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Lunes 16 de Junio del 2008

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena
Por Héctor Marín Segura

F

fama. La fama viene a ser una condición que nos hace especiales por algo. Por regla general se trata de cosas positivas. Una tienda con buena fama, un especialista con buena fama o buena reputación, lo son por la seriedad con que se conducen y la efectividad de los resultados que se esperan de ellos. Hay autos con muy buena fama, pero se sabe que son caros, lo mismo tiendas de ropa y otro tipo de servicios. Lo malo es cuando alguien se hace de mala fama, cuando se dice que alguien es enojón, tonto o cualquier otro aspecto negativo. ¿Tienes buena o mala fama?

familia. Se dice que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Sin embargo, vemos a nuestras sociedades cada vez más enfermas, más pervertidas y entonces cabría ponernos a pensar qué es lo que pasa con la familia. Definitivamente pocas familias pueden ser como los Partridge o como los Ingalls. Basta que uno de los elementos del grupo sea disfuncional, para que la familia no funcione de manera adecuada. ¿Cuál sería la forma adecuada? Bueno, cuando una pareja se casa no lo hace solamente por la preservación de la especie, sino porque -se supone- que tiene un proyecto a futuro. El proyecto obviamente tendría que estar relacionado con el progreso a través de la unión y luego, con la venida de los hijos, continuar dándoles apoyo a éstos para que el mecanismo funcione. La familia debe estar cohesionada para que los objetivos se puedan ir cumpliendo, no importa el tiempo sino en este sentido es la persistencia y la lucha por un objetivo común o que traerá la consecución de la metas, sean económicas, laborales, escolares o de cualquier otro tipo. Claro, cada integrante tiene sus propias tareas, lo que no quiere decir que si el otro tiene que hacer sus cosas lo vamos a dejar que se muera en la raya. Ahí radica la importancia del apoyo, de la comprensión y de la visión de unidad que cada familia debe tener.

fantasía. Sin fantasía, muchas de las cosas que ahora conocemos, no se habrían podido realizar. La fantasía y la imaginación son elementos que nos sirven para poder formarnos la idea de lo que queremos, de lo que anhelamos y la forma en que lo queremos o pensamos conseguirlo. Sin embargo, no podemos dejar las cosas a la pura fantasía a la imaginación, si no ponemos manos a la obra, la fantasía y la imaginación se quedarán en eso. Vivir de fantasías, además de ocioso es indigno de una persona con un mínimo grado de inteligencia, porque finalmente, llega el momento en el que todas las ideas no realizadas se convierten en frustración, en lo que se soñó y no se obtuvo, pero porque ni siquiera se movió un dedo para conseguirlo. Las cosas no nos fáciles, hay que trabajar, hay que esforzarse; las cosas no viene nada más porque sí, hay que tener fantasía, pero también iniciativa.

fe. La fe es una palabra bien cortita, y sin embargo encierra un cúmulo de sabiduría en lo que es nuestra relación con Dios. La fe es necesaria para que tengamos una buena relación con el Señor, pero, ¿de dónde proviene la fe? Es Dios mismo quien nos proporciona la fe para creer en El y en sus promesas. Creo, sin embargo, que la mejor definición que hay acerca de la fe, la encontramos en la Biblia, en la carta del apóstol Pablo a los hebreos, capítulo 11, versículo 1: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Es decir, la fe es estar seguros de que aquello que no se ha realizado, se convertirá en realidad, podemos tener fe en un mejor futuro, en que una operación saldrá bien, en que se hará justicia en casos donde pareciera que no la hay. Pidamos a Dios que nos dé fe y conservémosla.

felicidad. La felicidad es de esas cosas que no se venden en las boticas o en las tiendas departamentales. El concepto de ser feliz a veces se confunde con el estar siempre con una sonrisa de oreja a oreja, contando chistes y riéndose de cuanto ocurre alrededor. Eso, desde mi punto de vista, no sería un síntoma de felicidad, sino de simpleza, en el mejor de los casos. La felicidad varía según los intereses de cada quien. Para unos, ser feliz es estar acostado sin hacer nada; para otros, la felicidad es una botella de aguardiente a la mano; otros se sentirían felices con un costal de dinero y satisfaciendo sus necesidades y caprichos. La felicidad puede ir de o más simple a lo más complejo, pero todos buscamos ser felices, y esto es mayor, cuando podemos compartir la felicidad con los nuestros.

