por lo que anhelamos su llegada, por lo que igual que como dice el profeta Juan, nosotros también decimos: "Ven, Señor Jesús".

Job. La característica fundamental de Job es la aceptación de la voluntad de Dios. Job es un ejemplo de fidelidad y perseverancia ante la adversidad. Las cosas no le pintaban bien, la desdicha se enseñoreaba de él y Satanás le tentaba para que Job blasfemara contra Dios. Sin embargo, ante la pérdida de sus propiedades, de sus hijos y de su salud, ¿qué fue lo que dijo Job?: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). De Job podemos tomar entonces la enseñanza personal de que dentro de nuestra problemática, por compleja que sea, Dios tiene misericordia. Aprendemos también que debemos tener fe en Dios y que debe ser una fe inquebrantable aun cuando las adversidades y obstáculos parezcan muy grandes. Pidámosle a Dios una paciencia y una fe como la de Job.

Jonás. Un personaje especial en el texto bíblico, es sin duda Jonás. Jonás representa al individuo que si bien no es malo, sí es desobediente y un tanto cuanto egoísta. Jonás es enviado por Dios para advertir a los ninivitas que se arrepintieran de su maldad o les esperaba el castigo. Jonás, israelita, decide desobedecer a Dios esperando que al no predicarles nada, los ninivitas fueran castigados. Sin embargo, Dios realiza una serie de acontecimientos que traerán consigo la presencia de Jonás e Nínive, su predicación al pueblo ninivita y la conversión y salvación del pueblo. Muchos cristianos de hoy en día son como Jonás: Tienen el encargo de ir y predicar el evangelio a todas las criaturas, pero prefieren estar contentos con saber de su propia salvación. En muchas ocasiones preferirían no hablar de las promesas de Dios a quienes ellos consideran que no merecen saberlas. La verdad es que en ese sentido, los cristianos no estamos para juzgar quién merece o no la salvación, solamente a Dios corresponde eso. Nosotros somos solamente un instrumento para que la expansión del conocimiento de la Palabra de Dios se difunda alrededor de la tierra.

Juan Pueblo. En Espejo Revista Electrónica nos hemos referido en más de una ocasión a "Juan Pueblo". ¿Y quién es el famoso "Juan Pueblo"? Juan Pueblo es el ciudadano de a pie, el que pocas veces alza la voz y sólo sigue los dictados de las cúpulas en el poder. Juan Pueblo es el policía de la esquina, el empleado de la tienda, el pordiosero a la salida de la iglesia que lucha denodadamente el día a día sin más elementos a su alcance que su talento, habilidades y el favor divino para poder llevar algo a su casa. Juan Pueblo es noble, pero su nobleza ha sido confundida y convertida en estupidez por lo que es altamente influenciable y manipulable. A Juan Pueblo se le ha enseñado a no pensar, y por lo tanto a conformarse con llevar la vida que lleva. Juan Pueblo vive constantemente adormecido, inconsciente, parece estar despierto, pero realmente no tiene mucha fuerza de voluntad. En esta especie de "vida zombi", Juan Pueblo es fácil presa de la pornografía, la mala música, el humor elemental y soez, el vicio del alcohol y las drogas y los mensajes manipuladores de los medios de condicionamiento de masas. Juan Pueblo es por tanto voluble e inmaduro. Hoy promete amor eterno y mañana detesta hasta la muerte a sus benefactores. Juan Soldado es una de las identidades que Juan Pueblo ha adoptado como parte de su estrategia para salir adelante en un mundo competitivo y poco prometedor. Juan Pueblo, mayoritariamente campesino, deja el azadón y lo cambia por el fusil, no porque tenga una gran vocación militar, sino porque su necesidad de llevar dinero a su familia lo obliga a incorporarse a la milicia, a la que no vacila en traicionar cuando un narco ofrece "un buen trancazo de lana". Juan Pueblo es tímido, callado, es también envidioso de la vida de los de arriba y poco amable con quienes están más abajo que él. En momentos de peligro extremo, ha sido capaz de unirse hombro con hombro con los de su misma condición, dando respuesta inmediata a las demandas más urgentes, incluso adelantándose a la toma de decisiones de su clase gobernante, la cual ve con miedo, con terror este tipo de expresiones. Juan Pueblo está adormilado, es aguantador, pero su paciencia, pese a todo, tiene un límite. Juan Pueblo ya se ha sublevado en algunas ocasiones, lo único que pide es un poco de mayor equidad para que las cosas no se salgan de su cauce, la paciencia de Juan Pueblo está ligada a la paciencia de su hambre. Juan Pueblo quiere vivir en paz, y despertar a un mundo con mayor justicia, Juan Pueblo espera y es tiempo de que los poderosos hagan lo que esté a su alcance para que el despertar de ese gigante dormido sea placentero. ¿Lo harán? De no hacerlo, las consecuencias son funestas.

