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Sábado 12 de Julio del 2008

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena
Por Héctor Marín Segura

H

hábitat. Si hay algo complicado en estos tiempos es la cuestión de la vivienda. Pese a que en ciudades como la de México ha habido un permanente boom inmobiliario desde hace unos cuatro o cinco años para acá, la verdad es que los precios y la calidad de las construcciones dejan mucho que desear. Las compañías que se dedican a este rubro, cobran caro con base en la venta de ilusiones. ¿Cómo ilusiones? Sí. Cabe decir que la monstruosa Ciudad de México, una megalópolis con más de 10 millones de habitantes, vive una problemática que va desde la inseguridad, hasta la falta de agua en diversas zonas, y cualquier defecto que se le pudiera achacar no de ahora, sino desde su proyecto de urbanización en los tiempos de la colonia. La ciudad es además todo un masacote arquitectónico, que no es ni colonial, ni porfiriano, ni agringado ni nada. Así, podemos encontrar cinturones de miseria junto a augustas casonas donde habitan los finolis, la gente fina, "los que las pueden", pues. La venta de ilusiones consiste en erigir edificios, por poner un ejemplo, en colonias populosas y populares como la Doctores o la Guerrero y ponerle al edificio o al proyecto un nombre distintivo que dé la ilusión de que aunque se esté en la misma zona, se está adquiriendo un bien de lujo. Así, nos encontramos entonces con nombres rimbombantes como "Paseos de la Doctores", o "Fuentes de Guerrero", y ya con eso pensamos que ganamos estatus, aunque se trate de una zona de mala muerte. La mayoría de la gente que tiene acceso a créditos por parte del Gobierno, ha tenido que adquirir casas a las afueras de la ciudad. Inclusive, otros, han tenido que levantar el vuelo hacia latitudes como Toluca, Pachuca, Tizayuca, Tlaxcala y otras zonas cada vez más lejana ante la escasez e imposibilidad de comprar algo en la ciudad. Cada quien, eso sí, sabrá del esfuerzo que ha hecho por adquirir dicho bien inmueble, para poder decir no sin cierto orgullo "La casa es chica, pero es mi casa".

hábitos. Para lo que sea, tenemos diferentes hábitos, costumbres, unos aprendidos y otros innatos para hacer las cosas. Hay de hábitos a hábitos. Loable es el hábito del estudio, de la lectura, del deporte, de la oración. Otros hábitos revelan nerviosismo como el morderse las uñas y otros quizá la inseguridad de estar limpios. Circula, por ejemplo, en Youtube, un video donde puede verse a Joachim Löw, técnico del seleccionado alemán de futbol, llevándose literalmente la mano al sobaco y de ahí a la nariz, como pensando: "¿Estaré apestoso?", y luego en otra escena se le puede mirar levando un dedo de la mano a la nariz, jugueteando con algo que sale de ahí, y de ahí a la boca. Este tipo de hábitos pueden acabar con la imagen hasta del mejor técnico. O qué tal Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación de México, presentándose de pants a una rueda de prensa, donde se iba a tratar un asunto muy delicado. Refiriéndose a la vestimenta, el hábito -dicen- no hace al monje. Pero tampoco hay que abusar.

hambre. Vivimos una vez más un escenario de crisis. Se acaban los energéticos y hay escasez de alimentos. Nos alarmábamos hace décadas por la hambruna e Etiopía y otras regiones de África, y no alcanzamos a ver que el problema también o teníamos en casa. Latinoamérica entera sufre por la falta de alientos. Desde Argentina y más abajo, hasta algunas áreas de los Estados Unidos, empiezan a faltar productos o éstos se han encarecido. Durante mucho tiempo hemos oído de guerras y ahora viene el hambre, y en o personal, creo que esto ya estaba pronosticado desde hace mucho tiempo en el libro de la Revelación o el Apocalipsis, donde dice que "el que tenga oídos, oiga".