feminidad. Los tiempos en que las mujeres buscaban ser femeninas, parece que han terminado. La lucha de géneros, ha traído consigo la adopción por parte de las mujeres, de pautas de comportamiento y de vestimenta varoniles. En algún tiempo, las mujeres eran recatadas, serias, cuidadosas de sus movimientos los cuales solían ser delicados, pero ahora podemos apreciar lo contrario. La mayoría de las jóvenes y hasta algunas señoras entradas en edad, andan enchamarradas y con pantalones. El cuidado en el peinado se ha perdido y la fodonguez hace gala incluso hasta en las fiestas, ya no hay el detalle del peinado, del aretito coqueto, del arreglo de buen gusto. Vemos aquí y allá jóvenes y señoras con pantalones apretados que revelan su exceso de grasa, las lonjas salen a relucir sin el menor pudor como si se tratara de algo muy apreciable. No sólo eso, he escuchado a mujeres utilizando un léxico que sería la envidia de un conductor de tráiler o de un parroquiano de cantina. Las mujeres han ido perdiendo sus rasgos distintivos para irse convirtiendo en seres masculinizados. ¿Será moda? ¿Es por comodidad? ¿Es por expresar una forma de defensa ante un mundo cada vez más agresivo? No lo sé, pero se ve muy mal.

fiesta. Una forma de celebrar algo que nos alegra, es la fiesta. Fiesta no es necesariamente escándalo, música a todo volumen, bebidas embriagantes y un gasto desmesurado en viandas y otras florituras. La mayoría opinan lo contrario, y las fiestas devienen en "reventones", en espacios para sacar lo peor de nosotros mismos. La fiesta, entendida como un espacio para la convivencia y la alegría, puede ser sobria y tranquila, cada quien tiene un concepto diferente de cómo debe ser una fiesta, pero no hay como llevar la fiesta en paz.

fila. Desconozco la situación en otros países, pero me atrevo a calificar a México como el país de las filas. Filas para pagar los servicios, filas para recibir atención médica, filas para comprar las tortillas, para entrar a un espectáculo, en fin... "Fórmese allá y cuando le den el comprobante pase a formarse a la caja 44". Han llegado y se han ido gobiernos que prometen la modernidad, el desarrollo, pero lo cierto es que el burocratismo ha invadido hasta las más elementales áreas de las empresas privadas, que igualmente lo mandan a uno a formarse y a aguantarse, si es que uno quiere el servicio. El que está del otro lado del mostrador, tiene el poder, y con la mano en la cintura nos dice que para poder terminar nuestro trámite debemos ir a formarnos en otro lugar, así hayamos estado esperando atención dos o tres horas. ¿Cuánto tiempo más habrá que aguantar este burocratismo y esta ineficiencia?