Judío. Vilipendiado, acosado, envidiado. El judío está aquí, allá y acullá, desde antes, desde siempre. El judío es un individuo exótico, diferente, y esa diferencia lo hace centro de leyendas, unas ciertas y otras no tanto. Equivocadamente, se acusa al judío de haber dado muerte a Jesucristo, cuando no se considera en muchas ocasiones, que sus primeros seguidores y discípulos, fueron también judíos que ayudaron a formar lo que ahora llamamos cristianismo. El judío tiene una extraña capacidad o facilidad para hacerse de detractores, Martín Lutero, un héroe y defensor de la fe evangélica, fue uno de ellos y escribió el libro "Sobre los Judíos y sus Mentiras". Es decir, el odio al judío no surge con Hitler y "Mi Lucha", ni siquiera surge con "Los Protocolos de los Sabios de Sión", sino que viene de tiempos ancestrales casi perdidos en la bruma de la historia. Si bien el judío es trabajador, un hábil negociador, hay quienes los tachan de negreros, de malos patrones, de gente que aprovecha la necesidad de los demás para lucrar, para someter a los necesitados y maltratarlos. Desafortunadamente esa fama es bien ganada, pero no porque la mayoría sean así. Como dice el refrán popular: "Pagan justos por pecadores". Y es que sin ningún afán de antisemitismo (por cierto los árabes también son semitas), hay miembros de la comunidad judía, a los que he visto tratar a sus empleados literal y físicamente con la punta del pie. Por otra parte, ya entrados en lo del antisemitismo, no cabe duda que lo ocurrido a los judíos en la Segunda Guerra Mundial es un hecho por demás abominable. Familias judías quedaron destrozadas por el simple hecho de pertenecer a un grupo racial que no era del agrado de los líderes del Tercer Reich, que dicho sea de paso eligió la estrategia de eliminar físicamente a quienes consideraba sus enemigos entre los que si bien destacaban los judíos, también se encontraban los testigos de Jehová, los gitanos, los comunistas (la mayoría de ellos alemanes), los homosexuales y cualquier otro individuo o grupo que no cumpliera con el perfil exigido por el alto mando de la Alemania nazi. El trauma, entendible después de haber sufrido cualquier tipo de vejaciones, quedó a flor de piel en el mundo judío y en sus diferentes comunidades. El trauma a su vez dio lugar a la intolerancia y al crearse la Liga Antidifamatoria, importantes grupos de judíos no aceptan el menor atisbo de crítica, so pena de denunciar al crítico como un antisemita o un antijudío en potencia. Claro, esto es entendible, pues tras un sufrimiento como el que vivieron en la Segunda Guerra Mundial, ya no es posible ver con confianza a nadie. Sin embargo, así como hay judíos desconfiados y algunos bastante altaneros -por decir lo menos- los hay afables, gente agradable y abierta. Incluso, si se pudiera abundar sobre la asimilación de cierto sector, al menos en la comunidad judía mexicana, caeríamos en la cuenta de que muchas de las cosas que vemos en las películas y la idea que manejan muchos ministerios cristianos sobre judíos que se levantan rezando el Shemá Israel y efectúan sus lavados rituales y sólo comen alimentos kosher, estaría casi a punto de venirse abajo cuando vemos a varios judíos reunidos en taquerías (sí, comiendo tacos de tortilla de maíz al estilo mexicano), pidiendo salsas bien picosas y a veces hasta de productos nada kosher como pudieran ser los famosos tacos al pastor, elaborados con jugosa carne de cerdo calentada al fuego directo. Claro, existen también las taquerías kosher, donde quienes van, tienen la certeza de que los alimentos son preparados de acuerdo con sus normas dietéticas. En fin, que el judío es un individuo complejo del que definitivamente no se puede hablar a la ligera. Ni qué decir sobre si se trata de alguien de origen ashkenazim o sefaradim. Aun cuando en el mundo cristiano, les debemos sin duda los fundamentos de nuestra fe a los judíos, o mejor dicho, al judaísmo, el Dios al que adoramos es un Dios israelita, no es romano ni griego; Jesús, el Dios-hombre en el que creemos que está la salvación, no nació en una ciudad de la América prehispánica ni en la antigua Roma, nació en un poblado judío, educado e instruido según los usos y costumbres judíos. Estas raíces compartidas muy bien explicadas por Mario Saban en su libro "Todos Somos Judíos", no nos convierten en parte del Israel físico. Lo que compartimos con el pueblo judío es un vínculo espiritual a través de la extensión de un pacto que era exclusivo y que sin embargo ahora es una realidad para todos los individuos que confiesen a Jesucristo como su Salvador. Ser judío no es sólo una cuestión de fe, sino que tiene también un trasfondo sociológico y étnico. No basta parecer judío o ponerse una kipá y decir dos que tres palabras en hebreo, ladino o yiddish, sino que, ente otras razones, según señala Alfred J. Kolatch en "El Segundo Libro Judío del por qué": "El Talmud4 declara que el hijo nacido de un padre gentil y una madre judía, es judío. Rashí respalda este criterio. En sustento de esta norma de que la descendencia materna y no la paterna es la que cuenta para determinar si el hijo es judío o no, los rabinos se refieren a Deuteronomio 7:4... ". Agrega más adelante: "Una segunda razón, más de sentido común, es que la madre puede ser fácilmente identificada al momento del parto, en tanto que la identidad del padre no es del todo segura". Me quedo, por eso, al último, y esto para reflexionar, con las siguientes palabras del estudioso judío ruso León Pinsker que concluye: "El judío es para los vivos un muerto; para los nativos un ajeno; para los sedentarios un vagabundo; para los afincados, un mendigo; para los pobres, un explotador y un millonario; para los patriotas, un expatriado; y para todas las clases sociales, un competidos aborrecido". Quizá escudriñar a fondo estas palabras nos lleve a comprender a este pueblo milenario, rico en cultura y tradiciones.