hamburguesa. Mayoritariamente vilipendiada por su escaso valor nutricional, la hamburguesa está catalogada como comida chatarra. Sin embargo pocos alimentos o no alimentos son tan socorridos en cuanto al rubro de la comida rápida se trata. Mi afición hamburgueseril, data de principios de los años 70, cuando mis padres me llevaban a una cafetería de nombre "La Vaca Negra", donde aprendí que la combinación de hamburguesa y root beer es poco más que recomendable. No pasó mucho tiempo cuando en México entró, pegando con tubo, el primer negocio dedicado única y exclusivamente a las hamburguesas: Burger Boy (conocida también como "la casa del chamacón"). Durante años, la "Burger" fue el referente obligado de jóvenes y niños que buscaban una hamburguesa conforme a sus necesidades. Uno de los éxitos de esta cadena, fue la creación de distintos paquetes que incluían papas y refresco, conocidos ahora como "combos", en los que variaba el tamaño de la hamburguesa: Unifante (una sola carne), Brontodoble (doble carne), dinotriple (triple carne). Si bien en Burger Boy no había root beer, la Coca-Cola no era mal aceptada. Una ventaja también consistía en que en Burger Boy tenían una pequeña fuente de donde podía uno servirse chiles en vinagre, cebolla, salsa de jitomate (catsup), mostaza para aderezar la hamburguesa. Como siempre, un negocio exitoso nunca está a salvo de los rumores fundados o infundados, de que la carne con que se preparaban las hamburguesas era de rata, cosa que nunca se pudo demostrar, no obstante, la cadena continuó su camino. A fines de los años 80, se asentó en México una nueva empresa con gran prestigio en los Estados Unidos: McDonald’s. Lo que antes había sido prácticamente un monopolio, se convertía en un mercado de mayor competencia. McDonald’s contaba con fama, y esta fama a la vez se convertía en transmisora de estatus, las filas para comprar una hamburguesa eran enormes, la gente llegaba a estar formada hasta casi una hora por el solo hecho de poder decir que habían comido una hamburguesa McDonald’s. McDonald’s nunca me gustó, la carne exageradamente refrigerada y el sistema de calentamiento de la carne, contrastaban con la carne calentada en parrilla de la Burger. McDonald’s extendía sus garras y comenzaba a ganarle terreno a la Burger. Entraba a la competencia Burger King, también llegada de los Estados Unidos, con un sistema de preparación y calentamiento de la carne parecido al de la Burger, que hacía la lucha por mantenerse en el mercado, hasta que finalmente expiró por ahí del año 2001, cuando quedaban la legendaria sucursal del Metro Revolución y la de Madero, era una de tantas víctimas del Tratado de Libre Comercio. Todas estas cadenas, sin embargo, tienen como común denominador la atención rápida de acuerdo al paquete o combo que se elija. Para paladares más refinados, se encuentra Chazz, sitio donde las hamburguesas se puede decir que son tipo gourmet, y cuenta el comensal con la ventaja de que será atendido por un mesero, además de tener a su disposición una enorme barra de ensaladas que pueden prepararse como acompañamiento de la hamburguesa sin costo extra. Hay otras, como las de Carl’s Jr, que son famosas por sus dimensiones y la calidad de su pan, cosa que hay que tomar en cuenta cuando se va a consumir uno de estos sándwiches raros. Y ni qué decir de las hamburguesas Lucas, las más famosas de mi barrio, y que lo dejan a uno con un buen sabor de boca, la carne y el pan son calentados al carbón sin que la carne endurezca ni el pan se dore demasiado. No son una comida en forma, las hamburguesas, pero es de esos antojos que en lo personal, rara vez dejo pasar.