Fórmula Uno. Las carreras de cuadrigas parecen haber sido populares entre los romanos. Los criadores y los apostadores estaban en espera de los mejores caballos de carreras así como los vemos en aquella fantástica escena de Ben Hur donde Mesala le hace todo tipo de trampas al héroe encarnado por el polifacético Charlton Heston. Con el paso del tiempo y la motorización de los vehículos, prevaleció en algunos el gusto por la velocidad y se desarrollaron diversas competencias automovilísticas, de las cuales, la Fórmula Uno, es la categoría reina. A diferencia de otros seriales, la Fórmula Uno alberga a las más prestigiadas firmas automotrices y a los más afamados pilotos. Los escenarios en los que se corre la Fórmula Uno son muy variados: Lo mismo se compite en el elegante Principado de Mónaco, que en el exótico Circuito de Sepang, en Malasia. Los pilotos son hombres dispuestos a mover una máquina que alcanza más de 350 kilómetros por hora aun a costa de su vida. Habrá quien piense que el dinero que reciben por contratos con las escuderías, publicidad y otros rubros, los mueven a arriesgarse de esta forma, pero hay algo más: El gusto de correr, la emoción que sienten y al mismo tiempo obtener prestigio por sus hazañas. Fue más o menos en 1984 cuando empecé a interesarme por ver las carreras de Fórmula Uno, poco antes había visto alguna carrera donde participó el mexicano Héctor Alonso Rebaque, pero la temporada del 84 significó para mí adentrarme un poco más en ese deporte considerado y no sin razón, como elitista. Niki Lauda, una leyenda del volante, fue campeón por tercera vez y era verdaderamente emocionante verlo disputar palmo a palmo de la pista con Alain Prost. Después vinieron los años dorados de McLaren, Ferrari y Wiliams, y la gran rivalidad de los grandes pilotos de la época: Piquet, Mansell, Prost y Senna. Estos dos últimos protagonizaron cualquier cantidad de episodios polémicos dentro y fuera de la pista, finalmente Prost se retiró como tetracampeón. Senna buscaba también su cuarta corona hasta que su carrera se quedó truncada en la curva de Tamburello, donde perdió la vida. Ver correr a Senna era excitante, especialmente en los circuitos mojados por la lluvia, Senna tenía esa ansia de triunfo que tanta falta nos hace a los latinoamericanos, el objetivo de Senna en cada carrera era ganar a toda costa, lamentablemente, el tetracampeonato nunca pudo darse. Tuve la oportunidad de ver en vivo y en directo a Senna en el Autódromo Hermanos Rodríguez, primero en 1986 y después en 1989, el ambiente de la Fórmula Uno es verdaderamente especial y es difícil no integrarse a todas y cada una de las cosas que conforman el espectáculo de la velocidad. Con la muerte de Senna, parecía que la Fórmula Uno había perdido parte de su encanto, pero como en el circo romano, la muerte de un gladiador no significaba la muerte del espectáculo. Surgieron nuevas figuras, pilotos más jóvenes que venían empujando fuertemente, sobresaliendo de manera más que especial Michael Schumacher, quien fue creciendo poco a poco como piloto a tal grado que hoy en día ha logrado lo que ningún otro piloto de la Fórmula Uno había conseguido en décadas: Romper el récord que parecía imbatible, de cinco campeonatos, que ostentaba el argentino Juan Manuel Fangio. Schumacher fue más allá y cuenta -pese a estar ya retirado- con siete campeonatos en su haber y se encuentra en espera de que alguien iguale su marca, lo cual se ve más que complicado. Espero que la Fórmula Uno regrese algún día a mi país, aunque parece que de suceder esto, ya no sería en el Autódromo Hermanos Rodríguez, sino quizá en el Parque Fundidora, e Monterrey o quizá en el Circuito de Amozoc, el espectáculo es caro, definitivamente el boleto no es accesible para todas las economías, pero vale la pena.

foros de Internet. Como si se tratara de una plaza pública, Internet, en su multicolorido espectro, ofrece la posibilidad de externar las ideas de cada persona, ya sea en revistas como ésta o bien e foros de discusión. ¿En qué consisten estos foros? La temática puede ser muy variada, lo mismo hay foros sobre deportes, que foros de política o de religión. Cada foro tiene un dueño o un webmaster que fija las reglas para poder participar. Casi en todos los foros es necesario registrarse, dar un mínimo de datos personales y aceptar las reglas, so pena de ser expulsado o banneado.

frutos del espíritu. "Por sus frutos los conoceréis", dijo el Señor Jesús acerca de cómo reconocer a profetas verdaderos que hablaran en su nombre. No se refería a frutos materiales como el mango, la guayaba, la sandía o la papaya, sino a los rasgos que caracterizaban y distinguían a un siervo de Dios de quienes no lo son. Lo que conocemos como positivo, como bueno, son los frutos del espíritu. El apóstol san Pablo, nos dice que los frutos del espíritu deben ser el objetivo del cristiano en os de una vida espiritual alejada de la carnalidad y los deseos materiales. ¿Cuáles son estos frutos? La Biblia nos dice que son el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, y la templanza. ¿Difícil? Lo es. Contener los deseos de la carne no es cosa fácil para los cristianos y en general para cualquier persona. Por una u otra razón, nos vemos cada día atacados por todos los flancos como poniendo a prueba si de verdad poseemos estos frutos o no. Como las frutas que conocemos, los frutos del espíritu se van manifestando conforme nuestra fe va creciendo y conforme vamos madurando espiritualmente. Los deseos de la carne, sean en el sentido que sea, ahí están, sigilosamente acechándonos para que en el momento menos esperado caigamos y salga a flote nuestra carnalidad y nuestra debilidad. El cristiano tiene que aprender a hacer a un lado los deseos de la vida carnal y caminar hacia una vida espiritual. Aprendamos a andar con Cristo, las demás cosas vendrán por añadidura.