Juegos. Los ratos de ocio, cada quien trata de llenarlos como mejor le parece. Hay quien los aprovecha para estudiar algún curso, quien los utiliza para leer un libro, para dormir, para "ir a dar la vuelta a la calle", para navegar en Internet y/o chatear, para ir de visita a la casa de algún familiar o amigo, para hacer alguna tarea pendiente en la casa, en fin. Cada quien, tiene su propia concepción sobre el aprovechamiento del tiempo libre. Entre otras actividades, los juegos han acompañado a los seres humanos en sus momentos de ocio. Es común en los cuarteles, cuando los soldados no tienen nada que hacer, verlos jugando naipes; en las cantinas es muy común ver personas jugando dominó o cubilete; entre los jóvenes de secundaria y preparatoria es también común "matar clase" para ir al billar más cercano y jugar pool o carambola. ¿Por qué jugamos? Se me ocurre en primer lugar, que jugamos para divertirnos, necesitamos diversión, el problema es cuando llega el exceso y el juego se convierte en una adicción. Recientemente, Mario Vargas Llosa acaba de declarar que "El primer lugar de los valores, de las prioridades, lo ocupa el entretenimiento. Divertirse, escapar del aburrimiento es la pasión universal", en gran parte parece tener razón. Tal parece que la diversión fuera lo fundamental, y como decíamos, el problema estriba cuando hacemos del divertimento nuestra razón de ser, en este caso, cuando el juego domina nuestra vida. No me refiero solamente a quienes suelen ocupar su vida en los juegos de azar, sino también de niños -puede haber alguno en nuestra casa- que sólo tienen en mente resolver el nuevo juego de Halo, Grand Theft Auto o cualquier otro juego de moda. El juego llega a ser tan demandante, que el jugador no quiere ni siquiera comer, o lo hace mientras juega, con consecuencias más que negativas para su salud física y mental. En este sentido, hay que pensar que el juego sólo es una parte de la actividad humana, pero no como diría Vargas Llosa, una pasión universal.