hermandad. Solemos, en la iglesia, decirle "hermano" al primero que se nos atraviesa. Y si nos preguntáramos, "quién es ese individuo", ni siquiera sabríamos cómo carambas se llama. Así, uno es "el hermano", la otra es "la hermana", y así. Verdaderamente deberíamos poner mayor atención y a veces, aunque nos dé pena, preguntarle su nombre a quienes son los hijos de nuestro mismo Padre. Cosas tan elementales y tan sencillas, van llevándonos a concebir una verdadera hermandad.

hijos. Una bendición de Dios y una extensión de nuestra propia vida, son nuestros hijos. Los vemos nacer, crecer y comenzar a experimentar ese trajinar sobre disparejo camino que es la vida. A sus primeros pasos, los niños crecen y comienzan a explorar y a vivir las situaciones del mundo cuando comienzan a ir a la escuela. Las angustias de los exámenes, los llamados de atención de los profesores y las responsabilidades de las tareas, comienzan a formar parte de la realidad de sus vidas. Nadie dijo que ser padre fuera fácil. Sin embargo, llevaremos buen tramo adelantado, si comenzamos nuestra labor de padres con amor. Nuestros hijos necesitan que seamos responsables para brindarles los apoyos económicos y materiales necesarios para su desarrollo: Comida, uniformes, útiles, pero no todo está envuelto con la frialdad de lo que se paga con dinero. Nuestros hijos requieren esparcimiento y también juguetes. Aunque muchos no lo consideran, nuestros hijos requieren palabras de apoyo, de aliento, de cariño. Un abrazo, un beso, una palmada, nunca están de más. No digo que seamos padres asfixiantes que se la pasen todo el tiempo en arrumacos con los hijos, pero sí padres que sepan decir un "te quiero" acompañado de acciones que hagan ver que o que se dice es cierto. Judas sabía dar besos y aun así traicionó a quien dijo seguir. Como padres, debemos aprender a ejercer nuestra autoridad. El niño debe estar bien consciente de quién da las órdenes, cuáles son las reglas a seguir y cómo debe proceder. Una cosa sin embargo, es ser una autoridad y la otra es ser autoritario. No nos convirtamos en los verdugos de nuestros hijos, estamos aquí para educarlos, para guiarlos no sólo intelectualmente sino también moral y espiritualmente. Nuestros hijos no son intrusos que llegaron a nuestra vida por una mala jugada o producto de la casualidad, no son tampoco nuestros enemigos y nos somos nosotros mucho menos, sus jueces o acusadores. No podemos hablarles de un Dios que es nuestro Padre y que es todo amor, si los lastimamos, los ofendemos, los humillamos, maltratamos y criticamos todo lo que hacen, piensan y dicen. No pensemos que por ser sus padres ellos aguantarán todo. Claro, todo hijo alberga siempre, inherentemente, sentimientos de amor y respeto hacia sus padres, pero estemos conscientes que esto no quiere decir que nuestros hijos son seres carentes de sentimientos y de memoria. Un resentimiento y una memoria abierta a los traumas del pasado, traerá como consecuencia un resultado desafortunado, quien siembra vientos, cosechará tempestades y con la vara que midamos, seremos medidos. Es importante que estemos conscientes que en medida que tratemos a nuestros hijos, ellos podrán hacer en el futuro con nosotros. Por ello, si queremos obtener lo mejor, démosles lo mejor, no seamos tan rígidos que no los dejemos respirar ni tan elásticos que brinquen nuestra autoridad a su antojo. Disciplinemos cuando sea necesario, pero no sembremos odio y premiemos cuando sea la ocasión de hacerlo, pero no seamos unos peleles. La justa medida, siempre difícil de halar, es el mejor camino.