futbol. Espectáculo de masas, casi una religión. El futbol es definitivamente el deporte que puede paralizar al orbe. De pequeño fui educado como si el deporte fuera algo malo o indigno de tomarse en cuenta. Se me enseñó que el futbol era un juego de "peladitos" que no tenía mayor chiste ni trascendencia. Mis conocimientos futbolísticos entonces eran de lo más elementales: Los mejores equipos de México eran el América y el Guadalajara, Brasil era el tricampeón del mundo, y el más grande jugador era Pelé. Mi contacto con el balompié fue ya cuando cursaba la secundaria. Se jugaba el Mundial de Argentina ’78. En aquel entonces sabía que México jugaría contra Túnez, Alemania y Polonia, no sabía muchos de estos equipos, pero me quedaba claro que México perdería con Alemania, porque tenía la vaga idea de que los alemanes eran mejores. Por algún motivo que no recuerdo, tuve oportunidad de ver parte del encuentro entre México y Túnez, que perdió la escuadra azteca 3-1 y posteriormente, en casa de mi abuela, presencié la goleada que le propinó Alemania a México por 6-0. Muy a grandes rasgos recuerdo que vi parte del partido en que Argentina se coronó campeón ante los holandeses 3-1. No entendía mucho del juego, pero no me quedaba en el simplista argumento de que el futbol es un juego con un árbitro, un balón y 22 tontos queriendo meter gol. No tenía yo la más remota idea de las implicaciones políticas que representaba el Mundial e Argentina, pero quedé maravillado con los papelitos albicelestes por todos lados del estadio. Terminó el Mundial y comencé a ver los juegos de un equipo cuyo uniforme me gustó mucho: La Universidad de Guadalajara, los Leones Negros. Para ser más que sinceros, la U. de G., era un equipo muy mediocre, de esos de media tabla para abajo, ver sus partidos, sin embargo, me sirvió para conocer un poco mejor las reglas del juego y sufrir como cualquier aficionado cuando es partidario de un equipo que casi nunca daba satisfacciones. Me tocó vivir la época de goleadores como Hugo Sánchez, Evanivaldo Castro "Cabinho", Hugo Sánchez, Hugo Enrique Kiesse, y otros. Poco a poco fui aficionándome más y tuve oportunidad de ir al Estadio Azteca, al cual mi papá me llevó algo a regañadientes por primera vez y posteriormente empecé a ir con amigos y vecinos. Sin embargo, poco a poco fui dándome cuenta que el futbol mexicano está a años luz del nivel de los equipos con verdadero prestigio como pueden ser Italia, Brasil, Alemania o Argentina. Estados Unidos, equipo perteneciente a la zona de la Concacaf, ha ido avanzando a pasos agigantados, de manera que en la actualidad se erige como el rival a vencer en las eliminatorias de Norteamérica. El futbol local, es decir, el futbol mexicano a nivel de clubes no es tan malo, sin embargo la falta de condición física y el exagerado vedettismo de los jugadores han traído como consecuencia un futbol que sí, efectivamente ha avanzado con el paso de los tiempos, pero que no ha terminado de despegar a la hora de formar un conjunto nacional. Los jugadores mexicanos, así como los veo, están más preocupados por su peinado que por dar el cien por ciento en la cancha. A diferencia de lo que me decían, sobre que sólo a los "peladitos" les gusta el futbol, he descubierto que no es sino una pose y una patraña. El futbol lo mismo lo juegan los emperifollados habitantes de Las Lomas, que los proletarios de Ciudad Nezahualcóyotl, cuando hay algún partido importante, unos y otros se encuentran y se funden para apoyar con sus porras y cantos al casi siempre decepcionante equipo tricolor. No soy malinchista, me considero muy mexicano, pero no me engaño. Tengo la completa certeza y argumentos suficientes como para asegurar absolutamente y sin temor a equivocarme, que México no será campeón ni en éste Mundial, ni en el que viene, así de tajante. Creo que al futbol de mi país le hace falta progresar en todos los sentidos, en el aspecto táctico, técnico, físico, estratégico, anímico, motivacional, competitivo y un poco hasta en lo económico. Mi favorito de todos los tiempos, desde que me hice aficionado a este deporte, ha sido Alemania, que por el momento no está pasando su mejor etapa, pero a lo largo de los años ha demostrado consistencia, calidad y disciplina. Comenta don Tomás Mojarro que el futbol no hay como jugarlo uno mismo y sudar la camiseta y meter uno mismo los goles. Bueno, no me limité a ver juegos en televisión o en el estadio. También jugué una corta temporada a nivel amateur en un equipo llamado Unión Holanda, en la posición de portero. Años después, cuando trabajaba en la Universidad, jugué pero en la posición de medio campo, y logré anotar seis goles. ¿Qué más decir sobre este deporte? Que vale la pena practicarlo, es barato, divertido y emocionante. ¡Que viva el futbol!

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