Juguetes. Si hay algo en la niñez que en algunos casos se llega a volver un vicio, es el tener muchos juguetes. No me quejo, en mi niñez tuve muchos más juguetes de los que podría haberme esperado. Recuerdo especialmente las navidades en casa de mi tío abuelo materno, donde no sólo se servía una riquísima cena y la pasaba a gusto con mis queridos primos, sino que el momento esperado era la hora de los regalos. Fueron años enteros de regresar en el pequeño Volkswagen de mi padre lleno de juguetes, caja y cajas con juegos de química, juegos para iluminar, figuras de acción, cochecitos, pistas de carreras y demás. Pero ahí no quedaba la cosa. Ya habiendo escrito mi carta a Santa Claus, llegaba a acostarme y al día siguiente casi siempre recibía lo que había pedido. Lo mismo con los Reyes Magos sin dejar de lado los regalos que me hacían mi tía Toña y mi abuela. Si hubo juguetes que fueron trascendentales en mi vida, no dudaría en hacer mención de los Kid Acero, unas figuras de acción de aproximadamente 30 centímetros a los que se les podía cambiar la ropa y así convertirlos lo mismo en jugadores de futbol soccer que de futbol americano, bombero, buzo, motociclista o beisbolista, entre muchos otros. CIPSA era la fábrica que los manufacturaba en México, bajo la licencia de la multinacional Mattel. Con mi amigo Gerardo, los Kid Acero y otras figuras de plástico rígido como una pequeña colección de monstruos de la Universal fabricados por Plastimarx o Louis Marx, que incluían al Jorobado de Notre Dame, la Momia, Frankenstein, La Criatura de la Laguna Negra y otros, solíamos jugar a "hacer películas". Si de algo servía tener esos juguetes y otros como El Hombre Nuclear (este traído de Estados Unidos por una amiga de mi mamá que se lo vendió), fue que aprendimos a estimular nuestra imaginación para, a través de los juguetes, crear historias o situaciones, pues lo mismo "hacíamos películas", que colocábamos discos en la tornamesa y con los juguetes en fila, organizábamos maratónicas sesiones en las que cada uno de ellos era un cantante y concursaban ¡¡ni más ni menos que en la OTI!! Algo más me tocó vivir, fue la transición de los juguetes artesanales, de madera o lámina muchos de ellos, a la popularización del juguete de plástico. Fue también una época de rabioso marketing en el que se aprovechaba todo para que los niños consumieran desde el legendario yoyo Duncan hasta los Kid Acero, los juegos como El Fabuloso Fred y demás. Si algo tengo que agregar, es que, para colmo, aunque tuve una cantidad de juguetes que pocas veces he vuelto a ver en el caso de otros niños, ya que no sólo tuve juguetes de marca o caros, sino también compraba luchadorcitos de plástico en el Mercado de San Lucas -y donde se me pusieran en frente-, no quedaba casi nunca conforme, porque siempre aparecía alguna novedad en el mercado, lo que me pinta como lo que fui, un niño consumidor compulsivo de juguetes.

Juicio. Hablar de juicios, y en especial del juicio de Dios, encara siempre algo tremendo, algo ineludible que en determinado momento de la vida, sacude a la gran mayoría de las personas. Al mismo tiempo, muchos que han sido rescatados del pecado por gracia de Jesucristo, a veces parecen haber olvidado tal condicionante y someten a duros juicios a quienes aún no han sido redimidos, lo cual nos invita a reflexionar el no juzgar y menos a la ligera, las razones por las que las personas obran de tal o cual manera.