historia. Dicen que un pueblo que no recuerda su propia historia es un pueblo que corre el riesgo de que ésta se repita. La historia, como materia de estudio, es indispensable para tener elementos que nos permitan conocer y entender quiénes somos y de dónde venimos. Entre los cristianos, desafortunadamente hay muchos elementos de la historia que han pasado a segundo término, si no que al olvido. Si bien la historia de toda historia se encuentra en la Biblia, nunca está de más conocer cuestiones como el inicio de la Reforma Protestante, con Martín Lutero y cómo se fue dando el movimiento político y de fe en torno a grandes pensadores del siglo XVI. Ahora bien, no está de más conocer la historia de los grandes avivamientos y el auge de las iglesias carismático-pentecostales. La historia sirve para entender nuestras costumbres, nuestros modos de vida y el por qué de nuestra idiosincrasia. No desperdiciemos la oportunidad de conocer nuestra historia.

historieta. Mi padre les llamaba, peyorativa y equivocadamente a los cuentitos que compraba, "pasquines". Los pasquines, sin embargo, son anónimos, se colocan en las plazas públicas y contienen críticas contra el Gobierno y las instituciones. Archie y La Pequeña Lulú distaban mucho de eso. La historieta, si bien no pertenece al high cult o a la "alta cultura" sea lo que sea eso, sí pertenece a la cultura de masas. Comenzaron en las tiras cómicas (de ahí lo de cómics) en los periódicos hasta que se convirtieron en toda una industria independiente y boyante, de ahí el éxito de grandes consorcios como Marvel o DC Comics, en México tuvieron su época dorada Editorial Novaro y Editorial Vid. Mi iniciación en el mundo de la historieta, fue desde pequeño, mi papá guardaba algunas de ellas -que por cierto resulta ser que ahora son muy caras- como Leyendas de América, Joyas de la Mitología, Tesoro de Cuentos Clásicos y otras que maravillaban no sólo por lo bien trazado de los dibujos, sino por el arte empleado en las portadas, y la magnífica adaptación de las historias en un producto de 32 páginas. Por ejemplo, la adaptación del cuento ruso "El Abrigo", de Nikolai Mogol, ahí queda en alguna parte de mi memoria. Viví una época en que la promoción de la cultura entre los niños, estaba muy por encima de lo que hay en la actualidad. Se vendían revistas dirigidas al público infantil, donde no se promovían mercancías ni juguetes ni nada de eso, quizá eran adaptaciones mexicanas de aquellas argentinas Billiken, entre las que destaco Cucurucho y tío Rius, una historieta de tintes comunistas, lo comunista estaba muy en boga por aquel entonces. Más tarde conocí una de las historietas más famosas, exitosas y mexicanas que han existido: Chanoc, Aventuras de mar y Tierra, donde los personajes principales son Chanoc y Teskub Baloyán. Llegaron también a mis manos Estrellas del Deporte Presenta: Kid Acero; Kid Acero Brazo Bala y el Escuadrón Lobo; El Hombre Invisible (éste en una versión sementera y otra del año 2000 aproximadamente, con argumentos muy distintos); El Hombre Biónico; sin dejar de lado otra de las glorias de la historieta nacional: Kalimán, el Hombre Increíble. Por aquella misma época, tuve superficialmente contacto con el Mini-Terror, que era una historieta de bolsillo. En aquel entonces, Editorial Novaro publicaba sus historietas en tres formatos (para diferentes bolsillos): Serie Avestruz, un cómic tamaño convencional; Serie Águila, de la mitad del tamaño de la anterior; y Serie Colibrí, que cabía en el bolsillo y contenía casi siempre historias ya viejas, lo cual se notaba en el tipo de dibujos. Capulinita se incorporó a "mi acervo", lo mismo que Periquita, Sal y Pimienta, Condorito y Zor y los Invencibles. Más adelante, llegó a mis manos otra historieta que me causó gran impacto: Fantomas la Amenaza Elegante, reconocida por muchos como una de las escasas historietas "inteligentes". Lo de "inteligente", era porque Fantomas proporcionaba algunos datos históricos ligados a sus aventuras y citaba en varias ocasiones frases de diversos escritores nacionales y extranjeros. Simultáneamente llegó a mis manos la historieta cómico-satírica MAD, y algunas imitaciones como Mundoloco. Vampirella, Infinitum 2000, La Hora de las Brujas y Cuentos de Terror, junto con Vampus fueron otros productos que conocí, algunos de ellos venidos desde España. No está de más mencionar que El Hombre Araña y Arañita también fueron objeto de mi consumo. En la actualidad la historieta que mi hija lee es el ahora polémico negrito Memín Pinguín, al que en Estados Unidos, sin razón alguna, tildan de racista. Qué decir de los Chick’s, esas pequeñas historietas que han sido creadas con el fin de evangelizar. Restar mérito a la historieta o al cómic, es tener una percepción muy pobre de los alcances de la cultura de masas, o como dirían los puristas, "cultura para las masas", sabiendo enfocar los contenidos, la historieta puede lograr resultados insospechados, no en balde, y conscientes de ello, editores como Bruguera crearon la colección Joyas Literarias Juveniles, lo mismo que en México, Novedades Editores se dio as la tarea de publicar Joyas de la Literatura, en ambos casos, se trataba de adaptaciones al cómic -en diferentes presentaciones- de novelas de autores reconocidos como Cervantes, Verne, Salgari, Poe, Stocker y otros, así que nos guste o no, el cómic sí es cultura.

homosexualidad. Está muy de moda la tolerancia. No hacemos distingo de razas y nuestros Gobiernos se empeñan en hacernos pensar que todos ante la ley somos libres de profesar la creencia que queramos, aunque en la práctica las cosas resulten muy distintas. Ante este mosaico de aceptación, cordialidad y discursos políticamente correctos, la homosexualidad se ha convertido en motivo de aceptación y hasta casi de reconocimiento público. A tal grado hemos llegado, que en aras de la modernidad, la aceptación de los demás y la tolerancia, ya se permiten uniones homosexuales en diferentes partes del mundo, incluyendo, por supuesto, a la Ciudad de México. La reivindicación homosexual está en plena efervescencia, y ahora vemos a parejas de mismo sexo besándose en la calle como si nada. Cabe preguntarse tan solo, ¿es esto normal? Uno de los argumentos más socorridos por la comunidad "gay", es que la homosexualidad no es una enfermedad como sostenía anteriormente la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sino que es un asunto de preferencias. Es aquí, donde a la luz de las Escrituras, el edificio favorable a la homosexualidad y al lesbianismo, se tambalea, al grado de caer hecho trizas. La Biblia, en el libro del Génesis, habla sobre la creación del ser humano. La Biblia es clara al decir que "varón y hembra los creó". Es decir, tenemos como primer punto la creación de dos seres con sexos diferentes. No habla de otros seres con diferentes características sexuales ni mucho menos de un tercer sexo. Más adelante, Dios, imperativamente, les dice a este par de seres "fructificad y multiplicaos". Vamos, les dijo que tuvieran hijos para poblar la tierra. Al tratarse de un hombre y una mujer, cada uno, cumpliendo con sus funciones sexuales, estaba acondicionado para poder tener no sólo una relación sexual, sino establecer una función reproductiva. No hace falta ser biólogo o científico para darse cuenta que el ciclo reproductivo no puede darse de manera natural entre una pareja hombre-hombre o mujer-mujer. Más adelante, el texto bíblico habla de que entre quienes no heredarán el reino de Dios, a lado de los borrachos, se encuentran los afeminados y los que se echan con varones. Dios pues, no acepta estas "preferencias", pues Dios cuando creó al hombre y a la mujer no le dio opción de una "preferencia" al respecto, sino que creó a un sexo como complementario del otro. La homosexualidad es, entonces, un pecado, de ahí que la intolerancia de la doctrina cristiana hacia la práctica a la homosexualidad encuentra en o anteriormente escrito su fundamento. No se trata de preferencias, sino de hacer las cosas como Dios estableció, lo que no quiere decir que exista de ningún modo, odio hacia los homosexuales, sino hacerles ver que viven en el pecado, pero que Dios ama a quienes se arrepienten.