Juntas de trabajo. Si hay algo que a lo largo de mi vida laboral me ha parecido tedioso, sin sentido y con una serie de ideas que nunca llega a ningún lado, lo son, casi siempre, las mal llamadas juntas de trabajo. Se convoca a la misma, se lleva una minuta y en el mejor de los casos hay un orden de asuntos según la importancia o el criterio del convocante. Las juntas de trabajo, en las más de las ocasiones, sirven solamente para medir el nivel de insatisfacción de los empleados. Se habla de tal y cual política a seguir en la teoría, pero en la práctica rara vez se encuentra la aplicación. Las juntas de trabajo sirven en las más de las ocasiones para darnos cuenta del grado de ignorancia de quienes están al frente de las posiciones donde se toman decisiones o se ejecutan órdenes. Nos damos cuenta de los errores de dicción de otros, de algunas de sus manías como estarse quitando los zapatos, metiéndose el dedo en la nariz o estarle viendo las piernas a las compañeras de trabajo. Como pretexto para salir del rutinario trajín, es una verdadera terapia y mejor cuando viene con café, té y galletitas. Las juntas de trabajo casi siempre se llevan a cabo en las rimbombantemente llamadas "salas de juntas", que las más de las ocasiones no son sino pequeños cuartitos con sillas "ejecutivas" y una mesa que no encontró utilidad en otra parte de la oficina. Las juntas de trabajo sirven también para hacer -por parte de los jefes- veladas amenazas de que si no se cumple al pie de la letra el objetivo motivo de la junta y se tienen respuestas inmediatas favorables a la empresa, puede haber despidos, la junta de notables en cuestión fuerza de tal manera a los trabajadores, que no sólo no se cumplen por regla general los objetivos, sino como se dice muy coloquialmente, sale más caro el remedio que la enfermedad. En suma, raro es estar en una junta de trabajo donde se tenga noción del tiempo para la misma y donde el tema a tratar sea abordado satisfactoriamente. La forma en que trabajan la gran mayoría de las empresas, siempre fluctuante, es una de tantas formas en que podemos ver el desorden organizacional que se vive en ellas. Tal desorden adopta dimensiones institucionales, y de ahí una explicación para darnos cuenta por qué en América Latina seguimos bien metidos en lo que se conoce como "tercer mundo.

Justificación. Se dice en México que desde que se inventaron los pretextos, se acabaron los... En fin. Lo habrás vivido quizá, o a lo mejor tú eres así. El caso es que hay gente que para todo tiene una justificación, lo peor es cuando esas personas se justifican siempre por errores de otros: "Es que por culpa de... ", "es que llovió", "es que hacía mucho calor". Y cualquier otra serie de pretextos para no asumir su falta de carácter y su falta de compromiso. ¿Hasta cuándo seguiremos viviendo de las justificaciones? ¿Hasta cuándo estaremos como niños justificándonos por los resultados no obtenidos? Cierto, no todos los factores para conseguir una meta dependen totalmente de nosotros. A veces no ascendemos en el trabajo por el favoritismo de nuestros jefes para con otros; a veces, en efecto, no podemos lograr algo por situaciones accidentales. Pero no podemos decir que siempre las cosas son así. De cualquier manera hay que luchar tanto por conseguir nuestras metas hasta donde sea posible, como también luchar por no estarnos justificando y aceptar nuestros errores cuando los cometamos.

Juventud. Dicen algunos: "Juventud, divino tesoro". Al respecto, creo que cada etapa de la vida tiene su propio valor y la juventud no tendría precisamente por qué ser un tesoro. La juventud tiene, sin embargo a su favor, la plenitud de las fuerzas y sobre todo, el ánimo de los anhelos que perseguir. Es la época de las metas trazadas y la búsqueda de su conquista. Es también una época de conocimiento, aprendizaje y de búsqueda, la curiosidad es uno de sus elementos, lo que permite adentrarse más en terrenos antes inexplorados por el individuo, lo que puede resultar para bien o para mal. Si algo también tiene la juventud, es explosividad, se actúa de forma impulsiva e inmadura, del joven dependerá que esa inmadurez desaparezca o se haga más grande. Ser joven trae a veces la sensación de ser invencible, incansable, por ello no es bueno entregarse al desenfreno, sino que hay que aprender a tener paciencia y temple para cometer la menor cantidad de errores y de los cometidos, aprender y corregirlos en medida de lo posible.

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