horario. Vivimos casi esclavizados por el reloj. Nos levantamos y ya estamos funcionando en relación con un horario, los minutos parecen como agua y cuando menos lo esperamos se ha hecho tarde. Luego, estamos en el trabajo, y ahí se da el caso contrario, las horas pasan lenta y pesadamente, llega la hora de la comida, pero no podemos dejar de ver el reloj, checamos, salimos de la oficina y a dirigirnos al lugar donde acostumbramos comer en espera de que no sólo la comida esté rica, sino que la atención sea rápida y eficiente. Ahí vemos alas secretarias, todas en grupo, los oficinistas de corbata, el "chalán" comiéndose su torta afuera de la fábrica, a veces apenas da tiempo de masticar más o menos, hay que estar de regreso antes de que nos agarre la lluvia en la calle, y cuando menos pensamos, estamos de nuevo en el trabajo, soñolientos después de haber comido algo, pero con la necesidad imperiosa de estar al cien por ciento para atender nuestro trabajo de forma adecuada. Alguna vez la vida fue más tranquila, pero bueno, estos son los efectos de la modernidad y del progreso.

huevón. Todos hemos estado cansados alguna vez. Hemos tenido flojera de levantarnos, de ir al trabajo o de realizar actividad alguna. Se entiende, unos por la edad, otros por alguna enfermedad y otros simplemente porque no tuvieron humor, prefieren descansar y estar de flojos. Pero, ¿qué hay de los huevones?, sí, esos que nunca quieren trabajar, que hacen como que trabajan pero en realidad han aprendido a ser buenos simuladores. Trabajar con huevones es desgastante. Mientras unos avanza para sacar las labores adelante, el huevón pone cara de estar concentrado, distraído o de plano esquiva nuestra mirada y mueve un dedo en un segundo, y otro un minuto después. El huevón podría parecer un filósofo que exprime momento a momento el súmmum de la vida; ha encontrado el meollo del asunto; reflexiona sobre la inmortalidad del cangrejo y no ha podido concluir si el pathós griego es un palmípedo clásico o si se trata de un ave literaria. Estas y otras sesudas reflexiones, sirven para que el huevón no haga lo que tiene que hacer: Trabajar. Distraído ante la carga de trabajo, el huevón se refugia en su lugar, parece haberse encogido, y hecho concha en su escritorio, espera que jamás le pidan nada en especial. Pacientemente ve pasar las horas, se entretiene, se levanta, respira hondo, se sirve un café, pasa al baño, habla por teléfono, saluda a la secretaria y, cuando menos se lo espera, se da cuenta que es tiempo de la retirada. La vida del huevón en una empresa, perdura hasta que harta a su jefe, o hasta que corren a quien lo haya recomendado o cuando el huevón ha resuelto que es hora de emigrar a un trabajo menos fatigoso.

hubiera. Todos hemos tenido sueños, proyectos, planes. Muchas veces no los hemos podido conseguir, concretar y desde el fondo de nuestros anhelos echamos a volar nuestra mente pensando en cómo hubiera sido esto, cómo hubiera sido lo otro. Hay quienes dicen, desde una postura que intenta ser realista, que el hubiera no existe. Parcialmente tienen razón. En efecto, el hubiera es una hipótesis y hasta una ilusión, pero el hubiera sirve también para aprender de nuestros errores o de cosas que hicimos de determinada manera y que podrían hacerse de otra forma. El hubiera, entonces deja de ser un ejercicio ocioso para convertirse en una herramienta en el método científico de ensayo-error, que si bien probablemente ya no nos ayude a nosotros en lo personal a remediar alguna situación, sí nos sirva para poder, con base en nuestra experiencia personal, advertir, aconsejar o instruir a otros.

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